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El valle de los alerces milenarios: un rincón de Chile que podría ser único en el mundo por la antigüedad de sus árboles
Tras décadas permaneciendo prácticamente oculto entre los bosques del sur de Chile, un valle de alerces gigantes volvió a captar la atención gracias a “El Clan”, el programa de reportajes culturales de Canal 13. De la mano de los primos Astorga, liderados por Pangal Andrade, el capítulo 10 siguió la búsqueda de algunos de los alerces más antiguos del planeta y permitió revelar por primera vez en televisión la magnitud de este extraordinario territorio.
El sábado 8 de agosto de 2026 se estrenó el capítulo 10 de la serie «El Clan» de Canal 13, en la que los primos Astorga —liderados por Pangal Andrade— emprendieron la búsqueda del que podría ser el árbol más antiguo del que se tenga registro en el mundo.
Hoy, técnicamente, el árbol más viejo se encuentra en el Parque Nacional Alerce Costero, en la comuna de La Unión, Región de Los Ríos. Se trata del famoso “Gran Abuelo”, un alerce cuya edad fue estimada por investigadores encabezados por Jonathan Barichivich en 5.484 años. De confirmarse plenamente esta estimación, superaría a Matusalén, el pino ubicado en California, Estados Unidos, cuya edad está respaldada mediante el conteo y comparación de sus anillos de crecimiento. Con sus 4.858 años ha sido reconocido durante décadas como el árbol individual vivo más antiguo documentado.
La controversia está precisamente en cómo se acredita el récord: en el Gran Abuelo no fue posible extraer una muestra hasta el centro del tronco, por lo que su edad de 5.484 años combina los anillos observados en una muestra parcial con modelación estadística. De hecho, el análisis estableció una probabilidad cercana al 80% de que tenga más de 5.000 años. Por esta razón, parte de la comunidad científica considera posible que el alerce chileno sea el más antiguo del planeta, pero mantiene cautela antes de desplazar oficialmente a Matusalén mientras la estimación no tenga una comprobación dendrocronológica equivalente.
En el caso de la edad de Matusalén, el milenario pino bristlecone, fue estudiada en la década de 1950 por el dendrocronólogo estadounidense Edmund Schulman. Para determinarla se utilizó un barreno de incremento, instrumento que permite extraer una delgada muestra cilíndrica del tronco sin talar el árbol. A partir de ella se contaron y analizaron sus anillos de crecimiento, contrastándolos además con los patrones de otros árboles de la zona mediante datación cruzada. Este método permitió establecer que tenía más de 4.700 años, convirtiéndose en uno de los árboles vivos individuales de edad comprobada más antiguos del planeta.


El valle de los Alerces Gigantes
En el transcurso de la exploración hacía el Alerce Milenario, ubicado entre la comuna de Cochamó y Hualaihué, Gabriel Orrego Astorga, Ingeniero Forestal y MSc Ecólogia de Bosque, menciona un dato muy importante, fundamental para el encuentro de este gigante del sur: respecto a la topografía ideal de los alerces, deben estar en valles profundos, con una altura sobre los 500 metros, protegidos, en un suelo con harto almacenamiento de agua, con enormes reservas de carbono. Ese es el lugar idóneo para los alerces más grandes. También menciona una diferencia entre el crecimiento de los alerces en la cordillera de la costa con los de la cordillera de Los Andes, siendo más lento en este último sector.
En este contexto, destaca un ejemplar encontrado que alcanza 3,35 metros de diámetro y se levanta en un bosque privado ubicado junto al Parque Nacional Hornopirén. La primera muestra obtenida mediante un tarugo permitió internarse aproximadamente 50 centímetros en el tronco, equivalentes al 36% de su radio. Una semana después llegó un resultado sorprendente: en ese pequeño segmento se contabilizaron 2.006 años de crecimiento.
La comparación con el Gran Abuelo, hasta ahora el principal candidato chileno a convertirse en el árbol más antiguo del mundo, abre una interrogante extraordinaria. En aquel ejemplar se registraron alrededor de 2.400 anillos en aproximadamente un metro de muestra, mientras que este nuevo alerce concentra 2.006 anillos en apenas 50 centímetros. Su crecimiento habría sido, por tanto, extraordinariamente lento, con tasas que podrían rondar los 0,2 milímetros anuales, frente a aproximadamente 0,8 milímetros considerados en los estudios del Gran Abuelo. Las particulares condiciones geográficas, climáticas y de suelo de este valle podrían explicar esa diferencia.
Los datos todavía no permiten afirmar científicamente que el árbol tenga 5.000 años, porque la muestra no alcanzó el centro del tronco y extrapolar linealmente sus anillos no basta para determinar su edad total. Sin embargo, constituyen un antecedente excepcional que justifica profundizar su estudio. Si futuras investigaciones confirman la magnitud de esta primera evidencia, el hallazgo podría trascender a un solo ejemplar: permitiría comenzar a documentar científicamente un bosque ancestral que podría albergar algunos de los árboles vivos más antiguos del planeta.



De la explotación del alerce a la conservación involuntaria de un valle
La historia del predio se remonta a 1941, cuando Ricardo Wahl adquirió estas tierras a Bernardo Beyer, en una época en que el alerce constituía uno de los recursos forestales más apreciados del sur de Chile. Su madera, extraordinariamente resistente a la humedad y al paso del tiempo, era explotada en distintos sectores de la cordillera y utilizada principalmente para tejuelas, revestimientos y construcciones, además de ser transportada hacia los centros poblados de la zona.
La intención de Ricardo Wahl era precisamente desarrollar la explotación del alerce, pero las condiciones de este valle, ubicado entre las actuales comunas de Cochamó y Hualaihué, hicieron particularmente compleja la operación. El aislamiento, la ausencia de caminos y la geografía cordillerana obligaron a abrir accesos para internarse en el predio. Durante la década de 1950, parte de estos trabajos y de la explotación forestal quedó a cargo de su hijo menor, Rodolfo Wahl, quien permaneció durante algunos años vinculado directamente a las faenas.
Según los recuerdos que Rodolfo Wahl transmitió a su familia antes de fallecer en 2023, en el valle existía un alerce de dimensiones extraordinarias que nunca lograron cortar. También relataba que la explotación se concentró principalmente en aquellos ejemplares ubicados en sectores cercanos a los cursos de agua, debido a que los ríos facilitaban el difícil traslado de la madera desde el interior de la cordillera.
Con el paso de los años, las faenas terminaron y el campo quedó prácticamente sin actividad productiva ni intervención significativa. Paradójicamente, las mismas dificultades geográficas que hicieron poco viable continuar explotando sus alerces pudieron contribuir a preservar durante décadas buena parte de este bosque. Actualmente, el predio permanece en manos de cuatro ramas familiares descendientes de Ricardo Wahl, manteniendo un valle que, más de ochenta años después de su adquisición, vuelve a despertar interés por una razón completamente distinta: la posibilidad de albergar alerces milenarios y, eventualmente, alguno de los ejemplares más antiguos conocidos en el mundo.


La creación del Parque Nacional Hornopirén
El Parque Nacional Hornopirén fue creado en 1988 con el objetivo de proteger una importante muestra de los bosques de alerce de la cordillera de los Andes, junto a ecosistemas prácticamente inalterados de la provincia de Palena. Su formación permitió incorporar bajo protección del Estado extensos terrenos fiscales y fijar deslindes en una zona de extraordinaria biodiversidad y difícil acceso. La conectividad, sin embargo, ha acompañado históricamente la discusión sobre este territorio: durante la planificación y posterior desarrollo de la Carretera Austral se estudiaron distintas alternativas para atravesar esta compleja geografía, mientras que hasta años recientes han continuado impulsándose proyectos para mejorar las conexiones terrestres entre Cochamó, Hualaihué y la provincia de Palena. Actualmente, incluso el acceso al parque evidencia ese aislamiento: desde la Ruta 7 es necesario internarse por caminos secundarios y luego continuar a pie para alcanzar algunos de sus sectores. Esa dificultad geográfica, que durante décadas limitó tanto la explotación como la apertura de caminos, es también una de las claves que permitió conservar grandes extensiones de bosque nativo y alerces milenarios, tanto en este lugar como sus valles cercanos.

Décadas después de terminada la explotación forestal, el aislamiento que mantuvo prácticamente intacto este territorio volvió a poner al valle en el centro de la atención. La llegada del equipo de “El Clan” de Canal 13, permitió registrar y llevar a la televisión la existencia de alerces de dimensiones extraordinarias, abriendo la interrogante sobre la verdadera antigüedad de algunos de estos ejemplares y la posibilidad de estar frente a un bosque de características excepcionales a nivel mundial. El hallazgo vuelve además a poner actualidad sobre una antigua aspiración de conectividad entre Cochamó y Hualaihué. Y quizás la respuesta no necesariamente deba ser una carretera. La compleja geografía de este territorio y, sobre todo, el extraordinario patrimonio natural que hoy comienza a revelarse plantean la posibilidad de recuperar una conexión a través de un sendero de montaña debidamente habilitado, señalizado y protegido, capaz de unir ambas comunas con una intervención considerablemente menor sobre el bosque.
No sería comenzar desde cero: entre 2013 y 2015 se realizaron tres versiones de la denominada Travesía de los Alerces Milenarios, llegando en febrero de 2015 a reunir a más de 50 personas en un recorrido de tres días entre Hornopirén y Río Puelo, atravesando bosques de alerces, ríos y sectores del Parque Nacional Hornopirén. La iniciativa nació precisamente con la intención de crear un producto de turismo aventura que permitiera encadenar ambos destinos y beneficiar a Cochamó y Hualaihué, pero con los años perdió continuidad. Una década después, y ante la posibilidad de que este territorio esconda algunos de los alerces más antiguos del planeta, retomar aquella ruta bajo una mirada de conservación, investigación y turismo sustentable aparece como una oportunidad que merece volver a ser estudiada.
*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.
Alejandro Wahl Herrera