De hojas brillantes y con forma geométrica, el tineo (Weinmannia trichosperma Cav.) es uno de los árboles más característicos de los bosques templados del sur de Chile. Desde sus particulares foliolos hasta los fenómenos poco conocidos de su floración y reproducción, este gigante nativo guarda una historia tan compleja como los bosques que habita. Para esta ocasión, conversamos con Juan Pablo Vicencio Segura, Ingeniero en Conservación de Recursos Naturales, y con Lucía Abello, bibliotecóloga y botánica, ambos miembros de la Sociedad de Botánica y de la Agrupación Chilebosque, para conocer más sobre esta querido y singular árbol sureño.
Entre los bosques templados del sur de Chile, donde la humedad permanece entre las hojas y los árboles forman verdaderos laberintos verdes, se esconde una especie de belleza muy particular. El tineo (Weinmannia trichosperma Cav.), también conocido como teñiu, palo santo, maden, tinel o tiñel, es un árbol endémico de los bosques subantárticos que crece en el extremo sur de Chile y Argentina.
Basta con acercarse para descubrir lo que hace a esta especie tan especial. Sus hojas, perennes y brillantes, se dividen en pequeñas estructuras llamadas foliolos. Estas se ordenan formando figuras geométricas y le dan una apariencia única entre las especies que comparten este paisaje. Una característica que convierte al tineo en uno de los árboles más llamativos y queridos de los bosques sureños.
El tineo forma parte del género Weinmannia, que reúne más de 90 especies y cuyo principal centro de diversidad se encuentra en los Andes tropicales. Sin embargo, su historia biogeográfica guarda una particularidad: estudios filogenéticos sugieren que sus linajes habrían seguido el camino inverso al de otros grupos, expandiéndose desde los extratrópicos australes hacia el norte.
Su nombre también guarda una historia: Weinmannia honra al botánico alemán Johann Anton Weinmann, mientras que trichosperma proviene del griego thrix (“pelo”) y sperma (“semilla”), en referencia a sus “semillas pilosas” o «semillas peludas».



El curioso diseño de sus hojas
“La principal característica para reconocerlo es la morfología de sus hojas, única entre las especies con las que habita”, explica Juan Pablo Vicencio Segura, Ingeniero en Conservación de Recursos Naturales y miembro de la Sociedad de Botánica y de la Agrupación Chilebosque.
“Sus hojas son compuestas, lo que significa que la lámina foliar está dividida en estructuras más pequeñas denominadas foliolos. Estos foliolos tienen una forma geométrica única, mientras que el raquis, la estructura central donde se insertan los foliolos, es alado, con apéndices foliares de formas triangulares a romboidales, ubicados entre cada par de foliolos. Este encaje entre los foliolos y el raquis le confiere una gran elegancia y es una de sus características más distinguibles a la hora de reconocerlo”, continúa el experto.
Las ramitas jóvenes del tineo crecen estiradas, dejando una amplia distancia entre los nudos del tallo. Sus brotes más nuevos son de un tono rojizo característico, y están cubiertos de pelos. Este resistente árbol mantiene su follaje durante todo el año, sin perder sus hojas durante las estaciones más frías.


Un gigante de los bosques húmedos
Este árbol del sur puede llegar a medir hasta 30 metros de altura, sin embargo, existen individuos excepcionales que han alcanzado los 40 metros. Su fuste puede medir de 1,2 a 1,4 metros, con casos excepcionales documentados de dos metros. También se han estimado ejemplares de más de 730 años, lo que lo convierte en un árbol particularmente longevo, destacando entre otras especies siempreverdes.
Un ejemplo es el Abuelo Tineo, un espécimen nativo de más de 600 años que ha resguardado la cima del Parque Oncol, área silvestre protegida, ubicada en la cordillera de la Costa, a 28 km de Valdivia.
En Chile, el tineo se distribuye desde la región del Maule hasta la región de Aysén, con registros excepcionales en la Región de Magallanes, en ambas cordilleras. A pesar de que también se encuentra en Argentina, su presencia es escasa y sólo crece en sectores cercanos a la frontera con Chile. “Forma parte de diversos bosques, principalmente de los bosques templados lluviosos del sur de Chile Valdiviano”, señala Juan Pablo, “aunque también se encuentra en los bosques de coníferas de Alerce (Fitzroya cupressoides), en ambas cordilleras, o acompañante en los bosques de Ciprés de las Guaitecas (Pilgerodendron uviferum), en Chiloé”.
Para desarrollarse, el tineo necesita de luz y humedad. Durante su juventud es semi tolerante a la sombra, pero a medida que va creciendo busca alcanzar el dosel superior del bosque para recibir luz solar directa. También se favorece de ambientes lluviosos y de suelos profundos, de Ph ácido, ricos en materia orgánica y con buen drenaje. Aun así, es capaz de crecer en terrenos más delgados o escarpados, como los que se encuentran en las laderas cordilleranas.


Reproducción, floración y fructificación
“Esta especie se reproduce sexualmente a través de sus semillas contenidas en los frutos”, explica Lucía Abello, bibliotecóloga y botánica asociada a la Sociedad de Botánica de Chile y Chilebosque. “También se puede reproducir por rebrote de tocones; atendiendo a que sus semillas son diminutas y presentan pequeños pelos o alas, su dispersión se hace a través del viento (anemocoria)”.
Florece generalmente entre noviembre y enero. Sus flores son hermafroditas, de cuatro o cinco pétalos, pequeñas y de color blanco crema. reunidas en un racimo cilíndrico; sus pétalos son más angostos que los sépalos, tiene 8 a 10 estambres sobresalientes, con un ovario súpero con estilo bifurcado y 4 glándulas nectaríferas.
Al mismo tiempo desarrolla sus frutos, entre los meses de diciembre y marzo, madurando por completo hacia el final del verano y principios del otoño, de febrero a abril. Sin embargo, “debido a su extensa distribución latitudinal y altitudinal, existe una amplia variación en las épocas de floración-fructificación a medida que se comparan las poblaciones septentrionales con las meridionales”, señala Juan Pablo.

Como sus flores producen abundante néctar, son constantemente visitadas por la abeja Apis mellifera, además de polinizadores como el abejorro nativo Bombus dahlbomii. Debido a esto, el tineo es una de las especies nativas más importantes para la apicultura en el sur de nuestro país. Su polinización da origen a la famosa «miel de tineo», de sabor y propiedades particulares, cuyo aroma es muy suave y delicado. Esta miel es comercializada, especialmente en ferias costumbristas o fiestas y/o festivales de la miel.
Curiosamente, existen casos poco documentados de “explosiones” de polen por parte de sus flores. Un reporte publicado por la Universidad Austral de Chile en 2021 detalla el fenómeno, presenciado a la distancia por Andrés Martínez, egresado de la institución, en el Parque Futangue, donde trabaja. En la nota, Martínez detalla una gran nube de neblina entre los árboles, logrando observar el estallido de flores desprendiendo partículas de polen.

Un vecino más del bosque
El tineo es también parte de una comunidad en la que convive estrechamente con otras especies. En los bosques templados del sur de Chile, suele crecer asociado a ulmos, fuinques, avellanos, canelos, laureles y coigües.
Sin embargo, su presencia no se limita solo a convivir con otros árboles. Por su gran tamaño, el tineo también genera condiciones particulares dentro del bosque: su denso follaje proporciona sombra y contribuye a mantener microclimas más estables bajo su copa, mientras que su estructura y raíces ayudan a dar estabilidad al suelo frente a las intensas lluvias características del sur de Chile.
Por otro lado, su corteza, grisácea y rugosa, tampoco pasa inadvertida para quienes habitan el bosque. Diversas especies de aves insectívoras buscan alimento entre sus grietas, mientras que el follaje del árbol se convierte en un cómodo sitio de nidificación para las propias aves del bosque templado.

Entre el uso y la conservación
La corteza y madera del tineo presenta diversos usos, tanto para la carpintería y artesanía como medicinales. Según explica Lucía, su madera “de color rojizo, es dura, pesada y muy resistente a la humedad, por lo que ha sido intensamente explotada para la construcción de botes, durmientes de ferrocarril, postes y artesanías”.
Además también cuenta con usos medicinales. “Su corteza se machaca y se usa como cicatrizante en heridas no profundas, llagas y tumores; sus hojas y corteza poseen ciertas propiedades astringentes y balsámicas; en infusión se usa también para curar heridas cutáneas e, internamente, como astringente, para tratar disenterías, diarreas crónicas, dolores renales y tuberculosis”, afirma la experta. “Los huilliche teñían la lana de color marrón con su corteza”.
También, al ser un árbol de inconfundible belleza por la forma matemática de sus hojas, abundante floración y la tonalidad rojiza que adquiere durante el verano, es posible verlo en veredas, plazas y parques de la zona sur de Chile.
Formalmente, esta especie no se encuentra evaluada en alguna categoría de peligro de extinción por el Ministerio de Medio Ambiente. Mientras tanto, para la UICN, se encuentra en Preocupación Menor (LC), lo que se condice con su gran extensión de presencia y al hecho de que, en términos relativos, no es una especie escasa.
Esto, sin embargo, no significa que no sea vulnerable a las amenazas que afectan a los bosques nativos. Entre ellas se encuentran la tala y la deforestación, particularmente en aquellos lugares donde el bosque nativo ha sido reemplazado por especies exóticas de rápido crecimiento, como pinos y eucaliptos.

Un sobreviviente entre los árboles del sur
El tineo tiene una dinámica regenerativa bastante peculiar. Se ha descrito que tiene un crecimiento extremadamente lento dentro de las especies que cohabitan el bosque templado, sin embargo, por su vasta producción de semillas, su capacidad de dispersión y tolerancia a la sombra, posee una gran capacidad para colonizar ambientes que han quedado disponibles o alterados.
De hecho, ha sido posible observar que, luego de disturbios climáticos y de suelos, los bosques jóvenes o renovables, el tineo es una de las especies predominantes. Ejemplo de ello se puede observar en las laderas del Volcán Chaitén, que erupcionó en 2008, donde en zonas totalmente expuestas luego de la erupción, el tineo actuó como colonizador y especie dominante.

El lento crecimiento del tineo también plantea un desafío para su producción a gran escala. Sin embargo, actualmente se están estudiando alternativas para acelerar su propagación y favorecer su incorporación a procesos de restauración ecológica. En esa línea trabaja el Laboratorio de Restauración Socioecológica de la Universidad Austral de Chile, en colaboración con CONAF, a través del proyecto FIBN 029/2024.
La Dra. Milen Duarte Muñoz, investigadora y Subdirectora de escuela en la Facultad de Ciencias Forestales y Recursos Naturales de la Universidad Austral de Chile, explica que en el proyecto “evidenciamos la necesidad de producir plantas de lento crecimiento para la restauración de ecosistemas, debido a que actualmente la mayoría de las especies que se producen masivamente son de rápido crecimiento y pioneras en los procesos de sucesión de ecosistemas; en ese sentido, hace falta contar con stock masivos de plantas que puedan aumentar la diversidad de los ecosistemas que se están restaurando. ¿Por qué no se producen masivamente hoy? Porque son de lento crecimiento, por lo que su producción no es muy rentable; por eso estamos trabajando en técnicas basadas en la naturaleza para acelerar su propagación”.
Pero restaurar un ecosistema no solo implica considerar qué especies son ecológicamente relevantes. La Dra. también señala que “es clave considerar las necesidades de los propietarios que ponen a disposición parte de sus predios para la restauración de ecosistemas. En ese sentido, pensar en producir y plantar especies importantes para la restauración desde la perspectiva ecológica, requiere también pensar en los intereses y necesidades de los propietarios, es un equilibrio entre relevancia ecológica y necesidad social. El tineo es una especie melífera, por lo que producirla y plantarla tiene beneficios tanto para los ecosistemas como para los propietarios que pueden sacar provecho de su exquisita miel. Es un win-win, y promueve que más personas piensen en poner a disposición parte de sus predios para restaurar. Finalmente, al ser también una especie de relevancia cultural, incluso podría verse como un beneficio tripartito: social-cultural-ecológico”.
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