Solemos entender al jardín botánico como una institución o espacio creado y administrado para albergar colecciones científicas de plantas vivas, las cuales están debidamente identificadas, documentadas y organizadas. Con base en esta información, nos dimos a la tarea de investigar más sobre estos lugares en el contexto mexicano.

Así, encontramos que en la Ciudad de México, Oaxaca, Estado de México, Veracruz, Guanajuato y Yucatán se concentran algunas de las colecciones vivas más significativas del país ya que reúnen desde cactáceas mexicanas en peligro de extinción hasta helechos arborescentes de bosque de niebla. Muchos de estos espacios operan, además, como centros de investigación, archivos vegetales y espacios abiertos al público.

Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM. Créditos: Adrián Cerón
Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM. Créditos: Adrián Cerón

A estos espacios los administran instituciones tan variadas como la UNAM, el INECOL, el Centro de Investigación Científica de Yucatán, gobiernos estatales y organizaciones civiles. Además, varios de ellos ocupan edificios históricos, cañones protegidos o antiguos conventos, de modo que la conservación de la flora ocurre en diálogo con el patrimonio arquitectónico y cultural que los rodea.

En un país como México (que figura entre los megadiversos del mundo), estos recintos fungen como una de las pocas infraestructuras donde el conocimiento científico sobre plantas se vuelve más horizontal y caminable para quien no es especialista o investigador.

Un grupo de infancias aprende sobre plantas nativas en el Jardín Botánico Francisco Clavijero, ubicado en Xalapa (Veracruz). Créditos: INECOL
Un grupo de infancias aprende sobre plantas nativas en el Jardín Botánico Francisco Clavijero, ubicado en Xalapa (Veracruz). Créditos: INECOL


Comencemos por presentar al Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM, fundado en 1959 sobre los pedregales del sur de la Ciudad de México es considerado el segundo más antiguo de México. Alberga más de 1,600 especies, con un énfasis particular en cactáceas y crasuláceas (comúnmente conocidas como suculentas) mexicanas bajo alguna categoría de riesgo.

Asimismo, sostiene programas de investigación y divulgación que lo colocan entre los centros de referencia nacional. Su colección más allá de lo ornamental tiene como objetivo documentar, propagar y resguardar especies que en campo enfrentan saqueo, competencia con especies invasoras, así como pérdida de hábitat.

A unos 450 kilómetros al sur, está el Jardín Etnobiológico de Oaxaca. Instalado en el antiguo convento de Santo Domingo, su diseño fue concebido por el artista Francisco Toledo junto con otros especialistas, y reúne plantas de las distintas regiones del estado. Lo que organiza el recorrido es, como su nombre lo dice, la relación entre la vegetación y los pueblos indígenas de Oaxaca. Es decir, ahí podemos ver qué se come, qué se teje, qué se tiñe, qué se usa para curar. En ese sentido, este jardín se lee como un argumento sobre la inseparabilidad de diversidad biológica y diversidad cultural.

Del art nouveau de Toluca al bosque de niebla de Veracruz

El Cosmovitral Jardín Botánico, en Toluca (Estado de México) ocupa un edificio de estilo art nouveau que funcionó como mercado y que hoy es célebre por la obra monumental de vitrales del artista mexiquense Leopoldo Flores. Bajo la luz coloreada que entra por el vitral podemos encontrar que conviven más de 400 especies de plantas de México y del mundo, en un entorno donde la arquitectura no es un contenedor neutro sino parte de nuestra propia experiencia botánica.

En Xalapa, Veracruz, encontramos el Jardín Botánico Francisco Javier Clavijero administrado por el INECOL. Sus 38 hectáreas incluyen 30 de bosque de niebla preservado, uno de los ecosistemas más restringidos y amenazados de México. El sitio es un referente nacional en el estudio y la conservación de coníferas (como abetos y pinos locales) y de helechos arborescentes, linajes vegetales antiguos cuya supervivencia depende de condiciones de humedad que el cambio de uso de suelo y el clima están alterando.

El Charco del Ingenio, en San Miguel de Allende (en el estado de Guanajuato) se extiende sobre un cañón de alto valor paisajístico e histórico y resguarda una colección sobresaliente de cactáceas mexicanas, muchas de ellas amenazadas. Además de su valiosa función científica, el sitio ha sido reconocido como espacio de paz (reconocimiento otorgado por el decimocuarto Dalái Lama en 2004, según el propio jardín), lo que agrega una dimensión simbólica a un territorio que, de hecho, su comunidad ha defendido frente a la presión inmobiliaria.

Escalas monumentales y flora de la península de Yucatán

Cierra la lista el Jardín Botánico Regional «Roger Orellana«, perteneciente al Centro de Investigación Científica de Yucatán, en Mérida (CICY), dedicado desde hace más de tres décadas al rescate, estudio y divulgación de la flora nativa de la península de Yucatán y la región maya.

Este jardín fue declarado Museo Vivo de Plantas en 1999 por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), así como Área de Conservación pues cuenta con registro como Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA) desde 2002.

EXTRA. En Jojutla, Morelos, los Jardines de México operan con la lógica del paisajismo monumental. Con 51 hectáreas divididas en siete secciones temáticas entre las que podemos hallar un jardín japonés, un laberinto de los sentidos y áreas de cactáceas, exhibe millones de flores y plantas ornamentales. Queremos hacer el apunte de que este espacio, como tal, no es un centro de investigación en el sentido de los anteriores, pero sí un buen referente de horticultura –o sea, el cultivar plantas en huertos o espacios reducidos para obtener alimentos, flores y otros productos–.

Desde luego, un jardín botánico no sustituye al ecosistema que representa, pero sí puede ayudarnos a conservar el material vivo, el conocimiento y el vínculo público sin los cuales cualquier restauración futura sería imposible.

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