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Chile, país único: diez reservas que podrían ser parques nacionales, junto a Benjamín Valenzuela
De las 49 reservas nacionales de Chile, varias podrían convertirse en el próximo parque nacional del país, como ya ocurrió con Cerro Castillo, Río Clarillo y Nonguén, y como espera Ñuble. El fotógrafo Benjamín Valenzuela, junto a su pareja Ignacia Jory, las ha recorrido todas. Aquí, nos ayuda a hacer una selección de 10 reservas tan únicas por su belleza paisajística como su valor para la conservación de la naturaleza, que a su juicio podrían —o deberían— ser próximamente parques nacionales.
En el corazón de la Región de Aysén, existe uno de los lugares más salvajes de la Patagonia chilena. En sus más de 670 mil hectáreas de bosques prístinos y especies que se habitan una tierra indómita, en la Reserva Nacional Katalalixar se esconden secretos. Acceder a ella es solo posible a través de una navegación, donde a lo lejos puede asomarse algún delfín o lobo marino. Este único territorio, alguna vez transitado por el pueblo Kawésqar, es el protagonista de la idea, respaldada por comunidades y organizaciones, de que sea recategorizada como parque nacional.
Para el fotógrafo Benjamín Valenzuela, el que este lugar sea parque nacional sería un camino evidente. Él ha recorrido, junto a pareja Ignacia Jory, todas las reservas nacionales del país en el marco del proyecto “Electroruta: Reservas Nacionales de Chile”. En este contexto, ha podido ver de primera fuente qué lugares podrían seguir un proceso de recategorización que ha marcado la historia de las áreas protegidas de Chile. En ello, hay ejemplos famosos, como el de Cerro Castillo (2018), Río Clarillo (2020), Nonguén (2021) o la que se confirmó, pero aún sigue en espera, Ñuble.
En concreto, según la Corporación Nacional Forestal (Conaf), las reservas son “regiones establecidas para la conservación y utilización, bajo vigilancia oficial, de las riquezas naturales, en las cuales se dará a la flora y fauna toda la protección que sea compatible con los fines para los que fueron creadas”. Es decir, contemplan un manejo sustentable de recursos naturales. En cambio, un parque nacional preserva tal cual están los ecosistemas, en su patrimonio natural o cultural, lo que significa una mayor protección.
Hasta el momento, Chile reconoce 49 reservas nacionales. La gran pregunta sería cuáles —ya sea por su belleza escénica o valor para la conservación— podrían ser las próximas en anunciarse como futuros parques nacionales.
Junto a Benjamín, desarrollamos una lista de diez de estos territorios que, a su juicio y tras visitarlas, podrían añadirse a la lista. Todos sus recorridos están disponibles en su canal de Youtube.
Reserva Nacional Katalalixar – Región de Aysén

La lista empieza con el lugar mágico que introdujo esta nota, la Reserva Nacional Katalalixar, creada en 1984. Se le conoce por su gran tamaño (674.500 hectáreas), donde islas y canales destacan en el paisaje. Allí, grandes mantos de cipreses de las Guaitecas, coihues de Chiloé o de Magallanes tiñen los relieves, al tiempo que se asoma algún huillín o el lobo fino austral. Casi escondidas, hay más de 400 especies marinas que habitan la zona.


Es un lugar donde reina la calma. Donde, como relata Benjamín, el ruido es el mismo que guía el viento. Cómo no, si está emplazada en la majestuosidad de los Campos de Hielo Norte y Sur. A diferencia de otras áreas protegidas, no se puede visitar a pie, sino que sólo a través de navegaciones privadas. Para Benjamín, su pasado transitado por el pueblo kawésqar, su belleza, pristinidad, tamaño y valor para la conservación del patrimonio, la hacen digna de ser un futuro parque nacional.
Reserva Nacional Las Guaitecas – Región de Aysén

Es la reserva nacional más grande de Chile, creada en 1938, con 1 millón de hectáreas que albergan islas únicas, turberas, bosques siempreverdes y más. En su video, Benjamín resume el lugar con una naturaleza “cruda, húmeda y real”, mientras pasan capturas de delfines, mantos de árboles como el ciprés de Las Guaitecas y de colonias de lobos marinos. También, alude a su historia: un paisaje transitado por los chonos y la misteriosa Isla Friendship. Y a sus amenazas, como las más de 300 concesiones salmoneras o la presencia de especies exóticas invasoras, cuyo ejemplo más icónico es el visón.


“Es un lugar donde hay mucho ciprés de las Guaitecas, único en biodiversidad, pero es también muy relevante como corredor biológico, sobre todo para los cetáceos. Además, tiene una superficie que incluso supera a muchos parques nacionales. Al igual que Katalalixar, no tiene plan de manejo. Por ello no es posible desembarcar. Creo que hay mucho que avanzar todavía”, comenta Benjamín.
Reserva Nacional Lago Palena – Región de Los Lagos

Se creó en 1965 y se enmarca en un entorno cordillerano. Acceder al lago Palena no es fácil. Si se elige la ruta a pie, puede demorar 5 a 6 días. Sin embargo, tanto locales como CONAF recomiendan hacer la ruta a caballo. Allí, en una zona de tupidos bosques que contempla 49.391 hectáreas, los coihues de magallanes y lengas abundan, entre otros árboles, siendo hogar de especies como el piche, el quirquincho patagónico, la vizcacha del sur o el huemul.


“La belleza escénica de este lugar es impresionante. Conserva ñirres, lengas y coihues en un ambiente muy prístino. La verdad no tiene nada que envidiarle a ningún parque nacional y es grande. Se presume, además, que pueden haber huemules. Por ello, la importancia de la conservación de este lugar es equivalente a la de cualquier parque de la Patagonia. Imagina que hay árboles que superan los 30 metros de altura. También es importante para la reserva de agua de la zona”, dice Benjamín.
Reserva Nacional Mocho Choshuenco – Región de Los Ríos

En febrero de 2026, un pequeño y amenazado anfibio hizo que la Reserva Nacional Mocho Choshuenco apareciera en titulares chilenos. Se trató de la ranita de darwin , que ahora se suma a otras especies registradas en la zona, como el puma o el pudú. El área protegida se creó en 1994 y cuenta con 7.537 hectáreas, en el corazón de la comuna de Panguipulli, protegiendo bosques templados lluviosos, zonas de alta montaña y glaciares que se asocian al complejo volcánico Mocho-Choshuenco.


“De seguro, este lugar debería ser parque nacional. Su glaciar, el Choshuenco, ha tenido un retroceso muy grande —de más del 45%—. Es una zona de volcanes, de ecosistemas bastantes particulares por la geografía: altoandinos, bosques caducifolios y mucha biodiversidad. Está absolutamente en el top de reservas visitadas, atrae mucha gente para el turismo de montaña y naturaleza, estando muy bien gestionado”, comenta Benjamín.
Reserva Nacional Villarrica – Región de La Araucanía

Este lugar podría ser fácilmente una extensión del Parque Nacional Villarrica. También llamada Hualalafquén, la reserva fue creada en 1912 y cuenta con 61.352 de hectáreas, donde protege principalmente bosques de araucaria, lenga y raulí. De hecho, está inmersa en la Reserva de Biósfera Araucarias UNESCO y el Geoparque Kutralküra, reconocido por el mismo organismo.


“Es una reserva enorme que alberga una de las zonas restringidas donde habitan las araucarias. También está el volcán Sollipulli. Hay una biodiversidad impresionante. Además, tiene una entrada relativamente accesible porque está al lado de muchos pueblos, como Melipeuco o Pucón. En verano, sin embargo, está expuesta a incendios forestales. Muchos piensan que es solo el volcán, pero es mucho más”, dice Benjamín.
Reserva Nacional Malalcahuello & Nalcas – Región de La Araucanía

Estas dos reservas parecieran ser una sola gran área protegida. Tan conocidas por sus blancos paisajes invernales, en verano los bosques muestran algunos de los secretos que protegen: bosques andinos de araucaria, lengas y coihues, en medio de una geografía marcada por los volcanes Lonquimay y Tolhuaca. Malalcahuello se creó en 1931 con sus 13.730 hectáreas y Nalcas en 1967, con 17.530 hectáreas. Cuentan con varios senderos, como el conocido Sendero Araucaria Milenaria, Sendero Sierra Colorada, Cráter Navidad o Laguna Holandesa.


“El lugar es parte del Geoparque Kutralkura UNESCO, donde se ubican varias reservas, incluyendo también China Muerta. Que sean parques nacionales significa que pueden seguir conservando eso especial que tienen. Es de fácil accesibilidad y se pueden ver escoriales gigantescos causados por la erupción del cráter de Navidad en 1988. Por lo tanto, acceder al geositio es sencillo y te da algo muy similar a lo que se ve en Conguillío, con lagunas como la arcoíris, con araucarias hundidas. Entonces la dinámica es tremenda”, explica Benjamín.
Reserva Nacional Isla Mocha – Región del Biobío

El famoso lugar donde el mar se enciende. Que inspiró la leyenda de Mocha Dick. Que ha vivido grandes terremotos. Y que protege especies tan únicas que no están en ningún otro lugar del mundo, como la fardela blanca —que encuentra aquí uno de sus dos lugares de nidificación en el mundo— o una diminuta ave, el churrín de la mocha. En números, son 2.181 hectáreas tan únicas para ser conservadas, en un ecosistema aislado de gran valor ecológico destinado a ser protegido desde 1988. Es una zona que parece sacada de un cuento.


“Isla Mocha es la unión de muchas cosas, que creo que le dan la cualidad de ser parques. Hay unos bosques de olivillos y arrayanes alucinantes, con los ejemplares más grandes que he podido observar en Chile, solo comparables con lo que he visto en Tantauco. Deben ser, probablemente, arrayanes de más de 30 metros. De hecho, vive el pudú, especie que se reintrodujo en la isla. Hay mucha fauna endémica y es un lugar de anidación clave de la fardela blanca, que viaja 12 mil km al año para ir al otro lado del mundo para llegar a este lugar y Juan Fernández. Entonces, hay una belleza paisajística y biodiversidad tremenda, pero con mucha presión antrópica porque la mayoría de las personas que viven ahí, lo hacen del ganado”, dice Benjamín,
Reserva Nacional Altos de Lircay – Región del Maule

Altos de Lircay es, quizás, uno de los lugares más hermosos de Chile en otoño. En plena Región del Maule y creada en 1996, protege 12.163 hectáreas de bosque dominado por los famosos Nothofagus, especies caducifolias que encuentran aquí su distribución más septentrional. De hecho, habitan 8 de las 11 especies de este género del país, que conviven con múltiples especies. Entre ellas, pequeños y enigmáticos felinos como el gato colocolo, la güiña o el mismísimo hued hued castaño.


“Esta es la zona de Chile, más hacia el norte, donde se pueden encontrar lengas y otros Nothofagus. Gracias a eso se pueden ver especies como carpinteros negros, que es algo que pasa, por ejemplo, en el Parque Nacional Siete Tazas en la zona central. Esto está solo a cuatro horas de Santiago, uno asocia estas especies con una distribución mucho más al sur. El camino está pavimentado hacia la reserva y está en este espacio con gran valor geográfico en el cordón del Maule, donde se han vivido también grandes erupciones volcánicas, como la del volcán Quizapú en 1967. Hay mucha cultura popular con esto del enladrillado, una zona que la gente local a veces asocia a extraterrestres. Pero, en fin, es uno de los cordones volcánicos más potentes que hay en Chile, eso ya de por sí le da la cualidad para ser parque nacional, junto a su biodiversidad”, explica Benjamín.
Reserva Nacional Pingüino de Humboldt – Región de Atacama y Coquimbo

Probablemente, uno de los motivos más relevantes de esta reserva para coronarse como parque nacional sea la especie que inspiró su nombre. Creada en 1990, en sus apenas 859 hectáreas alberga al pingüino de Humboldt, clasificado en Chile como En Peligro e ícono de campañas para su protección. La especie considerada como centinela, ha presentado importantes afectaciones por el fenómeno del Niño y la influenza aviar en Chile y Perú, generando muertes y abandono de niños. Por eso, fortalecer su protección se ha vuelto fundamental. Este fragmento de su hábitat, además, alberga las islas Chañaral, Choros y Damas en un ecosistema moldeado por la corriente de Humboldt, que lo nutre de una biodiversidad marina particular donde es famosa la presencia de cetáceos y mamíferos marinos.


“El lugar es muy famoso, todo el mundo sabe el valor ecológico de este corredor marino. Pasa algo similar con las Guaitecas con la presencia de cetáceos, delfines y pingüinos, pero en el norte. La diferencia es que esta zona tiene mucha mejor accesibilidad y van muchos a visitarla. Se puede bucear, y me atrevería a decir que es el buceo continental más lindo que he visto en Chile. Por otro lado, está en medio del desierto, es algo único. Podría ser fácilmente un parque nacional”, explica Benjamín.
Reserva Nacional Los Flamencos – Región de Antofagasta

Esta reserva nos lleva a un paisaje que parece de otro planeta, en medio del desierto más árido del mundo: el de Atacama. Allí, en los salares del altiplano chileno: tara, aguas calientes y Pujsa; y sus lagunas Miscanti, Miñiques, Valle de la Luna y Tambillo en el salar de Atacama, se desarrolla un ecosistema tan único que personas de todo el mundo viajan especialmente a conocerlo. Allí encuentran su hogar los flamencos de Chile, el chileno, andino y las parinas chicas, que están en constante presión de la industria minera que las rodea. Además, es posible ver a las conocidas yaretas del altiplano o los escasos tamarugos. Reúne 73.987 hectáreas y fue creada en 1990.


“Los Flamencos está en San Pedro de Atacama, uno de los destinos más concurridos de Chile en conjunto con Rapa Nui y Torres del Paine. Tiene todo para ser un parque nacional. Como que todo lo del norte se puede encontrar aquí, desde lagunas que brotan de aguas subterráneas. Y se forman como estas lagunas cristalinas con sal, en la cordillera de Domeyko hay volcanes, salares, paisajes de ensueño en medio del desierto, fauna que habita en lugares muy secos, campos geotermales, etc”.
Veronica Droppelmann A.