El manto que cubre nuestras cabezas de noche se ha vuelto cada vez más oscuro para quienes viven en la zona central de Chile. Basta con mirar el cielo para notar que son menos las estrellas visibles, incluso cuando está despejado. La contaminación lumínica —provocada, entre otros factores, por la luz artificial mal orientada, el exceso de potencia y el uso de ampolletas blancas o azules— ha comenzado a degradar los ecosistemas y a alterar el estado natural de los cielos. Como consecuencia, los cuerpos celestes han dejado de aparecer en el paisaje nocturno que solíamos conocer. 

No obstante, incluso con lo opaca que la noche pueda parecer, no significa que las estrellas no estén ahí. Fuera de la contaminación lumínica, el cielo nocturno de Chile tiene muchos secretos que mostrar. Esto ha sido parte de la misión de Tomás Andonie, astrofotógrafo chileno quien, a sus 22 años, fue recientemente fue reconocido en los People’s Vote Awards y recibió una mención honorífica en el prestigioso concurso reFocus Awards, dedicado a premiar fotografías internacionales de distintas categorías. 

Tomás es un enamorado del cielo nocturno. Actualmente cursa la Licenciatura en Astronomía en la Universidad Andrés Bello y, si bien es fotógrafo aficionado desde los 13 años, recién en 2020 encontró aquello en lo que quería enfocar su trabajo. Fue en plena pandemia del COVID-19, mientras experimentaba una sensación de vacío personal.

“Estamos encerrados, no podía salir a sacar fotos a ningún lado. Pensaba que mi hobby se iba a morir ahí”, cuenta, describiendo aquella situación que lo consternó: “Y ahí hubo un momento de realización. Parece muy romántica la escena, pero fue realmente ver la luna llena que dije: Oye… Tengo el cielo ahí”.

Tomás menciona que la astronomía ya le llamaba la atención y que, a partir de ese click —como él le llama—, comenzó a investigar más sobre la astrofotografía: “Ese fue el momento del antes y el después, donde sabía que podía dedicarme a esto. Ya empecé a practicar, a aprender, a conocer más sobre qué es ese mundo y me quedé ahí. Me enganché y nunca más salí de lo que es la astrofotografía. Yo creo que podría ser ese claramente mi momento decisivo en mi trayectoria”. 

—¿Eres autodidacta en tu camino de fotografíar a los astros?

—Mi camino en la astrofotografía ha sido completamente autodidacta. Desde el año 2020 hasta el día de hoy. Nunca he tomado cursos, ha sido práctica y error, salir siempre que podía todas las noches. Como vivo en Santiago, aquí la contaminación lumínica es horrible, por lo que hay menos visibilidad. Entonces, cada vez que viajaba a otro lugar y tenía la oportunidad, hacía astrofotografía. De pura práctica durante los últimos 6 años, ver bastante contenido audiovisual, YouTube, guías y cosas así por internet, pero todo eso ha sido por mérito propio. La carrera de Astronomía y la fotografía son cosas muy distintas: la primera es ciencia para mí, y la segunda un arte.

—¿Hay alguna fotografía que te haya marcado a nivel personal? Una que tú digas que, para ti, es tu ganadora 

—La verdad es que hay varias fotos a las que le tengo mucho cariño. No voy a decir que todas, pero la gran mayoría de mis fotos siempre tienen algo especial, porque yo sé su historia detrás, lo que implicó sacar esa foto, sé lo que me costó o lo que logré; todas tienen alguna chispa.

Pero hay una en concreto que me encanta, que es mi favorita y que, por alguna u otra razón, nunca ha ganado ningún concurso, no ha ganado absolutamente nada. En simples palabras, me gusta mucho a mí y creo que es la más perfecta que he sacado. Es una fotografía que saqué en el sur de Chile, en una pampa donde se estaba recién cultivado el maíz, entonces se veían las hileras de la plantación. Tenía justo al medio un árbol y la Vía Láctea encima, centrada. Fue una foto que tenía mucha planificación detrás, y estuve prácticamente toda la noche sacando esa foto.

Porque bueno, igual muchas de mis fotos, es una serie. Son fotos únicas, por apilados, por técnicas que uno utiliza de panorámicas. Le dediqué toda la noche a esa sola foto y para mí es perfecta en encuadre, en la historia que cuenta, en composición, en el tecnicismo de la foto, para mí es lejos mi favorita. Y como digo, no ha ganado nada, no ha tenido ningún mérito, pero aún así para mí siempre está ahí.

—Cuéntanos la historia de la fotografía de Refocus Awards, “Galaxy Over The Andes”. ¿Cómo fue esa noche? ¿Cuál es la historia tras la foto?

Esa foto se dio en una excursión a la Laguna de Piuquenes. De forma personal practico montañismo. Soy socio del Club Andino Universitario y justo ese fin de semana íbamos a realizar una clase práctica de primeros auxilios a los chicos de este año. Entonces, participé como ayudante con los profesores en ese curso. Sabía el lugar al que íbamos a ir a la Laguna de Piuquenes, que está cerca de La Parva ese fin de semana.

Lo primero que hago es aprovechar todas las instancias que tengo de viajar para pensar en astrofotografía, y aquí es lo mismo. Dije: «vamos a ver la meteorología», porque con la montaña se debe revisar la meteorología, y vi que estaba el cielo despejado.

No recuerdo el mes exacto en que saqué la fotografía, pero fue por invierno. Y eso significa que lo que tengo visible en el cielo es la Vía Láctea. Entonces, se dieron todas las cosas perfectas para decir como: «vale, esta es una muy buena oportunidad para hacer astrofotografía en la alta montaña», que es algo bastante difícil porque, como te digo, la meteorología juega mucho en contra. Muchas veces que salgo al cerro está completamente nublado o se nubla en las noches o tengo mala visibilidad, etcétera.

Entonces, se veía todo perfecto y dije: «voy a llevar todo mi equipo». Y eso también es una implicancia porque ahí el peso de la mochila es complejo, pero, ¿sabes qué? Da lo mismo, por la pura foto que me encanta hacerlo, voy a llevar trípode, mi cámara, mis lentes… Tuvo toda esa planificación previa. Llegando a esa noche de la foto, siempre como que hago mis fotos en dos fases: uno, idear en mi cabeza cómo va a ser la composición. Sabía que estaba la Laguna de Piuquenes congelada, sabía más o menos dónde podía armar el campamento, sabía más o menos la vista dónde iba a salir la Vía Láctea. En mi mente pensé: «esta podría ser una muy buena toma«. Y así la voy imaginando y todo eso.

Después, la segunda fase es cuando llego allá y puedo ya ver en escena, en primera persona, lo que es el lugar. Analizándolo, veo si me puedo mover más para acá, puedo hacer esto, puedo ver esto aquí, como lo que no me gusta tanto. Estuve ahí durante el día hasta el atardecer, empezando a imaginarme cómo podía hacerlo para así en la noche ir sin improvisar básicamente. Eso es lo que no me gusta, ir sin improvisar y llegar a hacer la fotografía. Y nada, se hizo de noche. Esa noche creo que hubo unos -1, -2 °C bajo cero, tampoco es tanto en alta montaña, pero igual al estar haciendo allí fotografía sin guantes, sin nada, muerto de frío.

Se dio todo perfecto, nunca se nubló. Lo que tenía en mente lo pude conseguir. Estaban todos los chicos en sus carpas con las luces. Y eso sí que no lo tenía pensado, pero, entonces están todas las carpas iluminadas en la escena, tenía la laguna justo en medio y ahí simplemente hice la panorámica completa y se logró la foto.

—¿Y esperabas recibir ese reconocimiento?

—No, la verdad es que no. Es algo que nunca me espero, porque postulo siempre a cientos de concursos, muchos gratis, algunos pagados, y por lo general uno nunca recibe nada. Con suerte un correo de que recibieron tu foto, pero de que no logró ser seleccionada, de que participe el próximo año. Al final es un manejo a la frustración de nunca conseguir nada.

Cuando llegó el correo de que mi foto fue nominada para las fotos finalistas, fue una sorpresa, mucha sorpresa y también mucha emoción. Y fueron también en dos etapas, porque primero mi foto fue nominada, no recuerdo el número, si fueron las 20 o 50 finalistas. Mi foto estaba entre esas. Hubo un periodo de votación, porque además el concurso tiene este premio de votación del público, donde el público justamente es quien va a la página, vota por su mejor foto y la que tenga la mayor cantidad de votos al final es la que recibe el premio.

Entonces, tenía todo ese periodo entremedio y dije como: «ya, mira, quizás no gané ningún podio, ninguna mención honrosa, quizás no gané nada, pero tengo la oportunidad de intentarlo». Y ahí lo publiqué en todos lados. Fui molestoso en WhatsApp, en Reddit, en Instagram, en todos los grupos que yo conociese de gente para compartir la foto

Y tampoco tenía muchas esperanzas porque decía: «pucha, igual es un concurso internacional«. Creo que al final hubo no sé si 80.000 o más votos entre todas las fotografías y dije: «ni por si acaso yo consigo más de 1.000 votos». Nunca, al final nunca supe cuánto fue la cantidad de votos que recibió mi foto, pero sin pensarlo, terminé siendo seleccionado ahí, se logró.

Y después, más encima, me anunciaron que conseguí la mención honrosa, que fue como ya lo cúlmine de todo, la felicidad ya era gigantesca. Pero no me lo esperaba para nada ninguno de los dos premios.

—Para dedicarte a lo que haces, tienes que ser un explorador innato. Eres montañista. ¿Cómo se relaciona la exploración con lo que buscas en tus fotografías? 

—Nunca me había llamado por ese término, nunca lo había pensado, pero creo que lo describe muy bien, el tema de ser explorador. Pasa con muchas ramas de la fotografía, que uno necesita explorar. O sea, estoy fotografiando el universo básicamente, y en mi caso, me gusta mucho centrarme en los paisajes en Chile, para no solo mostrar la inmensidad del universo, sino poder aterrizar un poco a lo que tenemos nosotros acá, a nuestro paisaje. Hay que explorar para poder salir de fotos tan comunes y poder conseguir una mirada un poco más única, una mirada distinta.

Poder capturar algo que la gente no haya visto, porque ya de por sí el cielo nocturno se ve muy poco por la gran cantidad de contaminación lumínica que hay en todas las ciudades, la gente común y corriente no suele ver el cielo nocturno o muchas veces tampoco suele entender qué es lo que está viendo en el cielo cuando ve estrellas, si es que a lo más se ve alguna que otra estrella.

Claro, uno tiene ahí esa etiqueta de explorador de poder salir de las ciudades, salir de los pueblos, salir de todo lo que es la civilización, y adentrarse en bosques, en montañas, en cualquier lugar lo más remoto posible para poder hacer la astrofotografía. Está muy relacionado con eso del tener que salir, el tener que explorar. Y yo creo que ahí va la creatividad de cada uno, el ojo artístico que se tiene, la inspiración de tratar de juntar estas dos ramas de paisaje con astros y poder alcanzar esa visión única.

—¿Cómo ha cambiado tu astrofoto teniendo en cuenta tu formación en curso de astronomía?

—No sé si tengo un enfoque distinto, pero lo que sí me ha aportado la carrera es poder darle un poco más de peso y de credibilidad a lo que estoy haciendo, en el sentido de que estoy logrando explicar con más veracidad lo que estoy fotografiando. Porque quizás antes era una fotografía bonita y la descripción que yo le hacía a esa foto para poder explicar lo que estaba viendo, lo hacía bajo conocimiento propio. Creo que eso lo veo tanto de manera propia como la gente que ve mis fotos, porque dicen: «oh, este cabro es astrónomo«, lo que está diciendo es por algo, no es algo inventado, es algo que está estudiando. Creo que ese es el valor que le está dando mi carrera a mi trabajo como astrofotógrafo.

Para mí, la astronomía como carrera, diría que está lejos a lo artístico, a la belleza de la astronomía. ¿A qué voy con esto? Que la carrera es científica, estudio matemáticas, las bases de las matemáticas, las bases de la física para poder estudiar el universo a un nivel matemático, numérico.

Entonces, no veo por telescopios, por observatorios, no veo imágenes bonitas como las que se publican en la NASA en mi carrera. Veo pura matemática, física, ecuaciones para poder desarrollar lo que es la astronomía teórica. Eso por un lado. Por otro, tengo la astrofotografía, que es básicamente arte. Pienso que son caminos muy distintos, muy opuestos en realidad, pero se entrelazan

—¿Crees que Chile podría considerarse una cuna para la astrofotografía?

—La verdad es que sí. O sea, el 40% de los centros astronómicos están en Chile, a nivel mundial. Se dan una cierta cantidad de condiciones que nos otorga que tengamos el mejor cielo a nivel del mundo. Este fin de semana estuve en Valle del Elqui, y claro, uno tiene las condiciones de que estás en altura, entonces ves menos capas de atmósfera. Por decirlo muy simple, tenemos un ambiente mucho más árido, más seco, y estás lejos de la contaminación lumínica. Tenemos todas esas condiciones que no se dan en todas las partes del mundo, que nos da que el norte de Chile sea el mejor lugar para observar el universo. Justamente ahí tenemos los grandes observatorios: el Centro Astronómico del Cerro Tololo, ALMA, el Observatorio Paranal en el norte de Chile. Y con la astrofotografía tienen el mismo fin, o sea, más que el mismo fin, utilizas la misma herramienta, que es poder observar el cielo desde un lugar prístino. Entonces, ¿de que es una cuna? Sí, completamente. Y me gusta decirle cuna porque siento que aún no está muy desarrollada la astrofotografía en Chile. O sea, siento que somos un puñado de astrofotógrafos y que hay que desarrollarlo más

—¿Cuáles son los pasos a seguir para cada fotografía?

—Hay millones, pero lo primero es tener el lugar donde vas a estar, dónde vas a sacar la foto. Parte todo por ahí. De ahí uno tiene que ver las condiciones: meteorológicas, del lugar, cómo acceder, cómo llegar, qué es lo que puedes observar desde ese lugar, en qué época del año estás para ver cuál es el tipo de cielo que vas a tener, porque el cielo cambia mucho y no siempre puedes fotografiar los mismos objetos astronómicos en todas las noches del año, entonces revisar eso. 

Ver que no tengas luz, tanto por las fases lunares como por contaminación lumínica. Y teniendo eso como de forma general, qué es lo que tienes disponible a tu alcance en ese lugar para fotografiar, viene seleccionar qué equipo. Qué equipo vas a utilizar y ahí va a la par con qué tipo de foto quieres hacer: si quieres hacer una foto panorámica nocturna, si quieres fotografiar quizás algo en concreto como es una nebulosa, una galaxia o un paisaje. Ahí va a depender, hay muchas ramas de la astrofotografía y va a depender mucho del equipo vayas a utilizar, tener todo eso seleccionado. Y ya estando en la noche en el terreno, muy en general, es hacer fotografía de larga exposición.

Yo en lo personal utilizo varias técnicas, no siempre es la fotografía diurna que es solamente una sola foto por lo general y uno edita en base a eso, no. En la noche, como tenemos luces tan débiles, como el cielo nocturno es tan débil, la luz que nos llega es muy poca, tengo que hacer tanto fotos de larga exposición como apilados de varias fotos, saco varias fotos del mismo encuadre y las apilo para conseguir mucho más detalle, más información del mismo lugar. A veces hago panorámicas que son como mosaicos del cielo. La primera planificación, la segunda el terreno y la tercera es la edición.

El postprocesado, que también es otro mundo, que es gran parte de la foto. La gente no sabe, y piensa de manera errónea, que lo que hacemos ahí es usar Photoshop, como se dice de mala forma. No estamos inventando nada, no estamos añadiendo cosas que no existen, no estamos inventando una fotografía que no existe o un lugar que no existe, ahí lo que hacemos nosotros es simplemente procesar la información que el sensor ya capturó. O sea, existen malas prácticas, ahora ni hablar con la inteligencia artificial, pero claro, hay gente que hace burradas con las fotos, o sea, inventa cosas que son físicamente imposibles de capturar y eso obvio es una muy mala práctica

Pero a mí, que me gusta siempre sincerar todo y que siempre lo hago en mi cuenta, lo que hago es publicar todo el equipo que utilicé, todos los parámetros que utilicé. Siempre sincero todas mis fotos, porque al final son mis fotos, siempre son reales, para luchar contra esa desinformación. Ahí está todo ese postprocesado, que es procesar la información de la cámara y que ya es un trabajo de horas.

*Las imágenes de este artículo cumplen con la licencia correspondiente para ser difundidas en este artículo atribuyendo sus créditos.

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