Si quisieras recorrer Rapa Nui a pie, lo lograrías en unos cuatro días al trote. Con sus casi 164 kilómetros cuadrados, la mítica isla (anexada a Chile en 1888 por medio de un “Acuerdo de Voluntades” liderado por Policarpo Toro) hace del turismo su principal fuente de ingresos económicos. Claro, esto tiene total sentido, pues ofrece un sinnúmero de actividades para realizar, compartiéndonos un poderoso y único legado cultural que sigue sorprendiendo al mundo sobre estimulante en que vivimos.  

Llegamos pasado el mediodía de un sábado al aeropuerto de Hanga Roa. No bajas del avión se empiezan a escuchar ritmos tradicionales al ukelele. A los pocos minutos, mientras la música sigue, eres envuelto en un collar de buganvilias y otras flores que probablemente quieras conservar intacto, por su aroma y colorido. Isleña, polinésica, peculiar: así es la bienvenida. De ahí en adelante, la música irá ocupando todos los espacios y, seguramente, luego de un par de días, te habrás reconocido conquistado. Sucede parecido con su lengua originaria, que como por ósmosis entra de a poco al cerebro; en menos de lo que canta un gallo irás repitiendo iorana maururu (hola, adiós, gracias).

Si bien el foco de nuestra experiencia será el turismo de aventura, esto no significa que los imperdibles o clásicos queden de lado. El visitante perdería demasiado. Sería un disparate. La primera experiencia en terreno será Rano Raraku, allí se ubica la cantera en la cual se tallaron los moai; esas esculturas gigantes que miden en promedio unos 4 metros y pesan alrededor de 125 toneladas. Las hay más pequeñas, grandes, más y menos trabajadas según su época histórica. Si nos movemos apenas desde ese lugar, veremos directamente el Ahu Tongariki, el altar de moai más grande de la isla. Estar aquí en vivo es diametralmente distinto de lo que en general se percibe en las fotografías. Inevitablemente, la “clásica” pregunta se atraviesa: ¿cómo es humanamente posible que fuesen trasladados? Así fue, sea como sea, nada menos que desde el año 700 d.C., cuando empezaron los primeros tallados. 

Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rano Kau, pa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rano Kau, pa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.

Cada moai representaba a una persona importante dentro del clan en que la sociedad Rapa Nui se dividía; el alma, tras dejar el cuerpo físico, vivía eternamente en la escultura. La mayoría de estas figuras mira hacia la isla, dando la espalda al mar. Ojo, eso sí, en Rapa Nui no quedó moai en pie tras las guerras internas, ocurridas entre los siglos VII y XIX, cuando todos fueron derribados. Los altares ceremoniales fueron reconstruidos, sus estatuas se volvieron a levantar recién desde mediados del siglo XX en adelante, gracias a la colaboración de Japón. 

El Parque Nacional Rapa Nui contempla toda la reserva arqueológica de la isla y, desde 2017, la administración está en manos de la comunidad indígena Ma´u Henua. Hoy, es obligatorio visitar los sitios junto a un guía Rapa Nui y un fiscalizador encargado. En voz de los isleños, esta configuración no ha traído más que beneficios. “Antes no era necesario venir con guía, nadie cumplía las normas del parque. Es por eso que se decidió hacer la solicitud al presidente para que pudiéramos tener la autonomía de nuestro parque. Michelle Bachelet firmó 50 años de autonomía para nosotros administrar y se han notado mucho las mejoras, reparaciones de lugares, senderos para el visitante, más protección…es demasiado el cambio que hemos tenido, y es para mejor”, concluye el diseñador de vestuario y muto´i (que significa guardaparque), Apolo Pakomio desde el Ahu Tongariki, donde fuimos a contemplar el amanecer al son de las melodías que nos regaló Alberto “Tiko” Tearahiva, joven guía con amplísimo conocimiento de la cultura local. 

Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.

Un trekking de las 7 horas, ideal para aventureros

Si se va al veloz ritmo del viento, que llega a pegar fuerte en lugares más expuestos de Te Pito o Te Henua, se puede realizar en 4 horas. Nosotros nos demoramos casi 7, porque nos detuvimos en cada vestigio que fuimos encontrando en el trayecto. 

Para tener una idea más acabada, han de saber que el pueblo Rapa Nui construyó ceremoniales, crematorios, casas, gallineros, invernaderos, observatorios, lugares de parto… Lo interesante del trekking Hanga O Teo, que comienza en Ana Te Pahu y finaliza en la famosa -y bellísima- playa de Anakena con un baño de mar que es difícil describir en palabras dado el placer que conlleva, es que se recorre la costa norte de la isla, sector menos visitado por el turista, que guarda a su vez gran cantidad de sitios arqueológicos: aldeas que en pertenecían a la realeza en sus distintos clanes. 

Según comenta Tiko, en la isla hay contabilizados 1450 gallineros y 200 altares, por dar algunas cifras. En este recorrido, nos vamos cruzando con diferentes paisajes, algunos en donde la predominancia de la piedra va dando la respuesta a por qué este elemento ha sido tan importante para el pueblo Rapa Nui. En algunos de los puntos, casi se logra ver la redondez de la Tierra. Los acantilados son enormes; las vistas, vastas.

Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.

Entre todo eso, llaman la atención los observatorios astronómicos, especies de torres de piedra con una entrada diminuta, a cielo abierto, diseñados para observar estrellas. A partir de estos datos se iban modelando los mapas astrales que indicaban diversos puntos de interés marítimo. También servían de calendario, guiándose a través de los ciclos lunares. Toda una cosmovisión se relacionaba con el firmamento, y para hacer de su observación algo prolífico dentro de estas estructuras redondeadas, se instalaba en el centro del suelo una especie de palangana con agua, en la cual se reflejaban los astros. Así, las personas no tenían que estar todo el tiempo mirando hacia arriba, lo cual sumaba comodidad y horas de observación. “Las pléyades marcaban los nuevos ciclos, un nuevo año en la antigüedad”, concluye Tiko. 

En este recorrido arqueológico, es inevitable una mención especial para la ingeniería “gallineril” de las aldeas, habitáculos construidos con muros de piedra, con un agujero tapado por una pequeña roca movible, que figura como puerta de entrada de las aves para su resguardo nocturno. Ninguno de los que íbamos en este grupo habíamos visto antes semejante tipo de corral. 

Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.

Aunque deben considerarse varias horas, esta caminata tiene en general una dificultad baja, sin mayores alturas ni pendientes. Lo más incómodo, quizás pensando en personas poco entrenadas, podrían ser los sectores de rocas sin senderos delimitados, aunque si se va a atento a no pisar mal, evitando torceduras, es más que realizable para la mayoría de los visitantes. En muchos puntos de la ruta, el olor de las flores y de la costa amenizan más aún la experiencia. El goce llega a uno de sus puntos altos cuando comienza a divisarse la playa de Anakena, uno de los lugares habitados más antiguos de la isla, con sus aguas celestes, palmeras y su célebre Ahu Nau Nau instalado en la arena. Llegado a este punto se recomiendan dos cosas: el imperdible y gratificante baño de mar, aunque llueva o truene; comer una empanada de atún, un clásico local que, felizmente, aún prospera en la isla.

Este, de todas formas, no es el único trekking menos turístico. Hay otro que quedó pendiente, la caminata alrededor del Rano Kau. Por último, también se puede realizar el camino de la ruta patrimonial Te Ara, donde se van viendo los senderos por los que transportaron los moai, hasta concluir recorriendo la cantera en la zona de Rano Raraku. Cada actividad está envuelta en cierta atmósfera espiritual. Para Tiko Tearahiva, “nacer acá es estar conectado con la espiritualidad de la isla. Nacer de un vientre Rapa Nui es algo para sentirse tremendamente orgulloso. Mostrar a la gente lo que uno ha ido aprendiendo desde niño es bonito; se hace súper fácil poder transmitir la cultura”.

Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.

El mar que la acompaña: biodiversidad arcoíris y aguas cristalinas

Rapa Nui está rodeada de un mar único, cuya visibilidad al bucear puede llegar hasta 60 metros, con temperaturas súper agradables que oscilan entre los 18°C y los 27°C. Impensado para los chilenos continentales, que generalmente acostumbramos a temperaturas frías cuando se trata de entrar al agua. 

Existen variadas e interesantes aventuras acuáticas para elegir. El snorkeling y buceo con tanque es una de ellas (si el mar está bueno, hay que hacerlo a como dé lugar, pues será una experiencia inolvidable), pero también hay kayak para contemplar el amanecer o el atardecer, pesca deportiva, navegación por los motus (islotes) y recorridos costeros en lanchones con fondo de vidrio, para ir observando la biodiversidad marina durante el periplo. Y esa biodiversidad marina es una joya de múltiples colores. 

Nuestro día de buceo, si bien se sostuvo en un mar bastante calmo con corriente moderada, fue organizado en Anakena, pues ir más lejos suponía cierto riesgo para embarcaciones y tripulantes con el clima que había esa mañana. Salimos, entonces, directo en modo chapuzón desde el muelle de la bahía, para nadar un poco mientras nos hundíamos en el sueño coralino de Rapa Nui. 

Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Anakena, playa de coral y arena blanca ubicada en el Parque nacional Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.

Al muy poco andar, mientras vas avanzando y te acostumbras a seguir el ritmo de tu respiración y de las burbujas que se expanden a medida que respiras, comienzas a ver corales grandes y sanos, no sin antes ser recibido por diversos peces de colores. Peces mariposa, trompudos y no, peces trompeta, mori vaihis (son bastante curiosos), globo, pez erizo… infinita biodiversidad de todo tamaño que realmente hace de la experiencia algo casi psicodélico. Detallo: estás buceando en un mar transparente mientras te pasan por el lado animales fucsia, amarillo fluorescente, naranja chillón, azules y azulinos, negros con amarillo y rojos, con las formas más maravillosas imaginables. El tiempo se detiene, o lamentablemente continúa, porque lo cierto es que es tan lindo, que quisieras pasar días enteros allí inmerso. 

Además, hay especies endémicas, incluso, si se tiene suerte, podría haber encuentros con tortugas verdes o tiburones mako. Javier Osses Meyer, buzo e instructor del Centro de Buceo Mike Rapu, explica: “En la isla, la característica principal son las aguas cristalinas. El arrecife de coral está en muy buen estado de conservación. En cuanto a peces, hay mucha biodiversidad, aunque no grandes cardúmenes, porque son mares oligotróficos, o sea que carecen de nutrientes. En términos de conservación, en la isla se hace educación ambiental, y se intenta de que casi ningún turista se vaya sin entender la importancia de los corales, o de proteger a las especies marinas”. 

Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.

No es de extrañar que tantos amantes de la vida submarina tengan a Rapa Nui en la mira, en los primeros lugares de su checklist de buceo. Tanto con estanque a grandes profundidades, como con snorkel en la superficie, la vivencia será, seguro, espectacular. 

El kayak, por su parte, también tiene su mística y es una de las experiencias más requeridas en Nayara Hanga Roa. El glassboat o bote con fondo de vidrio, se ha transformado también en un imperdible, sobre todo para familias con niños. 

Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.

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Ubicado frente a la costa, en el mismo lugar e instalaciones de lo que fue el entonces hotel Hanga Roa, Nayara, cadena costarricense de hoteles de lujo, llegó a Rapa Nui en 2020. Se transformó en Nayara Hanga Roa, en alianza con la familia Hitorangi, oriunda de la isla. Convertido en un espacio de contacto con la comunidad, aquí las tradiciones y cultura Rapa Nui en general se desenvuelven de forma permanente, dando pie a eventos culturales (municipales y particulares). 

El hotel tiene más de 70 habitaciones, un número que es casi imposible imaginar dada la escala armónica de la construcción. La vegetación que lo rodea, las figuras de madera y la música, conectan al viajero con el entorno isleño. Mención especial para las gallinas que, deambulando libres, te interceptan cada vez que a decides caminar entre las pequeñas rutas de piedra y pasto (¡hay gallinas por todas partes!). También tiene spa, un bar y dos restaurantes que funcionan todo el año, en los cuales la pesca local es protagonista. 

Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.

La arquitectura está inspirada en la aldea ceremonial de Orongo, importante yacimiento arqueológico, construida al borde del cráter del volcán Rano Kau, que fue centro de culto de Make-Make y espacio de la competencia del tangata manu, el hombre pájaro. La competencia, hoy bastante popular en términos turísticos, consistía en una prueba de resistencia entre hombres jóvenes para lograr capturar el primer huevo del ave sagrada manutara, tras del nado a mar abierto. 

Jorge Torres es buzo desde hace 15 años. Llegó a la isla tras décadas instalado en la Patagonia y lleva dos años como gerente general de Nayara Hanga Roa. Cuando le ofrecieron el puesto, no lo dudó: se trasladaría a vivir a uno de los lugares más mágicos y asilados del continente en el Planeta. Era una oportunidad de seguir conectado con la naturaleza, sobre todo con la vida submarina que tanto le gusta. Tiene una visión propositiva del turismo, está desarrollando varias ideas para que el hotel sea cada día más sustentable. 

Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.

Actualmente su desafío es lograr la independencia eléctrica total del hotel, ya tienen andando un mini huerto y una planta de tratamiento de aguas, además de la gestión de plásticos. Uno de los grandes problemas ecológicos de Rapa Nui es la basura. La contaminación por plásticos es una urgencia, ya que la isla, por las corrientes, recibe hasta cincuenta veces más plástico que las costas continentales. Si bien la planta de reciclaje de Orito se creo hace varios años, el problema sigue siendo muy complejo. “No tiene sentido seguir quemando combustibles fósiles, teniendo otras posibilidades que funcionan súper bien y son cada vez más accesibles. Por el lado de los residuos, nosotros los subimos a un barco y lo enviamos de vuelta al continente, para entregar a empresas que reutilizan y reducen. En este último año y medio, hemos enviado aproximadamente entre 4 o 5 toneladas de chatarra fuera de la isla. Este lugar es frágil, está claro que no lo podemos cargar con más residuos”, afirma.

Al estar ubicado en medio del centro, este espacio permite también llegar a pie a otros atractivos de la isla, como el complejo ceremonial Tahai, donde se encuentra el Ahu del mismo nombre. La caleta, en la que están reunidos los centros de buceo, queda a pasos; allí, con algo de fortuna, se puede ver alguna tortuga verde desde el muelle. Para quienes están interesados en la artesanía tradicional, Hanga Roa ofrece tiendas y un galpón de artesanos donde se reúnen diversos artistas, los cuales se pueden ver trabajando en vivo con tallados, plumas y conchitas.

Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.

Es martes. Amanecemos con los gallos. La música ha quedado instalada en la memoria tras ver los bailes tradicionales la noche anterior. El aire es fresco y acogedor. El olor dulce de los hibiscos empieza a mover adentro una nostalgia anticipada. Amelia, fotógrafa de Ladera Sur, no quiere irse todavía de la isla. Repite que cuatros días son muy poco para tanta maravilla. Todos estamos de acuerdo. Ya tiene puesto su collar de conchitas, una tradición Rapa Nui que se supone asegura el regreso a la isla. Han sido días lindos. Caminamos hacia la escala del avión repitiendo incansablemente “iorana maururu, Rapa Nui”, hasta el próximo encuentro.

Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.
Rapa Nui. Créditos (CC-BY): Amelia Ortuzar.

*Las imágenes de este artículo cumplen con la licencia correspondiente para ser difundidas en este artículo atribuyendo sus créditos.

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