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Dos especies de pepinos de mar de Chile y Perú entran a la Lista Roja como En Peligro Crítico
Las especies Athyonidium chilensis y Pattalus mollis, presentes en las costas de Chile y Perú, fueron clasificadas como “En Peligro Crítico” por la Lista Roja de la UICN. En uno de los casos, los desembarques pasaron de 1.510 toneladas en 2000 a apenas 9 toneladas en 2024, mientras que en el otro se registró una caída de 91,5% en las capturas de Áncash en solo nueve años. Ambas son explotadas comercialmente y enfrentan además otras presiones sobre los ecosistemas costeros donde habitan.
Dos especies de pepinos de mar que habitan las costas del Pacífico suroriental fueron clasificadas como En Peligro Crítico por la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Se trata de Athyonidium chilensis y Pattalus mollis, ambas presentes en Chile y Perú, cuyas poblaciones han experimentado importantes disminuciones asociadas principalmente a la explotación pesquera.
Las evaluaciones, publicadas en 2026, estiman que ambas especies han sufrido una disminución de al menos 80% de sus poblaciones a lo largo de su área de distribución durante las últimas tres generaciones. En A. chilensis, los desembarques en Chile cayeron aproximadamente entre 96% y 99% entre 2000 y 2024, mientras que en P. mollis las capturas en la región peruana de Áncash disminuyeron 91,5% entre 2008 y 2017.
La categoría En Peligro Crítico corresponde a especies que enfrentan un riesgo extremadamente alto de extinción en estado silvestre. En ambos casos, la clasificación responde al criterio A2bd de la UICN, que considera reducciones poblacionales significativas estimadas a partir de índices de abundancia y datos sobre explotación, cuando las causas de la disminución no han cesado.

¿Qué son los pepinos de mar?
A pesar de su nombre, los pepinos de mar son animales marinos, no plantas ni vegetales. Pertenecen al grupo de los equinodermos, al igual que las estrellas y los erizos de mar, y forman parte de un grupo conocido como holoturoideos. Su cuerpo suele ser alargado y blando y viven asociados al fondo marino, donde cumplen diversas funciones ecológicas.
Dependiendo de la especie, pueden habitar desde zonas intermareales hasta grandes profundidades. Athyonidium chilensis se encuentra principalmente en ambientes costeros someros, desde el intermareal hasta unos 7 metros de profundidad, mientras que Pattalus mollis puede alcanzar hasta unos 45 metros.
«Ambas son especies de pepinos de mar que se distribuyen en la costa del Pacífico Sudeste, desde el norte de Perú hasta el sur de Chile. Viven en agregaciones, sobre o enterradas en el fondo marino, y las podemos observar desde el intermareal hasta el submareal somero. En nuestro caso, tenemos registros de presencia hasta los 15 metros de profundidad. Poseen un cuerpo tubular y alargado, en el que se distinguen unos tentáculos ramificados en la zona oral del animal, que justamente utilizan para alimentarse», explica la curadora jefa del Área de Zoología de Invertebrados del Museo Nacional de Historia Natural, Andrea Martínez.
«En cuanto a su aspecto, para un ojo inexperto ambas especies lucen bastante similares en tamaño y forma, variando únicamente su color. Pattalus mollis es de un rojo violáceo característico, en cambio, Athyonidium chilensis presenta un cuerpo grisáceo verdoso y una maravillosa variedad de patrones de coloración en sus tentáculos orales», añade.

Más que un recurso pesquero
Los pepinos de mar cumplen funciones importantes en los ecosistemas donde viven. Muchas especies se alimentan de partículas presentes en el sedimento o suspendidas en el agua, contribuyendo al procesamiento y reciclaje de materia orgánica. En el caso de Athyonidium chilensis, la evaluación de la UICN destaca su rol como filtrador en suspensión no selectivo. Sus actividades contribuyen a procesos como la filtración de plancton, el reciclaje de partículas orgánicas, la interacción con algas y la depredación de larvas.
«La importancia ecológica de los pepinos de mar es múltiple, y aunque no han sido estudiadas directamente sobre estas especies, ya se ha documentado un rol que, en el actual contexto de crisis climática, ecológica y social, cobra especial relevancia ya que se ha descrito que especies de pepinos de mar combaten los procesos de acidificación del océano a nivel local. Este rol lo ejercen de una manera bastante curiosa, y es que cada pepino genera grandes cantidades de heces, cuyos nutrientes provocan este efecto», asegura Martínez.
«Por otra parte, al vivir enterrados y/o sobre el lecho marino, al desplazarse generan la remoción de la primera capa superficial, provocando la oxigenación de esta, y por consecuencia, contribuyen a mantener en óptimas condiciones el hábitat de todos los otros animales que también viven ahí. Por último, me parece importante destacar el hecho de que algunas especies de pepinos de mar son el hogar de otras especies, como es el caso de ciertos peces que ingresan a su cuerpo a través del ano, encontrando protección frente a depredadores y brindándole servicios de limpieza a quien les ofrece hospedaje seguro. Un ejemplo más de tantos que podemos observar en la naturaleza, en que la colaboración interespecies se traduce en una ventaja adaptativa», agrega.

Una disminución de hasta 99% en las capturas
Las dos especies tienen importancia comercial y han sido explotadas en Chile y Perú. En Athyonidium chilensis, los registros disponibles muestran una caída especialmente pronunciada: los desembarques en Chile pasaron de 1.510 toneladas en 2000 a 59 toneladas en 2023 y apenas 9 toneladas en 2024.
Esto representa una disminución aproximada de entre 96% y 99% en 24 años. La UICN advierte que los datos corresponden solo a determinadas localidades y podrían no representar la totalidad del área donde la especie ha sido explotada. Sin embargo, considerando estos antecedentes junto con otros datos sobre explotación, la organización infiere una disminución poblacional de al menos 80% durante las últimas tres generaciones.
En Pattalus mollis, uno de los principales antecedentes utilizados proviene de la región de Áncash, en Perú. Allí, las capturas anuales disminuyeron de 715 toneladas en 2008 a 61 toneladas en 2017, equivalente a una reducción de 91,5% en solo nueve años. En Huacho, región de Lima, también se registraron disminuciones entre 2011 y 2019: la biomasa cayó 92% y los desembarques anuales, 84%.
Los datos de pesca no representan necesariamente de manera directa el tamaño de una población, ya que pueden estar influenciados por factores como el esfuerzo pesquero, las condiciones económicas o cambios en las propias pesquerías. Sin embargo, para la UICN, la información disponible sobre abundancia y explotación permite inferir que ambas especies han experimentado reducciones poblacionales de gran magnitud.

«Cuando comenzamos a estudiar a estas especies, hace ya casi 10 años, uno de los principales aspectos que llamó nuestra atención tuvo que ver con las importantes fluctuaciones en los registros de desembarque disponibles. En este sentido, es importante señalar que Athyonidium chilensis es considerada una especie de importancia comercial en Chile», señala Martínez.
«Ambos aspectos, sumado a un gran desconocimiento sobre las características biológicas y ecológicas básicas para ambas especies, retrataron lo que hemos denominado “las crónicas de una muerte anunciada”, ya que en otras latitudes del mundo es el cuadro que ha antecedido al colapso de las poblaciones locales, para otras especies de importancia comercial. Este fenómeno esta dado por las cualidades alimenticias, medicinales, cosméticas, entre otras, que se les confieren. Lo que ha llevado al declive y extinción de poblaciones principalmente asiáticas, debido a su desconocimiento y fuerte presión extractiva ejercida en ausencia de medidas de regulación», añade.
Por otro lado, pese a que la explotación comercial es la principal amenaza identificada para ambas especies, no es la única presión que enfrentan. En Athyonidium chilensis, la UICN también menciona el desarrollo costero, la contaminación, la sedimentación proveniente de la escorrentía terrestre y los efluentes de la acuicultura como factores que pueden degradar o modificar los hábitats marinos donde vive. Estas amenazas pueden ser especialmente relevantes en el centro de Chile, donde se concentra una importante población humana y numerosas actividades asociadas al borde costero.

¿Qué implica estar en Peligro Crítico?
En esta línea, la incorporación de Athyonidium chilensis y Pattalus mollis a la Lista Roja de la UICN representa un nuevo antecedente sobre el estado de estos animales, pero también es resultado de años de investigación. Para Andrea Martínez, la clasificación constituye un avance importante, aunque abre al mismo tiempo una serie de desafíos:
«Este es un primer y gran logro resultante del esfuerzo que hemos liderado junto a la Dra. Angie Díaz de la Universidad de Concepción, y que, junto a un equipo de colaboradoras, hemos logrado sacar adelante después de varios años de trabajo en los que nos propusimos contribuir en el conocimiento de estas especies, con énfasis en A. chilensis, siempre con miras a su protección. Es así cómo pude someter los antecedentes derivados de esta línea de investigación conjunta para su evaluación por parte del Comité Revisor de Especies de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), cuyo resultado fue la incorporación de ambas especies a la Lista Roja», afirma Martínez.

«Sin duda, esto se traduce en un gran paso, pero es importante resaltar que aún quedan muchos pendientes, sobre todo si consideramos que fueron clasificadas en una categoría muy alta de riesgo lo que nos obliga a multiplicar los esfuerzos de manera de acercarnos lo más pronto posible a un conocimiento robusto y multidisciplinario, que permita definir medidas de manejo idóneas dentro de nuestro país, que reduzcan su vulnerabilidad y nos permitan proteger a estas especies que han sido categorizada en “peligro crítico”», añade.
La categoría En Peligro Crítico no significa que ambas especies estén actualmente extintas o que su desaparición sea inevitable. Sí indica, en cambio, que enfrentan un riesgo extremadamente alto de extinción en estado silvestre y que las tendencias que llevaron a esta clasificación requieren atención.
En ambos casos, la UICN señala que las disminuciones no han cesado. Además, actualmente no existen medidas de conservación específicas conocidas implementadas para ninguna de las dos especies. Sus distribuciones se superponen con varias áreas marinas protegidas de la costa chilena, pero esto no necesariamente garantiza la recuperación de sus poblaciones ni elimina las presiones que enfrentan fuera de estas áreas.

¿Qué se necesita para recuperarlas?
Para Martínez, uno de los principales desafíos es transformar el conocimiento científico disponible en medidas concretas de manejo. Esto requiere continuar investigando, pero también contar con herramientas que permitan regular la extracción y comercialización de estas especies:
«Lo principal es contar con financiamiento que nos permita dar continuidad a esta línea de investigación, que contribuye a generar nuevo conocimiento y a fortalecer el ya existente. Esto es primordial para construir el puente entre ciencia y políticas públicas, y así definir planes de manejo pertinentes, que delimiten su extracción y comercialización. Actualmente, no existe nada de eso en Chile», comenta Martínez.
«Por otro lado, es sumamente importante generar conciencia en torno al rol y la importancia de especies como estas, que resultan ser menos carismáticas pero fundamentales para asegurar la vida en los ecosistemas marinos, para ello y de manera paralela a la investigación, durante todos estos años hemos desarrollado iniciativas de educación ambiental que contribuyan en esta línea. En este sentido, es importante destacar el trabajo que desarrollamos en los Museos de Historia Natural por su rol estratégico, además de la exhibición y educación, son centros de investigación que generan líneas de trabajo clave para conservar la biodiversidad, esto es un ejemplo concreto de ello», complementa.
En Athyonidium chilensis existe, además, interés en desarrollar un programa de maricultura en el centro de Chile, aunque el conocimiento sobre esta alternativa todavía es limitado. En Pattalus mollis, la acuicultura se desarrolla actualmente solo de manera experimental en Perú. Estos esfuerzos podrían contribuir a generar nuevas alternativas para estas especies.

*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.
Jǒzepa Benčina Campos