Durante el segundo día de trabajo de campo en la Reserva Elemental Melimoyu, región de Aysén, Jaime Beltrand, fotógrafo y educador ambiental, recordaba una expedición anterior, cuando fue parte de un experimento para obtener registros de posibles depredadores para la ranita de Darwin. Entre paisajes sublimes y grandes bosques, se había adentrado a la ecorregión valdiviana chiloense con la sensación de que un puma lo estaba observando. Tiempo después, en esta nueva expedición por el territorio, volvería a encontrarse con algo inesperado.

Un llamativo color entre los verdes del bosque captó su atención mientras caminaba por el sendero principal de la reserva: se trataba de una ranita de Darwin de una inusual coloración tornasol. “Al instante supe que habíamos encontrado una rana única”, comenta en una nota publicada por la ONG Ranita de Darwin. “Con patrones de colores azules nunca antes vistos durante 12 años de investigación de nuestra organización”.

Ranita de Darwin tornasolada. Créditos: © Jaime Beltrand - ONG Ranita de Darwin
Ranita de Darwin tornasolada. Créditos: © Jaime Beltrand – ONG Ranita de Darwin

Al tenerla frente a él se dio cuenta de que era un macho preñado, término popular para referirse al macho de la ranita de Darwin. Esta especie es la única vertebrada terrestre donde el padre es quien cría a los renacuajos, incubando dentro de su saco vocal. El ejemplar en particular pesó 1,83 gramos, midió 27,01 milímetros, y en su saco vocal albergaba alrededor de cuatro larvas. 

Beltrand realizó las fotografías bajo un protocolo de bioseguridad que aplica durante su trabajo en terreno, un procedimiento especialmente importante para minimizar el estrés de las ranas, armando una estación fotográfica en el mismo lugar donde fue encontrada y liberada.

“Sostengo la cámara con cuidado, casi sin atreverme a respirar para no moverme. Este momento es como hacer un deporte de fuerza, comienzo a resistir la tensión muscular de mi cuerpo mientras intento conseguir la foto deseada. […] Ya conforme con los registros, reviso por última vez que se encuentre bien y me despido de la asombrosa ranita azul”, narra en su relato.

Ranita de Darwin tornasolada. Créditos: © Jaime Beltrand - ONG Ranita de Darwin
Ranita de Darwin tornasolada. Créditos: © Jaime Beltrand – ONG Ranita de Darwin

Andrés Valenzuela, Médico Veterinario y presidente de la ONG Ranita de Darwin, comenta que es una coloración extremadamente inusual y que nunca había sido observada en la ranita de Darwin. “En muchas ranas, el color verde se produce por la interacción entre pigmentos amarillos y células de la piel que reflejan la luz. Cuando esos pigmentos amarillos disminuyen o están ausentes, puede hacerse visible una coloración azul. Por eso, una posible explicación es una reducción parcial de la pigmentación amarilla, lo que se conoce como hipoxantismo. El hecho de que este individuo conserve zonas verdes también es compatible con una reducción parcial de estos pigmentos”, explica.

Al igual que otras especies de anfibios, la ranita de Darwin es sumamente vulnerables a una enfermedad producida por el hongo quitridio (Batrachochytrium dendrobatidis), que puede alterar funciones fisiológicas claves para su respiración a través de la piel. Sin embargo, y afortunadamente, no existen indicios claros de que el color azul de este ejemplar esté asociada a alguna enfermedad, ya que el animal fue encontrado en muy buenas condiciones, e incluso recapturado varios meses después, también sano y manteniendo su distintiva coloración.

“Esto hace menos probable que se trate de un cambio pasajero asociado a enfermedad, estrés o una mala condición física, y hace particularmente interesante la posibilidad de que sea una característica relativamente estable del individuo, quizás de origen genético o del desarrollo, como plantea una revisión científica reciente sobre anomalías de coloración en anfibios. El origen exacto todavía no lo sabemos”, Valenzuela.

Ranita de Darwin tornasolada. Créditos: © Jaime Beltrand - ONG Ranita de Darwin
Ranita de Darwin tornasolada. Créditos: © Jaime Beltrand – ONG Ranita de Darwin

La ranita de Darwin (Rhinoderma darwinii) es endémica de los bosques templados de la zona centro sur y Patagonia de Chile y Argentina. Su tamaño no supera los cuatro centímetros y su coloración suele variar entre tonos marrones y verdes brillantes, con lo que logra camuflarse fácilmente entre la hojarasca. 

En general, los pequeños anfibios enfrentan múltiples amenazas que ponen en riesgo su supervivencia a largo plazo en todo el mundo. Entre ellas, la ranita de Darwin está clasificada en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y por el Ministerio del Medio Ambiente de Chile. La destrucción y modificación de su hábitat empeoran aún más su situación, ya que su ciclo de vida depende tanto del agua como de la tierra y su piel permeable los hace sensibles a todo tipo de alteración ambiental. 

Por ello, descubrimientos como este son clave para el trabajo de protección y conservación de la especie. “Este tipo de observaciones también es valioso porque nos ayuda a conocer mejor la variación que existe dentro de una especie amenazada”, afirma Valenzuela. “Documentar y seguir individuos excepcionales puede aportar información sobre su genética, desarrollo y diversidad natural. Por ahora se trata de un solo individuo, por lo que no podemos sacar conclusiones sobre la población, pero sí es una observación muy interesante que vale la pena seguir estudiando”.

Ranita de Darwin tornasolada. Créditos: © Jaime Beltrand - ONG Ranita de Darwin
Ranita de Darwin tornasolada. Créditos: © Jaime Beltrand – ONG Ranita de Darwin

Hace tan solo unos días, más de veinte instituciones públicas y privadas de Chile, Argentina, Reino Unido y Alemania lanzaron la segunda edición de la Estrategia Binacional de Conservación de las Ranitas de Darwin, una publicación que resume los esfuerzos conjuntos para proteger a estos carismáticos y amenazados anfibios. Esta estrategia será implementada entre 2026 y 2040, consolidando más de una década de trabajo colaborativo orientado a evitar la extinción de las dos especies conocidas como ranitas de Darwin, la Rhinoderma darwinii y la Rhinoderma rufum.

Entre los diversos puntos centrales que incorpora la Estrategia, como sus impactos en las políticas públicas, también se incluye el registro fotográfico inédito de la ranita encontrada en Melimoyu.

Por otro lado, el presidente de la ONG alude a la posibilidad de que esta particular coloración tenga un componente genético y pueda transmitirse a su descendencia: “Si tuviera una base genética y además fuera heredable, en teoría podrían aparecer otras ranitas con esta coloración en generaciones futuras”.

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