La contemplación de los cielos nocturnos es una práctica que existe desde que se conoce la existencia del ser humano. Mirar hacia arriba era algo casi obligatorio y necesario. Primero para sobrevivir, luego para vivir, y luego para encontrar, quizás, amparo a ciertas preguntas existenciales. De esta observación dependían las cosechas, la fertilidad, el destino de los navegantes —ya que utilizaban las constelaciones más brillantes como guía— y, por todo ello y mucho más, decimos que esta práctica era tan necesaria.

Las Salinas, Península Valdés, Argentina
Las Salinas, Península Valdés, Argentina

Con el correr del tiempo y el avance de la tecnología lumínica, esta hermosa práctica fue desapareciendo. Se fue opacando el brillo natural de las estrellas, reemplazado por las estridentes y frívolas luces artificiales de las ciudades.

Van Gogh decía que “la noche es aún más colorida y viva que el día”, y  pintaba hace apenas 134 años «Noche estrellada», un paisaje ya extinto que nos muestra el pasado de un mundo que no volveremos a ver: sin electricidad, repleto de esas estrellas locas y ondulantes y la luna en plena ciudad.

Carl Sagan, astrónomo norteamericano, decía que hay tantas estrellas en el universo como granos de arena hay en todas las playas del mundo, mientras que las estrellas visibles a simple vista eran comparables a un puñado de arena. Me atrevería a agregar que las que podemos observar hoy en una gran ciudad, quizá apenas cubren el dedo gordo de nuestra mano. Cada vez tenemos que viajar más lejos para poder ver las estrellas. Un estudio revela que cuatro de cada cinco personas en el mundo no ven la Vía Láctea.

Eclipse lunar con contaminación lumínica, Los Antiguos, Santa Cruz, Argentina
Eclipse lunar con contaminación lumínica, Los Antiguos, Santa Cruz, Argentina
Villa Las Cuevas, Mendoza, iluminada con contaminación lumínica
Villa Las Cuevas, Mendoza, iluminada con contaminación lumínica

La fotografía nocturna, además de ser un hermoso arte per se, es una poderosa herramienta para transmitir la importancia de los cielos oscuros y que las personas sean conscientes de que ese cielo lleno de magia e historias todavía existe y debemos protegerlo. Nos hace dar cuenta de lo que hemos perdido, lo que nos queda, y lo que podemos recuperar.

Como dice el gran naturalista Henry David Thoreau: «Seré un benefactor si conquisto algunos de los reinos de la noche, si informo a los periódicos algo revelador de aquel momento digno de atención, si puedo mostrarles a los hombres que existe una belleza que se queda despierta mientras ellos duermen». De eso se trata al menos mi trabajo como astrofotógrafa: divulgar fotografías nocturnas para generar conciencia nos convierte en guardianes de la oscuridad. El fin de la oscuridad ya llegó y podemos hacer algo para revertirlo.

La contaminación lumínica es un enemigo silencioso no sólo para quienes fotografiamos la oscuridad de los cielos y los astrónomos, sino para todas las formas de vida. Tener luces encendidas todo el día y estar expuestos a ellas altera el ciclo de sueño de las personas y puede producir cáncer. En la ruta produce deslumbramiento y en la fauna salvaje desórdenes en sus ciclos reproductivos, interferencia en la migración de las aves, etc.

Sierra de las Quijadas con contaminación lumínica, San Luis, Argentina
Sierra de las Quijadas con contaminación lumínica, San Luis, Argentina
Estancia La Serena con contaminación lumínica, Perito Moreno, Santa Cruz, Argentina
Estancia La Serena con contaminación lumínica, Perito Moreno, Santa Cruz, Argentina

Entonces… ¿qué podemos hacer para proteger los cielos oscuros?

Principalmente informarnos, comentarlo, divulgarlo. El cielo es parte de la naturaleza, y nosotros parte de ella.

Reserva el Pedral, Chubut, Argentina
Reserva el Pedral, Chubut, Argentina

Aprender a utilizar las luces de nuestro hogar correctamente, sólo cuando es necesario y con tecnologías óptimas. Muchos pueblos y ciudades ya han optado por reemplazar las luminarias incandescentes que apuntan hacia todas partes por luces led cálidas que apuntan hacia abajo. En nuestras casas podemos hacer lo mismo, y colocar luces que sólo se enciendan ante el movimiento o presencia de alguien para evitar que estén prendidas todo la noche innecesariamente. Esto no le va a venir nada mal a nuestro bolsillo y a nuestro planeta en general.

Ser conscientes de que la contaminación lumínica no sólo está sobre la tierra, sino también en el mar. Lamentablemente este aspecto es más complejo, ya que las grandes pesqueras, como la de calamar en Argentina, están generando un impacto lumínico en los mares comparable al de una ciudad. Contribuímos muchísimo sabiendo que esto ocurre y generando conciencia sobre ello.

Laguna de Epecuén, Buenos Aires, Argentina
Laguna de Epecuén, Buenos Aires, Argentina

Invito entonces a todos los lectores y lectoras a salir a disfrutar de la noche, sus aromas, la vida silvestre nocturna y retratar esos cielos maravillosos. La noche me regaló momentos únicos, encuentros con animales maravillosos, e imágenes del universo inolvidables. Citando nuevamente a Thoreau: “deseo conocer un cielo entero, y una tierra entera”; y en eso me encuentro. Vayamos a dar una vuelta por el universo. ¿Me acompañas?

Piedra Parada, Chubut, Argentina
Piedra Parada, Chubut, Argentina

Visita el trabajo de la autora: Instagram.com/ojosideral.natureph

Ojosideral.com

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