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Tapires sudamericanos, jardineros del bosque que sobreviven desde hace millones de años
Con cuerpos robustos, pequeñas trompas prensiles y una historia evolutiva que se remonta al Eoceno, los tapires son considerados verdaderos fósiles vivientes. Aunque alguna vez habitaron gran parte del planeta, hoy sobreviven apenas cuatro especies en el mundo, tres de ellas en Sudamérica. Todas enfrentan amenazas crecientes por pérdida de hábitat, caza y presión humana, pese a cumplir un rol clave en la regeneración de los bosques tropicales y andinos.
Pocos animales cargan con una historia evolutiva tan antigua como los tapires. Estos mamíferos, pertenecientes al género Tapirus, han sobrevivido por millones de años en la Tierra, habitando los bosques tropicales húmedos, selvas y ecosistemas andinos principalmente de Sudamérica. Por ello, son considerados unos verdaderos fósiles vivientes.
Parientes lejanos de los caballos y más cercanos a los rinocerontes, los tapires pertenecen al orden de los perisodáctilos y se reconocen por su rasgo más característico: una pequeña probóscide prensil —especie de trompa corta formada por la nariz y el labio superior fusionados— que utilizan para alimentarse de hojas, brotes y frutos.
Pero más allá de su apariencia singular, los tapires cumplen un papel ecológico fundamental. Son grandes dispersores de semillas y ayudan a regenerar bosques completos, razón por la que muchas veces son conocidos como jardineros del bosque. Actualmente existen cuatro especies de tapir en el mundo: tres en América y una en el sudeste asiático. En Sudamérica sobreviven el South American tapir, el Mountain tapir y el tapir de Baird, que se distribuye desde México hasta el norte de Colombia.
Sobre su importancia biológica, Juliana Vélez, investigadora postdoctoral en la Universidad de Stanford y co-chair de Grupo de Especialistas en Tapir (GET), institución internacional que vela por la protección de esta especie comenta: «Los tapires son considerados ingenieros de los ecosistemas y especies clave en sus respectivos hábitats. Como los mamíferos terrestres de mayor tamaño en el Neotrópico, cumplen funciones vitales como la dispersión de semillas en largas distancias al consumir frutos de diferentes especies de plantas. Además, al ser ramoneadores (es decir, que consumen hojas y tallos), influyen directamente en la composición y estructura de los bosques. Estudios han demostrado que los bosques que pierden grandes frugívoros como los tapires y su función como dispersores de semillas también pierden parte de su capacidad de retención de carbono. Asimismo, se ha observado cómo los tapires se desplazan y defecan en áreas degradadas, dispersando semillas que ayudan a la regeneración natural de los ecosistemas perturbados».
Sin embargo, todas las especies enfrentan una situación compleja. La destrucción de hábitat, la fragmentación de ecosistemas, la expansión agrícola y la caza han provocado fuertes disminuciones poblacionales durante las últimas décadas.
Tapir sudamericano: el gran dispersor de semillas del continente

También conocido como tapir amazónico o tapir de tierras bajas, Tapirus terrestris es la especie de tapir con mayor distribución geográfica en Sudamérica. Habita en al menos 11 países y más de 20 ecorregiones distintas, desde bosques tropicales húmedos hasta sabanas y humedales. Es además la especie más grande de los tapires sudamericanos y posee la probóscide más desarrollada del género.
Su importancia ecológica es enorme. Gracias a sus desplazamientos y hábitos alimenticios, dispersa semillas de numerosas especies vegetales, especialmente palmas y árboles de gran tamaño. Además, sus fecas sirven como fuente de alimento para otros animales, incluidos escarabajos estercoleros y roedores. En muchos bosques tropicales, el tapir cumple un rol clave en la regeneración natural y el flujo genético de las plantas.
Son excelentes nadadores y buceadores, y también se mueven velozmente en tierra, incluso en terreno montañoso. Tienen una longevidad de 25 a 30 años. En la vida salvaje, es predado por caimanes, anacondas, felinos como el jaguar y el puma, que lo atacan de noche. Son animales crepusculares; terrestres y semi-acuáticos. Tienen poca vista y un excelente olfato. Se desplazan mucho dentro del bosque, incluyendo tierra firme, lejos del agua. De día descansan entre la densa vegetación, especialmente entre los pantanos.
A pesar de su amplia distribución, la especie se encuentra clasificada como vulnerable debido a la pérdida acelerada de hábitat y la presión de caza en distintas regiones del continente.
Tapir de Baird: uno de los mamíferos más amenazados del Neotrópico

Aunque gran parte de su distribución se encuentra en Centroamérica, el tapir de Baird (Tapirus bairdii) alcanza el norte de Sudamérica en Colombia, convirtiéndose también en parte de la fauna sudamericana. Históricamente habitó desde México hasta Ecuador, pero actualmente ha desaparecido de varios sectores donde antes estaba presente.
Alcanza entre 2 y 2,2 m de longitud, 1 m de alzada y 300 kg de peso. Presenta crin corta, hocico largo y robusto con una característica nariz en forma de trompa, pelaje pardo a grisáceo, el borde de la oreja blanco y el del labio blancuzco a grisáceo. En cuanto al comportamiento, como el resto de los tapires, son de costumbres solitarias y territoriales, pueden formar parejas pero no suelen formar grupos, además de ser animales esquivos y cautelosos.
Tapir andino: una vida entre páramos y niebla andina

El más pequeño y probablemente el más amenazado de los tapires sudamericanos es el tapir de montaña (Tapirus pinchaque). Endémico de los Andes de Colombia, Ecuador y el norte de Perú, esta especie vive en ecosistemas de alta montaña como bosques nubosos y páramos, entre los 1.200 y 4.800 metros de altitud. A diferencia de otros tapires tropicales, posee un pelaje más largo y grueso, adaptado al frío de los Andes. Su cuerpo oscuro y compacto le permite soportar temperaturas extremas en ambientes de neblina constante y vegetación densa.
Además de la pérdida de hábitat, enfrenta amenazas asociadas a la expansión agrícola, ganadera y minera en ecosistemas altoandinos. Pese a ello, sigue siendo una de las especies más emblemáticas y menos conocidas de los Andes tropicales: un sobreviviente antiguo que aún recorre páramos, quebradas y bosques cubiertos por niebla millones de años después de la aparición de sus ancestros.
Sobre el estado de conservación, Vélez es categórica: «Las tres especies presentes en América enfrentan graves amenazas y se encuentran en la Lista Roja de la UICN: el tapir de tierras bajas (Tapirus terrestris) está clasificado como «Vulnerable», mientras que el tapir centroamericano (Tapirus bairdii) y el tapir de montaña (Tapirus pinchaque) se encuentran «En Peligro». Sus principales amenazas incluyen la deforestación, pérdida de hábitat, cacería, actividades mineras y la expansión agropecuaria, además de amenazas emergentes como la expansión de parásitos, asociada al cambio climático. La conservación de los tapires resulta crítica para mantener la biodiversidad y resiliencia de los bosques en América».
*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.