Son inicios de 2023. El investigador estadounidense Travis Bayer llegó a Cozumel por primera vez atraído por el arrecife mesoamericano. Como biólogo y fundador de la organización Pathos Wildlife, buscaba conocer uno de los ecosistemas marinos más importantes del planeta. Pero pronto descubrió que la isla perteneciente al estado de Quintana Roo escondía uno de los niveles de endemismo más altos de México; especies que evolucionaron aisladas y que no existen de manera natural en ningún otro lugar del mundo. 

Fue ahí donde Bayer escuchó hablar por primera vez del zorro enano de Cozumel. Un animal pequeño, del tamaño aproximado de un gato doméstico, de pelaje grisáceo, manchas doradas y unas orejas grandes en proporción con su cuerpo. Pero más que sus características físicas, lo que llamaba la atención era su aparente ausencia.

Era un zorro tan raro y esquivo que no existían registros confirmados desde inicios de los años 2000. Para algunos investigadores, podía estar en peligro crítico de extinción. Para otros, incluso podía haber desaparecido.

Bayer buscó al casi mítico zorro durante su estancia en México. Pero no tuvo éxito y volvió a casa sin verlo. Pese a ello, la pregunta de si la especie seguía existiendo no lo abandonó, y comenzó a rastrear cada mención científica del animal en la literatura.

Vista satelital de la isla de Cozumel. Créditos: NASA (Wikimedia Commons)
Vista satelital de la isla de Cozumel. Créditos: NASA (Wikimedia Commons)

Buscar a un “fantasma”

La historia científica del zorro enano de Cozumel está hecha de fragmentos. Apenas unos cuantos avistamientos directos a lo largo del siglo XX: los registros de Merriam en 1901, los de Jones y Lawlor en 1965, y algunos testimonios aislados entre 1984, 1985 y 2001. Después, silencio. Durante más de veinte años no hubo evidencia que confirmara que el zorro seguía por la isla.

Pero, quizá, su historia sea mucho más antigua. En sitios arqueológicos mayas de Cozumel se han encontrado huesos subfósiles del animal con una antigüedad de entre 500 y 1,500 años. Estos restos sugieren que el zorro habita la isla desde hace más de mil años y que su presencia podría incluso ser anterior a los asentamientos humanos en la zona.

Su pequeño tamaño también cuenta una historia evolutiva. Para que nos demos una idea, el zorro enano es entre 60% y 80% más pequeño que su pariente continental, el zorro gris (Urocyon cinereoargenteus). Esto se conoce como enanismo insular, que es un proceso evolutivo en el que algunas especies reducen su tamaño corporal, se cree, en respuesta a ambientes donde los recursos son limitados.

Comparación de tamaños zorro enano de Cozumel vs. zorro gris (continental)
Créditos: Gompper, Petrites, Lyman (2006), Journal of Zoology.
Comparación de tamaños zorro enano de Cozumel vs. zorro gris (continental)
Créditos: Gompper, Petrites, Lyman (2006), Journal of Zoology.

La llamada que cambió todo

Habían pasado unos meses desde que Travis volvió a Estados Unidos. Pero en Cozumel las cosas cambiaron. La madrugada del 14 de septiembre de 2023, habitantes de la isla comenzaron a reportar en redes sociales y llamadas telefónicas la presencia de un zorro desorientado cerca del kilómetro 29 de la carretera costera, en la zona oriental de la isla.

La Fundación de Parques y Museos de Cozumel (FPMC) recibió el aviso. Cerca de las seis de la mañana, el biólogo Rafael Chacón, director de Conservación y Educación Ambiental de la institución, llegó al lugar. Ahí encontró al animal. Era un macho adulto de zorro enano.

Chacón tomó una fotografía casi de inmediato.

“Fotografiar al zorro gris de Cozumel fue un momento muy especial porque representa una de las especies endémicas únicas de la isla”, recuerda. Aquella sería la primera fotografía del zorro enano desde que la especie figura en registros científicos.

El animal permaneció bajo observación veterinaria en el Centro Médico Veterinario de Cozumel. La atención involucró a distintas instituciones, incluyendo autoridades federales como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP).

Tres días después, alrededor de las 5:30 a.m., el zorro es liberado en la Reserva Estatal Laguna Colombia, en el extremo sur de Cozumel. Chacón relata que se eligió ese sitio por estar alejado de la carretera y por ser un hábitat representativo de la especie. 

Un mosaico de selva baja subcaducifolia, manglares, dunas costeras, dos grandes lagunas salobres y palmares de chit (palmeras nativas del Caribe y la Península de Yucatán) recibió al pequeño zorro. Es aquí mismo, en esta zona, donde se concentran esos avistamientos históricos de 1984 a 2001. Ahora también es de interés para los investigadores. 

Parque Ecológico Estatal Laguna Colombia. Cortesía: Rafael Chacón.
Parque Ecológico Estatal Laguna Colombia. Cortesía: Rafael Chacón.

Nombrar a una especie también es protegerla

La fotografía tomada por Chacón fue publicada primero en la plataforma de ciencia ciudadana iNaturalist en septiembre de 2023. Bayer la vio. El investigador describe ese momento como surreal para una especie que muchos creían posiblemente extinta. La imagen retaba ese discurso.

Tras contactarse, Bayer, Chacón y Maggie A. McGreal (investigadora de Pathos Wildlife) trabajaron para hacer una publicación sobre el hallazgo en la revista científica Neotropical Biology and Conservation a inicios de mayo de 2026. Ahí, los autores señalan que todavía hacen falta estudios para conocer su distribución actual, estimar el tamaño de su población, así como realizar análisis genéticos y morfológicos que permitan aclarar su clasificación científica.

La investigadora Maggie McGreal. Créditos: Rafael Chacón.
La investigadora Maggie McGreal. Cortesía: Rafael Chacón.

Han pasado tres años desde que Chacón apretó el obturador tras aquel reporte ciudadano. Ahora que publicaron formalmente esas imágenes en una revista científica, Bayer reflexiona en cómo una observación anecdótica se convirtió en evidencia permanente para, con suerte, futuras acciones de conservación. “Las especies no pueden protegerse si su existencia sigue siendo cuestionada o pasada por alto”, comenta.

Bayer regresó a México y, junto con Pathos Wildlife y la FPMC, inició uno de los monitoreos con cámaras trampa más amplios realizados en la isla. Colocaron 84 cámaras remotas alrededor de Cozumel, utilizaron feromonas de zorro gris como señuelo olfativo y colocaron trampas de pelo para intentar obtener las primeras muestras de ADN del animal.

Se trata de la primera búsqueda sistemática y dirigida específicamente a este zorro insular.

La investigación de Bayer y el equipo resulta relevante si consideramos que, a la fecha en que se escriben estas líneas, el zorro enano de Cozumel no tiene nombre científico propio. Sigue clasificado solo como Urocyon sp. No se ha determinado si se trata de una especie o subespecie distinta del zorro gris continental. Definirlo (taxonómicamente) es un paso indispensable para establecer con mayor precisión cómo protegerlo.

Travis Bayer colocando una cámara trampa. Cortesía: Rafael Chacón.
Travis Bayer colocando una cámara trampa. Cortesía: Rafael Chacón.

Sabemos que el zorro aún existe. Pero, a diferencia de hace veinte años, ahora conocemos mejor aquellos factores que podrían llevarlo a desaparecer si no se toman medidas concretas. Como muchas especies de Cozumel y de otras islas del Caribe, el zorro enano habita un territorio que cambia rápidamente (y no en un sentido precisamente amigable). El crecimiento turístico, la infraestructura asociada a cruceros y la expansión hotelera han fragmentado algunos de los hábitats naturales que permanecen en el sur de la isla, precisamente la zona donde se concentran varios de sus registros históricos.

Las carreteras también suponen un problema para la fauna local. Cozumel cuenta con una vía principal que rodea la isla y atraviesa zonas de transición entre distintos ecosistemas. Las colisiones entre animales y vehículos son frecuentes. De hecho, el propio descubrimiento que permitió documentar nuevamente al zorro ocurrió cerca de esa carretera.

El vehículo de trabajo de Chacón lleva la frase: “Su vida depende de ti. Maneja con precaución”. En las ilustraciones que acompañan el mensaje aparecen algunas especies emblemáticas en Cozumel. Entre ellas, un «sonriente» zorro.

Camioneta con mensaje sobre la fauna silvestre de Cozumel. Cortesía: Rafael Chacón.
Camioneta con mensaje sobre la fauna silvestre de Cozumel. Cortesía: Rafael Chacón.

Los nuevos retos y todo lo que falta

A las presiones sobre el hábitat se suma otro problema frecuente en los ecosistemas insulares: las especies introducidas e invasoras. Perros domésticos libres pueden competir por recursos y transmitir enfermedades a una población pequeña y aislada. Cualquier pérdida de ejemplares puede tener consecuencias ecológicas importantes.

Chacón también señala la presión que generan algunos depredadores favorecidos por los cambios en el ecosistema, como las boas constrictoras, así como otros mamíferos como margays y ocelotes que forman parte de las dinámicas de depredación y competencia en Cozumel.

A esto se suma la vulnerabilidad propia de vivir en una isla. Como territorio caribeño bajo, está expuesta a huracanes intensos y marejadas. Para una población pequeña y aislada como la del zorro enano, un solo evento extremo podría tener efectos difíciles de revertir, como los cuellos de botella, donde hay una reducción drástica del número de individuos que empobrece la diversidad genética y disminuye la capacidad de la especie para adaptarse o sobrevivir en el futuro.

Por eso hay que redoblar esfuerzos. La historia de este zorro (todavía enigmático) muestra cómo una fotografía puede cambiar el destino científico de un animal. Puede convertir una sospecha en evidencia, una historia transmitida entre habitantes en un registro que permita impulsar acciones de conservación.

La ciencia rara vez trabaja sola. Fueron habitantes de Cozumel quienes dieron el aviso de aquel zorro desorientado. Ahora, el desafío recae en las instituciones, las autoridades y la comunidad científica quienes serán los que transformen ese momento de descubrimiento en conocimiento y protección a largo plazo.

Para Chacón, esa responsabilidad va mucho más allá de una sola especie. En toda la isla hay plantas y animales que enfrentan amenazas similares y cuya supervivencia depende, en buena medida, de las decisiones que se tomen hoy.

“Lo que me motiva a continuar es la responsabilidad de ayudar a que las futuras generaciones entiendan y valoren la biodiversidad de Cozumel”, concluye el biólogo.

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