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«Minga por la Mar» llega a Noruega: La exposición de Cecilia Vicuña que une a pueblos originarios en la defensa del mar
Yagán, kawésqar, mapuche, chango, diaguita y sami. Aunque estos pueblos originarios habitan extremos opuestos del planeta, sus voces convergen en una causa común: la protección y defensa de los océanos. Esa conexión es el corazón de Minga por el Mar, la nueva exposición de la artista chilena Cecilia Vicuña en Noruega. La muestra construye un puente entre los pueblos originarios que hoy conforman Chile y Escandinavia, demostrando que la defensa del mar trasciende las fronteras geográficas. A través de este encuentro, se pone en valor la riqueza cultural, espiritual y ecológica de comunidades que, generación tras generación, han resguardado sus territorios, ecosistemas y formas de vida.
¿Qué pueden decirse entre sí los pueblos que han aprendido a escuchar el mar durante generaciones? Esa pregunta atraviesa Minga por la Mar, la nueva obra de la poeta, artista y activista chilena Cecilia Vicuña, presentada en Kunstnernes Hus, una de las instituciones culturales más importantes de Noruega, ubicada en su capital, Oslo. La muestra reúne obras de arte como artesanías, cartas, poemas y mensajes creados por colaboradoras de la Red de Mujeres Originarias por la Defensa del Mar (RDM), y representantes del pueblo sami, habitantes ancestrales del norte de Escandinavia.
La iniciativa surge de una colaboración entre Cecilia Vicuña y la RDM, una articulación que reúne a mujeres defensoras de los pueblos yagán, kawésqar, mapuche lafkenche-williche, chango y diaguita. Así, nació del encuentro entre el trabajo que Vicuña seguía desde hace años junto a la Red y la estrecha relación que mantenía con artistas y activistas del pueblo sami desde 2017. Ese vínculo tomó forma gracias a la articulación impulsada por Javiera Espinoza-Jara, Carolina Castro-Jorquera y Sarah Lookofsky, directora de Kunstnernes Hus, quienes hicieron posible este diálogo entre territorios.
Cecilia cuenta que cuando comprendió la profunda conexión entre ambos territorios, la idea tomó su propio cauce: «Pensé que lo lógico era juntar la labor paralela de estas dos comunidades conectadas por el amor al mar y la defensa de la costa». «Es toda una cadena de amistad, de respeto y de cariño entre muchas personas en distintas partes del mundo la que hizo posible esta exposición».


Un quipu para llevar los mensajes del mar
El eje central de la obra son dos grandes quipus confeccionados con lana nativa de Noruega. El quipu, un antiguo sistema andino de comunicación basado en nudos y cuerdas que permitía registrar y transmitir conocimientos, es reinterpretado en esta exposición como un archivo vivo de memoria, resistencia y afecto.
Desde el inicio, Vicuña imaginó dos grandes ríos de lana capaces de transportar las voces de quienes defienden el mar. Uno de ellos reúne las contribuciones de mujeres originarias de Chile. A través de tejidos, objetos, dibujos, poemas y distintas expresiones artísticas, las participantes respondieron a una invitación que la artista les hizo para escribir una «Carta a la mar».



«Mi idea fue crear los quipus como vehículos para llevar el mensaje a la gente», explica. «Todas las obras que se ven aquí fueron creadas por ellas». El proceso también incorporó una dimensión ceremonial. Las obras fueron entregadas colectivamente en un encuentro especialmente organizado para recibirlas y compartir sus significados.
«El proceso y la forma de trabajar son tan importantes como la obra misma. Me parecía fundamental que esto ocurriera como una gran ofrenda y que quedara memoria de ello», señala la artista. La elección del quipu no es casual tampoco, es un elemento muy presente en la obra de la artista, pues representa una forma ancestral de transmitir conocimiento y construir memoria colectiva. “En Minga por la Mar, se transforma en un puente entre territorios distantes que comparten preocupaciones comunes”, agrega Vicuña.


Un océano que conecta dos extremos del mundo
Aunque Chile y Noruega se encuentran separados por más de 13 mil kilómetros, ambos países mantienen una relación íntima con el mar. También comparten problemáticas vinculadas a actividades extractivas que amenazan ecosistemas marinos de enorme valor ecológico y cultural.
«Tanto Noruega como Chile poseen una vida marina extraordinaria, pero esa riqueza está siendo amenazada. El mar está muriendo por la acción de industrias extractivistas. Por eso la lucha del pueblo sami por proteger sus aguas y la lucha de los pueblos originarios de Chile son parte de una misma defensa», afirma.
La exposición pone en diálogo las luchas de ambos territorios. Por un lado, las comunidades costeras de Chile que defienden espacios marinos ancestrales; por otro, activistas sami que continúan resistiendo proyectos que amenazan sus ecosistemas y formas de vida.

Lejos de presentar estas experiencias como casos aislados, la muestra propone entenderlas como parte de una misma historia. «Muchas veces se idealiza a Noruega como un país libre de conflictos, pero cuando uno conoce la historia del pueblo sami descubre el enorme racismo y la persecución que han sufrido y continúan sufriendo. La lucha por la dignidad, por sus territorios y por sus derechos culturales sigue muy vigente».
Para Vicuña, las similitudes con América Latina son evidentes. «El sufrimiento y la fuerza con que el pueblo sami continúa defendiendo sus derechos es muy semejante a lo que ha pasado con las culturas indígenas de toda América. Ese desprecio hacia su contribución espiritual, intelectual y cultural se repite en muchos lugares del mundo».

La presencia de los pueblos originarios
Para la Red de Mujeres Originarias por la Defensa del Mar, ser parte de Minga por el Mar representa, ante todo, un reconocimiento a las voces, los saberes y las memorias vivas que las mujeres de pueblos originarios han resguardado y transmitido durante generaciones.
Las obras creadas por estas mujeres transmiten un mensaje de resistencia y de profundo vínculo con el mar y la naturaleza, reflejando una relación ancestral basada en el respeto, el cuidado y la protección de los territorios.
Para las integrantes de la Red, estas piezas reflejan una forma de entender y habitar el mundo en la que el cuidado de la vida, la reciprocidad y el vínculo con la naturaleza ocupan un lugar central. Asimismo, visibilizan el papel fundamental que las mujeres de pueblos originarios han desempeñado históricamente en la defensa de los territorios y en la transmisión de saberes esenciales para enfrentar los desafíos socioambientales de nuestro tiempo.

Una minga para el presente
El título de la exposición proviene de la palabra quechua minga, que alude al trabajo colectivo realizado en beneficio de una comunidad. Para Vicuña, esa idea resume el espíritu de la muestra. Más que una exposición de arte, Minga por la Mar es una invitación a construir vínculos entre pueblos, geografías y formas de entender el mundo.
En un contexto marcado por la crisis climática y el retroceso de derechos indígenas en distintos países, la artista sostiene que la respuesta no está en la desesperanza, sino en volver a poner el amor en el centro. «Lo que percibo tanto en la Red de Mujeres Originarias por la Defensa del Mar como en el pueblo sami es que existe un fundamento común: el amor. El amor por el mar, por la tierra, por la cultura y por la vida misma».

Para ella, ese amor no es una idea abstracta, sino una fuerza política capaz de enfrentar la crisis ecosocial que vivimos. «Cuando defendemos los derechos indígenas, no estamos defendiendo únicamente a determinados pueblos; estamos defendiendo nuestros propios derechos: el derecho a un mar vivo, al agua limpia, a los bosques y a la continuidad de la vida», señala Vicuña.
En tiempos marcados por la pérdida de biodiversidad y la creciente presión sobre los ecosistemas marinos, Minga por la Mar propone detenerse a escuchar. Escuchar a quienes han convivido con el océano durante generaciones y a los conocimientos ancestrales que, pese a siglos de invisibilización, continúan recordándonos que somos parte de una red de vida mucho más amplia y que la defensa del mar es, en definitiva, la defensa de nuestra propia existencia.

*Las imágenes de este artículo cumplen con la licencia correspondiente para ser difundidas en este artículo atribuyendo sus créditos.
Red de Mujeres Originarias por la Defensa del Mar