Cada año, millones de alas naranjas cubren los bosques del centro de México. El aire se llena de un leve murmullo, un aleteo constante que recuerda a la lluvia cayendo sobre los árboles. Es el momento en que la mariposa monarca completa una de las migraciones más extraordinarias del planeta, un fenómeno natural que combina belleza, precisión y resistencia en una escala difícil de imaginar.

Este viaje, que comienza a miles de kilómetros de distancia, conecta ecosistemas y territorios a lo largo de América del Norte. Desde los campos de Canadá y Estados Unidos hasta las montañas mexicanas, la monarca atraviesa paisajes diversos enfrentando múltiples desafíos. Lo más sorprendente es que ninguna de las mariposas que inicia el recorrido lo concluye por completo: son distintas generaciones las que, de forma encadenada, logran sostener este ciclo migratorio año tras año.

Sin embargo, esta travesía milenaria se encuentra hoy bajo una creciente presión. La transformación de los paisajes, el uso intensivo de químicos en la agricultura y los efectos del cambio climático han alterado profundamente las condiciones que hacen posible su migración. En pocas décadas, la abundancia de estas mariposas ha disminuido de manera significativa, encendiendo alertas a nivel global sobre su futuro.

Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Juan Emilio, vía Wikimedia Commons.
Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Juan Emilio, vía Wikimedia Commons.

Pero la historia de la mariposa monarca no se limita a su biología ni a su migración. En los bosques donde pasa el invierno, su presencia está íntimamente ligada a la vida de comunidades que han aprendido a convivir con este fenómeno natural. Para ellas, la llegada de las monarcas no solo representa un espectáculo único, sino también una fuente de sustento y una responsabilidad compartida.

En este cruce entre naturaleza y sociedad surge un nuevo enfoque de conservación, donde proteger a la mariposa implica también fortalecer a quienes habitan su territorio. Iniciativas impulsadas por organizaciones internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), buscan hoy equilibrar la preservación del ecosistema con el desarrollo local, demostrando que el futuro de esta migración épica depende, en gran medida, de una alianza entre ciencia, comunidades y sostenibilidad.

Créditos (CC-BY): Amado Fernández.
Comunidades de la Reserva de Biosfera Mariposa Monarca se fortalecen con UNESCO y Dior para impulsar comercialización artesanal y proteger la biodiversidad en México (Sello Colectivo Mariposa Monarca). Créditos (CC-BY): UNESCO.
Comunidades de la Reserva de Biosfera Mariposa Monarca se fortalecen con UNESCO y Dior para impulsar comercialización artesanal y proteger la biodiversidad en México (Sello Colectivo Mariposa Monarca). Créditos (CC-BY): UNESCO.

Una viajera única en el mundo natural

La mariposa monarca (Danaus plexippus) es una de las especies más estudiadas y emblemáticas del mundo, no solo por su apariencia inconfundible, sino por protagonizar una de las migraciones más complejas y extraordinarias del reino animal. Sus alas de un intenso color naranja, atravesadas por vetas negras y bordeadas por puntos blancos, no son solo un rasgo estético: funcionan como una señal de advertencia para posibles depredadores, indicando su toxicidad.

Esta defensa química tiene su origen en la etapa larval. Durante su fase como oruga, la monarca se alimenta exclusivamente de plantas del género Asclepias, conocidas comúnmente como algodoncillo o “milkweed”. Estas plantas contienen compuestos tóxicos llamados cardenólidos, que la oruga incorpora a su organismo y mantiene incluso en su fase adulta. Gracias a este mecanismo, la mariposa se vuelve poco apetecible o incluso venenosa para aves y otros depredadores, lo que aumenta significativamente sus probabilidades de supervivencia.

Sin embargo, lo que realmente distingue a esta especie es la variabilidad en la duración de su vida según la generación. Durante la mayor parte del año, las monarcas viven entre dos y cinco semanas, tiempo suficiente para reproducirse y continuar el ciclo. Pero hacia el final del verano nace una generación distinta, conocida como la “generación matusalén”, capaz de vivir hasta ocho o nueve meses. Esta longevidad excepcional les permite emprender el viaje migratorio hacia el sur, atravesando miles de kilómetros.

La migración de la mariposa monarca es un fenómeno único no solo por su extensión —que puede superar los 4.000 o 5.000 kilómetros—, sino por su carácter multigeneracional. A diferencia de otras especies migratorias, donde los mismos individuos completan el recorrido de ida y vuelta, en el caso de la monarca son varias generaciones las que sostienen el ciclo completo. Las mariposas que llegan a México nunca han estado allí antes, pero logran encontrar los mismos sitios específicos de hibernación que utilizaron sus ancestros.

Este nivel de precisión ha intrigado durante décadas a la comunidad científica. Se sabe que las monarcas utilizan una combinación de señales ambientales para orientarse, incluyendo la posición del sol y un reloj biológico interno que les permite compensar su movimiento a lo largo del día. Investigaciones más recientes sugieren que también podrían utilizar el campo magnético de la Tierra como referencia, lo que convierte su navegación en un proceso aún más sofisticado de lo que se pensaba.

Su llegada a los bosques montañosos del centro de México coincide con el Día de Muertos, una celebración durante la cual muchas comunidades indígenas las asocian con el regreso de las almas de sus seres queridos. Una vez allí, las monarcas entran en un estado de actividad reducida y se agrupan en colonias densas sobre los árboles de oyamel, pino y encino, formando racimos que pueden albergar millones de individuos. Este comportamiento colectivo cumple una función clave: conservar el calor y la humedad en un entorno donde las temperaturas pueden descender considerablemente durante la noche.

Créditos (CC-BY): Amado Fernández.
Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Carlos Gottfried, UNESCO.
Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Carlos Gottfried, UNESCO.

Estos bosques no son un refugio cualquiera. Las condiciones microclimáticas que ofrecen —una combinación precisa de temperatura, humedad y protección frente al viento— son fundamentales para la supervivencia de la especie durante el invierno. Una alteración mínima en estas condiciones puede tener consecuencias graves, desde la deshidratación hasta la muerte masiva por congelamiento.

Con la llegada de la primavera, las monarcas abandonan México y comienzan el viaje de regreso hacia el norte. En el camino, se reproducen y dan origen a nuevas generaciones que continuarán el desplazamiento hasta alcanzar nuevamente Estados Unidos y Canadá. Es un ciclo continuo que conecta tres países y múltiples ecosistemas, funcionando como un verdadero corredor biológico a escala continental.

«Esta migración se da desde Canadá y Estados Unidos. Llega a México durante noviembre a marzo a hibernar, a buscar las condiciones propicias para la reproducción y regresar nuevamente hacia el norte, para continuar este ciclo migratorio que se da», señala Amado Fernández Islas, de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP).

Más allá de su impresionante migración, la mariposa monarca cumple un rol ecológico relevante. Como insecto polinizador, contribuye a la reproducción de diversas plantas, participando en el mantenimiento de la biodiversidad. Además, su presencia y abundancia actúan como indicadores de la salud ambiental, ya que dependen de hábitats específicos tanto para su reproducción como para su alimentación.

«La mariposa monarca es la especie sombrilla, la especie emblemática, la especie paraguas que cubre todo. Nosotros al proteger estos bosques, al proteger este fenómeno migratorio, pues protegemos toda la biodiversidad que hay en la zona. Y hablando de diversidad, hablamos de una gran riqueza florística que tenemos, pero también diversidad de fauna silvestre», comenta Fernández.

No obstante, este delicado equilibrio se encuentra amenazado. La pérdida de hábitat es uno de los principales factores de riesgo. En Estados Unidos y Canadá, la expansión de la agricultura intensiva y el uso de herbicidas han reducido drásticamente la presencia de algodoncillo, la planta esencial para la reproducción de la especie. Sin este recurso, las monarcas no pueden completar su ciclo de vida.

Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Carlos Gottfried, UNESCO.
Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Carlos Gottfried, UNESCO.

En México, por su parte, la deforestación —legal e ilegal— en las zonas de hibernación ha impactado la calidad de los bosques que necesitan para sobrevivir el invierno. A esto se suma el cambio climático, que altera los patrones de temperatura y precipitación, afectando tanto las rutas migratorias como la disponibilidad de hábitat en las distintas etapas de su ciclo.

Eventos climáticos extremos, como tormentas invernales más intensas o sequías prolongadas, también representan una amenaza creciente. En algunos años, condiciones adversas han provocado la muerte de millones de mariposas en sus sitios de hibernación, evidenciando la fragilidad del fenómeno.

En respuesta a estas amenazas, la mariposa monarca ha sido clasificada como una especie En Peligro, lo que ha impulsado esfuerzos de conservación a nivel internacional. Estos incluyen desde la restauración de hábitats y la promoción de prácticas agrícolas más sostenibles, hasta la creación de áreas protegidas y programas de monitoreo de sus poblaciones.

Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Hectonichus, vía Wikimedia Commons.
Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Hectonichus, vía Wikimedia Commons.

El rol de la Reserva y el impulso de la UNESCO

Esa interdependencia que define el viaje de la mariposa monarca no termina en su biología ni en su recorrido migratorio. Se extiende también a los territorios donde encuentra refugio y a las personas que los habitan. En los bosques montañosos del centro de México la conservación de la especie está profundamente ligada a la vida cotidiana de comunidades, las que han convivido con este fenómeno durante generaciones.

La Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca se ubica entre los estados de Michoacán y el Estado de México, abarcando un mosaico de ecosistemas a través de las 56.259 hectáreas que la conforman. Este territorio no solo es crucial para la hibernación de la especie, sino que también cumple funciones ecológicas esenciales, como la captación de agua y la regulación climática a nivel regional.

«A nivel regional la mayoría de las poblaciones se abastecen de agua de manantial o de escurrimientos superficiales. Entonces, el servicio ecosistémico que provee esta área es fundamental para garantizar un derecho al medio ambiente sano de la región donde converge la reserva, que es la zona limítrofe entre Michoacán y el Estado de México», indica Fernández.

Reserva de la Biosfera Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Carlos Gottfried, UNESCO.
Reserva de la Biosfera Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Carlos Gottfried, UNESCO.

«La captación de agua sobre todo. Estos bosques se recargan de los mantos acuíferos y abastecen al Valle de México y Estado de México con el 35% aproximadamente de agua. Entonces, creo que el conservar estos bosques también ayudamos a que el estado vecino se beneficie con el vital líquido», complementa por su parte Carmelo Martínez, comisario ejidal de Cerro Prieto, quien trabaja en el santuario de la Mariposa Monarca Sierra Chincua.

Desde su reconocimiento como Reserva de la Biosfera en 2000 y su posterior inscripción como Patrimonio de la Humanidad en 2008, este espacio ha sido objeto de múltiples esfuerzos de conservación. Sin embargo, uno de los mayores desafíos ha sido compatibilizar la protección ambiental con las necesidades económicas de las comunidades locales, muchas de las cuales dependen directamente de los recursos del bosque para subsistir.

A diferencia de otras áreas protegidas en el mundo, gran parte del territorio de la reserva pertenece a ejidos y comunidades indígenas. Esto significa que la conservación no puede imponerse desde fuera, sino que debe construirse en conjunto con quienes viven allí. Durante años, actividades como la tala —en algunos casos ilegal— han respondido a la falta de alternativas económicas viables, evidenciando la necesidad de enfoques más integrales.

Reserva de la Biosfera Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Lincoln P. Brower, UNESCO.
Reserva de la Biosfera Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Lincoln P. Brower, UNESCO.

«Es una reserva de biosfera decretada el 10 de noviembre del año 2000, con 56.259 hectáreas, de las cuales 13.554 son zona núcleo. Son las zonas netamente para conservación y que tienen que ver con la protección de los sitios de hibernación de la mariposa monarca para México, como país, garantizar el fenómeno migratorio. De ahí la importancia que tiene, no solamente a nivel regional sino a nivel mundial, por este fenómeno migratorio de la mariposa monarca», profundiza Fernández.

«En la reserva convergen 80 núcleos agrarios. Son 68 ejidos y 12 comunidades indígenas. Entonces, el trabajo que hacemos con la gente es fundamental. Sin la gente de la región es imposible que nosotros podamos hacer la conservación. Tenemos alianzas con los ejidos, con las comunidades, con todas estas personas que habitan y que son dueñas del territorio», añade.

En este contexto, el Programa sobre el Hombre y la Biosfera (MAB) de la UNESCO ha promovido un modelo que busca equilibrar la conservación de la biodiversidad con el desarrollo sostenible. Más que proteger un espacio aislado, este enfoque entiende las reservas como territorios vivos, donde la actividad humana puede coexistir con la naturaleza si se gestiona de manera responsable.

Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): UNESCO.
Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): UNESCO.

Uno de los ejemplos más recientes de este enfoque es el proyecto impulsado en conjunto con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) y con el apoyo de la casa de moda Dior. Esta iniciativa ha puesto el foco en fortalecer las economías locales a través del desarrollo de emprendimientos sostenibles, reconociendo que la conservación a largo plazo depende, en gran medida, de generar condiciones de vida dignas para las comunidades.

En el centro de este proyecto se encuentra el “Sello Colectivo Mariposa Monarca”, una estrategia que agrupa a decenas de productores locales bajo una identidad común. A través de este sello, se busca visibilizar y posicionar productos elaborados de manera sostenible dentro de la reserva, como miel, textiles, cosméticos naturales y artesanías, todos vinculados al territorio y a sus saberes tradicionales.

Más de 50 microempresas han sido parte de este proceso, accediendo a capacitaciones en áreas clave como gestión de negocios, diseño de productos, comercialización y marketing digital. Este acompañamiento no solo ha permitido mejorar la calidad y presentación de sus productos, sino también ampliar sus canales de venta, incluyendo plataformas en línea que conectan directamente con nuevos públicos.

«Elaboramos canastas, portavasos, servilletas, manteles, sombreros. Elaboramos una inmensa variedad de productos. En las áreas que estamos trabajando, vamos mejorando. Anteriormente, nosotras teníamos una puntada, teníamos colores más comunes. Ahora vamos mejorando, haciendo diseños nuevos con nuestra creatividad. Estamos haciendo muchos cambios. Estamos también combinando el acero inoxidable con la artesanía, que es algo que le da un lujo más especial a nuestra artesanía», señala Maricel García Piña, del emprendimiento Artesanías de Ocochal.

«Nuestro sueño es dar a conocer nuestro producto, que lo conozca el mundo entero y así poder exportar más allá, porque esa es nuestra meta. Es una artesanía natural y, aparte todo eso, al consumir o tener esas piezas artesanales estamos ayudando a la conservación del medioambiente», añade.

El impacto de estas iniciativas va más allá del ingreso económico. Al fortalecer actividades productivas sostenibles, se reduce la presión sobre los recursos forestales y se generan incentivos concretos para la conservación del bosque. En lugar de ver la naturaleza como un recurso a explotar, se promueve una relación en la que su protección se traduce en beneficios tangibles para las comunidades.

El turismo también juega un rol clave en esta ecuación. Cada año, cientos de miles de visitantes llegan a los santuarios de la mariposa monarca para presenciar este espectáculo natural. Si bien esta actividad representa una importante fuente de ingresos, también implica desafíos en términos de manejo y conservación.

Comunidades de la Reserva de Biosfera Mariposa Monarca se fortalecen con UNESCO y Dior para impulsar comercialización artesanal y proteger la biodiversidad en México (Sello Colectivo Mariposa Monarca). Créditos (CC-BY): UNESCO.
Comunidades de la Reserva de Biosfera Mariposa Monarca se fortalecen con UNESCO y Dior para impulsar comercialización artesanal y proteger la biodiversidad en México (Sello Colectivo Mariposa Monarca). Créditos (CC-BY): UNESCO.

«La mariposa monarca es el enlace para llegar acá, para que la gente venga a visitar, es la clave que atrae a los turistas, pero también estos lugares tienen mucho más que ofrecer a los turistas. Algo que no hemos sabido nosotros explotar, con todo un respeto y control. Es el momento de que demos a conocer parte de la fauna que se tiene en los bosques, los trabajos que hacemos también nosotros para conservarlos, que es restauración en general, desde la reforestación para ir ayudándolos también», comenta Martínez.

«Es una labor para nosotros los dueños de los ejidos, los dueños de los predios, que tenemos que asumir también esa responsabilidad, porque no podemos depender ni pedirle siempre al gobierno o las organizaciones, sino que también nosotros tenemos que poner de nuestra parte», agrega.

Por ello, el proyecto ha incluido mejoras en la infraestructura y señalética de los principales sitios de visita, con el objetivo de ordenar los flujos turísticos y enriquecer la experiencia educativa de quienes llegan. A través de información clara y accesible, se busca que los visitantes comprendan la fragilidad del ecosistema y la importancia de adoptar conductas responsables durante su recorrido.

Mariposa monarca. Créditos (CC-BY):
Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Kenneth Dwain Harrelson, vía Wikimedia Commons.

«La señalética que tenemos ya está algo deteriorada. Es una señalética que se instaló en el 2010. Entonces, de ahí para acá ya se ha ido deteriorando, ya son 16 años prácticamente que está esa señalética. Entonces, creo que sí es muy importante que se actualice, sobre todo con más información para que los visitantes también sepan cómo llegar y también que en esa señalética haya información del lugar y de la mariposa monarca», indica Martínez.

Además, estas acciones contribuyen a poner en valor el rol de las comunidades como guardianas del territorio. Son ellas quienes, en muchos casos, gestionan los accesos, guían a los visitantes y resguardan los espacios donde hibernan las mariposas. Su conocimiento del entorno y su vínculo con la tierra son elementos fundamentales para el éxito de cualquier estrategia de conservación.

Este tipo de iniciativas refleja un cambio profundo en la manera de abordar la protección de la biodiversidad. Ya no se trata únicamente de delimitar áreas protegidas, sino de construir modelos que integren dimensiones ecológicas, sociales y económicas. En este sentido, la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca se ha convertido en un laboratorio vivo donde se ensayan nuevas formas de coexistencia entre humanos y naturaleza.

Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Derek Ramsey, vía Wikimedia Commons.
Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Derek Ramsey, vía Wikimedia Commons.
Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Carlos Gottfried, UNESCO.
Mariposa monarca. Créditos (CC-BY): Carlos Gottfried, UNESCO.

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