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Entrevista a Pete Higgins, impulsor de políticas públicas de aprendizaje al aire libre: “Si Chile se preocupa por su naturaleza, ¿cómo pueden los niños entenderla y amarla si no la experimentan?”
En el marco del Seminario Nacional de Aprendizaje al Aire Libre, organizado por la Fundación Club del Bosque Valdiviano y la Universidad del Desarrollo, conversamos con Pete Higgins, profesor de la Universidad de Edimburgo, referente internacional e impulsor de políticas públicas de educación al aire libre. Para Pete, aprender también significa salir de las aulas y volver a encontrarnos con el mundo que nos rodea. En esta entrevista, habla sobre el vínculo entre naturaleza y educación, y sobre cómo los distintos territorios, como Chile, pueden abrirse a nuevas formas de aprender.
Cuando le pregunto a Pete Higgins de dónde nace su pasión por la naturaleza y el aprendizaje, el académico se queda en silencio por unos segundos y sonríe. Parece saber exactamente dónde comienza la historia.
Nuestra conversación se sitúa tras una de sus primeras actividades en Chile. Antes de participar como expositor en el Seminario Nacional de Aprendizaje al Aire Libre, organizado por la Fundación Club del Bosque Valdiviano y la Universidad del Desarrollo, Pete había visitado el Colegio Polivalente Jorge Huneeus Zegers, en la comuna de La Pintana. Allí se desarrolla Ecologearte, un programa de educación ambiental que busca llevar el vínculo con la naturaleza más allá de una asignatura específica, como una forma transversal al aprendizaje. Y es justamente esa relación entre naturaleza y educación la que ha marcado su trayectoria.
Es por eso que, antes de hablar de políticas públicas, evidencia científica o experiencias internacionales, quise conocer al hombre detrás de esas ideas. Y la respuesta me llevó mucho más atrás: a los años en que, siendo niño, observaba cómo sus abuelos cultivaban sus propios alimentos y descubría, a través de una experiencia sumamente cotidiana, la estrecha relación entre las personas y el mundo natural.
Hoy, Pete Higgins es académico emérito de la Universidad de Edimburgo y una de las voces más influyentes a nivel internacional en aprendizaje al aire libre, educación ambiental y sostenibilidad escolar. Su trayectoria ha estado estrechamente ligada al desarrollo de políticas públicas que buscan integrar el aprendizaje al aire libre en los sistemas educativos, especialmente en Escocia. Fue el primer titular de una cátedra especializada en esta área en Europa y Reino Unido, ha publicado más de 180 trabajos académicos y ha asesorado a gobiernos, organismos internacionales y a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En 2025 fue distinguido con la Orden del Imperio Británico (OBE) por sus servicios a la educación ambiental.

El día anterior a nuestra conversación, Higgins había recurrido a un recuerdo de su infancia para presentarse ante los estudiantes de la Universidad del Desarrollo. Su segunda diapositiva trataba precisamente sobre lo que estaba haciendo él allí, y para que pudieran entender mejor lo que les decía, debían entender de dónde venía:
“Les mostré algunas fotos en esa diapositiva. La primera de ellas era de mis abuelos en su jardín. Les dije que yo estaba hecho de papas de ese huerto. En cuanto a presentarme, eso fue lo primero que elegí decir. Y luego dije: «¿Alguno de ustedes sabe de dónde está hecho?”. Yo nací en ese lugar porque mi familia era bastante pobre y teníamos que cultivar nuestra propia comida, y mis abuelos cultivaban mucha comida en un gran huerto. Creo que mi amor por la naturaleza comenzó, en parte, al darme cuenta de la importancia de las plantas en ese jardín”.
La naturaleza como parte del aprendizaje
Para Pete, salir de las salas de clase no significa simplemente un cambio de escenario. El aprendizaje al aire libre propone una relación distinta, incluso íntima, con la naturaleza: no se trata solo de observarla o estudiarla, sino aprender a través de ella y reconocerse como parte del propio entorno.
—¿Cómo nace la idea del aprendizaje al aire libre y qué entendemos cuando hablamos de educar en contacto con la naturaleza?
—Si piensas en nuestra evolución humana, casi todos los últimos dos millones de años que hemos estado evolucionando, hemos estado en la naturaleza, hemos sido parte de la naturaleza, hemos evolucionado a partir de esa naturaleza. Y solo en la última era glacial, incluso en los últimos siglos, hemos pensado en la educación escolar. En Escocia, la Ley de Educación tiene 150 años. Antes de eso, los niños no tenían que ir a la escuela, y las únicas escuelas eran las religiosas. Y aquí en Chile sería similar, que nadie hubiera hecho que los niños fueran a la escuela hasta que se promulgó una ley que dijera que debían ir a la escuela. Entonces, en cierto modo es la pregunta correcta, pero también es la pregunta equivocada. La verdadera pregunta es ¿cuándo empezamos a pensar que la educación no era educación al aire libre? Si tuviera que explicarlo en proposiciones sencillas, diría que tiendo a pensar en ello como educar sobre la naturaleza y a través de ella.
—¿Cuáles son los beneficios de educar en la naturaleza?
—Permite que la gente esté en ese lugar que es la naturaleza y se dé cuenta de que forma parte de ese lugar. Educar sobre la naturaleza es, por supuesto, parte de lo que se hace, simplemente decir «miren esto” y luego empiecen a intentar comprenderlo, pero no se trata solo de maravillarse y apreciar su belleza. La parte de educar a través de la naturaleza es bastante interesante, porque hay evidencia sólida que demuestra que cuando los niños, los jóvenes y los adultos son educados a través de la naturaleza y desarrollan relaciones con ella, cambia la forma en que se relacionan con otras personas y consigo mismos. Se valoran de manera diferente. Para mí, eso resume la posición de la educación al aire libre, el aprendizaje al aire libre o la educación basada en la naturaleza, que es otra forma de describirla, en relación con la educación convencional.


Escocia: el camino hacia el aprendizaje al aire libre
Mucho antes de que el aprendizaje al aire libre se instalara como una prioridad en las políticas educativas, Escocia ya había comenzado a abrirle un espacio a la naturaleza dentro de la educación. Existe una larga tradición de niños en centros residenciales, donde realizaban una gran variedad de actividades al aire libre. Históricamente podían ir de excursión, escalar o practicar en kayak. En paralelo, las facultades de educación femeninas fueron pioneras en incorporar estas experiencias en la formación de futuras profesoras, para que comprendieran el valor pedagógico de la relación que vivían los niños en aquellos centros, entre naturaleza y aprendizaje.
“Mis inicios profesionales en actividades al aire libre consistieron en enseñar esas habilidades”, cuenta Pete. “Soy profesor y tengo la formación necesaria para impartir clases de kayak, canoa, vela, esquí. Así que mis primeros trabajos se centraron más en eso que en temas medioambientales, en esos centros”, agrega.
—¿Cómo surgió el proceso de promover el modelo de educación al aire libre?
—Mi situación actual en relación con todo esto es que finalmente me contrataron para impartir clases en esos programas, que eran programas de diplomado y luego programas de máster. Cuando se estaba elaborando la política y el gobierno escocés quería hacerlo, me preguntaron si quería participar, y casualmente yo estaba allí cuando decidieron hacerlo. Intentando argumentar que el gobierno escocés, el gobierno del Reino Unido y otros gobiernos deberían tomarse muy en serio la educación en sostenibilidad. Gran parte de mi trabajo se ha centrado en la educación al aire libre, la educación basada en la naturaleza, si se quiere, pero también en la educación para la sostenibilidad.
—¿Cómo fue tu incorporación al desarrollo de estas políticas y qué descubrieron durante ese proceso?
—Una de las cosas que logramos hacer fue obtener algunas pequeñas cantidades de dinero para hacer una investigación sobre cómo las personas, en particular los escolares jóvenes, se interesan y desarrollan una sensibilidad y una relación con la sostenibilidad. Lo que descubrimos fue que existían pruebas bastante sólidas de que las experiencias en la naturaleza marcaban una gran diferencia. Por ello, desarrollamos un programa que estructura lo que llamamos aprendizaje para la sostenibilidad en Escocia, centrado en la EDS (Educación para el Desarrollo Sostenible), la educación para reflexionar sobre el desarrollo, la ciudadanía global y la comprensión de cómo las personas en otras partes del mundo se ven afectadas por los problemas relacionados con el clima. Y luego, la educación basada en la naturaleza: aprendizaje al aire libre. Así es como me involucré en el tema de las políticas. Y al mismo tiempo, abogando por experiencias de educación al aire libre más amplias, en el sentido de que la actividad física al aire libre es importante para los niños. A partir de eso ha habido otras iniciativas en otros países en las que he participado de una u otra forma.
—Hemos hablado de la experiencia de Escocia y de cómo este enfoque también se ha extendido a otros países. ¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan estos lugares al intentar implementar este modelo de aprendizaje?
—Principalmente he estado involucrado cuando estos países ya han desarrollado alguna base y me han pedido mi opinión. Algunas veces solo quieren mostrarte lo que han decidido hacer. Los principales desafíos en todas partes con respecto al currículum, y en particular en las escuelas, son comunes: ¿cómo podemos encajar esto en el horario? ¿Cómo es que el personal tiene la experiencia y el interés para hacer esto? ¿Qué hay de los riesgos? ¿Habrá problemas? ¿Y qué pasa si un niño se lastima? ¿Quién es demandado en la ley? ¿Se necesita equipo especializado? Puedo responder a todas esas preguntas muy fácilmente.
¿Qué pasa con los riesgos? Bueno, en realidad no hay ninguno. Estos niños caminan a la escuela cruzando calles transitadas, como los niños en Santiago. Están cruzando pasos peatonales, van en bicicleta a la escuela, hay perros por todas partes. Si piensas en el tema de la ropa, puede llover y no tienen ropa impermeable. En el colegio que acabo de visitar, muchos de esos niños no tendrían prácticamente nada. Lo que se hace como institución es recaudar fondos para conseguir ropa impermeable, muy barata pero eficaz. No necesitas equipo caro, solo necesitas un plan de trabajo, así podrás organizar el horario. Puedes hacer muchas cosas en el recinto escolar, como en la escuela a la que fui, que es un lugar increíble. Lo que hacen es increíblemente barato comparado con lo que damos por sentado que hay que pagar.


Chile: el desafío de aprender al aire libre
Llevar estas ideas a Chile implica, sin embargo, enfrentarse a una realidad distinta. Nuestro país cuenta con experiencias de educación al aire libre y una enorme diversidad territorial: desierto, montaña, costa y bosques rodean y moldean nuestra sociedad. Pero aún queda el desafío de convertir estas iniciativas y estos elementos naturales en una práctica más extendida dentro del sistema educativo. El desafío está en reconocer las posibilidades que tenemos al alcance de nuestras manos y convertirlas en parte de la experiencia cotidiana de niños y jóvenes en los distintos centros educativos que existen a lo largo del territorio nacional.
—Si Chile quisiera avanzar hacia una política nacional como esta, ¿por dónde deberíamos empezar?
—Con la muy buena práctica que ya existe aquí en Chile. Asegúrense de tener en cuenta las diferencias regionales. No crean que un solo modelo servirá para todas partes, porque no será así. Asegúrense de escuchar lo que dice la investigación, y la investigación básicamente dice que mientras los niños están al aire libre, aprenden mejor que en el aula. Hay evidencia de que cuando regresan al aula, ese beneficio de estar al aire libre perdura. Si quieres que los niños tengan un mejor rendimiento académico, llévalos al aire libre. Enséñales al aire libre. Puedes enseñarles matemáticas al aire libre. Puedes enseñarles idiomas. Puedes enseñarles una gran variedad de cosas al aire libre.
—¿Qué otros beneficios trae consigo la educación al aire libre?
—La investigación también indica que la salud y el bienestar de los niños mejoran, al igual que los nuestros, al estar en espacios verdes. Por lo tanto, si deseas que los niños sean más felices y saludables en tus clases, ellos también se beneficiarán. La evidencia científica demuestra claramente que los niños se mueven más y son más propensos a la actividad física en entornos al aire libre. En particular, si se trata de niños con necesidades educativas diferenciadas, necesitan urgentemente los estímulos que les proporciona el aire libre, estímulos que a menudo no reciben en su vida diaria porque no pueden moverse con facilidad y requieren que otros los muevan. La investigación también demuestra que los profesores son más felices y saludables si pasan tiempo al aire libre. Por lo tanto, toda la evidencia científica respalda estos beneficios.
—¿Por qué crees que el aprendizaje al aire libre puede ser especialmente relevante para Chile?
—Probablemente lo más importante es que si Chile se preocupa por su naturaleza, ¿cómo pueden los niños entenderla y amarla si no la experimentan? Así que, por mucho que quiera que los niños se eduquen cerca de la escuela, piensen en ello como círculos concéntricos. Justo más allá del recinto escolar, gradualmente comienzas a tratar de ampliar las expectativas de los niños y a comprender. Y junto con todo eso viene una sensación de lo que es tu nación, de lo que es tu lugar. Lo que realmente interesa es cómo desarrollar estas ideas para que los jóvenes y los adultos desarrollen un cuidado y un amor por el planeta que nos sustenta. Ese es el verdadero objetivo.



Terminando la conversación, Pete recuerda que, durante su encuentro con los estudiantes de la Universidad del Desarrollo, propuso una dinámica para cambiar la lógica habitual de una charla. En lugar de hacerles una pregunta y esperar que encontraran la respuesta correcta, les entregó una respuesta y les pidió que descubrieran cuál era la pregunta. Comenzó con un ejemplo sencillo: “la respuesta es cuatro”. Ante propuestas como “¿cuánto es dos más dos?” Pete les decía que tenían razón, pero que esa no era la respuesta que él estaba buscando. Luego les dio una pista: “la respuesta es cuatro minutos”. La respuesta que esperaba —y que luego de unos minutos recibió— era “¿cuánto tiempo puede el ser humano sobrevivir sin oxígeno?”.
El ejercicio buscaba llevarlos hacia una reflexión más profunda: que todos los elementos esenciales para la vida provienen de la naturaleza y, sin embargo, pocas veces pensamos en la relación que tenemos con ella. Pete utiliza esta idea en lo que denomina “Intimidad Global”, concepto que busca evidenciar la conexión íntima entre nuestros cuerpos y el planeta que los sustenta. El oxígeno que respiramos, el agua que bebemos y los alimentos que consumimos son parte de una relación de dependencia que, según plantea, necesitamos reconocer para desarrollar también un vínculo de cuidado con la naturaleza. Él argumenta que “absolutamente tenemos que tener esa conexión, de lo contrario no nos importará”.
Esa conexión no necesariamente comienza en un bosque remoto o en la cumbre de una montaña nevada. También puede construirse en el patio de un colegio, en la plaza de un barrio o en el territorio que cada comunidad reconoce como propio. Y para Pete Higgins, Chile ya cuenta con herramientas y capacidades para abrir ese camino, con iniciativas como Ecologearte en el Colegio Polivalente Jorge Huneeus Zegers. La pregunta, entonces, no es solo cómo llevar el modelo educativo a nuestro país, sino cómo reconocer y fortalecer las iniciativas que ya existen aquí, adaptándolas a la diversidad de sus territorios.

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