Mientras pasa meses rodeada por el océano en el Archipiélago de Juan Fernández, guiando expediciones submarinas y mostrando uno de los ecosistemas marinos más únicos de Chile, Lene Spaarwater pasa otros tantos persiguiendo corrientes de aire sobre montañas en Chile, Estados Unidos y Europa. Entre el océano profundo y el cielo abierto, la parapentista chilena ha construido una vida marcada por la naturaleza, el movimiento y la búsqueda constante de libertad.

Lene Spaarwater preparando un vuelo.
Lene Spaarwater preparando un vuelo. Créditos: @paolophotojournalist_

Lene es piloto de parapente de distancia y actualmente compite en algunas de las pruebas más importantes del circuito internacional. En 2025 obtuvo un doble podio en la Pre Copa del Mundo de parapente en Piedechinche, Colombia, logrando el primer lugar en la categoría femenina y en la categoría Serial. Además, se convirtió en la primera mujer chilena en competir en la Paragliding World Cup y hoy se posiciona entre los mejores pilotos del ranking nacional en este deporte.

Pero más allá de los kilómetros recorridos o de las competencias internacionales, su relación con el parapente parece nacer desde otro lugar: la contemplación, la observación y una profunda conexión con la naturaleza.

“Siempre tenía la idea de volar”, recuerda. Durante años pensó en practicar paracaidismo, hasta que un día vio parapentes sobrevolando Maitencillo. Ahí algo hizo clic. Tiempo después decidió hacer un vuelo de prueba y antes de aterrizar ya sabía que quería dedicarse a eso.

“Le comenté al instructor que si me gustaba iba a hacer el curso y la verdad es que ni siquiera habíamos aterrizado y yo ya le dije: ‘¿Cuándo parto el curso?’”, cuenta entre risas.

Desde entonces, el aire se transformó en otro espacio de exploración. Uno que, según explica, le permitió descubrir una nueva forma de observar el paisaje y entender la naturaleza.

“Lo que más me ha gustado del parapente es poder ver los paisajes y conectar con la naturaleza desde otra perspectiva. Entender también cómo funcionan las nubes, el cielo, los vientos. Todo finalmente está conectado y uno mismo también tiene que estar conectado y unirse a ese movimiento que tenemos en el aire”.

Lene Spaarwater volando en parapente.
Lene Spaarwater volando en parapente.

Esa sensación apareció desde el primer vuelo. Suspendida sobre la costa de Maitencillo, vio cómo el paisaje comenzaba a transformarse bajo sus pies.

“Estás tan acostumbrado a ver todo en una perspectiva desde abajo, desde lo plano, se ven los cerros grandes. Pero, mientras subía, cuando los cerros se comenzaron a achicar, aparecieron paisajes que yo no sabía que estaban detrás de ese lugar. Podía ver las montañas de atrás, el mar infinito… fue hermoso, fue increíble”, recuerda con una mezcla de alegría y nostalgia en su mirada.

Desde entonces, volar dejó de ser solamente una experiencia nueva y se transformó en una forma de conectar con la naturaleza de forma profunda y de aprender a leer el paisaje desde otra perspectiva. En el parapente, explica Lene, no basta con despegar: hay que aprender a observar. Leer las nubes, interpretar las corrientes de aire, entender los cambios del viento y tomar decisiones constantemente. Cada lugar funciona distinto y cada vuelo depende de condiciones que nunca son exactamente iguales.

Lene Spaarwater en vuelo.
Lene Spaarwater en vuelo. Créditos: @paolophotojournalist_

“Todo finalmente está conectado y uno mismo también tiene que estar conectado y unirse a ese movimiento que tenemos en el aire”, explica.

Parte importante de los vuelos de distancia consiste justamente en eso: aprender a interpretar el entorno. Entender cómo funcionan las capas de aire, cómo se comportan las montañas, qué dicen las nubes y hacia dónde empuja el viento. Es una mezcla entre intuición, experiencia, observación y estudio constante.

“Usamos mucho el pronóstico y algunas aplicaciones para poder hacerse una idea de cómo va a ser ese día. Y también nos guiamos mucho por las capas de aire. Por ejemplo, hay lugares en los que volamos en una dirección a propósito sobre los 4.000 metros y luego, para volver, volamos a menor altura. Esto porque el viento predominante a menor altura, a los 3.000 metros o menos, es el sur suroeste. Entonces tenemos ese viento que nos ayuda, por ejemplo, a volver a un punto específico cuando tratamos de hacer triángulos FAI, que es una modalidad para hacer más kilómetros”, explica.

Pero, aunque la tecnología ayuda, en el aire las condiciones pueden cambiar en cuestión de minutos. Ahí es donde entra la experiencia del piloto y la capacidad de reaccionar a lo que ocurre en tiempo real.

“Es interesante cómo el pronóstico dice una cosa, pero el piloto y el momento en el aire también te dicen a veces cosas muy diferentes. Entonces ahí tienes que tener la capacidad de darte cuenta y muchas veces tomar la decisión de: ‘Okay, esto no es el día, no hay seguridad, debo ir a aterrizar’, o ‘Uy, está increíble, hay que aprovechar este día y sacarle partido’. Y eso es una decisión en el aire. En el aire se toman muchas decisiones todo el tiempo”, agrega.

A veces, incluso, son las propias aves las que terminan guiando a los parapentistas en medio del cielo. En vuelos largos, especialmente sobre valles donde las corrientes ascendentes son más difíciles de encontrar, observar el comportamiento de los cóndores, jotes o águilas puede marcar la diferencia entre seguir avanzando o tener que aterrizar antes de tiempo. Para Lene, esos encuentros no solo son útiles para el vuelo: también son algunos de los momentos más emocionantes y significativos que ha vivido en el aire.

Compartir una térmica con un cóndor ha sido un regalo. Creo que cualquier parapentista que le ha tocado va a recordar siempre esa ave enorme mirándote y girando, usando la naturaleza para volar igual que tú”, cuenta.

Lene con su doble podio en la Pre Copa del Mundo de parapente en Piedechinche, Colombia, 2025.
Lene con su doble podio en la Pre Copa del Mundo de parapente en Piedechinche, Colombia, 2025. Créditos: Ruben Muñoz

Y agrega: “Muchas veces las mismas aves me han salvado. Por ejemplo, estás cruzando un valle donde no sabes si vas a encontrar una térmica. En Chile, en el valle, en la parte plana, no es tan seguro que vas a encontrar puntos de ascendencia, pero de repente pueden haber aves que te muestran el lugar y ahí te salvan. O sea, en vez de aterrizar y terminar tu vuelo, un ave te mostró que ahí hay una térmica y me voy ahí y giro con ella, tomo altura y puedo seguir volando”.

En el aire, dice, la observación ocurre en todas direcciones al mismo tiempo. A veces hay que mirar las nubes; otras, el relieve de la montaña o cómo el viento golpea ciertas laderas. El parapente, más que fuerza física o velocidad, parece ser un ejercicio permanente de atención.

“Estás siempre leyendo todo lo que está alrededor. En algunos puntos miras más lo que está abajo tuyo, el suelo, el viento… pero también puedes mirar hacia el lado o hacia arriba, porque están las nubes. Miras hacia todos lados”, señala.

Esa conexión con la naturaleza es, probablemente, una de las cosas que más la sigue maravillando del vuelo. Especialmente en lugares como la cordillera chilena o los Alpes, donde ha pasado temporadas entrenando y compitiendo.

“Sobre todo las montañas imponentes entre Chile y Suiza. En Suiza también he visto montañas increíbles que, entre los lagos y las montañas, se ven hermosas desde altura”, relata. “Y también disfruto mucho las formas de las nubes. Las encuentro lindas, pero además las observo para ver si me sirven o no, si voy hacia esa nube o no voy hacia esa nube para poder avanzar en mi vuelo”.

La delgada línea entre libertad y riesgo

Aunque el parapente está profundamente ligado a la contemplación y la libertad, también es un deporte donde el riesgo está siempre presente. Las decisiones se toman en el aire y, muchas veces, en cuestión de segundos. Por eso, más que hablar de valentía, Lene prefiere hablar de respeto.

“La verdad es que sí o sí hay una mezcla entre respeto a lo que estás haciendo y un poquito de miedo. Creo que es importante tener un poco de miedo para respetarte a ti mismo y también respetar el deporte. Hasta ahora no me ha pasado nada y espero que no pase. Me cuido bastante”, reflexiona.

Lene Spaarwater en vuelo.
Lene Spaarwater en vuelo. Créditos: @paolophotojournalist_

Hasta ahora, nunca ha tenido un accidente grave. Y aunque desde fuera muchas personas asocian el parapente con la imprudencia o la adrenalina extrema, ella insiste en que gran parte de la seguridad depende de la preparación, el conocimiento y la capacidad de reconocer los propios límites.

“Todos piensan que yo soy una loca, pero no. Siempre estoy tratando de hacer las cosas bien”, dice entre risas. “Obviamente pueden pasar cosas, mañana puede pasar, sí. Pero si uno hace las cosas de acuerdo a sus capacidades, siendo coherente con su conocimiento y entrenando, no tendría por qué pasar algo”.

En el parapente, explica, una de las claves más importantes es aprender a mantener la calma. Sobre todo en vuelos exigentes, donde el cansancio mental puede ser tan importante como el físico. “Hay que estar concentrado, tranquilo. Yo he ido a aterrizar porque siento que no es seguro para mí estar en el aire si no estoy bien mentalmente”, cuenta.

Aunque físicamente el vuelo puede parecer menos demandante que otros deportes, las competencias suelen extenderse por varios días consecutivos y requieren largas horas en el aire, caminatas con el equipo a cuestas y una preparación constante. Por eso, Lene también entrena fuera del vuelo. Corre, hace pesas y se preocupa especialmente de la hidratación.

“Es muy importante estar fuerte físicamente. Y la hidratación es clave por las decisiones. Mucha gente no lo considera, pero si estás deshidratado te duele la cabeza, te desconcentras y eso en el aire puede afectar mucho”, explica.

Aun así, algunos de los momentos más tensos que ha vivido han ocurrido suspendida a miles de metros de altura. Una vez, durante una competencia en Italia, una fuerte ráfaga de viento la arrastró mientras despegaba. Otras veces ha vivido plegadas de vela en pleno vuelo: maniobras bruscas donde parte del parapente colapsa momentáneamente debido a turbulencias o cambios repentinos del aire.

“Sí asusta”, reconoce. “Pero por lo mismo hago entrenamientos todos los años, cursos SIV, para practicar maniobras y tener más seguridad en vuelo”.

Lene Spaarwater preparando un vuelo.
Lene Spaarwater preparando un vuelo. Créditos: @paolophotojournalist_

Y aunque el miedo aparece, asegura que nunca ha sido suficiente para alejarla del cielo. Porque, al final, lo que encuentra allá arriba sigue siendo más fuerte: la libertad, el asombro y esa sensación constante de formar parte del paisaje. “Algo muy real que siento siempre en los vuelos, más allá de la felicidad. Humildad y agradecimiento ante la inmensidad del mundo”, agrega Lene.

Ser mujer en el aire

Aunque hoy Lene Spaarwater es una de las pilotos de parapente más destacadas de Chile y la única mujer del país compitiendo en vuelos de distancia a ese nivel, asegura que nunca imaginó que terminaría representando a Chile en competencias internacionales.

Cuando comenzó a volar más seriamente durante la pandemia, pasaba gran parte de sus días entrenando en distintos puntos de la zona central. Poco a poco empezó a realizar vuelos cada vez más largos y complejos, y en poco tiempo, su nombre comenzó a circular entre la comunidad parapentista chilena.

“Era como: ‘La Lene hizo tal vuelo’, ‘la Lene llegó hasta acá’. Igual era tema que fuera mujer, pero siempre lo sentí desde un lugar muy positivo”, recuerda.

En un deporte históricamente dominado por hombres, Lene asegura que su experiencia ha estado marcada principalmente por el apoyo de la comunidad. Pilotos, instructores y amigos la han acompañado en su progresión dentro del parapente y en sus primeras competencias internacionales.

Siento que la comunidad del parapente chileno me ha apoyado mucho. Como soy la primera mujer en esto, en volar grandes distancias y salir a competir, la gente me entrega un cariño muy especial. Siempre quieren conversar, preguntarme cosas, me escriben mensajes de apoyo en las competencias. La verdad es que me siento muy apoyada”, cuenta.

Actualmente, Lene se posiciona entre los mejores pilotos del ranking nacional, compitiendo de igual a igual con hombres en pruebas de distancia. Hace pocas semanas obtuvo un doble podio en la Pre Copa del Mundo de Parapente realizada en Piedechinche, Colombia, logrando el primer lugar en categoría femenina y categoría Serial, además de entrar al top 10 de la clasificación general entre más de 80 pilotos de distintos países.

Para ella, sin embargo, más allá de los resultados deportivos, lo más importante sigue siendo la posibilidad de hacer algo que soñó desde niña. “Siempre veía como algo increíble ponerse una polera que dijera Chile y salir a representar al país en algún deporte. Jamás pensé que iba a llegar a eso”, dice.

Y agrega: “Ha sido una experiencia increíble y un orgullo representar a Chile. Además, estamos tan lejos de todo esto, tan abajo en Sudamérica, y aún así cada vez más personas se interesan por venir a volar acá porque Chile tiene paisajes y condiciones increíbles”.

Parte importante de sus próximos meses estará precisamente dedicada a eso: seguir creciendo dentro del circuito internacional. En junio viajará a Estados Unidos para competir por primera vez en el US Open de Chelan, una de las competencias más importantes del país norteamericano. Luego continuará rumbo a España y más tarde a los Alpes franceses, suizos e italianos, donde pasará varias semanas entrenando y compitiendo.

“El nivel es alto, pero no cuesta nada soñar”, dice entre risas. “Me gustaría seguir mejorando y ojalá algún día lograr un podio en un mundial”.

Pero sus sueños no se limitan solamente a las competencias. También hay otro tipo de vuelos que la entusiasman profundamente: las travesías largas en alta montaña, donde los parapentistas vuelan durante días y duermen en lugares remotos para continuar la ruta al amanecer siguiente.

“Me encantaría hacer más vivacs. El año pasado hice uno a la Laguna del Toro con dos amigos. Salimos volando, alojamos a más de 3.400 metros y al otro día seguimos volando distancia. Es algo súper bonito y reconfortante”, relata.

Y es justamente ahí, lejos de las ciudades y suspendida entre montañas, donde pareciera encontrarse una de las cosas que más busca en el aire: la sensación de libertad absoluta y ser una con el paisaje.

Entre el océano profundo y el cielo

Lene Spaarwater en Juan Fernandez.
Lene Spaarwater en Juan Fernandez.

Durante una parte importante del año, la vida de Lene transcurre lejos de la cordillera y de los vuelos de distancia. Ahí, en medio del océano Pacífico y a más de 600 kilómetros del continente, el ritmo cambia por completo. En el Archipiélago Juan Fernández, donde vive largas temporadas trabajando en un centro de buceo, los días pasan entre inmersiones, botes, lobos marinos y uno de los ecosistemas más únicos del planeta.

Conoció las islas en 2013 y, desde entonces, nunca más pudo dejarlas del todo. Primero comenzó viajando cada verano y, algunos años después, terminó emprendiendo allá junto al centro de buceo donde trabaja actualmente, llamado Archipiélago Expediciones. “La conocí y nunca más pude dejar de ir”, recuerda.

Sin embargo, durante la pandemia, cuando el turismo se detuvo por completo en Juan Fernández y trabajar en la isla se volvió prácticamente imposible, apareció el espacio para dedicarse más seriamente al parapente. Fue ahí cuando comenzó a entrenar con más intensidad y a progresar rápidamente en los vuelos de distancia.

“Antes de la pandemia yo volaba, pero solo en Maitencillo. Y después, cuando empezó la pandemia, se dio el espacio de empezar a volar más y a mejorar y a querer aprender”, cuenta.

Lene Spaarwater en Juan Fernandez.
Lene Spaarwater en Juan Fernandez.

Con el regreso paulatino de las actividades en la isla, Lene tuvo que enfrentarse a una pregunta difícil: cómo compatibilizar dos pasiones que parecían pertenecer a mundos completamente distintos.

“Fue un momento de muchas decisiones. Estuve viendo qué hacer hasta que decidí probar si estos dos mundos, el aire y el agua, podían funcionar juntos en mi vida”, explica.

Hoy, varios años después, siente que ha logrado encontrar un equilibrio entre ambos. Pasa temporadas en Juan Fernández guiando expediciones submarinas y otros meses viajando por Chile, Sudamérica y Europa para entrenar y competir en parapente. Una vida marcada por el movimiento constante, pero también por una conexión profunda con la naturaleza.

Lene Spaarwater y su amiga borrachilla en Juan Fernandez.
Lene Spaarwater y su amiga borrachilla en Juan Fernandez.

“Soy muy afortunada de poder bucear todos los días en Juan Fernández, que es un paraíso. Estoy rodeada de mar, de naturaleza, de una vida muy tranquila”, dice. “Y después vengo acá y empieza otra vida completamente distinta, mucho más movida, viajando para volar, manejando muchos kilómetros o viviendo en una camper”.

Aunque desde fuera el buceo y el parapente parezcan actividades opuestas, para Lene ambos mundos dialogan constantemente entre sí. Los dos implican observación, adaptación y una relación permanente con las condiciones de la naturaleza.

En el fondo del mar igual volamos”, dice sonriendo. “No tocamos el fondo, vamos fluyendo en el agua, igual como fluyo en el aire. En ambos lugares dependes completamente de la naturaleza y tienes que aprender a leer lo que está pasando”.

Y agrega: “Todos los días pueden ser distintos, incluso en el mismo lugar. El mismo sitio de buceo o el mismo lugar de vuelo pueden cambiar completamente dependiendo de las condiciones. Siempre dependemos de la naturaleza”.

En ambos espacios —el cielo y el océano— Lene parece buscar algo parecido: la sensación de fluir, observar y formar parte de un entorno mucho más grande que ella misma. Quizás por eso, cuando habla de volar o de bucear, las palabras terminan pareciéndose tanto.

Lene Spaarwater en Juan Fernandez.
Lene Spaarwater en Juan Fernandez.

Aunque gran parte del año la pasa viajando entre competencias, entrenamientos y temporadas de trabajo en Juan Fernández, Lene siente que todavía queda muchísimo por descubrir. Nuevas montañas, rutas más largas, vuelos de varios días y expediciones en distintos rincones del mundo aparecen constantemente entre sus próximos desafíos.

“Me gustaría seguir haciendo vuelos más largos, más expediciones, más vivacs. Poder recorrer lugares nuevos desde el aire y seguir aprendiendo”, cuenta.

En los últimos años ha volado en países como Colombia, Estados Unidos y Suiza, enfrentándose a geografías completamente distintas entre sí. Y aunque cada lugar tiene sus propias dinámicas, hay algo que se repite en todos los vuelos: la sensación de pequeñez frente a la inmensidad del paisaje.

Borrachilla de Juan Fernandez. Créditos: Lene Spaarwater.
Borrachilla de Juan Fernandez. Créditos: Lene Spaarwater.

“Hay momentos en que estás ahí arriba y realmente no puedes creer lo que estás viendo”, dice. “A veces las montañas se sienten infinitas. O el mar. Y uno solamente va pasando por ahí”.

Esa mezcla entre asombro, respeto y libertad es, probablemente, lo que sigue empujándola a volver una y otra vez al cielo. Porque más allá de los podios, los rankings o las competencias internacionales, para Lene el parapente nunca ha sido solamente un deporte.

Ha sido una forma de mirar el mundo.

Y quizás también una manera de sentirse parte de él.

*Las imágenes de este artículo cumplen con la licencia correspondiente para ser difundidas en este artículo atribuyendo sus créditos.

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