Pequeña, ágil y vivaz, la golondrina chilena (Tachycineta leucopyga) es una de las aves más características que surcan nuestros cielos.

Aunque puede encontrarse a lo largo de todo el país, sus poblaciones más australes realizan un viaje cada año que las lleva a desplazarse entre distintos territorios según las estaciones, incluso llegando a traspasar fronteras. Entre vuelos, humedales, ciudades y largas rutas migratorias, esta especie ha desarrollado una notable capacidad para adaptarse a los ambientes que encuentra a su paso.

Ya es posible observarla al sur de nuestro país, donde anuncia la llegada de la primavera y se prepara para comenzar su proceso de nidificación y reproducción. A continuación, te contamos un poco más sobre esta particular ave.

Características y distribución de la golondrina chilena

La golondrina chilena es una de esas aves que puede volar por sobre nuestras cabezas antes de que alcancemos a distinguirlas. Siendo una especie tan pequeña, su agilidad y resistencia para movilizarse constantemente durante el transcurso de su vida la hacen destacar entre las otras que habitan el territorio. Su distribución abarca gran parte del país, extendiéndose desde la Región de Atacama hasta el extremo austral de Chile.

Esta ave se caracteriza por sus tonalidades azuladas con un brillo metálico en el dorso y color blanquecino por el ventral. Posee un cuello corto y una muy distintiva rabadilla blanca —la zona que se encuentra al final de la espalda, antes de la cola— que ayuda a distuinguirla de otras especies, como la golondrina de dorso negro (Pygochelidon cyanoleuca). Es su vocalización la que ayuda a reconocerla sin tener que visualizarla, ya que emite un sonido suave, alegre y constante formado por cortos chirridos rápidos.

Golondrina chilena. Créditos: Juan Rodolfo Lillo
Golondrina chilena. Créditos: Juan Rodolfo Lillo

Sobre su comportamiento, Pablo Gutierrez Maier, médico veterinario y Coordinador del Programa Aves Marinas de la Red Observadores de Aves y Vida Silvestre de Chile (ROC), explica que “suele estar mayormente activa en la mañana y tarde, buscando activamente alimento en vuelo. Se posa en diversas perchas como árboles, postes o estructuras humanas”.

Principalmente se alimenta de insectos aéreos, como moscas, mosquitos, coleópteros o avispas, que caza durante el vuelo. Suele buscar alimento cerca de cuerpos de agua, donde estos insectos tienden a concentrarse.

Golondrina chilena. Créditos: Juan Rodolfo Lillo
Golondrina chilena. Créditos: Juan Rodolfo Lillo

Sobre esto, las investigadoras argentinas Silvina Ippi y Melina Barrionuevo del grupo Biología y Ecología de Animales Patagónicos (BEAP), quienes además han monitoreado a la golondrina en Bariloche, explican que “lo más característico de esta especie es su modo de alimentación, ya que caza al vuelo pequeños insectos voladores, desde pequeños “jejenes” hasta libélulas o tábanos. Esto hace que sean excelentes voladoras, que maniobran muy rápido en el aire y pueden volar durante periodos muy largos”.

Una especie de grandes desplazamientos

Esta ave está ampliamente distribuida entre las regiones de Atacama y Magallanes. De acuerdo con Ippi y Barrionuevo, “en la zona centro de Chile y Argentina se la puede encontrar a lo largo de todo el año, pero visita las regiones más australes solo durante la primera y verano que es cuando se reproduce. En el otoño vuelan hacia el norte pudiendo llegar hasta Paraguay, Uruguay y Brasil, además del norte de Argentina”.

A pesar de que sabemos en qué zonas se distribuye, su migración no se ha estudiado en detalle. Según las investigadoras, no se sabe con certeza, por ejemplo, si las golondrinas que permanecen en la zona central son las mismas que se observan todo el año, o corresponden a las que se reprodujeron en el sur y migran hasta la zona central. “Si sabemos, debido al estudio con cajas-nido, que muchos de los adultos que se reproducen en un sitio (entre 30% y 50%), suelen volver al mismo sitio al año siguiente”, señalan.

A lo largo de este amplio rango de su hábitat, la golondrina chilena ocupa una gran diversidad de ambientes, desde sectores costeros y valles hasta zonas de precordillera, aunque suele concentrarse en humedales y bordes de ríos y lagunas. Según Gutierrez, “al ser un ave bastante generalista en sus ambientes, puede observarse regularmente en sectores urbanos, principalmente aquellos con presencia de cuerpos de agua. Además, si no existe una alta presión (gatos, roedores) puede utilizar estructuras humanas para nidificar, tales como entretechos o tejas”.

Su reproducción está estrechamente ligada a la disponibilidad de cavidades. Puede instalarse en huecos de árboles, grietas en farellones y antiguas cavidades creadas por otras aves, como carpinteros. “Construye dentro una copa de finas ramas y plumas donde coloca entre dos y seis huevos. Ambos padres se encargan de la incubación y alimentación de las crías. La incubación toma entre 15 a 20 días y las crías abandonan el nido luego de tres semanas de ser alimentadas”, explica el experto.

La disponibilidad de cavidades no solo determina dónde puede instalarse la golondrina chilena, sino que también constituye un recurso importante para su reproducción. Según la ficha de esta especie publicada en el Atlas de las aves Nidificantes de Chile, la golondrina chilena realiza en general dos posturas al año: la primera entre septiembre y octubre y la segunda durante diciembre. De manera ocasional puede realizar una tercera, durante el mes de febrero.

Golondrina chilena. Créditos: Juan Rodolfo Lillo
Golondrina chilena. Créditos: Juan Rodolfo Lillo

Las características del nido también parecen responder a las condiciones ambientales. El nido se compone principalmente por ramas y plumas, y estas últimas pueden adquirir especial importancia durante los periodos más fríos. Investigaciones realizadas en isla Navarino, en la Región de Magallanes, encontraron que las plumas podrían representar hasta un 60% de la masa total del nido, lo que podría ayudar a proteger a los huevos y crías frente a las bajas temperaturas.

Los estudios de largo plazo que han realizado desde el grupo Biología y Ecología de Animales Patagónicos han revelado que, en la Patagonia argentina, se ha observado que algunas golondrinas pueden vivir varios años y que las hembras podrían mejorar su desempeño reproductivo con la edad. Las más longevas comenzarían a poner huevos antes y lograrían criar un mayor número de polluelos. Sin embargo, los mecanismos detrás de esta relación aún no están del todo claros.

Vida en comunidad y comportamiento social

Las cavidades donde nidifica pueden convertirse en un recurso por el que distintas especies compiten. Según el Atlas, “un antecedente para esta idea es que en algunos casos se ha reportado que adultos de esta especie agreden a los pichones de otras especies nidificadoras de cavidades como el rayadito (Aphrastura spinicauda), probablemente para usurpar el nido”. En este sentido, las golondrinas chilenas han demostrado un comportamiento bastante territorial, con indicios de agresividad cuando existe poca oferta de huecos para nidificar.

Fuera de la época reproductiva también es posible observar a estas aves reunidas en grandes grupos. Sin embargo, todavía no está completamente claro qué explica estas agrupaciones. “Podría tratarse de grupos de golondrinas que migran simultáneamente por una misma ruta, o de golondrinas que se agrupan en respuesta a una gran abundancia de insectos en un determinado lugar”, explican Ippi y Barrionuevo. En este caso, las aves no necesariamente mantendrían vínculos entre ellas, sino que podrían simplemente coincidir temporalmente en un sitio donde existe disponibilidad de alimento y dispersarse cuando esta disminuye.

Bandada de golondrinas chilenas. Créditos: Pablo Gutiérrez Maier
Bandada de golondrinas chilenas. Créditos: Pablo Gutiérrez Maier

Pero las golondrinas chilenas sí han mostrado comportamientos que revelan una respuesta colectiva frente a amenazas. Durante experimentos realizados cerca de sus nidos, la investigadora y su equipo observaron que, ante la presencia de un posible depredador, no solo la pareja que ocupaba el nido se acercaba a defenderlo.

“Cuando hemos realizado experimentos de conducta antidepredatoria cerca de sus nidos, encontramos que, en muchas ocasiones el nido no solo fue defendido por la pareja del nido, sino que también se acercaron muchas golondrinas de nidos vecinos para “acosar” al depredador, volando a su alrededor y vocalizando repetidamente”, precisan las investigadoras. El comportamiento sugiere que, al menos frente a una amenaza común, existe una respuesta social que trasciende a la pareja reproductora.

La golondrina como símbolo

La relación entre las personas y esta pequeña ave también aparece en otros espacios. En el Movimiento Guía y Scout de Chile, la Bandada de Golondrinas es la unidad que reúne a las niñas de entre 7 y 11 años. Bajo el lema “Siempre Mejor”, sus integrantes participan en juegos y actividades orientadas a desarrollar habilidades y aprender progresivamente valores y normas de convivencia.

El nombre no es casual. La golondrina chilena forma parte del marco simbólico de esta etapa del movimiento, donde su vuelo y comportamiento sirven como inspiración para hablar de crecimiento, compañerismo y superación. La propia Asociación de Guías y Scouts de Chile invita a las niñas de la Bandada a aprender a “volar con fuerza, más alto y más lejos”.

Golondrina chilena. Créditos: Juan Rodolfo Lillo
Golondrina chilena. Créditos: Juan Rodolfo Lillo

De acuerdo a la organización, “las actividades de las Golondrinas tienen como marco simbólico el cuento original «Antú y Solsiré» donde, en colonias formadas por varias de ellas, vivirán la alegría de crecer con la ayuda de «Ayeka», «Arimatú», «Inka» y «Adkalen», entre otros personajes de esta narración”.

Enfrentándose a nuevos desafíos

Según la ficha de la especie en el Atlas, no existen estimaciones de su población, es una especie relativamente abundante y aparentemente no se encuentra amenazada. Sin embargo, como todo animal, no se ve exenta a diversos riesgos, como el cambio climático, la fragmentación de su hábitat y los cambios de temperatura a nivel global.

Sobre esto, las investigadoras Ippi y Barrionuevo comentan que “algunas especies y poblaciones de golondrinas del hemisferio norte han mostrado una importante disminución en el número de individuos, y se cree que esto podría ser debido al desfasaje entre reproducción y disponibilidad de insectos, que causa el aumento de temperatura global, en conjunto con el uso de agroquímicos utilizados en áreas productivas que impactan sobre estos mismos insectos”.

La golondrina chilena puede recorrer miles de kilómetros y adaptarse a paisajes muy distintos, pero para continuar haciéndolo necesita que los lugares donde se alimenta y reproduce sigan disponibles. Por eso, conocer sus rutas, sus hábitos y sus necesidades también permite mirar de cerca los cambios que experimentan nuestros ecosistemas. Después de todo, para que estas pequeñas aves puedan seguir volando lejos, necesitan seguir encontrando un lugar al que volver.

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