El yaguarundí es uno de los felinos salvajes menos estudiados de América Latina. Su cuerpo esbelto, sus orejas pequeñas y su larga cola hacen que algunas personas lo comparen más con una nutria que con un gato. Aunque habita desde el norte de Argentina hasta México, todavía hay mucho por conocer sobre esta especie y las amenazas que enfrenta.

La pérdida de hábitat, el tráfico ilegal y la transmisión de enfermedades por perros domésticos ponen en riesgo su supervivencia. Mientras investigadores de 13 países unen esfuerzos para comprender mejor su distribución, organizaciones como la fundación ARCAS, en Guatemala, trabajan en el rescate, la rehabilitación y la liberación de ejemplares. En este reportaje fotográfico conocerás más sobre este misterioso felino, los esfuerzos científicos por estudiarlo y las iniciativas que buscan devolverlo a su hábitat natural.

Yaguarundí: el escurridizo felino que necesita ser estudiado para lograr su conservación

Tiene cabeza pequeña, pupilas redondas, orejas diminutas y redondeadas, cuerpo esbelto y una cola notablemente larga. Por su apariencia, algunos lo comparan más con una nutria que con un gato. El yaguarundí habita desde el norte de Argentina hasta México, pero sigue siendo uno de los felinos salvajes menos estudiados del mundo. Para conocer mejor a esta especie, el biólogo Bart Harmsen impulsó una investigación colaborativa con 17 instituciones de 13 países, que reunió 884 registros obtenidos mediante casi 4000 cámaras ubicadas en más de 650 lugares.

Los resultados permitieron identificar características de los lugares donde es más probable encontrarlo y estimar una población de entre 35 000 y 230 000 individuos en toda su área de distribución. La pérdida de hábitat y la transmisión de enfermedades por perros domésticos continúan siendo algunas de sus principales amenazas. “Son simplemente unos felinos desconocidos y fascinantes”, afirma Harmsen. Lee más aquí

La lucha silenciosa por rehabilitar y liberar al yaguarundí en Guatemala

En Guatemala, el yaguarundí enfrenta el tráfico ilegal de fauna silvestre y la pérdida de su hábitat. Desde 2008, la fundación ARCAS y las instituciones gubernamentales han recibido 15 ejemplares para su rehabilitación y han logrado liberar a 10. En el centro de rescate, los cuidadores se encargan de alimentarlos, atender sus heridas y enseñarles a cazar y sobrevivir por su cuenta antes de regresar a la naturaleza.

Sin embargo, no todos los animales pueden ser liberados y, hasta ahora, no ha sido posible monitorear a los que vuelven a vivir en libertad. Además, las autoridades no llevan un registro de cuántos yaguarundíes han sido incautados en el país. “La idea de llevarlos a un centro de rescate es que sea posible devolverlos a la naturaleza. Ese es el ideal de la ley: que los animales no permanezcan en cautiverio, sino que vuelvan a su hábitat”, explica la veterinaria Miriam Quiñonez. Lee más aquí.

Imagen principal: a diferencia de la mayoría de los felinos el yaguarundí es activo durante el día. Foto: de thibaudaronson vía iNaturalist (CC BY-SA 4.0).

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