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El arte de fotografiar la Patagonia llega al Festival Ladera Sur 2026 junto a Timothy Dhalleine: «Mi causa es retratarla para que nunca nos olvidemos de ella»
Timothy Dhalleine, fotógrafo y realizador audiovisual francés, llegó a Chile en 2014 y encontró en la Patagonia un territorio que transformó su forma de mirar la naturaleza. Desde entonces, ha dedicado su trayectoria a retratar los paisajes, la fauna y las personas que habitan este rincón del mundo. En esta entrevista, recuerda el camino que lo llevó a la fotografía de naturaleza, los aprendizajes que ha recogido a lo largo de los años y la responsabilidad que implica mostrar estos territorios. Además, nos adelanta algunos detalles de lo que será su participación en el Festival Ladera Sur. A través de esta galería, te invitamos a conocer parte de su trabajo y a descubrir la Patagonia a través de su lente.
Hay quienes miran un paisaje y ven su belleza. Otros se detienen a observar cómo cambia la luz, cómo se mueve el viento o cómo la inmensidad de un territorio nos recuerda lo pequeños que somos. Para el fotógrafo francés Timothy Dhalleine, la naturaleza es una fuente inagotable de asombro, pero también una historia que merece ser contada.
Desde que descubrió la fotografía y los paisajes salvajes durante sus viajes por el mundo, ha encontrado en su cámara una forma de transmitir esa fascinación y de acercar a las personas a una naturaleza que, en sus palabras, necesitamos conservar.
A lo largo de su trayectoria, la Patagonia se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de su trabajo. Tras llegar a Chile en 2014, Timothy encontró en los paisajes de la Región de Magallanes una fuente inagotable de inspiración, donde los amaneceres, la fauna y la inmensidad de los territorios salvajes fueron moldeando su mirada como fotógrafo y cineasta. Con los años, su trabajo también ha incorporado las historias de quienes habitan estos lugares, buscando transmitir, a través de imágenes y documentales, el vínculo emocional que une a las personas con la naturaleza.
Hoy, desde su propia productora, WILDNESS, y dedicado por completo a la creación de contenido sobre naturaleza, Dhalleine busca ir más allá de la belleza de los paisajes: su objetivo es conmover, generar conciencia y demostrar cómo el asombro puede convertirse en una herramienta para la conservación.

El descubrimiento de la fotografía y la naturaleza
Desde niño, Timothy aprendió a ver en las imágenes una forma de conservar momentos. En su casa, los álbumes familiares que atesoraba su madre le mostraron el valor de capturar el presente.
Durante la adolescencia, los cortometrajes que realizaba con sus amigos despertaron su interés por la composición y la narración audiovisual, pero fue a través de sus viajes que descubrió la inmensidad de la naturaleza salvaje y encontró en ella una nueva fuente de inspiración: retratar aquellos paisajes y transmitir el asombro que le provocaban. “Entendí que, detrás de la cámara, más allá de capturar capturar imágenes del presente, podía transmitir una causa. Decidí que mi causa iba a ser la conservación y la naturaleza”, expresa.
—¿Cómo era la naturaleza que te rodeaba en tu niñez?
—Era una especie de burbuja. Crecí en un lugar de campo en Francia, donde no había realmente una naturaleza salvaje, pero era la naturaleza a la que yo estaba acostumbrado. La encontraba bonita, pero viajando por el mundo me di cuenta que una gran parte del planeta aún estaba intocado. Cuando empecé a sacar fotos de esto, quise mostrar lo pequeño que yo era en esa naturaleza.
—¿Recuerdas la primera vez que usaste una cámara?
—Tuve el privilegio de tener una camarita, un regalo de mis papás cuando era adolescente, que rápidamente se convirtió en mi pasión. Más que un recuerdo, fue una sensación, sobre todo cuando empecé a fotografiar lugares salvajes. Me sentía muy pequeño ante la inmensidad de la naturaleza, que era algo que no conocía en Europa, porque allá la naturaleza está muy delimitada en espacio.
—¿Cómo fueron esas primeras fotos?
—Al inicio me costaba mucho, pero lo recuerdo con mucha emoción porque cuando veo esas fotos ya estaba retratado algo que en ese tiempo veía un poco como el vacío y ahora lo veo como un todo, que es lo salvaje. Cada vez, practicando más, fui aprendiendo cómo transmitir esa sensación de inmensidad.

Viajar para encontrar una mirada propia
Su formación en Negocios Internacionales le abrió las puertas a conocer distintos lugares del mundo, una experiencia que terminó por cambiar su manera de observar la naturaleza.
Durante varios meses vivió en Australia, Sri Lanka y Ecuador, donde pasó cinco meses en la selva amazónica. Estos viajes le permitieron descubrir paisajes salvajes y ecosistemas muy distintos a los que conocía en Europa. Fue en ese recorrido donde empezó a comprender que la fotografía podía ser mucho más que una pasión: también podía convertirse en una forma de vida.
—Viajaste mucho antes de llegar a Chile. ¿Hay algún viaje que recuerdes con especial cariño?
—Diría que el que cambió mi vida fue el primer gran viaje que hice a Australia en 2010. Ahí sentí por primera vez el asombro al estar viajando por el Outback, el desierto australiano. Recuerdo que miraba hacía el horizonte, a esa naturaleza que no tenía límites; estaba ya viajando con un trípode y una cámara. Me di cuenta que más allá de estar grabando cortometrajes con mis amigos, muertos de la risa, en realidad lo que me cautivaba era posar el trípode y estar viendo la naturaleza cambiando con el atardecer sobre el desierto, las nubes pintándose con luces que no había visto antes.
—¿Cómo descubriste que te querías dedicar a esto?
—El que cambió mi vida fue el viaje a Australia, el viaje que confirmó mi causa de capturar naturaleza fue el de la selva amazónica, y cuando fui a Sri Lanka descubrí el ecoturismo. Me di cuenta de que, además de poder expresarme con la cámara, podía vivir de eso, porque en Sri Lanka empecé a tomarlo más en serio a nivel profesional. Después empezó a ser mi fuente de recursos y empecé a ganar dinero con el contenido de naturaleza.
—¿Qué te llevó a venirte a vivir a Chile?
—Al principio me quería ir a África. Estaba ya postulando a Botswana, Zambia, ojalá trabajando en ecoturismo y creación de contenido, porque ya había entendido que había potencial en esto. Pero conocí a una chilena durante mis últimos meses de estudio, Lisette. Ella cambió su pasaje y viajamos juntos por Asia un tiempo. Cuando volvió a Chile, compré un viaje para allá sin fecha de regreso. Me fui muy enamorado, y además de ella me enamoré también de Chile.

Patagonia: un territorio que se convirtió en hogar
Hay lugares que pueden llegar a transformarse en mucho más que escenario de trabajo. Para Timothy, la Patagonia fue uno de ellos. Lo que comenzó como un viaje motivado por el amor terminó por abrir una nueva etapa en su vida, marcada por el descubrimiento de un territorio que no deja nunca de sorprenderlo.
Con el tiempo, los paisajes patagónicos se volvieron una fuente constante de aprendizaje, donde la observación adquirió un lugar central en su trabajo. Entre amaneceres, encuentros con la fauna y largas jornadas en terreno, Dhalleine fue construyendo una relación íntima con este entorno que trasciende la imagen.
—¿Cómo fue tu primer acercamiento al mundo laboral en Chile y el camino que te llevó a dedicarte por completo a la creación de contenido sobre naturaleza?
—Fui muy porfiado en buscar un trabajo en creación de contenido en ecoturismo. Quería trabajar en un parque nacional. Con Lisette terminamos trabajando en Torres del Paine. Eso fue en 2014. Fue amor a primera vista y rápidamente entendimos que era nuestro hogar, fui cada vez tomando más en serio, no solamente la fotografía, también lo audiovisual. Trabajé en EcoCamp, al pie de las Torres prácticamente. Trabajé 9 años con ellos. Después me independicé, ahora tengo mi productora y me dedico 100% al contenido de naturaleza.
—Así como te enamoraste de Lisette, también dices que te enamoraste de Chile. ¿Qué encontraste en la Patagonia que te hizo querer quedarte? ¿Recuerdas algún paisaje o encuentro en particular que haya marcado tu relación con este territorio?
—La verdad que cuando llegué, era muy ignorante de lo que tenía este lugar, que la verdad va mucho más allá de Torres del Paine. Ver fiordos, la pampa inmensa. Me acuerdo de los primeros amaneceres, que fue algo que me voló la cabeza y que trataba de retratar en fotos. Pero te diría que cuando pasé mi primera noche en el parque, estaba durmiendo en el domo y no había visto las torres todavía porque había estado nublado todo el día. Despierto en una noche estrellada maravillosa con un poco de luna que iluminaba las torres. Ese fue mi primer encuentro con ellas.

—¿Qué sentiste en ese momento?
—Amor a primera vista. Pensé “esto es increíble, y es sólo mío”. Después se fue fusionando con muchas experiencias y cientos de horas observando amaneceres, buscando fauna y cada vez más apasionado con el lugar. Para mí no va solamente con la belleza, va con cómo se expresa, como cuando experimenté el viento por primera vez, obligándome a salir de mi zona de confort a diario y no tener rutina. Entendí que era lo mío.
—¿Qué es lo que más te fascina de esa naturaleza? ¿Hay algo en particular que disfrutes retratar?
—Inevitablemente desarrollé un vínculo muy especial con Torres del Paine, porque es el lugar donde más tiempo he pasado en mi vida. Pasé mis primeros años acá en el parque, que hoy es mi hogar. Vi también cómo el turismo cambió el parque en los últimos años. Estuve mucho tiempo en silencio también, en momentos muy profundos de contemplación, de sentir, y conocí mucha gente, cada persona me ha enseñado cosas distintas. El parque ha sido mi escuela de fotografía. También ha sido un lugar donde he retratado historias, no solamente lugares, porque han pasado cosas muy inspiradoras que he retratado en documentales. Ha sido una gran escuela de vida, una escuela en lo audiovisual y la fotografía. Siento que tengo muchísimo que descubrir aún. La Patagonia tiene muchísimo que ofrecer, sobre todo acá en Puerto Natales.

El asombro detrás de la cámara
Detrás de cada fotografía hay horas de espera, recorridos por terrenos impredecibles y una disposición constante a dejarse sorprender por lo que sea que pueda ocurrir al otro lado del lente.
Para quienes hacen de este oficio una forma de vida, observar también es aprender a convivir con la incertidumbre y entender que no siempre es posible controlar lo que sucede alrededor.
Con los años, esa experiencia también se transforma en una manera de observar. Los paisajes dejan de ser simples escenarios y comienzan a revelar las huellas del tiempo. En ese proceso, la fotografía y el contenido audiovisual se convierte en una forma de registrar no solo lo que vemos hoy, sino también aquello que debe permanecer en nuestra memoria.
—Vivir de la fotografía de naturaleza implica pasar mucho tiempo en terreno y enfrentarse a condiciones que no siempre son fáciles. ¿Qué es lo más desafiante de ese trabajo y qué te sigue motivando a salir a fotografiar?
—Uno aprende con las buenas y las malas a trabajar en un clima tan agresivo. A veces es muy delicado, porque aquí hay elementos, como el agua y el viento, que se expresan cada día y si no se tiene cuidado, puede significar la pérdida del equipo. Pero la verdad siempre me ha gustado hacer fotografías acá. Es una aventura permanente y me gusta ese sentido de siempre tener algún tipo de incertidumbre. Como uno pasa tanto tiempo en terreno, puede darse cuenta que es de los mejores escenarios del mundo para entender la magnitud del cambio climático.
—¿Qué tipo de cambios has presenciado en la Patagonia?
—Es algo que he retratado sin siquiera buscarlo. He visto los cambios de los glaciares en muy pocos años y cada verano ha sido distinto. Ha habido veranos donde se experimentan sequías, incluso acá donde era impensable para mí hablar de sequía o temperaturas récord de calor, que está pasando este año, de hecho. Eso hace que las fotografías sean un legado también, porque estamos mostrando un presente que va a ser muy distinto al presente que vamos a retratar en 10 años más. Por eso hoy, estar en la Patagonia fotografiando la naturaleza, es ser testigo vivo de cómo está cambiando.

—¿Cómo es un día habitual para ti cuando sales a fotografiar naturaleza? ¿Sueles planificar las fotos o es algo espontáneo?
—Son ambos, pero muchas de mis fotografías favoritas fueron sorpresas. Aunque, para llegar a estas sorpresas, siempre busco momentos donde sé que voy a lograr la luz óptima y por lo mismo, duermo poco. Me despierto muy temprano, sobre todo en verano, a las cinco, cuando amanece. Muchas veces tengo que salir a las tres de Puerto Natales, y por lo mismo he visto cientos de amaneceres; soy como un cazador de amaneceres. Paso muchísimo tiempo afuera y eso requiere también equivocarse o terminar en una tormenta. Es mucho tiempo en terreno y también requiere mucha paciencia para lograr la toma de un buen comportamiento del animal o un despeje que a veces no pasa.
—Con los años, tu trabajo ha ido más allá de fotografiar paisajes, sino que también retrata a las personas que habitan la Patagonia. ¿Cómo nació ese interés por mostrar la relación entre las comunidades y su entorno?
—Tuve la suerte de trabajar en un lugar que se preocupa por la comunidad y por la conservación, y que invirtió mucho conmigo en retratar más que la belleza, historias, un tipo de contenido auténtico. Era algo que de niño me encantaba porque siempre me ha gustado escribir guiones y buscar historias. Me di cuenta que todos viajan a la Patagonia pese a todas las etiquetas que uno puede tener en el día a día, porque vivimos con etiquetas. Sobre todo en un mundo tan tenso, cuando se está frente a algo asombroso somos todos iguales.
—¿Qué has descubierto sobre la relación de las personas con la naturaleza?
—Me di cuenta grabando y entrevistando a muchas personas que todos viajaban a la Patagonia por razones distintas, pero experimentaban el mismo asombro. Eso es lo que me motiva a contar historias de personas que tienen su vida marcada por la naturaleza y cuyo trabajo permite dejar un legado. Más que contar historias, me di cuenta que hacer vídeos en la naturaleza, con personas transformadas por la naturaleza, era dejar un legado.
—¿Cómo sientes que ha evolucionado tu mirada sobre la naturaleza desde que llegaste a Chile hasta ahora?
—Tengo una visión que va madurando cada año, porque cada vez tengo un entendimiento más profundo del territorio y como va cambiando tan rápido por factores humanos y climáticos. Hoy, la Patagonia adquiere otro valor ante los ojos del mundo. Siento que mi causa es retratar la esencia del lugar para que nunca nos olvidemos de él. He tenido el privilegio de retratar historias de personas que están acá desde muchos antes que el lugar estuviera en el mapa del turismo. Creo que debemos conservar esta esencia y también conectar a las personas alrededor del mundo con el corazón y el alma de la Patagonia. Es muy importante la fotografía y lo audiovisual porque permite dar un valor a esa naturaleza intocada.

Fotografiar para conservar
Timothy cree que la fotografía de naturaleza puede ser una puerta de entrada al descubrimiento, que permite acercarnos a lugares y despertar nuestra curiosidad por ecosistemas que sólo conocemos a través de imágenes. Pero, ¿qué ocurre después de ese primer encuentro? Para el fotógrafo, el desafío está en aprovechar ese interés y convertirlo en una oportunidad para generar conciencia sobre el valor de estos territorios.
En un escenario marcado por la inmediatez, donde las imágenes circulan cada vez más rápido a públicos cada vez más diversos, el trabajo de quienes retratan el entorno natural implica tomar decisiones sobre qué historias contar. Una mirada que, en el caso de la Patagonia, adquiere especial relevancia frente a los desafíos que enfrenta su protección.
—Mencionas que el turismo ha aumentado en la zona. ¿Cómo ves este crecimiento y qué impacto crees que está teniendo en el territorio?
—Sí, creo que el aumento del turismo tiene un componente muy positivo, que es que más personas quieran conectarse con la naturaleza salvaje. Creo que hay esperanza en invertir en un turismo que realmente aporte valor para el territorio y sea preocupado por su impacto.
—¿Cuál crees que es el desafío del ecoturismo, la fotografía y las redes hoy?
—Hay muchos desafíos. Es un caso de ejemplo a nivel mundial, tanto en el turismo cultural como el turismo de fauna, por ejemplo, con los avistamientos de pumas que se han vuelto muy populares. Los que creamos contenido tenemos el deber no solamente de educar, sino también de inspirar y conectar emocionalmente las personas con el destino, porque mucha gente que viaja a la Patagonia nos sigue y ya los estamos inspirando. Por lo mismo debemos mostrar el valor del territorio más que la región, porque va más allá de Magallanes: debemos mostrar el valor de la Patagonia y porqué el turismo es una herramienta que no podemos ignorar en la conservación.
—La conservación también ocupa un lugar importante en tu trabajo. ¿Qué responsabilidad crees que tiene la fotografía con la naturaleza?
—Creo que hoy las redes sociales tienen un tremendo poder. Un gran porcentaje de la población mundial usa las redes sociales a diario. Estamos llegando de una forma masiva con la fotografía. Por eso, el deber y la responsabilidad de los creadores de contenido es ir más allá de la belleza, sino también educar. Cada fotógrafo tenemos tiene distintas causas, pero creo que en el caso de la Patagonia, en un espacio tan limitado geográficamente como Torres del Paine, cuyas cifras de turismo se han duplicado en los últimos 10 años, tenemos el deber de educar sobre el fuego, sobre las especies invasoras, sobre la huella que tiene cada uno de de nosotros. Creo que eso es fácil mostrarlo a través de la imagen. Hay que aprovecharse de esto. Sería una pena limitarse a esa belleza cuando la educación también genera emociones que todos nosotros necesitamos. Mucha gente, sobre todo en Chile, me ha agradecido porque sienten que tienen un vínculo emocional con mis fotos y creo que ahí está el potencial: vincular emocionalmente a las personas con territorios.

Nuevos proyectos y su paso por el Festival Ladera Sur
Aunque pasa gran parte del año en Magallanes, Timothy hará una breve parada en Santiago para participar en el Festival Ladera Sur. De hecho, su visita coincide con una agenda especialmente intensa: estará en la capital sólo por el día, antes de partir a Inglaterra para presentar un nuevo documental en el Kendal Mountain Festival, el día sábado 21 de noviembre.
Entre estrenos, nuevos desafíos y proyectos que buscan generar un impacto en la conservación de la naturaleza, el fotógrafo también tiene la mirada puesta en el futuro. Desea seguir mostrando la Patagonia más allá de sus paisajes, a través de la fotografía y el cine, como un territorio capaz de despertar emociones que logren inspirar su protección.
—¿Hay algún proyecto en el que estés trabajando actualmente?
—Esa es una muy buena pregunta porque justamente tengo una sorpresa que voy a revelar en el Festival Ladera Sur. Es un proyecto que llevo trabajando durante muchos años, así que estoy super contento, pero no puedo contarlo… Algo que sí puedo contar es que, después del Festival, me voy a Inglaterra a una premier mundial de un documental en el Kendal Mountain Festival, uno de los festivales culturales más grandes del mundo y el más grande en Europa. Voy a estrenar un documental sobre la vuelta de Chris Bonington a la Patagonia, que fue el primero en escalar la torre central de Torres del Paine, en 1963. Es una historia muy emotiva y su estreno va a ser un evento muy potente.
—¿Qué desafíos te gustaría abordar en el futuro?
—Mi sueño es lograr, algún día, un largometraje. El trabajo audiovisual puede abarcar causas de una forma muy concreta y dejar un impacto internacional, a gran escala. Quiero entrar cada vez más a fondo en esto, y hacer trabajos audiovisuales que puedan generar un impacto en conservación y en otras causas. Y el trabajo fotográfico es seguir mostrando la Patagonia como un todo. Mostrar que todos necesitamos naturaleza salvaje. Eso es lo que busco con la foto.
—Aparte de esta sorpresa que tienes preparada, ¿puedes adelantarnos algo sobre tu ponencia en el Festival Ladera Sur?
—Quiero aprovechar esta charla para mostrar que retratar la Patagonia va más allá de la belleza. Se trata de de contar historias y tiene el potencial de vincular emocionalmente, de conmover con las con imágenes para proteger. Voy a hablar de mi vida, de cómo yo mismo me terminé conmoviendo con la fotografía y cómo creo que la conmoción hoy puede moldear el mundo para lograr conectar a las personas con la naturaleza de una forma más concreta. Creo que la Patagonia es un ejemplo a nivel mundial para que las personas quieran simplemente conectarse con las naturalezas en el patio de sus casa. Quiero que la gente pueda entender que este asombro influye en nuestras decisiones diarias. Lo que trato de hacer es inspirar con mi contenido para mostrar el poder del asombro ante la naturaleza.
