Cada invierno, mientras nosotros nos quedamos dentro de nuestras casas como forma de refugiarnos del frío, hay aves que hacen exactamente lo contrario: abandonan los lugares donde pasaron los meses cálidos y emprenden viaje. A este fenómeno se le conoce como migración

No obstante, cuando pensamos en aves migratorias probablemente imaginamos grandes viajes entre continentes, como los que realizan numerosas especies playeras que abandonan sus zonas de reproducción en el hemisferio norte para pasar el invierno austral en Sudamérica, pero la migración no siempre es de esa manera. También puede ocurrir dentro de un mismo país. En Chile, por ejemplo, estos desplazamientos pueden adoptar distintas formas. 

Chorlo chileno. Crédito: © Pío Marshall.
Chorlo chileno. Crédito: © Pío Marshall.

«Tenemos varios tipos de migraciones, las más clásicas son las que uno ve quizás también en otros países, en documentales, que son las de estas aves que migran de un hemisferio a otro, que son migraciones más grandes, y que en general son aves que abandonan Chile en invierno. El otro caso corresponde a aves que realizan migraciones dentro del territorio. Estas pueden ser latitudinales, o sea, de norte a sur o de sur a norte, que es lo más común considerando el largo de Chile y su variedad de climas. Por ejemplo, muchas aves en invierno se van a las zonas más cálidas a pasar el invierno, a la zona centro-norte de Chile. Después, en verano, vuelven a la zona sur generalmente a reproducirse, por ejemplo», profundiza César Munóz, biólogo, magíster en Biología de la U de Chile y miembro de la ROC (Red de Observadores de aves y vida silvestre de Chile).

«El otro caso, que quizás es un poco más desconocido, son migraciones altitudinales, es decir, especies que quizás en el verano están muy arriba en la cordillera, sobre todo en la zona centro-norte, donde tenemos la cordillera más alta, y en invierno bajan un poco escapando del frío. Son desplazamientos más acotados, por decirlo así. De estas migraciones sí que sabemos poco, porque generalmente son aves de cordillera y no es tan fácil seguirles la pista», agrega.

En este sentido, la llegada del otoño es una de las principales señales que desencadenan estos movimientos. La reducción de las horas de luz, el descenso de las temperaturas y los cambios en la disponibilidad de alimento generan modificaciones fisiológicas que preparan a las aves para desplazarse. 

Viudita (Colorhamphus parvirostris). Desierto Florido 2025 - Parque Nacional Llanos de Challe. Créditos: ©Benjamín Valenzuela
Viudita (Colorhamphus parvirostris). Desierto Florido 2025 – Parque Nacional Llanos de Challe. Créditos: ©Benjamín Valenzuela

«De los factores ambientales que desencadenan esta migración generalmente es la dieta, es la disponibilidad de alimento, y eso mismo genera que a veces las migraciones se retrasen. Hay muchas especies como, por ejemplo, los rayadores, que migran a Brasil, y a veces se quedan todo el invierno acá porque hay disponibilidad de alimento. También influye la cantidad de horas luz. Muchos de los factores que se desencadenan tienen que ver con el comportamiento y cambios de conducta, sobre todo reproductivos, los que a su vez dependen de las horas luz», explica Vicente Pantoja, ingeniero en Recursos Naturales Renovables de la Universidad de Chile y Magíster en Bioestadística de la Universidad Complutense de Madrid, y coordinador de Birds of the World en Chile.

«Cuando ellos detectan que la cantidad de horas luz del día supera tal cantidad, no sé, 16 horas, por ejemplo, empiezan a activarse conductas más reproductivas. Y, cuando la cantidad de horas luz llega a un cierto valor contrario, ya dejan de intentar reproducirse y empiezan a buscar otro tipo de cosas, a mudar las plumas, a hacer movimiento migratorio, etcétera», añade.

Picaflor chico, Región Metropolitana. Créditos: Jean Paul de la Harpe
Picaflor chico, Región Metropolitana. Créditos: Jean Paul de la Harpe

Estos viajes, sin embargo, también tienen un costo energético importante. Una especie migratoria no depende únicamente de los sitios de partida o de llegada, también necesita encontrar sitios adecuados para alimentarse, descansar y refugiarse durante el recorrido. La pérdida o transformación de cualquiera de estos lugares puede afectar a sus poblaciones. La expansión urbana, la agricultura, la degradación de humedales, las especies invasoras, las colisiones con infraestructura y los efectos del cambio climático son algunas de las amenazas que enfrentan las aves migratorias en la actualidad. 

«Hay varios desafíos. Por un lado, está todo lo que tiene que ver con la pérdida de hábitat. Muchas de estas especies utilizan praderas de vegetación nativa y hay pocas praderas actualmente. Se ha usado mucho para ganadería, pastoreo y construcción humana. Entonces, se han perdido gran parte de las zonas de invernada. Como muchas veces se toman los análisis del verano como referencia, se cree que no hay nada en los pastizales, por lo que llegan y construyen, cuando lo que pasa es que son sectores que sí albergan vida, pero en invierno. Un lugar bien icónico en el que está pasando eso es en el terreno de estacionamientos del Outlet Paseo Alerce, que se llena de chorlitos chilenos en invierno», indica Pantoja. 

Gaviota andina
Gaviota andina (Chroicocephalus serranus). Créditos: Pio Marshall @photo.birding.chile

«Esa es una amenaza importante, otra puede ser todo lo que tiene que ver con los parques eólicos. Hay algunos estudios en la costa de Coquimbo en que se detectó que las especies más afectadas por los parques eólicos eran especies migratorias. Eran la perdiz chica, el chorlito de campo, especies que migran también durante el invierno. Entonces, ese es otro factor importante», añade. 

Tomando todo lo anterior en cuenta, la situación es especialmente preocupante porque las aves migratorias están mostrando importantes disminuciones poblacionales a escala global. Un estudio internacional publicado en 2026 recopiló información sobre estas especies y estimó que cerca de la mitad de las aves migratorias presenta tendencias poblacionales negativas, mientras que alrededor del 9% se encuentra actualmente amenazado de extinción. 

Piuquenes ©Jérémie Goulevitch
Piuquenes ©Jérémie Goulevitch

El valor de la ciencia ciudadana

Lamentablemente, a pesar de los desafíos que enfrentan, todavía existen muchas preguntas sin respuesta sobre las aves que migran dentro de Chile. ¿Cuántos individuos se desplazan realmente? ¿Qué rutas siguen? ¿Hasta dónde llegan? ¿Cuánto tiempo permanecen en cada lugar? ¿Qué poblaciones son residentes y cuáles migratorias?

«Si nosotros mismos no sabemos por dónde pasan las rutas migratorias de las especies, entonces no podemos proteger esos sitios. Se protege siempre la zona de reproducción y actualmente también se está buscando proteger la zona de invernada, pero las rutas migratorias, como no las conocemos, no podemos protegerlas, y también son igual de importantes que las otras dos», apunta Pantoja.

Para poder remediar ese vacío de información se requiere de investigación científica, pero también de miles de observaciones realizadas por personas que recorren parques, humedales, playas, bosques y montañas. Los registros de aves permiten identificar cambios en sus distribuciones, descubrir nuevos sitios de importancia y comprender mejor movimientos que todavía permanecen ocultos. De esta manera, cada persona puede aportar su propio granito de arena en la recopilación de este conocimiento, así como en la posterior protección de los sitios clave. 

Salida observación iniciación. Créditos: Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre de Chile (ROC)
Salida observación iniciación. Créditos: Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre de Chile (ROC)

«La información que uno encuentra está más asociada a la estimación, a supuestos u observaciones. Pasa mucho eso aquí, comparado con quizás Estados Unidos o Europa, que tienen muy mapeadas las rutas de las aves, saben dónde pasan, dónde paran, etcétera. Con la ciencia ciudadana y los aportes de gente que está con los celulares en todos lados, se te dan pistas de eso, pero igual a veces falta. Siempre nos gustaría saber un poquito más, con mayor precisión, de ciertas especies, si efectivamente están migrando o no», comenta Muñoz. 

«Algo que siempre me gusta decir es que es importante que la gente suba su registro a eBird (iNaturalist Chile también) para poder ir mejorando estos modelos y poder ir entendiendo la ruta migratoria de las especies que lamentablemente no sabemos mucho», apunta Pantoja por su parte. 

A continuación, gracias a la colaboración de Pantoja y Muñoz, reunimos algunas de las especies que realizan estos desplazamientos dentro de Chile. Algunas viajan hacia el norte, otras descienden desde la cordillera y otras combinan diferentes estrategias. En todos los casos, sus movimientos nos recuerdan que el territorio que vemos durante una estación es solo una parte de la historia: para muchas aves, Chile es un mapa que cambia constantemente con el paso del año.

Chorlo chileno (juvenil). Créditos: Omar Barroso
Chorlo chileno (juvenil). Créditos: Omar Barroso

Picaflor chico (Sephanoides sephaniodes

«El picaflor chico es quizás el más icónico y el más conocido de los migratorios, porque entra a Santiago y aquí lo esperan. El picaflor chico en primavera-verano desaparece la zona central, se va a reproducir a la zona más sur, austral incluso, porque es el picaflor que se reproduce más al sur del mundo. En invierno uno lo vuelve encontrar en la zona centro, centro-norte. En febrero o los primeros días de marzo, empiezan a llegar los primeros, después ya en mayo y junio. Ahora ya está full de picaflores chico en todos lados», indica Muñoz. 

«Pero pasa un poco que no es tan estricto, porque algunas subpoblaciones, por decirlo así, se quedan en ciertos lugares y no hacen esa migración. Se quedan principalmente en quebradas costeras o zonas cordilleranas, que justamente mantienen cierta alimentación disponible todo el año. Entonces, hay poblaciones en lugares como Curacaví o en Algarrobo», agrega.

Picaflor Chico (Sephanoides sephaniodes). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): Science and Education Coordinator MS FRAM, vía iNaturalist Chile.
Picaflor Chico (Sephanoides sephaniodes). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): Science and Education Coordinator MS FRAM, vía iNaturalist Chile.
Colibrí austral (Sephanoides sephaniodes). Créditos (CC-BY-NC-ND 4.0): Cristian Pinto, vía Xeno-Canto.

Viudita (Colorhamphus parvirostris

«Otra especie, que quizás para los pajareros es más conocida, pero que en general pasa más desapercibida, es la viudita. La viudita es un pajarito chiquitito, casi del tamaño del picaflor, probablemente como un cachudito, un chercán. Es un reproductor de la zona centro-sur, más sur-austral, en verdad. En invierno hace lo mismo que el picaflor chico, llega a la zona centro-norte. Yo lo vi, por ejemplo, hace poco en la Región de Coquimbo, Los Vilos, La Serena, a veces llega a Coquimbo mismo, Valparaíso, Santiago, etcétera. Uno lo ve en invierno también en la ciudad y en verano se empieza a ir hasta el sur, a Temuco, etcétera», ahonda Muñoz.

«Hay un árbol nativo, que es el maitén, que fructifica en invierno. Ahora están los frutitos, son unos frutitos chiquititos, y a la viudita le encantan. Entonces, de repente, uno anda con ojo y se encuentra estos maitenes en la ciudad o en las áreas silvestres, y muchas veces ahí cerca andan las viuditas, andan por ahí dando vueltas, comiendo esos frutos, insectos, etcétera», añade.

Viudita (Colorhamphus parvirostris). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): Sebastián Saiter Villagrán, vía eBird.
Viudita (Colorhamphus parvirostris). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): Sebastián Saiter Villagrán, vía eBird.
Peutrén (Colorhamphus parvirostris). Créditos (CC-BY-NC-ND 4.0): Peter Boesman, vía Xeno-Canto.

Canastero del sur (Asthenes anthoides

Canastero del sur (Asthenes anthoides). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): Paul Tavares, vía iNaturalist Chile.
Canastero del sur (Asthenes anthoides). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): Paul Tavares, vía iNaturalist Chile.
Canastero austral (Asthenes anthoides). Créditos (CC-BY-NC-ND 4.0): Alvaro Jaramillo, vía Xeno-Canto.

Chorlo chileno (Zonibyx modestus

Chorlo chileno (Zonibyx modestus). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): Francisco González Táboas, vía iNaturalist Chile.
Chorlo chileno (Zonibyx modestus). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): Francisco González Táboas, vía iNaturalist Chile.
Chorlo chileno (Zonibyx modestus). Créditos (CC-BY-NC-ND 4.0): Cristian Pinto Fernandez, vía Xeno-Canto.

Gaviota andina (Chroicocephalus serranus

«La gaviota andina hace esa migración altitudinal, mucho más marcada. En verano está en zonas altas siempre, a veces está todo el año en las zonas andinas. Yo me acuerdo de que en algunas mineras uno las ve arriba todo el año, pero sí, hay poblaciones que bajan, sobre todo en la zona más norte, a capear el invierno. Bajan, por ejemplo, al humedal Río Lluta», asegura Muñoz. 

Gaviota andina (Chroicocephalus serranus). Créditos de la fotografía (CC-BY-SA): Cristian Risco.
Gaviota andina (Chroicocephalus serranus). Créditos de la fotografía (CC-BY-SA): Cristian Risco.
Gaviota andina (Chroicocephalus serranus). Créditos (CC-BY-NC-ND 4.0): Cristian Pinto, vía Xeno-Canto.

Bandurrilla de los bosques (Upucerthia saturatior)  

«La bandurrilla de los bosques es un pajarito cafecito, que tiene un pico curvo, hacia abajo, es de un tamaño similar al zorzal. Esa sí que es más complicada de ver en Santiago, a veces aparece una o dos por ahí. En invierno algunas poblaciones migran un poquito hacia el norte, a Santiago, Rancagua, Región de Valparaíso. Yo la he visto en Los Vilos, en Pichidangui, Los Molles y en áreas cercanas de Santiago, bosques alrededor, etcétera. Creo que apareció una este año, en Ñuñoa al parecer. Yo alguna vez la vi también en el metro de los Domínicos», señala Muñoz. 

Bandurrita de los bosques (Upucerthia saturatior). Créditos de la fotografía (CC-BY-SA): Ignacio Hernández, vía Wikipedia.
Bandurrita de los bosques (Upucerthia saturatior). Créditos de la fotografía (CC-BY-SA): Ignacio Hernández, vía Wikipedia.
Bandurrilla de los bosques (Upucerthia saturatior). Créditos (CC-BY-NC-ND 4.0): Heraldo V. Norambuena, vía Xeno-Canto.  

Minero cordillerano (Geositta rufipennis

Minero cordillerano (Geositta rufipennis). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): Juan Rodolfo Lillo Lobos, vía iNaturalist Chile.
Minero cordillerano (Geositta rufipennis). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): Juan Rodolfo Lillo Lobos, vía iNaturalist Chile.
Minero cordillerano (Geositta rufipennis). Créditos (CC-BY-NC-ND 4.0): Cristian Pinto Fernandez, vía Xeno-Canto.

Piuquén (Oressochen melanopterus)

«El piuquén es un ganso bien bonito, uno blanquito, precioso. Muy típico de las zonas andinas, zona del altiplano, San Pedro Atacama, etcétera. Pero en invierno hay una población que inverna en Santiago, en la zona de Batuco, Quilicura, como el humedal de Batuco y zonas aledañas. Y no me refiero a cinco, me refiero a 800, miles. Entonces, es muy interesante, porque al parecer antiguamente pasaba lo mismo que pasaba con el chorlo de campo. Antiguamente, Quilicura, Lampa, todas esas zonas eran un gran humedal, zonas que se anegaban y, al parecer, venían a invernar estos gansos a esta zona y eso esto es como el relicto, lo que queda de la población invernal», comparte Muñoz. 

Piuquén (Oressochen melanopterus). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): Alexander Wirth, vía iNaturalist Chile.
Piuquén (Oressochen melanopterus). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): Alexander Wirth, vía iNaturalist Chile.
Piuquén (Oressochen melanopterus). Créditos (CC-BY-NC-ND 4.0): Hans Matheve, vía Xeno-Canto.

Dormilona tontita (Muscisaxicola maclovianus

«La dormilona tontita o dormilona cara negra, también es un cazamoscas, pero de suelo. Le gusta estar en praderas, en zonas abiertas. También es un reproductor más sur-austral y en invierno uno la ve en la zona centro, centro-norte también. Esa es un poquito más difícil de ver en las áreas urbanas, pero por ejemplo, yo las he visto en algunos parques, como el Bicentenario o el Parque Padre Hurtado», menciona Muñoz. 

«La dormilona de nuca rojiza, de ceja blanca, bajan post lluvias o nevazones, bajan al Cerro Calán, al San Cristóbal o al Manquehue, a la zona precordillerana, un poco escapando de las malas condiciones, y después en verano vuelven a irse para arriba. Pero son pájaros que no les sabemos muy bien la pista, de si son movimientos regulares o si son contingentes a variables climáticas», agrega.

Dormilona tontita (Muscisaxicola maclovianus). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): David Cook, vía iNaturalist Chile.
Dormilona tontita (Muscisaxicola maclovianus). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): David Cook, vía iNaturalist Chile.
Dormilona tontita (Muscisaxicola maclovianus). Créditos (CC-BY-NC-ND 4.0): Andrew Spencer, vía Xeno-Canto.

Diucón (Pyrope pyrope)  

Diucón (Pyrope pyrope). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): Kenneth Roberts, vía iNaturalist Chile.
Diucón (Pyrope pyrope). Créditos de la fotografía (CC-BY-NC): Kenneth Roberts, vía iNaturalist Chile.
Diucón (Pyrope pyrope). Créditos (CC-BY-NC-ND 4.0): Peter Boesman, vía Xeno-Canto.

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