Cuando se habla de Punta de Lobos, la conversación suele girar en torno a sus olas. El sector se ha consolidado como uno de los destinos de surf más reconocidos del país e incluso del mundo, atrayendo año tras año a deportistas, turistas y amantes de la naturaleza. Sin embargo, más allá de la fama asociada al océano, existe otro patrimonio menos visible que ha permanecido durante décadas en segundo plano. Se trata del ecosistema que se encuentra inmerso en estos acantilados costeros y quebradas, donde sobreviven algunas de las plantas más singulares de Chile: las cactáceas nativas.

Durante décadas, gran parte de la riqueza ecológica de la zona pasó inadvertida para quienes recorrían la costa. El crecimiento de las actividades recreativas, la presión humana y la transformación progresiva del territorio fueron modificando un ecosistema que alguna vez estuvo dominado por vegetación nativa. Entre las especies más afectadas se encuentran precisamente los cactus, cuyos ejemplares disminuyeron de manera considerable en distintos sectores de Punta de Lobos.

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.

Frente a este escenario, el Parque Punta de Lobos impulsó una iniciativa orientada a recuperar parte de la biodiversidad original del lugar. Lo que comenzó como un proyecto enfocado en la reproducción y reintroducción de cactáceas nativas fue ampliándose con los años hasta convertirse en un programa integral de restauración ecológica, que combina conservación, educación ambiental, investigación científica y participación comunitaria. Hoy, tras años de trabajo conjunto con especialistas, guardaparques, voluntarios y organizaciones colaboradoras, miles de plantas nativas crecen en viveros o ya han sido reincorporadas al paisaje costero. 

«El proyecto de Punta Lobos nace de la necesidad de proteger este espacio. En el año 2012 había proyectos inmobiliarios que se pretendían construir y desarrollar. Desde la comunidad se evaluaron distintas figuras de protección y nos dimos cuenta de que la figura más efectiva y de largo plazo era poder comprar estos terrenos. Se levantaron los recursos, se compraron estas tierras y se creó lo que hoy día es el Parque Punta Lobos, donde se asegura a perpetuidad el libre acceso y la protección de este icónico espacio del borde costero», afirma Patricio Mekis, director ejecutivo de Parque Punta de Lobos.

«Yo creo que una cosa muy importante es recuperar o construir la relación con un determinado paisaje y con su naturaleza. Por ejemplo, Punta de Lobos tiene esa particularidad de que es como estar en una isla. No tienes vegetación muy alta. Los cactus, de hecho, son lo más alto que hay en la punta, y esa es una relación que hay que cuidar», menciona por su parte Diego Figueroa, paisajista y colaborador del Plan de Restauración Ecológica en Punta de Lobos.

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.

Un ecosistema costero que busca recuperar su equilibrio

En Punta de Lobos podemos encontrar un ecosistema bastante singular, moldeado por la influencia constante del viento, la salinidad, la escasez de agua y las particulares condiciones geográficas del borde costero. En apariencia, podría parecer un ambiente austero. No obstante, basta observar con atención para descubrir una red de relaciones ecológicas sorprendentemente compleja, donde cada especie cumple una función específica dentro del equilibrio del sistema.

«El ecosistema de Punta de Lobos es de acantilado costero, el que se encuentra inserto dentro del ecosistema mediterráneo que, específicamente para la zona central de Chile, se caracteriza por el bosque esclerófilo o el sistema de matorrales», apunta Belinda Caracciolo, encargada de Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos.

«Lo que lo hace especial es que, al estar tan cercano a la costa, tiene esta influencia marina y un rico ecosistema intermareal. A la vez, tiene esta otra parte, más alta y de acantilado, donde cohabita la vegetación terrestre junto con esta otra vida, lo que hace que tenga una riqueza ecosistémica muy grande», agrega.

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.

Entre los principales protagonistas de esta trama se encuentran las cactáceas nativas. Adaptadas durante miles de años a condiciones ambientales extremas, estas plantas han desarrollado estrategias que les permiten sobrevivir allí, donde otras especies difícilmente podrían hacerlo. Pero su importancia va mucho más allá de su capacidad de resistencia.

Los cactus funcionan como verdaderas estructuras ecológicas dentro del paisaje. Sus flores proveen recursos para insectos polinizadores; sus frutos alimentan a distintas especies de fauna; y sus cuerpos ofrecen refugio frente a las altas temperaturas, el viento o los depredadores. Bajo su protección pueden encontrarse lagartijas, lagartos, culebras e incluso pequeños mamíferos. Algunas aves aprovechan además sus fibras para construir nidos, mientras diversas especies de insectos participan en la dispersión de sus semillas.

«El quisco de los acantilados, en particular, tiene una relación muy grande con la fauna, porque cuando se forman estos núcleos o islas de cactus, en torno a ellos pueden coexistir y cohabitar muchas especies, ya sean de otra vegetación o de pequeños animales o insectos, porque el cactus tiene la capacidad de generar un nicho de vida, de retención de humedad, de sombra, de alimento a través de sus flores y de sus frutos», explica Caracciolo.

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.

«Podemos apreciar todos los años, una vez que parte la floración del quisquito rosado, el colibrí gigante o Patagona gigas llega inmediatamente al parque. Entonces, hay un vínculo directo entre ellos, y este colibrí también suele anidar en los cactus que están colgando del acantilado, por lo que sí o sí hay una relación y un vínculo con la fauna que hace vida en el lugar», añade. 

Estas interacciones reflejan una realidad que muchas veces pasa desapercibida: la conservación de los cactus no implica únicamente proteger una planta, también se trata de preservar una serie de vínculos ecológicos que sostienen a numerosas otras especies.

Por otro lado, este paisaje no siempre tuvo el aspecto que presenta hoy. Diversos relatos y registros fotográficos sugieren que décadas atrás amplias zonas de Punta de Lobos estaban cubiertas por poblaciones mucho más abundantes de cactus nativos. Con el paso del tiempo, la creciente presencia humana comenzó a modificar progresivamente el entorno.

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.

La popularidad del lugar como destino turístico y deportivo generó una presión cada vez mayor sobre sectores particularmente sensibles. La apertura de senderos informales, el tránsito constante de visitantes, la instalación de infraestructura temporal asociada a eventos y el uso intensivo de ciertas áreas provocaron procesos de compactación y erosión del suelo que dificultaron la regeneración natural de la vegetación.

«Hay una vegetación muy única. Tienes el cactus del acantilado, está Ochagavia litoralis, que tiene una distribución bien limitada y que es muy propia de ese lugar, pero muy difícil de ver. Ha quedado muy como relegada a los acantilados. Es un paisaje que ha sido bastante modificado por la inmobiliaria, las forestales. Entonces, toda esta vegetación ha tendido a morirse», indica Diego. 

«Yo llevo siendo parte de este proyecto casi siete años y, lo que puedo decir de cómo era en ese momento y también conociendo la historia hacia atrás, es que era un lugar que en su zona alta estaba sufriendo un impacto muy grande por los visitantes que recibía, y que hasta el día de hoy recibe, pero en ese momento recién se estaban comenzando a delimitar las zonas donde se podía o no transitar. Entonces, evidentemente, en ese momento la ecología de esta zona más alta del parque estaba mucho más degradada en relación con lo que podías observar en el acantilado. Hoy día ya tenemos una migración, por ejemplo, de la microfauna hacia las partes altas y eso habla de que los espacios que vamos recuperando la naturaleza también se los va tomando», relata Caracciolo por su parte. 

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.

A estos problemas se sumó la extracción ilegal de cactus. Durante años, numerosos visitantes retiraron ejemplares para llevarlos a jardines particulares o colecciones privadas, muchas veces sin conocer el impacto que esta práctica genera sobre poblaciones ya reducidas. En otros casos, la extracción estuvo asociada al coleccionismo especializado y al comercio ilegal de plantas, un problema que afecta a distintas especies de cactáceas a nivel nacional e internacional.

Este escenario se vuelve aún más complejo al considerar amenazas de mayor escala, como la fragmentación de hábitats, el cambio de uso de suelo, el desarrollo inmobiliario, la expansión de infraestructura y los efectos del cambio climático. Muchas especies presentan distribuciones geográficas extremadamente restringidas, por lo que cualquier alteración significativa puede tener consecuencias severas para su conservación.

«Las principales amenazas para los cactus son diversas, principalmente cambio climático y actividad humana, industrias de todo tipo, forestal y minera, desarrollo urbano, legal e ilegal. También el coleccionismo es un factor que afecta mucho a las cactáceas y eso es algo que se ha notado mucho en Punta de Lobos. Es una de las mayores amenazas que tienen los cactus actualmente, la extracción de plantas por parte de aficionados, coleccionistas y traficantes», señala Santiago Figueroa, fundador de Cactus Lagarto, quien además forma parte del equipo del Plan de Restauración Ecológica en Punta de Lobos.

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.

Frente a esta realidad, el Parque Punta de Lobos comenzó a preguntarse cómo recuperar parte de la biodiversidad que históricamente caracterizó al lugar. Lo que inicialmente surgió como una inquietud por restaurar las poblaciones de cactus fue evolucionando hacia una mirada más amplia, centrada en la recuperación integral del ecosistema costero.

Bajo esa lógica nació el actual Plan de Restauración Ecológica del parque, una iniciativa que combina múltiples líneas de acción orientadas a fortalecer la salud ambiental del territorio. Además de la reproducción de flora nativa, el programa contempla la recuperación de suelos degradados, la incorporación de materia orgánica, la delimitación de áreas sensibles, la rehabilitación de sectores erosionados y el mejoramiento de senderos para reducir impactos sobre la vegetación.

«El Plan de Restauración Ecológica ha vivido un proceso de maduración a lo largo de estos años, porque en su inicio partió siendo un plan de reproducción de flora nativa y surgió con los cactus. Luego, con el pasar del tiempo y nuestro propio proceso también de comprender el ecosistema del lugar, entendimos que lo que se necesitaba era un plan de restauración ecológica que entienda el parque como un organismo vivo, con todas sus expresiones de vida, incluyendo tanto la vegetación, la fauna, como los humanos que hacemos vida también en él», ahonda Caracciolo.

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.

«Uno de los mayores impactos que sufre el parque es la pérdida de suelo. Por lo mismo, una de las primeras estrategias que se comenzó a hacer acá fue la delimitación de senderos y conducir a la gente por los sitios que se podía o no transitar. Luego hemos utilizado diferentes estrategias, como la incorporación de poda a los lugares donde queremos recuperar los suelos, la incorporación también de algas a los suelos, y hemos visto cómo a lo largo de los años se va recuperando. Luego nosotros vamos plantando en ese lugar. Otra estrategia que hemos utilizado es la instalación de geoceldas, que es una herramienta que nos permite nivelar los suelos y trabajar en su contención, para que este tránsito constante de gente no genere tanto impacto. Cuando llueve también nos ayuda a que el suelo esté firme y retenido, y no se nos vaya con cada lluvia que hay en los inviernos», agrega. 

La restauración también ha incorporado un fuerte componente comunitario. Voluntariados, talleres, actividades educativas y colaboraciones con establecimientos educacionales han permitido involucrar a vecinos, estudiantes y visitantes en los procesos de conservación. La lógica es sencilla: proteger un ecosistema tan visitado requiere que las personas comprendan su valor y se transformen en parte activa de su cuidado.

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.

En paralelo, la educación ambiental se ha convertido en una herramienta fundamental. A través de señaléticas interpretativas, recorridos guiados, charlas y actividades de divulgación, el parque busca que quienes llegan a Punta de Lobos no solo contemplen el paisaje, sino que también comprendan las relaciones ecológicas que ocurren entre plantas, animales y territorio.

«Hoy día tenemos cuatro grandes programas. Tenemos un programa de restauración ecológica, uno de senderismo e infraestructura, uno de educación ambiental y uno de servicios del parque. Contamos con un guardaparque todos los días, que se preocupa del cuidado, de la seguridad y la mantención de este espacio, que recibe más de 600.000 personas», indica Mekis.

Semillas de futuro: la restauración de cactus

Restaurar un bosque puede tomar años, un humedal décadas, pero las poblaciones de cactus supone entrar en una dimensión temporal distinta. Esto se debe a que son plantas que crecen lentamente, alcanzan su madurez después de largos períodos y, en algunos casos, necesitan décadas para transformarse en ejemplares reproductivos

Por eso, cuando el Parque Punta de Lobos decidió impulsar la recuperación de las cactáceas nativas del sector, se asumió que los resultados no serían inmediatos. La iniciativa debía pensarse a largo plazo. Con esa visión se comenzó en 2015 una colaboración con Santiago Figueroa, fundador de Cactus Lagarto y uno de los mayores especialistas en reproducción de cactáceas chilenas. 

La relación de Figueroa con los cactus comenzó mucho antes de este proyecto. Desde adolescente desarrolló una fascinación por las cactáceas nativas, motivado por su capacidad para sobrevivir en condiciones extremas y recuperarse incluso después de largos periodos de estrés. Con el tiempo, esa curiosidad se convirtió en una dedicación profesional enfocada en recorrer distintas regiones del país, registrar poblaciones silvestres, recolectar semillas y estudiar los requerimientos ecológicos de especies que muchas veces pasan inadvertidas para la mayoría de las personas.

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.

Hoy, su vivero alberga una de las colecciones documentadas de cactáceas chilenas más completas del país. Allí mantiene miles de ejemplares pertenecientes a más de un centenar de taxones provenientes de distintas localidades, conformando una importante reserva genética para la conservación de especies amenazadas. Esa experiencia acumulada durante años ha sido fundamental para el desarrollo del programa de restauración impulsado en Punta de Lobos.

El objetivo del proyecto es reproducir los procesos naturales de la manera más fiel posible. En lugar de adquirir plantas provenientes de otros lugares, el equipo trabaja con semillas recolectadas en las mismas poblaciones que históricamente han habitado el sector. El objetivo es preservar la diversidad genética local y mantener las adaptaciones que estas plantas han desarrollado durante generaciones frente a las condiciones particulares del borde costero.

«Lo primero fue identificar las especies que hay en Punta de Lobos. El proceso partió con la recolección de semillas de los individuos, en la misma punta o en los alrededores, para tener la genética del lugar y respetar esa genética. Luego, comenzamos a reproducirlas a partir de semillas, en invernadero por un largo período, porque los cactus tienen un crecimiento muy lento. Partieron en este invernadero y luego se llevaron a Punta de Lobos», relata Santiago. 

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.

«Afortunadamente, en Punta de Lobos tenemos un clima idóneo para hacer plantaciones de cactus, porque las precipitaciones no son tan escasas, como podría ocurrir con ciertas zonas en el norte de Chile, que ahí es mucho más difícil hacer plantaciones. Siempre las plantas se favorecen con un poco de ayuda en su primer momento, en el primer periodo luego de ser plantada, con un poco de agua y luego mejorar un poco el suelo en el momento de la plantación», añade. 

Por lo mismo, cada temporada de fructificación implica un trabajo minucioso. Los frutos son recolectados desde numerosos individuos distintos para evitar que la futura población provenga de unos pocos ejemplares. Esta diversidad genética es considerada clave para aumentar las probabilidades de supervivencia de las nuevas generaciones frente a enfermedades, variaciones climáticas y otros desafíos ambientales.

Una vez extraídas las semillas comienza una etapa que exige paciencia. Los primeros años de vida representan uno de los períodos más críticos para cualquier cactus. Aunque suelen asociarse con organismos extremadamente resistentes, durante sus etapas tempranas requieren niveles relativamente altos de humedad, protección frente a la radiación solar directa y condiciones ambientales cuidadosamente controladas.  

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.

En los viveros asociados al proyecto, las semillas germinan en sustratos especialmente preparados y permanecen durante años bajo monitoreo constante. Temperatura, ventilación, humedad y exposición solar son variables que se ajustan progresivamente para acompañar cada etapa de desarrollo. La meta no es acelerar artificialmente el crecimiento, sino preparar plantas capaces de sobrevivir cuando sean reintroducidas en el ecosistema costero. Por lo tanto, en la medida en que los ejemplares crecen, son expuestos gradualmente a condiciones más similares a las que encontrarán en terreno.

«Cuando se cultivan plantas para reintroducirlas en su hábitat, al principio uno les da las condiciones ideales, para que puedan crecer más o menos rápido, entre comillas. Pero es importante no mantener siempre esas condiciones tan ideales, porque al final sus tejidos crecen más gruesos, sus células son más anchas, tienen menor cantidad de tejido. Entonces, si se introducen directamente en esas condiciones, son plantas mucho más débiles a la larga y no se van a poder adaptar al ambiente. Por lo mismo, lo ideal es ir endureciendo esas plantas a medida que van creciendo. Someterlas al sol directo y a estrés hídrico, para que de esta manera puedan ser plantadas», explica Santiago. 

Debido a todo el trabajo que conlleva, actualmente el programa trabaja principalmente con tres especies de cactáceas características de la zona. La primera es el quisquito rosado (Eriosyce subgibbosa), la especie más abundante dentro de la iniciativa (catalogada como Preocupación Menor). Distribuida entre las regiones de Atacama y Biobío, se caracteriza por sus flores de tonalidades rosadas, blancas o amarillentas y por su capacidad de adaptarse a distintos ambientes costeros. Aunque puede alcanzar cerca de un metro de altura, requiere varios años para comenzar a desarrollarse plenamente y producir flores.

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
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La segunda especie es el quisco de los acantilados (Leucostele bolligeriana), una de las plantas más emblemáticas del paisaje costero de O’Higgins y Maule. Sus poblaciones se encuentran altamente fragmentadas y su distribución geográfica es reducida, factores que han contribuido a su clasificación como especie En Peligro de extinción. Su presencia resulta especialmente importante para la fauna local.

La tercera corresponde al cactus de Tanumé (Eriosyce aspillagae), una pequeña cactácea que crece prácticamente al nivel del suelo y cuya distribución natural también está restringida a sectores de O’Higgins y Maule. Su tamaño discreto contrasta con su relevancia para la conservación, ya que se trata de una de las especies más vulnerables del grupo (En Peligro) y cuyas poblaciones históricamente han experimentado fuertes disminuciones.

«En el sector tenemos tres especies: Eriosyce subgibbosa, Leucostele bolligeriana y Eriosyce aspillagae. La Leucostele bolligeriana es un género de cactus de Sudamérica, Chile, Bolivia, y creo que Argentina. Son cactus columnares de flores grandes, L. bolligeriana tiene unas flores muy grandes, abiertas, que atraen a un número enorme de polinizadores, ya sea aves o insectos, y tiene la característica de que es conocido como quisco del acantilado. Crece principalmente en los bordes del acantilado y tiene un cuerpo que llega a casi los dos metros de altura. Cuando llega a ese tamaño generalmente tiende a caer y va generando poblaciones así, se va distribuyendo en el espacio y va generando estas poblaciones acostadas», indica Santiago. 

Cactus de Tanumé, Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Cactus de Tanumé, Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.

«También tenemos los Eriosyce, los que en general son de tamaño menor. Eriosyce subgibbosa puede llegar hasta casi un metro en su mayor tamaño. Son cactus globulares o pseudo semicolumnares. Eriosyce subgibbosa es del grupo Neoporteria, que tiene flores rosadas, y tienen su floración principalmente en principios de la primavera-otoño, que coincide con la llegada, por ejemplo, de picaflores, que son su principal polinizador. En cambio, Eriosyce aspillagae es un cactus muy raro que está en serio peligro de extinción. Es una planta que crece de forma casi imperceptible, porque crece a ras de suelo, y tiene una gran flor que es amarilla-rojiza, de distintos colores, que es abierta, más amplia, donde entra una mayor cantidad de insectos también, no solo picaflores», añade. 

Con los años, el proyecto ha ido acumulando miles de individuos en distintas etapas de crecimiento. Muchos permanecen todavía en el vivero, mientras otros ya forman parte de las plantaciones realizadas dentro del parque. Paralelamente, el equipo ha desarrollado labores de rescate y rehabilitación de ejemplares afectados por derrumbes, erosión o extracción ilegal, permitiendo que numerosos cactus vuelvan a establecerse en su entorno natural.

La reintroducción en terreno constituye uno de los momentos más delicados de todo el proceso. No basta con plantar un cactus y esperar que sobreviva. Es necesario identificar cuidadosamente los sectores donde aún existen condiciones favorables, evaluar la estabilidad del suelo, la disponibilidad de refugio y la presencia de otras especies que puedan facilitar su establecimiento.

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.

Por esta razón, muchas de las plantaciones se realizan cerca de ejemplares adultos o en sectores donde todavía persisten remanentes de vegetación nativa. En otros casos, las intervenciones buscan recuperar senderos informales que han contribuido a fragmentar el ecosistema, utilizando la propia vegetación como herramienta para favorecer la regeneración del paisaje.

Gracias a todo este trabajo se logró realizar con éxito la introducción de ejemplares de quisco de los acantilados cultivados durante ocho años, lo que refleja la escala temporal y el compromiso que exige este tipo de iniciativas. Sin embargo, la verdadera meta es que estas poblaciones logren establecerse, reproducirse y volver a formar parte de las dinámicas ecológicas que históricamente caracterizaron a Punta de Lobos. 

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
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«Hemos reproducido más de 24.000 cactus y más de 7.000 plantas en nuestro invernadero, desde semillas, para poder mantener el tipo de planta específico. Esas son las mismas plantas que, en el caso de los cactus, después de 8 años de trabajo en este invernadero, están siendo reinsertadas en el parque Punta de Lobos», afirma Mekis.

«Ya son 10 años desde que se parten los trabajos, desde que se adquieren las tierras y que se crea el Parque Punta de Lobos. Yo creo que hoy, después de muchos años de trabajo, se están viendo acciones. Los últimos dos años hemos hecho intervenciones ya de plantación y restauración concreta. Yo creo que es difícil visualizar, pero internamente tenemos muy claro hacia dónde vamos, cómo proyectamos el futuro. Esperamos que esto refleje un ecosistema sano, refleje cómo eran o cómo deben estar los ecosistemas costeros aquí en la sexta región», agrega.

Después de casi una década de trabajo, el proyecto se ha convertido en un ejemplo de cómo la conservación puede combinar conocimiento científico, experiencia local y participación comunitaria. También demuestra que la restauración ecológica no siempre implica acciones espectaculares o resultados inmediatos. A veces comienza con algo mucho más pequeño: una semilla que germina lentamente y que, con los años, puede transformarse en el punto de partida para recuperar un ecosistema completo.

Plan de Restauración Ecológica del Parque Punta de Lobos. Créditos (CC-BY): @ElOtrooscar.
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*Las imágenes de este artículo cumplen con la licencia correspondiente para ser difundidas en este artículo atribuyendo sus créditos.

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