Llegué al gran parque Massai Mara en febrero de 2020. Fueron seis horas en auto desde Nairobi, la capital de Kenia. Todo era plano y las acacias africanas aparecían como escasos refugios que dan sombra a los animales. La tierra era una alfombra verde que degradaba en amarillo. El cielo estaba dividido en azul y la otra mitad en gris que traía colosales nubes que inundaban la tierra con lluvia. El espectáculo natural daba una sobre acogedora bienvenida. Un apronte de lo que significaría mi semana en el parque.

©Phillip Brown M.
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Acompañado por quien se transformó en un amigo, Dominique, salimos a las 6:00 horas de mi campamento para adentrarnos en esta enorme planicie llamada así por el río Mara y por los lugareños de origen Massai. Allí, están los famosos “Big Five”: el león, el elefante, el búfalo, el leopardo y el rinoceronte. Todos repartidos en 1.510 kilómetros cuadrados. Pero para mi sorpresa encontré a otros cinco, “los cinco hermanos” como los llamaban. Se trataba de cinco jóvenes guepardos que empezaban y terminaban el día juntos.

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La rutina era casi lo mismo. Caminar bajo un abrasante sol por toda la sabana en busca de comida, sombra y agua. Sus miradas reflejan a veces la desazón de no encontrar nada más que vegetación. El cansancio comienza a notarse en su forma de caminar; marchan lentos y lánguidos. Se mueven como expresando su mayor desprecio por quienes los observan, pero a la vez imponentes y elegantes

A veces la fortuna caía, pero no era suficiente. Un pequeño antílope, que perdió su manada en medio de la estampida, era apresado. Además, casi imposible escaparse de un depredador que puede correr hasta una velocidad de 113 kilómetros por hora. Todos llegaban a devorarlo, incluso peleaban entre ellos por un bocado. No bastaba para cinco estómagos hambrientos.

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Pero estos chitas no sólo deben saltar los obstáculos que ofrece la selva a diario, también deben sobrevivir a las prácticas criminales del ser humano, lo que ha influido notablemente en su población. La Lista Roja de la Unión por la Conservación de la Naturaleza (UICN) considera al guepardo en categoría vulnerable, con una población en disminución. De hecho, según el Cheetah Conservation Fund, en los últimos 100 años, el mundo ha perdido el 90% de la población de guepardos salvajes, llegando actualmente a los 10 mil.

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¿Qué lo podría estar causando? Según una nota del diario New York Times del año 2018, uno de los principales problemas es que, tres cuartos del territorio donde viven los felinos, en África y Asia, no están protegidos. Condiciones incompatibles con la existencia de estos felinos.

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En Massai Mara el asunto no mejora tanto. Aunque están protegidos por los rangers (soldados armados), la avasalladora cantidad de vehículos 4×4 buscando a estos animales es exagerada y angustiante. Los turistas interrumpen su rumbo. Hasta 30 camionetas todo terreno, con 4 personas en promedio por vehículo, los rodean para hacer una foto. Más aún, en este alarmante contexto.

Afortunadamente, hay personas que están interesadas en conservar y fomentar su protección. Cada 7 de diciembre, desde el año 1990, se celebra el Día Mundial del Chita instaurado por el Fondo de Conservación de Guepardos (CCF), quienes llevan tres décadas en Namibia realizando investigaciones y programas educativos, siendo reconocidos mundialmente como un centro de “excelencia”.

La estancia en Massai Mara fue una oportunidad de conocer los peligros que enfrenta el chita actualmente. El acoso de turistas y camionetas por doquier siguiendo sus huellas, paradójicamente también contribuye a difundir su realidad, para demandar un mejor ecosistema para ellos. De esta forma el guepardo podrá ser conocido por todos.

©Phillip Brown M.
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