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La bandera mexicana: Una mirada biológica al águila, la serpiente y el nopal en estas fiestas patrias
¿Qué especies aparecen en la bandera de México? Conoce la historia natural detrás del águila, la serpiente, el nopal y otros elementos del escudo nacional.
Está en las monedas, los pasaportes, las paredes de las escuelas y, por supuesto, en el centro de la bandera mexicana. Hablo del escudo nacional que, curiosamente, representa una escena del mundo natural: un ave de presa sobre un nopal, con una serpiente entre el pico y las garras, sobre un nopal. En Ladera Sur México quisimos desmenuzar esos componentes desde una mirada más natural y ver la ecología que nos pueden comunicar.
El águila que quizá no era un águila al inicio
Ahora bien, ¿qué especies, exactamente, conforman esta estampa nacional tan particular? Si iniciamos por el ave, la identificación oficial señala que es un águila real (Aquila chrysaetos). Sin embargo, la identidad del ave que aparece en el escudo ha sido discutida durante décadas. En los años sesenta, el ornitólogo mexicano Rafael Martín del Campo propuso que las representaciones prehispánicas asociadas con el mito fundacional podrían corresponder, en realidad, al caracara quebrantahuesos (Caracara cheriway), un halcón de tamaño mediano que antiguamente habitaba la cuenca del Anáhuac.


Resulta que el águila real es una rapaz de gran tamaño, con una envergadura que puede superar los dos metros, pero su distribución en México se concentra principalmente hacia el norte y las regiones montañosas. El caracara, en cambio, es una especie presente en México y su distribución sí se sobrelapa con el paisaje de la antigua cuenca.
Cabe señalar que también ha cambiado la composición en torno a esa ave e, incluso, la acción que realiza. Por ejemplo, las primeras representaciones y relatos sobre la fundación de nuestro Tenochtitlán son variadas ya que algunas muestran al águila sola, otras la presentan atacando o devorando un ave, mientras que la serpiente aparece en otras versiones. El Códice Mendoza, elaborado en el siglo XVI, conserva una representación sólo del águila y el nopal.

De la serpiente genérica a una cascabel
La serpiente que vemos (padeciendo) en el escudo nacional también tiene un historial digno de analizar. De acuerdo con la bibliografía, originalmente se representó de manera más genérica (¡e incluso como una serpiente acuática!).
Fue en las vísperas de la Constitución de 1917 cuando el diseño incorporó, de manera más evidente, los rasgos de una víbora de cascabel, como el cascabel en la cola, así como la morfología de cabeza y lengua. En la actualidad se le puede identificar como una cascabel de cola negra (Crotalus molossus), aunque cabe mencionar que el diseño del escudo no corresponde perfectamente a una especie biológica concreta.
Las serpientes de cascabel tienen una presencia particularmente significativa en México. Nuestro país reúne una gran diversidad de serpientes (especialmente de cascabeles). A su vez, estos reptiles cumplen roles imprescindibles como depredadores y presas dentro de los ecosistemas.
Cabe señalar que la presencia de una serpiente en el escudo está íntimamente relacionada con la tradición mesoamericana pues históricamente han sido asociadas con la tierra, la sabiduría, la curación y con distintas deidades, como Quetzalcóatl (conocido como serpiente emplumada).

Debajo de ambos animales está el nopal, perteneciente al género Opuntia, cuya imagen está ligada directamente con Tenochtitlán. Sus frutos, las tunas, aparecen en la tradición asociada con la fundación de la ciudad y con el nombre de nuestra antigua capital mexica, o sea, “lugar de tunas sobre piedra”.
El pedestal sobre el que crece este ejemplar de cactácea en la iconografía mexica está relacionado con el glifo de piedra y aparece inmerso en el elemento acuático. El agua, por tanto, forma parte del significado de la escena y de nuestro pasado (hoy todavía latente en muchos sitios) de tipo lacustre.

Una escena de naturaleza convertida en símbolo nacional
Bajo una perspectiva científica, lo que observamos en la escena nacional es una interacción ecológica. Un depredador sostiene a una presa sobre una planta. Ese vínculo entre organismos y ambiente nos permite leer el escudo como algo más cercano a una escena del mundo natural que a una colección de símbolos inconexos entre sí.
Si observamos con más detalle el resto de la composición se amplía esa red de interacciones pues alrededor aparecen ramas de encino y laurel unidas por una cinta tricolor. El laurel (Laurus nobilis) procede de una tradición simbólica vinculada con el triunfo y el honor; los encinos, en cambio, forman parte de uno de los grupos vegetales de mayor diversidad en México. En nuestro país está documentado cómo sus bellotas, raíces y sombra sostienen relaciones (a veces llegando a la misma simbiosis) con aves, orugas, hongos y otros organismos.
Evidentemente, conocer qué especie está realmente representada importa pues tanto el águila real, el caracara, las víboras de cascabel, los nopales y los encinos tienen distribuciones, comportamientos y relaciones ecológicas particulares. Así, nuestra bandera mexicana, además de relatarnos una historia sobre el origen de una gran ciudad (y, en un sentido más amplio, de una nación); también conserva una escena de interdependencia entre los ecosistemas y quienes los habitan.

Mariana Mastache