Desde septiembre de 2025, la presencia de un rey de los océanos llamó la atención en Chañaral de Aceituno. Particularmente, operadores turísticos locales reportaron un aumento en avistamientos del cachalote (Physeter macrocephalus), el cetáceo dentado más grande del mundo, en la Reserva Marina Isla Chañaral. El aviso despertó, al poco tiempo, el interés de científicos locales y especializados en cetáceos.

Cachalote en Chañaral de Aceituno. Créditos: Jonathan González.
Cachalote en Chañaral de Aceituno. Créditos: Jonathan González.

Esta criatura, una de las más míticas del mar —que incluso inspiró la novela Moby Dick— se alimenta en profundidad, prefiriendo lugares de al menos 500 metros. Por ello, su presencia cerca de la costa resulta interesante para la ciencia y da una oportunidad para conocer más sobre su ecología.

En este contexto, un grupo de investigadores del Centro de Investigación Oceanográfica en el Pacífico Sur – Oriental (COPAS Coastal), el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), el Centro Ballena Azul y el Laboratorio de Ecología y Conservación de Mamíferos Marinos de la Universidad de Valparaíso (LECMMAR), logró en marzo, al final de la temporada, un hito: el marcaje de dos cachalotes. El hecho les permitirá estudiarlos y obtener información base para proponer medidas de conservación para la especie.

De esta forma, se abrirán nuevos conocimientos para resolver los misterios de este gran cetáceo. Para conocer más de este proceso, conversamos con la Dra. Sussanah Buchan, investigadora de COPAS Coastal y Ceaza; Rodrigo Hucke-Gaete, cofundador del Centro Ballena Azul y asesor científico de la Fundación Patagonia Azul; y Jonathan González, operador turístico de Minke Explorer.

Avistamientos recurrentes en Chañaral de Aceituno

“Se dice que nacimos de espalda al mar, que no miramos mucho”, dice Rodrigo entre risas, explicando el por qué del aumento de avistamientos de cetáceos. “Ahora con las redes sociales, los drones, el Whatsapp y las redes de avistamiento de cetáceos, estamos empezando a ver cosas que nunca antes habíamos visto”. En esta zona en particular, Susannah también menciona el aporte de las plataformas de avistamiento ciudadanas y la labor de los tour operadores, quienes han llegado a más lugares y con más expertiz en búsqueda de este gran cetáceo. 

Cachalote en Chañaral de Aceituno. Créditos: Sofía Álvarez
Cachalote en Chañaral de Aceituno. Créditos: Sofía Álvarez

Históricamente, además de algunos registros de Anelio Aguayo, se han observado ocasionalmente machos y clanes de hembras y juveniles. Sin embargo, desde septiembre de 2025 se ha visto con mayor recurrencia a este animal en la zona. 

Jonathan, quien observó a los cetáceos en temporadas pasadas, explica: “Al principio los avistamientos eran aislados, se veía uno y pasaba mucho tiempo para que se vea otro. Pero en los últimos años, estos avistamientos se están haciendo cada vez más recurrentes y, cuando aparecen, los podemos ver por varios días seguidos. Ya llevamos al menos tres años consecutivos viéndolos en septiembre-octubre. Y llevamos un par de veranos viendo a otras familias. Pero eso también se debe a nosotros los salimos a buscar. Ya reconocemos sus soplos a distancia y conocemos los lugares que frecuentan. Y eso es gracias al monitoreo que sin saberlo ya estábamos haciendo”.

Por su lado, CEAZA publicó una nota explicando el aumento de avistamientos en la zona. En ella, dicen que la presencia de cachalotes responde a condiciones totalmente diferentes a las que atraen ballenas como la fin, azul y jorobada. Es decir, no están allí para comer krill. En el entorno de isla Chañaral, se combina tanto la producción impulsada por la surgencia costera, como sectores donde el fondo marino desciende rápidamente a profundidades que alcanzan los dos mil metros. En ese contexto, se han identificado cañones submarinos al sur y al norte de la isla Chañaral. Allí, es donde se han visto los cachalotes últimamente.

Cachalote en Chañaral de Aceituno. Créditos: Jonathan González.
Cachalote en Chañaral de Aceituno. Créditos: Jonathan González.

“Bastaba con ir un poquito más allá de la isla y empezar a verlo. Entonces, es un descubrimiento múltiple: que están cerca de la costa, probablemente por las características del fondo marino, como que hay cañones submarinos, etcétera. Por otro lado, es para ellos una nueva área importante para alimentarse”, comenta Rodrigo. 

Ante esta situación, Rodrigo y Susannah aseguran que todavía faltan datos para saber si se trata de una población estable en la zona. Los vacíos en el conocimiento de la ecología del cachalote aún son muchos, como comprender sus zonas de reproducción, alimentación y los actores principales para su presencia. Mientras tanto, se sabe que ellos buscan su alimento y, si no lo encuentran, se mueven a otro lugar. “Tenemos estudios en curso justamente para contestar esa pregunta”, asegura Susannah.

Apneistas y acústicos

Estar cerca del rey de las profundidades me provoca una mezcla de admiración y emoción. Es una sensación poderosa”, comenta Jonathan, quien se dedica al turismo de avistamiento de cetáceos. “Como bucean tanto tiempo y tan profundo, cuando logramos verlos, me siento afortunado. Tenerlos aquí, tan cerca de la costa, es un enorme privilegio. Hay que tener paciencia, pero cuando los vemos, la recompensa es grande”, agrega. 

Los cachalotes habitan en aguas abiertas y profundas del mundo, donde se alimentan. Su dieta se compone principalmente de calamares, a lo que se suman peces bentónicos, incluidos tiburones, rayas, bacalaos y merluzas. Para lograrlo, son capaces de bucear durante periodos de 40 minutos a una hora, pudiendo alcanzar, incluso, los dos mil metros de profundidad. Por ello, son considerados los indiscutibles reyes de la apnea, capaces de identificar su presa a través de una adaptación épica.

“Los cachalotes emiten un pulso de sonido, llamado ecolocalización. Es el más fuerte de la Tierra en términos de intensidad. Tienen este sonar y van tirando clics, empiezan a enfocar y a aumentar la velocidad del cliqueo cuando detectan la presa. Estamos hablando de que esto ocurre a 100, 700, 1000 o 2000 metros de profundidad”, explica Rodrigo. 

De esta forma, sus secuencias de clics —también llamadas codas— cumplen una función comunicativa y, de hecho, se ha identificado que sus patrones pueden ser propios de cada clan de estos animales. Así, es posible localizar un animal que es muy difícil de ver, lo que lo transforma en una criatura acústica. 

Cachalote en Chañaral de Aceituno. Créditos: Jonathan González.
Cachalote en Chañaral de Aceituno. Créditos: Jonathan González.

Para Susannah, eso es una herramienta que sirve no solo para estudiarlo, sino también hacer turismo con el cachalote. “Nosotros hemos ido a grabarlo, lo hemos escuchado y no visto. Pero sabemos que está abajo. Sus clics de ecolocalización son un sonar natural que le permite visualizar su entorno, buscar presa y alimentarse. Son fuertes, con muchos decibeles. Con eso los pudimos encontrar en marzo y en el turismo. Uno puede escuchar en tiempo real la vocalización y eso va a ser una espera de 45 minutos, esperando que suba. Eso es mucho más amigable y eficiente”. 

Siguiendo la ruta de los cachalotes

“Algo grande está pasando en Chañaral de Aceituno”, dice la publicación en Instagram que dio a conocer un hito para la ciencia de cetáceos en Chile: el marcaje de dos cachalote con instrumentos de rastreo satelital. El desplante en terreno fue realizado con el grupo de investigadores antes mencionado, quienes llegaron al gran cetáceo por un hidrófono direccional y también lograron el marcaje de otra ballena.

Esta tecnología permite acceder a información que, de otra forma, sería difícil de conseguir. Lo que se hace es implantar un marcador en la aleta dorsal del cachalote, donde tiene más tejido conectivo. Esto permite rastrear el movimiento de los individuos en el tiempo y, en el caso de uno de los transmisores, registrar su comportamiento en la profundidad. Luego, cada vez que el cachalote sale a la superficie, su transmisor envía una señal al satélite. Con tres de ellas, ya se puede triangular una posición. En algún momento, el animal eliminará el sensor tal cual nosotros liberamos una espina. 

“La tecnología nos ayuda a saber su ruta migratoria, desplazamiento y zonas de preferencia para la alimentación. Lo que vemos en Chañaral es que son, probablemente, machos solitarios, no familias o clanes con hembras y crías”, comenta Susannah, quien agrega que lograron llegar gracias al seguimiento acústico desarrollado por la guía Luna Martínez, especializada en Noruega.

Equipo de marcaje. Créditos: Rodrigo Hucke Gaete.
Equipo de marcaje. Créditos: Rodrigo Hucke Gaete.

Mientras tanto, según explica Rodrigo, han dado indicaciones de dónde están en la superficie, sabiendo, por ejemplo, que pasaron por la Fosa de Atacama —donde se puede sumergir no más de dos mil metros, lo que su cuerpo fisiológicamente le permite—o las costas del Perú: “También nos han dado datos de la profundidad del buceo y con eso sabemos dónde se alimentan, que es potencialmente dónde se desplazan. No se conoce muy bien el recorrido migratorio de los machos entre su zona de alimentación en la Antártica —los grandes machos— y el desplazamiento a zonas tropicales y subtropicales, donde están los grupos de hembras. Allí hay 20 o 30 hembras que permanecen por décadas juntas y se cuidan entre ellas; el macho se mueve entre grupos familiares y llega en invierno a reproducirse”. 

De hecho, si hay algo que destaca es que su conducta social es lo que los acerca más al ser humano, lo que los hace aún más valiosos de ser estudiados. Por ejemplo, su lenta reproducción y su vida en clanes. 

Una cría puede ser gestada entre 14 y 16 meses y permanece durante muchos años. Solo en la lactancia pueden estar dos años. Por otro lado, cada familia es celosamente cuidada: cuando una madre bucea para comer, las tías, primas y abuelas se quedan con la cría para protegerla de amenazas. “Es ese vínculo que tenemos con los mamíferos marinos lo interesante. Lo más bonito de todo es la capacidad del cachalote de transmitir esa información en su familia y, probablemente sus clanes. Cada clan es un grupo familiar que comparte un idioma en particular, con clics súper estructurados. Son distintos en todo el océano y hay estrategias usadas por cada grupo”, explica Rodrigo.

Cachalote en Dominica. Foto de Amanda Cotton.
Cachalote en Dominica. Foto de Amanda Cotton, Archivo de Ladera Sur.

Entre esas estrategias, se podría decir que poseen cultura. Es decir, transmiten conductas entre generaciones, aprendidas en base a la socialización. Son las hembras quienes les enseñan a sus crías cuándo y cómo buscar alimento. Y cada una de ellas vive en un clan que, perfectamente puede compartir un lugar con otro. En el Pacífico Este, por ejemplo, se han identificado siete clanes culturales, lo que, para el humano, son solo distinguibles a través de su vocalización. 

De esta forma, el reciente marcaje “abre un mundo de posibilidades para el turismo, el traqueo acústico y la ciencia. La especie es realmente impresionante, además de ser acústicamente perfecta. Sin embargo, estudiarlo es muy costoso”, puntualiza Sussanah.

Conocimiento para su conservación

El cachalote fue el cetáceo más cazado en la época ballenera, que en Chile tuvo su auge a mediados del siglo XX. Principalmente, se extraía su grasa y el aceite que contiene en su cabeza, que es parte de su órgano acústico y se usaba como lubricante.  

Esto tuvo un gran impacto en sus poblaciones a nivel mundial. Actualmente, la Comisión Ballenera Internacional describe sus amenazas como el enredo en redes de pesca, ingestión de redes y desechos marinos y las colisiones de barcos. Estas razones y su contexto histórico hacen que el cachalote se considere como Vulnerable por la Lista Roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). 

Cachalote en Chañaral de Aceituno. Créditos: Jonathan González.
Cachalote en Chañaral de Aceituno. Créditos: Jonathan González.

Particularmente, en Chile, machos y jóvenes buscan su alimento en profundidad, como bacalaos y calamares. Por ello, existe cierta interacción con las pesquerías de bacalao. “Sabemos en los registros de varamientos que mueren por colisión, que también hay una problemática de interacción justamente con la pesquería de bacalao de profundidad. Entonces, necesitamos más información sobre esta especie”, explica Susannah. 

Resulta que, en su rutina de alimentación, este gran cetáceo invierte energía para llegar a la profundidad. Eso lo hace una especie susceptible a las colisiones, según describe la investigadora: “Sube después de una hora de hacer apnea, entonces se queda prácticamente estático ventilando. No se mueve mucho. Siendo un apneista, no es que suba y esté listo inmediatamente para otro buceo. Por ello, son muy vulnerables. Y como son animales que están más lejos de la costa, es difícil registrarlos, lo más probable es que solo se hundan”.

Entonces, desde la ciencia, se puede levantar información que permita no solo fomentar un turismo de alta calidad, sino también realizar planes de manejo y monitoreo — que tengan identificados las rutas de los cachalotes para evitar colisiones— en la actual Área de Conservación de Múltiples Usos en el Archipiélago de Humboldt, con énfasis en la zona donde se están avistando más de estas ballenas. 

Cachalote en Chañaral de Aceituno. Créditos: Sofía Álvarez
Cachalote en Chañaral de Aceituno. Créditos: Sofía Álvarez

Para Jonathan, operador turístico local, la presencia de estas grandes ballenas no solo ayudaría a aumentar la oferta turística fuera de temporada, perfeccionando su labor con hidrófonos, sino también genera la motivación de conocerlos y aportar a la ciencia a través de los registros ciudadanos. Por ejemplo, planea sacar más fotos a las colas para identificar si son los mismos individuos los que llegan o estar atento a si llega alguna cría para fotografiarla. 

“Con el marcaje de los científicos hemos visto sus trayectos, eso nos ayuda a mejorar el conocimiento y transmitirlo a los turistas. Es la puerta de entrada para seguir haciendo investigaciones que involucren a científicos, operadores turísticos y la comunidad de Chañaral de Aceituno”, finaliza. 

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