Antes de que el sol ilumine los cerros del poniente de Santiago, la Quebrada de La Plata despierta lentamente. En la penumbra de la madrugada, el paisaje mediterráneo revela una intensa actividad llena de vida, que rara vez perciben quienes habitan en la gran ciudad. Entre los espinos cubiertos de rocío, pequeños roedores recorren senderos invisibles entre piedras y raíces. Desde las ramas de un peumo antiguo, un Tucúquere observa inmóvil mientras el cielo comienza a aclarar. Más abajo, en el fondo de la quebrada, el agua acumulada en una vertiente temporal sostiene un pequeño oasis donde anfibios, insectos y aves encuentran refugio en medio de la sequedad característica del ecosistema mediterráneo. Las tencas, diucas y chincoles, rompen el silencio con sus trinos, y una turca ensaya una escala perfecta de notas musicales.

Fotografía 2. Rhinella arunco en el Monumento de la Naturaleza Quebrada de La Plata. Los individuos adultos bajan desde los cerros cercanos a reproducirse en una vertiente del Monumento Natural. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.
Fotografía 2. Rhinella arunco en el Monumento de la Naturaleza Quebrada de La Plata. Los individuos adultos bajan desde los cerros cercanos a reproducirse en una vertiente del Monumento Natural. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.

Durante la noche, cuando el paisaje humano se repliega, el territorio revela presencias misteriosas. Las cámaras trampa, instaladas por investigadores del Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile, han captado el paso silencioso de zorros culpeo, el misterioso quique (un mustélido nativo), pequeños marsupiales como la yaca y diversas especies de roedores que recorren el mosaico de matorrales y quebradas. Uno de esos registros más recientes, ha sido el escurridizo “gato colocolo” (Leopardus colocola), uno de los felinos más enigmáticos del ecosistema mediterráneo.  En otro registro, aún más sorprendente, la imagen muestra la silueta poderosa de un “puma” (Puma concolor) desplazándose entre los espinos; en uno de los primeros registros de este mamífero en el área. 

Fotografía 3. Culebra de cola larga Phylodryas chamissonis. Su presencia en el Monumento de la Naturaleza Quebrada de La Plata es un buen indicador del estado ecosistémico de esta área. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.
Fotografía 3. Culebra de cola larga Phylodryas chamissonis. Su presencia en el Monumento de la Naturaleza Quebrada de La Plata es un buen indicador del estado ecosistémico de esta área. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.

La escena podría parecer propia de un territorio remoto de montaña, pero ocurre a pocos kilómetros del borde urbano de Santiago. Esa proximidad entre vida silvestre y ciudad es precisamente lo que convierte a la Quebrada de La Plata en uno de los espacios naturales más singulares y valiosos de la Región Metropolitana.

 Un ecosistema mediterráneo que logró persistir

La zona mediterránea de Chile central es reconocida internacionalmente como uno de los grandes “hotspots” de biodiversidad del planeta, caracterizado por su alto nivel de endemismo y por la singularidad de sus comunidades biológicas. Sin embargo, también se trata de uno de los territorios con mayor pérdida de hábitat natural. Durante el último siglo, la expansión urbana, la intensificación agrícola, los cada vez más comunes incendios forestales, el desarrollo de infraestructura vial y la proliferación de parcelaciones rurales han fragmentado profundamente estos ecosistemas, alterando la conectividad ecológica y reduciendo drásticamente la extensión de los paisajes naturales.

Fotografía 5. Lagartija esbelta Liolaemus tenuis habitante del bosque esclerófilo del Monumento Natural. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.
Fotografía 5. Lagartija esbelta Liolaemus tenuis habitante del bosque esclerófilo del Monumento Natural. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.

En medio de esta transformación acelerada, la Quebrada de La Plata constituye una rareza. Ubicada dentro de la Estación Experimental Agronómica Germán Greve Silva, administrada por la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, esta microcuenca de la Cordillera de la Costa ha logrado sostener cerca de 1.100 hectáreas de ecosistemas mediterráneos llenos de endemismo y especies amenazadas. La estación fue creada en 1933 como espacio de investigación y docencia, y, durante más de nueve décadas el carácter académico del predio permitió evitar la expansión de actividades productivas intensivas en gran parte del territorio. Gracias a ello, en medio de una región profundamente urbanizada, se ha mantenido un paisaje donde todavía es posible observar comunidades vegetales y faunísticas características del Chile mediterráneo.

Fotografía 6. Iguana chilena Callopistes maculatus. Otro representante de la megafauna de reptiles del área. La fragmentación y perdida de hábitat, han disminuido la presencia de este reptil en gran parte de Chile mediterráneo, de donde es endémico. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.
Fotografía 6. Iguana chilena Callopistes maculatus. Otro representante de la megafauna de reptiles del área. La fragmentación y perdida de hábitat, han disminuido la presencia de este reptil en gran parte de Chile mediterráneo, de donde es endémico. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.

En la década de los años 90, la Profesora Matilde López Muñoz, quien era académica de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Chile, realizaba su curso de aguas continentales en el arroyo de la Quebrada de la Plata, entre plecópteros y efemerópteros, no solo impartía conocimientos, sino que profesaba “amor” hacia esta tierra. Ella inicio los primeros intentos por proteger este sitio, no obstante, el momento no fue el preciso.

Habría que esperar hasta el año 2016, cuando se realiza la declaración del Santuario de la Naturaleza Quebrada de La Plata. Más recientemente (marzo de 2026), el área ha sido homologada como el primer Monumento Natural dentro del nuevo Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, reforzando su relevancia dentro del sistema nacional de conservación.

Fotografía 7. Loica Sturnella loyca especie representativa del matorral de Chile central. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.
Fotografía 7. Loica Sturnella loyca especie representativa del matorral de Chile central. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.

Este reconocimiento no es solo simbólico. Supone también un desafío institucional, el de asegurar que las decisiones territoriales que se tomen en el entorno a este espacio sean coherentes con la protección efectiva de este patrimonio natural y cultural, y sobre todo, que dialoguen con la gestión y protección de sus objetos de conservación.  

Más allá de su relevancia ecológica, la Quebrada de La Plata posee también un profundo valor cultural, patrimonial, afectivo y comunitario. Durante décadas este territorio ha sido un espacio de encuentro entre ciencia, naturaleza y sociedad, donde generaciones de estudiantes, investigadores y naturalistas, junto con las comunidades locales, han desarrollado procesos de aprendizaje, observación y cuidado del entorno. Su cercanía con Santiago ha permitido que miles de personas y vecinos se acerquen a conocer el ecosistema mediterráneo de Chile central, convirtiéndolo en un lugar clave para la educación ambiental, la formación científica, la conservación y restauración, y, por, sobre todo, en un espacio de coexistencia.

Fotografía 8. Aguilucho Geranoaetus polyosoma, depredador de roedores y aves en el área. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.
Fotografía 8. Aguilucho Geranoaetus polyosoma, depredador de roedores y aves en el área. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.
Fotografía 9. Águila Geranoaetus melanoleucus. Dada las condiciones del Monumento Natural Quebrada de La Plata es posible observar a varios individuos de este magnifica ave. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.
Fotografía 9. Águila Geranoaetus melanoleucus. Dada las condiciones del Monumento Natural Quebrada de La Plata es posible observar a varios individuos de este magnifica ave. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.

En ese sentido, la quebrada no solo resguarda biodiversidad. También conserva una memoria territorial y socio-ecológica asociada tanto a la investigación, la docencia universitaria y el vínculo histórico entre la Universidad de Chile, las comunidades aledañas y la protección de los ecosistemas del valle central como a los habitares cotidianos. Este patrimonio natural y cultural constituye hoy uno de los pocos espacios pioneros donde estado, academia y sociedad se articulan para proteger, cuidar y habitar los paisajes mediterráneos y sus habitantes en armonía, además de resistir frente a diversas amenazas que siguen transformando gran parte del territorio.

Un refugio para la fauna del Chile central

En el Monumento Natural Quebrada de La Plata, a la fecha, se han registrado al menos 87 especies de vertebrados, entre anfibios, reptiles, aves y mamíferos, lo que refleja la relevancia de este territorio como refugio de biodiversidad en la zona central de Chile. Dentro de este conjunto, 19 especies son endémicas, es decir, exclusivas del territorio chileno.

Entre los anfibios destaca la presencia del sapo de rulo (Rhinella arunco), una especie que depende de una pequeña vertiente ubicada en el fondo de la quebrada, donde concurre para reproducirse durante los meses más húmedos del año. Su población, probablemente una de las últimas que persisten en la periferia de Santiago, evidencia la importancia de estos microhábitats acuáticos en un paisaje mediterráneo cada vez más afectado por la sequía.

Los reptiles también forman un componente importante de la fauna local, con al menos ocho especies registradas, incluyendo la iguana chilena (Callopistes maculatus), diversas lagartijas del género Liolaemus y la culebra de cola larga (Phylodryas chamissonis), un depredador clave dentro de estos ecosistemas. El grupo más diverso corresponde a las aves, con más de cuarenta especies registradas. Entre ellas destacan varias especies endémicas del ecosistema mediterráneo, como la perdiz, la turca, el tapaculo y la tenca, junto con aves migratorias que visitan el territorio en determinadas épocas del año. El paisaje también sostiene una importante comunidad de aves rapaces, tanto diurnas como nocturnas, incluyendo águilas, aguiluchos y búhos. En años recientes incluso se han registrado bandadas de cóndores sobrevolando el sector, lo que evidencia la conexión de este territorio con sistemas ecológicos más amplios de la Cordillera de la Costa.

Fotografía 12. Yaca Thylamys elegans un marsupial endémico del país. En invierno, la yaca hiberna, razón por la cual acumula suficiente grasa en su cola durante el verano. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.
Fotografía 12. Yaca Thylamys elegans un marsupial endémico del país. En invierno, la yaca hiberna, razón por la cual acumula suficiente grasa en su cola durante el verano. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.

Los mamíferos completan este ensamblaje faunístico con especies como la yaca, y carnívoros nativos como el zorro culpeo, el quique y el gato colocolo, uno de los felinos más esquivos del país. Como se mencionaba previamente, registros recientes del año 2026 mediante el uso de cámaras trampa en el marco de la tesis doctoral de Constanza Cabello, también han confirmado la presencia del puma, reforzando la importancia de este territorio como parte de un corredor ecológico mayor.

En conjunto, esta diversidad de vertebrados refleja el valor del espacio no solo como refugio de especies, sino también como un paisaje donde todavía persisten procesos ecológicos que en gran parte del valle central han desaparecido.

Es más, tras años de investigación, trabajo colaborativo, estudios y monitoreo de fauna silvestre desarrollada en la Quebrada de La Plata por nuestro equipo de investigadores del Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad liderado por el Dr. Lobos junto a la Dra. Valeria Rojas y Constanza Cabello-Araya, hoy, nos atrevemos a señalar que la importancia ecológica de la Quebrada de La Plata no radica únicamente en las especies que alberga dentro de sus límites. Su verdadero valor está en su rol dentro de una red más amplia de conectividad ecológica que atraviesa la Cordillera de la Costa en la zona central de Chile.

Fotografía 14. Zorro culpeo Lycalopex culpaeus captado por medio de trampa cámara. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.
Fotografía 14. Zorro culpeo Lycalopex culpaeus captado por medio de trampa cámara. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.

Este corredor biológico conecta distintos fragmentos de ecosistemas mediterráneos desde sectores como el cerro El Roble, pasando por la cuesta Lo Prado y los cerros de Mallarauco. A través de estos corredores, especies como zorros, gatos colocolo y pumas pueden desplazarse entre distintos territorios en busca de alimento, refugio o nuevos espacios reproductivos.

En un contexto donde la fragmentación del hábitat se ha convertido en uno de los principales factores de pérdida de biodiversidad, por tanto, mantener la conectividad ecológica entre estos territorios resulta fundamental para la supervivencia de numerosas especies

Memoria socio-ecológica: Restaurar el paisaje después del incendio

El año 2016 marcó un momento crítico para el espacio. Ese verano, en el contexto de los mega incendios que afectaron a gran parte de Chile central, el fuego se extendió por las laderas de la Quebrada y afectó cerca del 79% de su superficie. El incendio alteró profundamente la vegetación, los suelos y los hábitats disponibles para la fauna, transformando radicalmente el paisaje.

Fotografía 15. Registro 2026 de gato colocolo Leopardus colocola en el Monumento Natural Quebrada de La Plata. Actualmente, se reconoce a la especie de Chile central como endémica del país. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.
Fotografía 15. Registro 2026 de gato colocolo Leopardus colocola en el Monumento Natural Quebrada de La Plata. Actualmente, se reconoce a la especie de Chile central como endémica del país. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.

Sin embargo, este no fue el único episodio de perturbación reciente. Entre los años 2012 y 2015, diversos sectores de la quebrada fueron afectados por actividades de minería ilegal, que generaron remoción de suelos, apertura de caminos y alteración de microcuencas en áreas ecológicamente sensibles; luego de esta intervención el arroyo dejo de fluir de manera permanente por el viejo bosque de Peumos. Estos procesos dejaron huellas visibles en el paisaje y evidenciaron la vulnerabilidad del territorio frente a actividades extractivas no reguladas, además de desencadenar un proceso de defensa territorial que articuló a comunidades locales, academia y Estado, y que tras varios años derivó tanto en la expulsión definitiva de la minería ilegal como en la posterior declaración del área como Santuario de la Naturaleza.

Como se pudo evidenciar, lejos de significar el fin del ecosistema, este escenario de perturbaciones marcó el inicio de un proceso de conservación y restauración socio-ecológica pionera que continúa hasta hoy. Investigadores de distintas facultades de la Universidad de Chile liderados por la Facultad de Ciencias Agronómicas, junto con instituciones públicas, organizaciones comunitarias y equipos técnicos, comenzaron a desarrollar estrategias de recuperación orientadas a favorecer la regeneración natural del bosque esclerófilo, proteger suelos erosionados y restablecer hábitats clave para la fauna silvestre.

Figura 16. Primer registro de puma (Puma concolor) en el Monumento Natural Quebrada de La Plata. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.
Figura 16. Primer registro de puma (Puma concolor) en el Monumento Natural Quebrada de La Plata. Propiedad: Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile.

Con el paso de los años, nuevas generaciones de espinos, quillayes y litres han comenzado a recolonizar las laderas afectadas por el fuego, mientras sectores de bosque antiguo que sobrevivieron al incendio han funcionado como refugios ecológicos desde los cuales la biodiversidad comienza lentamente a expandirse nuevamente hacia los sectores degradados. Estos procesos evidencian tanto la fragilidad como la resiliencia del ecosistema mediterráneo, donde la recuperación del paisaje depende de la protección de los suelos, la disponibilidad de agua y la reducción de nuevas perturbaciones humanas.

Amenazas crecientes y latentes

A pesar de su alto valor ecológico, científico y cultural, el Monumento Natural enfrenta múltiples presiones. Entre ellas destacan la expansión urbana del poniente de Santiago, el crecimiento de parcelaciones rurales, la presión recreativa sobre los ecosistemas naturales y los efectos acumulativos del cambio climático, particularmente la prolongada sequía que afecta a la zona central desde hace más de una década.

Figura 17. Obra vial proyectada y su relación con el Monumento de la Naturaleza Quebrada de la Plata y áreas circundantes.
Figura 17. Obra vial proyectada y su relación con el Monumento de la Naturaleza Quebrada de la Plata y áreas circundantes.

A estas presiones se suma el riesgo permanente de incendios forestales, que ya han demostrado su capacidad de alterar profundamente estos ecosistemas. El mega incendio de 2016 afectó cerca del 79% del espacio y evidenció la fragilidad del paisaje frente a perturbaciones de gran escala. En un contexto de cambio climático, altas temperaturas y prolongados periodos de sequía, la probabilidad de nuevos eventos de fuego se ha incrementado en gran parte del Chile mediterráneo.

A estas presiones se han sumado también episodios de minería ilegal en sectores de la quebrada y su entorno, actividades que en distintos momentos han generado remoción de suelos, alteración de cauces y apertura de huellas vehiculares en áreas ecológicamente sensibles. Frente a estas intervenciones, la respuesta de la comunidad científica, organizaciones ambientales y vecinos del territorio han sido clave. Durante los últimos años se ha desarrollado un proceso activo de denuncia, vigilancia y defensa del espacio que ha permitido visibilizar estos impactos y exigir mayores medidas de protección para el área. Esta movilización social y científica ha sido fundamental para frenar actividades ilegales y poner en el debate público el valor ecológico y patrimonial de la Quebrada de La Plata, evidenciando que la conservación de este territorio no depende únicamente de las figuras legales que lo protegen, sino también del compromiso de las comunidades que reconocen en este paisaje un patrimonio natural irremplazable. Estos procesos de defensa territorial han demostrado que la conservación del espacio es también una construcción colectiva, donde ciencia, ciudadanía y territorio se articulan para resguardar uno de los últimos paisajes naturales del valle central.

Una gran amenaza en ciernes

Sin embargo, una de las amenazas más preocupantes para el futuro del Monumento Natural Quebrada de La Plata es la construcción de la autopista Orbital Norponiente, un proyecto vial cuya evaluación de prefactibilidad fue anunciada a fines de 2022. Esta obra busca generar un bypass para la ciudad de Santiago, conectando la Ruta 5 en las cercanías de Batuco con el sector de Padre Hurtado, además de mejorar la conectividad entre la Ruta 68 y la Ruta 5.

El trazado preliminar de esta carretera se proyecta a través de zonas agrícolas y matorrales que rodean la capital. En el caso del Monumento, la ruta se aproxima a escasa distancia de su límite oriental e interviene directamente la zona agrícola de la Estación Experimental, un sector que actualmente cumple un rol fundamental como zona de amortiguación ecológica para el área protegida. En estos terrenos existen tranques de riego y pequeños humedales que funcionan como reservorios de biodiversidad, utilizados por diversas especies de aves acuáticas y mamíferos.

Figura 18. Actividades de docencia de posgrado desarrolladas en el Monumento Natural Quebrada de La Plata en el marco del Diplomado de Conservación y Manejo de Fauna Silvestre de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile.


Figura 18. Actividades de docencia de posgrado desarrolladas en el Monumento Natural Quebrada de La Plata en el marco del Diplomado de Conservación y Manejo de Fauna Silvestre de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile.

Investigadores del Centro de Gestión Ambiental y Biodiversidad de la Universidad de Chile han abordado esta problemática en el estudio “Diseño de medidas ambientales para minimizar el impacto de fragmentación ecológica en proyectos viales”, desarrollado por encargo de la Dirección de Vialidad del Ministerio de Obras Públicas. Entre sus conclusiones se señala que, en muchos casos, las evaluaciones ambientales actualmente aplicadas no incorporan metodologías adecuadas para analizar en profundidad fenómenos como la fragmentación del hábitat y la pérdida de conectividad ecológica.

En este contexto, diversos investigadores y organizaciones han planteado la necesidad de que cualquier proyecto de infraestructura en el entorno del espacio sea sometido a una evaluación ambiental rigurosa y participativa, que considere adecuadamente los impactos sobre las comunidades de vertebrados y sobre la conectividad del paisaje.

En conjunto, estas presiones – infraestructura vial, expansión urbana, sequía prolongada, incendios, minería ilegal y uso recreativo intensivo-  configuran un escenario complejo para la conservación de este territorio. En paisajes mediterráneos altamente fragmentados como los de la zona central de Chile, incluso perturbaciones aparentemente menores pueden acumularse y generar efectos ecológicos significativos en el largo plazo. 

La pregunta que queda abierta

La Quebrada de La Plata representa uno de los últimos paisajes naturales que sobreviven en la periferia de Santiago. Su reconocimiento como Santuario de la Naturaleza y Monumento Natural confirma su importancia como patrimonio natural del país. Sin embargo, como se enunciaba previamente, la existencia de una figura de protección no garantiza por sí sola su conservación.

La biodiversidad que habita este espacio depende del paisaje que lo rodea, de la continuidad ecológica que conecta sus cerros con otros territorios de la Cordillera de la Costa y de las decisiones que la sociedad tome respecto al futuro de estos espacios naturales.

En una región donde el crecimiento urbano avanza cada año sobre nuevos cerros y quebradas, la Quebrada de La Plata nos recuerda que aún existen territorios donde la fauna silvestre sigue habitando el paisaje.

Proteger este espacio no significa solamente conservar un fragmento de naturaleza en la periferia de Santiago. Significa también defender uno de los últimos corredores ecológicos del Chile mediterráneo, resguardar un laboratorio vivo para la investigación científica, la docencia y el habitar colectivo; y, por, sobre todo, significa preservar un patrimonio natural que también entrega múltiples beneficios ecosistémicos a la sociedad. Significa resguardar paisajes llenos de procesos, relaciones y existencias sinérgicas que sostienen la vida y el bienestar colectivo en el sector norponiente de nuestra capital. 

Porque cuando desaparecen estos paisajes, no solo desaparecen especies. También se pierde la posibilidad de imaginar ciudades capaces de convivir con la biodiversidad que históricamente habitó estos territorios; y, con aquellos beneficios que nutren las vidas y el bienestar de la comunidad local.

Y en tiempos de crisis climática y pérdida global de biodiversidad, cada espacio que sobrevive adquiere un valor incalculable. La pregunta, entonces, ya no es si este lugar merece ser protegido. La verdadera pregunta es si estamos dispuestos, como sociedad, a asumir el costo de perder uno de los últimos refugios de biodiversidad que sobreviven en la periferia de Santiago, y, por tanto, también un paisaje socio-ecológico en el cual también habitamos.


*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.

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