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Archivos vivos del Pacífico: cuando la ciencia y la memoria dialogan a través de las algas
En las estanterías del herbario de UC Berkeley, uno de los acervos de algas marinas más grandes del mundo, el equipo de Archivo de las Algas se topó con algo inesperado: especímenes chilenos de Juan Fernández y la Patagonia, recolectados hace décadas por la oceanógrafa Sylvia Earle. Ahí conocieron a Kathy Ann Miller, curadora que lleva casi 50 años nombrando y cuidando estas colecciones, y descubrieron que su labor tiene un espejo en Santiago: María Eliana Ramírez, curadora de algas del Museo Nacional de Historia Natural, digitalizando el mismo legado desde Chile.
«Las algas cambian de nombre constantemente, porque todo está en constante cambio, la ciencia, la vida, nosotros mismos cambiamos.» – Kathy Ann Miller
Desde Archivo de las Algas (ADLA), Javiera Gutiérrez (Directora) y Catalina Luna (mediadora cultural) visitaron recientemente el University Herbarium de UC Berkeley, uno de los acervos de algas marinas más grandes y renombrados del mundo. Lo que comenzó como un viaje de investigación se transformó en un descubrimiento sorpresivo: en las estanterías del herbario encontraron especímenes chilenos, incluyendo algas de Juan Fernández y la Patagonia, recolectadas hace décadas por la legendaria oceanógrafa Sylvia Earle. Pero lo más significativo fue descubrir que dos mujeres, a miles de kilómetros de distancia, dedican sus vidas a preservar estas colecciones y a compartir lo que significan.


Cuidadoras del Pacífico
El herbario de UC Berkeley alberga más de 80,000 especímenes de algas marinas. Es también sede del Centro Silva de Documentación Ficológica, que mantiene el Index Nominum Algarum, una de las bases de datos más importantes del mundo para la taxonomía y nomenclatura de algas. Es un centro de investigación y enseñanza de primer orden que desarrolla recursos en línea y atiende solicitudes de investigadores de toda la comunidad internacional.

Examinando la colección, el equipo de ADLA descubrió en las estanterías especies de Juan Fernández y de la Patagonia chilena, algunos recolectados e identificados décadas atrás por Sylvia Earle. Mientras observaban estos ejemplares preservados con cuidado meticuloso, comprendieron que estaban viendo parte de su propia memoria marina, guardada a más de 9.500 km de distancia. Algas rojas, verdes y pardas: todas parte de una misma colección que conecta dos costas.



Lo más conmovedor fue conocer a Kathy Ann Miller, curadora de algas en UC Berkeley. Hace casi 50 años, Miller decidió dedicar su vida a las algas. Comenzó en 1976 como estudiante en el Bodega Marine Laboratory, recolectó extensivamente en California y las Channel Islands, y ha custodiado la colección del herbario con la misma reverencia que su mentor, el ficólogo, biólogo marino y taxónomo Paul Silva, la cuidó durante más de cinco décadas.

El arte de nombrar lo vivo
El trabajo de Kathy Ann va más allá de preservar. Es también una de las principales expertas en taxonomía de algas marinas, la ciencia de reconocer, clasificar y nombrar estas especies. En un mundo donde los organismos marinos evolucionan y donde nuestro conocimiento sobre ellos se actualiza constantemente, la taxonomía es un acto de memoria científica. Es nombrar lo que existe, documentar su identidad, entender su lugar en el ecosistema.

Lo que fascina es que los nombres de las algas cambian constantemente. No porque sea un error, sino porque la ciencia avanza. Nuevas técnicas de identificación, análisis genético, estudios comparativos, todo esto lleva a reclasificaciones. Como dice Kathy Ann: «Las algas cambian de nombre constantemente, porque todo está en constante cambio, la ciencia, la vida, nosotros mismos cambiamos.»

En Santiago, María Eliana Ramírez, bióloga, ficóloga y curadora de la colección de Algas del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), realiza un trabajo paralelo y fundamental. Como taxónoma, ha dedicado sus años a identificar, clasificar y documentar las algas chilenas. Desde 2023, ella ha trabajado junto a Archivo de las Algas y Fundación Mar Adentro en la digitalización de cientos de especímenes históricos del MNHN, transformándolos en registros accesibles que mantienen viva esta memoria de registro.

Kathy Ann y María Eliana no solo custodian colecciones; ambas son cuidadoras del conocimiento científico sobre las algas. Han pasado décadas identificando especies, entrenando nuevas generaciones de investigadores, manteniendo actualizadas las bases de datos globales de nomenclatura. Su legado científico es invisible para la mayoría, pero es fundamental: sin ellas, seríamos incapaces de entender y proteger la biodiversidad marina.

Estas colecciones están vivas. No porque contengan organismos vivientes, sino porque tienen cuidadoras que las quieren, que las protegen, que las estudian, que las actualizan constantemente. Cada alga prensada, cada espécimen catalogado, cada archivo digital que preservan es un acto de cuidado y devoción por el océano y por las generaciones que vendrán.




Lo que más impactó al equipo fue su interés, calidez y generosidad intelectual. Kathy Ann no resguarda el conocimiento en estanterías de especialistas: lo comparte. Pasaron horas conversando sobre algas, mucho más tiempo del que tenían agendado, porque ella cree profundamente que la ciencia debe ser accesible. Su pasión no es sólo preservar especímenes, sino transmitir lo que esas algas significan.
¿Por qué esto importa?
Las algas son organismos primordiales. Son los pulmones del planeta, generan más de la mitad del oxígeno que respiramos, absorben millones de toneladas de dióxido de carbono, sostienen la biodiversidad marina, protegen las costas y ofrecen recursos alimentarios y son fuente de trabajo para comunidades locales.
En el contexto de la crisis climática, son actores críticos en la salud de los ecosistemas.
Sin embargo, permanecen casi invisibles en la conciencia colectiva. Visibilizar su importancia no es solo un acto científico; es un acto cultural y de responsabilidad. Cuando nos relacionamos con las algas, entendemos qué son, cómo fueron recolectadas, cuál es su rol bioecológico, despertamos una nueva comprensión. Cuando reconocemos que una pequeña alga roja de Juan Fernández fue recolectada hace un siglo, que ha sido cuidada meticulosamente, que conecta el Pacífico de ayer con el actual, nos reconectamos con el océano de manera diferente.

Un círculo de intercambio científico y cultural
Archivo de las Algas está trabajando para convertirse en un repositorio global de colecciones de algas que unifique el conocimiento de especímenes de todo el mundo. «La idea es que estas colecciones dialoguen entre sí. Que una persona interesada en Japón pueda conocer qué hay en Chile, en California, en México. Explorarlas, ver sus diferencias y similitudes. Las algas conectan oceanografía, ecología y cultura. Son mucho más que organismos marinos», explica Javiera Gutiérrez, investigadora del proyecto.

Durante el segundo semestre de 2026, Archivo de las Algas enviará especímenes recolectados y herborizados de Chile a la Universidad de California en Berkeley. Estos se incluyen en la colección permanente del University Herbarium y serán identificados y clasificados por María Eliana Ramírez, un acto de taxonomía que marca simbólicamente un círculo de intercambio y colaboración científica que comenzó hace más de un siglo. Un diálogo de memoria compartida entre dos costas de un mismo océano, entre amantes de las algas y cuidadoras de su legado.
Una invitación a observar
Desde Archivo de las Algas, el compromiso es mantener vivas estas colecciones, enseñar y ampliar los espacios donde las algas puedan ser conocidas, estudiadas y apreciadas. Se necesita, simplemente, observar. Reconocer que en cada herbario, en cada espécimen prensado, hay una historia de dedicación, de conocimiento, de amor por el mar. Y compartir esas historias, permitir que sean aprendidas y valoradas por más personas.
Las algas han permanecido invisibles durante mucho tiempo. No porque no sean importantes, sino porque muchas veces no les hemos dado el espacio que merecen. Es momento de cambiar eso. Porque cuando las personas se conectan con las algas, cuando las tocan, las observan, aprenden su historia, comienza el verdadero cuidado. Y ese cuidado, multiplicado en muchas personas, es el que transforma nuestra relación con ellas, su conservación y el océano.
*Las imágenes de este artículo cumplen con la licencia correspondiente para ser difundidas en este artículo atribuyendo sus créditos.
Javiera Gutierrez A.
