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«Los escenarios más extremos se cumplieron»: especialistas hacen balance del sistema frontal que ha afectado a diez regiones y analizan el nivel de preparación de Chile
Los pronósticos meteorológicos se cumplieron y para los próximos días se esperan nuevas lluvias, aunque de menor intensidad. Los académicos María Victoria Soto, Pablo Sarricolea, Ignacio Ibarra y Roberto Rondanelli analizan el comportamiento del sistema frontal y el nivel de preparación del país frente a este tipo de eventos.
Diez regiones del país se han visto afectadas por un sistema frontal que llegó con intensas lluvias, fuertes vientos y nevadas entre el Norte Chico y la zona sur del país. Esta situación ha obligado al gobierno a decretar estado de catástrofe en la región de Coquimbo y en la provincia de Huasco, mientras que aún se espera que siga lloviendo en las próximas jornadas.

El académico del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile y director del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2, Roberto Rondanelli, adelantó que “la semana se ve bastante lluviosa todavía, pero no con la magnitud de las lluvias que tuvimos el fin de semana y eso, en general, es un alivio, pero sí, localmente, todavía queda precipitación por caer”.
“El alivio para la zona norte va a llegar el miércoles, cuando ya no se esperan más precipitaciones y, por lo tanto, se van a empezar a realizar tareas de rescate, reconstrucción y recuperación de la conectividad de los pueblos que están aislados”, agrega el experto del CR2, quien indica que “el sistema se comportó de acuerdo con los pronósticos. El pronóstico del tiempo ha mejorado muchísimo desde las últimas lluvias fuertes que tuvimos en la zona norte, sobre todo el año 97, por ejemplo, cuando era difícil saber los montos de precipitación con antelación. En este caso, bastantes días antes se sabía, incluso con cierta precisión, que los montos de acumulación de precipitación eran de gran magnitud y, por lo tanto, el pronóstico del tiempo fue muy, muy preciso”.
Por su parte, el académico del Departamento de Geografía y director de la Escuela de Postgrado de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, Pablo Sarricolea, añade que “lo que ha llovido hasta el momento ha sido bastante cercano a lo pronosticado, es decir, el pronóstico se cumplió, aunque en algunos sectores fue más y en otros menos por la topografía y la dinámica propia de los sistemas frontales. Hay estaciones en Atacama con casi 180 mm (Junta del Carmen, en la cuenca del río Huasco, al sureste de Copiapó), más de 200 mm en muchas estaciones de la región de Coquimbo, más de 250 mm sobre Petorca (Pedernal Hacienda). Santiago estuvo en los márgenes esperados y, en el sur, la semana pasada dejó abundantes precipitaciones y viento. Hay que estar atentos a lo que sigue, aunque será con menor intensidad al menos esta semana”.
La académica del Departamento de Geografía de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, María Victoria Soto, especialista en gestión del riesgo de desastres, añade que “los escenarios más extremos se cumplieron. Desde el punto de vista del impacto en las cuencas, en el área afectada, desde la región de Atacama hasta la región de Ñuble, sobre todo en las regiones de Atacama, Coquimbo y Metropolitana, que parecen ser las más afectadas, efectivamente se cumplió lo que uno ha, de alguna manera, identificado como las áreas de amenaza y, en este caso, como áreas de riesgo”.
El principal problema para los próximos días, indica la profesora Soto, es que “van a seguir ocurriendo precipitaciones intensas y que ya las cuencas, los suelos, las laderas y los valles están en una condición de alta saturación del suelo; ya hubo mucho escurrimiento superficial y podríamos pensar que, de alguna manera, va a seguir fluyendo agua por los sectores cuyas quebradas ya fueron desbordadas. No creo que aparezcan nuevos sectores; podrían aparecer en las partes altas. Las cuencas más grandes son las que van a reaccionar, porque ya las subcuencas respondieron rápidamente a los aportes de precipitación. Así que debiéramos pensar que lo que ya está afectado debiera seguir afectándose, al menos en la zona norte, desde el Huasco hasta el Limarí”.
“Ahora, en la Región Metropolitana, a mí me preocupa enormemente la depresión periférica de Santiago, es decir, las comunas de Lampa, Batuco, Tiltil y Pudahuel. Esas áreas debieran inundarse, ya debieran estar con los suelos hipersaturados, además de que es un gran lago que se convirtió después en un humedal, que luego fue desecado y rellenado artificialmente. Por lo tanto, habría que pensar que, con este evento que tuvimos esta semana, el acuífero ya debe estar prácticamente en superficie y que, con las precipitaciones que vamos a tener hoy día y con el siguiente sistema que viene a finales de la semana, la verdad es que el estero Lampa, el estero Colina y todo lo que es la laguna de Batuco y el humedal de Batuco debieran reactivarse, y el sector podría convertirse en un gran lago, porque además está en una zona muy deprimida y rodeada de cerros, de la cordillera de los Andes y de la cordillera de la Costa”, detalla la académica María Victoria Soto.
El también académico del Departamento de Geografía de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Ignacio Ibarra, coincide en que “la magnitud y el nivel de extensión territorial de las inundaciones y remociones en masa eran esperables, toda vez que varios modelos meteorológicos anticipaban precipitaciones intensas y fuertes vientos para las zonas sur y centro del país, y lluvias particularmente intensas para el Norte Chico, superando con creces los umbrales conocidos para el desencadenamiento de estos procesos”.
“Es importante notar que no solo se esperaba el desencadenamiento de amenazas por inundaciones y activación de aluviones a lo largo de las zonas montañosas andinas, de la depresión intermedia y de la cordillera de la Costa, sino también severos procesos de erosión simultánea en nuestras costas, tales como erosión de playas, inundación del borde costero y socavones como los observados en Reñaca y Puchuncaví, en la Región de Valparaíso, además de derrumbes que cortan rutas clave y de erosión y riesgo en acantilados costeros en zonas altamente urbanizadas. En consecuencia, como sociedad, estamos siendo testigos de la materialización de escenarios simultáneos de multiamenaza y multirriesgo en el tiempo y en el territorio, a lo largo de varias bandas latitudinales y altitudinales del país, y enfrentándolos. Estos constituyen escenarios y desafíos de gestión territorial que de seguro seguiremos experimentando en las siguientes décadas”, asegura Ignacio Ibarra.
Aún falta preparación
Los académicos de la Casa de Bello coinciden en que la información entregada previamente por los especialistas en materia meteorológica fue acorde con lo que ha ocurrido en las últimas jornadas; sin embargo, el académico de la FAU, Pablo Sarricolea, señala que “se requiere algo más estructural. Un ejemplo positivo fue el canal Santa Marta en Maipú, donde se realizaron mejoras importantes. Pero falta mucha preparación. En el norte la infraestructura es insuficiente. No puede ser que en Los Faldeos de Florida, por mencionar un caso de urbanización nueva, no existan medidas. Se construye sobre quebradas que se activan con eventos extremos. Esto es inaceptable desde el punto de vista de la planificación territorial. Por lo tanto, se deben hacer estudios de riesgos que consideren el cambio climático y eventos con periodos de retorno de 50 o 100 años, pues se urbanizan lugares amenazados por la activación de quebradas o se construye sin considerar las características del suelo (en la avenida del Mar, en La Serena, hay vegas y humedales). Por lo tanto, no estamos preparados y, consecuentemente, se deben revisar los permisos de edificación y los planes de riesgo de modo urgente”.
En esta misma línea, el profesor de la FCFM, Roberto Rondanelli, añade que “la preparación de un país frente a un evento extremo como el que hemos vivido depende de una cadena de muchos eslabones, y probablemente la ciencia sea el primero de ellos. Ese eslabón lo tenemos y ha avanzado de manera muy significativa. Hoy comprendemos mucho mejor estos sistemas, su dinámica y su relación con modos de variabilidad climática de gran escala, como El Niño y la Oscilación Madden-Julian”. Sin embargo, agrega, “como sociedad, nos falta fortalecer el resto de los eslabones de esa cadena. Ya no se trata de caracterizar la amenaza física, sino de mejorar aspectos tan fundamentales como la comunicación del riesgo a la población y a las autoridades, las medidas de preparación y respuesta, y las decisiones de largo plazo sobre el uso del suelo, la planificación territorial y la construcción de viviendas e infraestructura en zonas expuestas”.
“Ese trabajo no puede hacerse durante la emergencia; debe desarrollarse de manera sistemática durante el resto del año. Esto demuestra que el Estado, en su conjunto, necesita una visión de desarrollo resiliente al clima”, indica Rondanelli.
Por su parte, la especialista en gestión del riesgo, María Victoria Soto, agrega que “este tren de ríos atmosféricos fue anunciado con bastante antelación y la verdad es que no noté mayor experiencia en gestión del riesgo; aparentemente, se hizo lo que se estaba en condiciones de hacer, pero el sistema fue tan vasto en su alcance territorial que efectivamente hubo muchas áreas que no pudieron ser bien atendidas”.
Ignacio Ibarra, de la FAU, añade que “estamos mejor preparados que en las décadas pasadas”, pero asegura que “la magnitud y extensión territorial de estos eventos, además del hecho de tener que enfrentar y mitigar varias amenazas y riesgos a escala local y nacional, implica que debemos seguir trabajando en el desarrollo de métodos que propendan a la predicción temporal y espacial y a una gestión territorial eficiente, no únicamente de las inundaciones, sino también de otros procesos erosivos que generan amenazas y riesgos, cuya ocurrencia e interacción debemos cuantificar y comprender mejor, además de abordar los desafíos clásicos relativos a las zonas ya urbanizadas, a aquellas en proceso de urbanización y a la gestión territorial integral de los riesgos. Esto también nos plantea oportunidades únicas para abordar estos desafíos a nivel país”.
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María Francisca Maldonado de la Universidad de Chile