Ladera Sur Parque Nacional Pali-Aike: la inmensidad de la pampa patagónica
Parque Nacional Pali-Aike: la inmensidad de la pampa patagónica

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Parque Nacional Pali-Aike: la inmensidad de la pampa patagónica

Nuestro colaborador Vicente Weippert describe este lugar como “una de aquellas zonas en la Patagonia a las que aún no se les ha prestado la atención que merecen”. Descubre más de este parque, fiel representante de la pampa patagónica, que podría ser una excelente y diferente alternativa para conocer si vas a la región de Magallanes.

Entre tantos bosques, glaciares y ríos que se encuentran en la Región de Magallanes, a veces se olvida que la pampa también es parte de la Patagonia, y aunque a golpe de vista pareciera que se trata únicamente de planicies monótonas e interminables, lo cierto es que no es así. El Parque Nacional Pali-Aike es prueba de ello.

©Vicente Weippert
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Ubicado en la Región de Magallanes y la Antártica Chilena, Pali-Aike es una de las zonas a las que aún no se les ha prestado la atención que merecen, siendo una de las mejores representaciones de la pampa patagónica y su ecosistema. Fue declarado Parque Nacional en el año 1970, y su nombre significa lugar desolado donde habitan los malos espíritus en lengua Tehuelche.

©Vicente Weippert
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Llegar es relativamente fácil: Se debe salir desde Punta Arenas por la ruta 9 hacia Puerto Natales, y a la altura de Gobernador Phillipi se toma la ruta CH-255, camino internacional hacia el paso fronterizo Integración Austral. La ruta va siempre, con más o menos cercanía, bordeando el estrecho de Magallanes, e incluso pasa por la famosa estancia San Gregorio. Una vez que se llega a la altura de Punta Delgada, se debe tomar el desvío debidamente señalizado e internarse por un camino de ripio hasta llegar a destino. Desde Punta Arenas son aproximadamente 2:30 horas.

Estancia San Gregorio. ©Vicente Weippert
Estancia San Gregorio. ©Vicente Weippert

A medida que uno se acerca al parque, la inmensidad de la pampa se hace cada vez más latente, la que es interrumpida de vez en cuando por algunas faenas de extracción de hidrocarburos a la orilla del camino.

Una vez dentro, se puede tomar una caminata corta y de poca dificultad hasta el cráter Morada del Diablo, lugar que da nombre al parque, por la creencia de sus antiguos habitantes de que en las inmediaciones del volcán merodeaban malos espíritus. El sendero llega hasta la orilla del cráter, y aunque no se trata de ninguna aventura extrema, siempre tiene su encanto estar en el borde de un volcán.

©Vicente Weippert
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Otra de las zonas interesantes del parque es la Cueva de Pali-Aike, caverna donde se han encontrado indicios de ocupación humana, datados de hace aproximadamente 9000 años, declarada monumento nacional en el año 1969.

La fauna predominante dentro de esta área protegida corresponde principalmente a guanacos, y en menor medida zorros, armadillos, ñandúes, chingues, y con un poco de suerte, pumas también, los que, según dicen, se pueden ver en los alrededores de la laguna Ana.

©Vicente Weippert
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El parque tiene un encanto extraño. Quienes hayan visitado el norte del país, coincidirán en que pareciera una porción de altiplano nortino puesto en Magallanes, con sus planicies absurdamente extensas y paisajes casi lunares. Si bien casi toda la atención de la región recae en las Torres del Paine, para quienes quieran visitar un lugar novedoso y poco frecuentado, Pali-Aike es parada obligada.

©Vicente Weippert
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La vez que estuve ahí, coincidió que emprendimos retorno a Punta Arenas al caer el sol, por lo que tuvimos el privilegio de ver el atardecer en esas planicies donde no existen elementos que se interpongan entre uno y el horizonte. Manera perfecta de coronar un día redondo.

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