Ladera Sur Los pueblos que esconde el altiplano chileno
Los pueblos que esconde el altiplano chileno

Cultura y Patrimonio

Los pueblos que esconde el altiplano chileno

Nuestro colaborador Luis García se adentró en el Altiplano Chileno. Aquí, nos cuenta cómo conocerlo.

El altiplano no es un lugar fácil de descubrir. Existen muchos elementos que debes tener en cuenta antes de lanzarte a vivir una experiencia que te dejará sin aliento, no por la falta de aire producto de la altura, sino por los paisajes que esconden los Andes Centrales.

Isluga, iglesia declarada monumento nacional el año 2006 © Luis García O
Isluga, iglesia declarada monumento nacional el año 2006 © Luis García O

El punto de partida del viaje es la ciudad de Iquique. Aquí es donde se deben abastecer de todo lo necesario para el viaje: mucha agua, bloqueador, comida, ya que los lugares que recorrerán no existen sitios que vendan insumos para el viaje. Otro elemento a considerar es la gasolina para el coche. Se recomienda tener muy claro los kilómetros que se recorrerán para estimar la cantidad de gasolina que deberán llevar para los días que estarán en el Altiplano. Y revisar las ruedas de repuesto por que los caminos no están asfaltados y es muy probable que puedan pinchar. Aquí aplica el dicho, “es mejor prevenir que lamentar”.

Luego de dejar atrás la caótica ciudad de Iquique y tomar rumbo hacia las alturas, el paisaje empieza a cambiar y nos recuerda que estamos en un territorio desértico, pero eso es por poco tiempo, ya que una vez que la altura sobrepasa los 3800 msnm empiezan a verse las llaretas, pequeños arbustos y el primer pueblo altiplánico: Mauque.

Mauque, es un poblado Aymara que se encuentra dentro del área del Parque Nacional Volcán Isluga. Hay dos posibles definición de Mauque: la primera que proviene del quechua y que significa “cara de viejo”, y la que proviene del aymara que significa “fruto silvestre”. Este pueblo no es más grande que una Plaza de Armas de cualquier ciudad.

Valeria y “la gorda” © Luis García O.
Valeria y “la gorda” © Luis García O.

En Mauque hay una escuela que actualmente solo tiene una alumna: Valeria. Ella tiene 9 años, es la menor de 9 hermanos y está cursando 4to básico, le quedan solo dos años para irse a estudiar a Alto Hospicio, porque la escuela solo tiene escolaridad hasta 6to básico. En la ciudad la mascota de cualquier niño es un perro o un gato, pero la mascota de Valeria es “la gorda”, una llamita que quedó huérfana porque un puma se comió a su madre hace unas semanas atrás. Además, ella es la encargada de poner los precios a cada una de las artesanías que vende su abuelo. En un momento ella se acerca y me dice que a ella le gusta vivir sin bulla, tranquila y que no quiere irse de Mauque.

© Luis García O.
© Luis García O.

Siguiendo con nuestro viaje, pronto estamos frente a la iglesia del pueblo de Isluga, que en lengua aymara significa disfraz. Es un caserío en donde el único habitante, es el que cuida de la iglesia que data del siglo XVII. El día que recobra vida Isluga es el 21 de diciembre, ya que se celebra la fiesta patronal de Santo Tomas Apóstol.

El frío que empieza a sentirse nos recuerda que pronto anochecerá y que por tanto tenemos que llegar pronto a nuestro lugar de pernoctación: Colchane.

Colchane es un pueblo a 3.730 msnm que fue creado con el objetivo de establecer un control fronterizo chileno – boliviano. Colchane está rodeado por imponentes montes y volcanes como el Tata Sabaya y el Volcán Isluga. Para alojar se recomienda el Hotel Isluga. Cuenta con habitaciones cómodas, agua caliente y se puede comer comida típica de la zona como una sopa de quinoa o un llamo con papas fritas y quinoa. La luz se corta a las 00:00 hrs y se reactiva a las 07:00 hrs. Un dato interesante es que en Colchane los sábados, cada 15 días, se realiza una feria fronteriza en donde es posible encontrar productos típicos del altiplano.

© Luis García O.
© Luis García O.

Luego de dormir poco producto de la altura nos preparamos para emprender viaje hacia la localidad de Cariquima. Cuenta con posta de primeros auxilios, luz eléctrica –solo por las tardes–, y la iglesia que fue declarada monumento nacional el año 2006. Cariquima es el lugar ideal para recobrar fuerzas con una buena comida local. Preguntando dónde comer, los pocos pobladores que viven en este poblado nos recomiendan el hotel – restaurante Tata Inti. La dueña nos ofrece la comida que le había preparado a su marido y nos dice que tal vez no nos guste. Pero, ¿qué es lo que no nos va a gustar? El caldo de chuño. Nunca había escuchado de esta comida así que las ganas por probarlo aumentaron. Me acomodé en la mesa y esperé a que llegara el plato misterioso. De repente aparece la mesera con el caldo de chuño. El chuño es el resultado de la deshidratación de la papa por tanto el caldo es igual que una cazuela pero acompañada con carne de llamo.

Caldo de chuño © Luis García O.
Caldo de chuño © Luis García O.

Muchos pueblos del altiplano están abandonados. Su gente solo los visita cuando se celebra alguna fiesta religiosa. Este es un viaje que requiere una apertura de mente para comprender el comportamiento de las comunidades indígenas y su relación con la madre tierra. Luego de realizar este viaje quizás tengas la misma reflexión a la que llegue yo: las experiencias de un viaje te invitan a sopesar lo que tienes y a preguntarte si estás viviendo como quieres.

© Luis García O.
© Luis García O.

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