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Un wampo bajo el lago Llanquihue: el hallazgo de la canoa ancestral que permite explorar la navegación de los pueblos originarios
El hallazgo, denominado «Wampo Los Bajos», fue reportado en Frutillar y será investigado para conocer sus características y definir las medidas necesarias para su conservación, resguardando su valor como patrimonio cultural subacuático.
Un hallazgo arqueológico subacuático en el sector de Los Bajos, en Frutillar, abre una nueva oportunidad para profundizar en la historia y las formas de vida de los pueblos originarios del sur de Chile. Se trata de un wampo, una canoa ancestral encontrada a siete metros de profundidad en el lago Llanquihue, cuyo estudio busca aportar nuevos antecedentes sobre la navegación en estos territorios y contribuir a la preservación del patrimonio cultural subacuático del país.
El hallazgo fue reportado por Ignacio Melo Vargas y Francisco Marchat durante una actividad deportiva en el sector. La investigación está a cargo de Artemisa del Mar Jara y fue denominado “Wampo Los Bajos”. Además, el descubrimiento fue presentado a la comunidad en una jornada informativa en la que participaron especialistas y representantes del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN).

Créditos: Ignacio Melo Vargas y Francisco Marcha

Créditos: Ignacio Melo Vargas y Francisco Marcha
Los wampos son embarcaciones monóxilas, es decir, canoas elaboradas a partir de un solo tronco ahuecado. Fueron utilizadas durante siglos por pueblos originarios del sur de Chile y zonas del suroeste de Argentina, especialmente por comunidades mapuche-lafkenche, vinculadas históricamente a los territorios costeros y lacustres.
Estas embarcaciones permitían desplazarse por ríos y lagos, además de establecer rutas de comunicación e intercambio entre comunidades. Para su construcción se utilizaban maderas como laurel, raulí y coigüe. Su importancia, sin embargo, va más allá del transporte: también son un testimonio de los conocimientos y las técnicas desarrolladas por los pueblos originarios, así como de sus formas de habitar y relacionarse con el entorno acuático.
El hallazgo de Frutillar se suma a otro descubrimiento arqueológico registrado en 2025 en la Región de Los Ríos. En esa ocasión, se identificó una embarcación ancestral en el sector de Río Bueno, en el límite entre las comunas de La Unión y Lago Ranco. Fue denominado “Wampo del Ranco” y estimado en aproximadamente 300 años de antigüedad. Actualmente, está siendo investigado a través del Fondo del Patrimonio Cultural Regional.
Ambos hallazgos resaltan la importancia arqueológica de los ambientes lacustres del sur de Chile, donde aún pueden encontrarse restos que aporten nuevos antecedentes sobre la navegación ancestral, las rutas de intercambio y la ocupación humana de estos territorios.
Sin embargo, estudiar estas embarcaciones también plantea desafíos. Los materiales arqueológicos que han permanecido sumergidos durante largos períodos pueden ser muy frágiles y, en ocasiones, el agua favorece su conservación al limitar su exposición al oxígeno. Por ello, retirarlos de su entorno puede provocar cambios que deterioren su estructura.

Su extracción requiere una evaluación especializada y procedimientos adecuados de rescate y conservación, ya que una intervención apresurada podría ocasionar daños irreparables tanto a la embarcación como su información arqueológica. Por este motivo, el hallazgo fue notificado al Consejo de Monumentos Nacionales, organismo encargado de velar por la protección del patrimonio cultural y natural. Los bienes arqueológicos no pueden ser extraídos, trasladados ni intervenidos sin su autorización.
Es por esto que el estudio se plantea realizar in situ, es decir, en el mismo lugar donde fue encontrada la embarcación. A esto se suma la necesidad de resguardar el sitio frente a posibles daños asociados a las actividades deportivas acuáticas y las inmersiones que se realizan en el sector.
La investigación de estos objetos no solo permite ampliar el conocimiento arqueológico, sino también reconocer la historia y la memoria de los territorios. En ese proceso, la participación de las comunidades aledañas es fundamental para promover la valoración y protección de estos bienes culturales.
*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.
Equipo LS