El buzo y fotógrafo submarino César Villarroel (46) asegura que la caleta Chañaral de Aceituno nunca había sido tan visitada como en los últimos meses. Dice que, por las calles, en los tours de avistamiento de cetáceos o en su propio centro de buceo Explorasub se perciben las ganas de la gente de reconectarse con la naturaleza después del prolongado encierro producto del Covid. Villarroel señala que, además, este remoto lugar de la Región de Atacama -cuya población residente no pasa de 300 habitantes- recibió un golpe publicitario inesperado.

César Villarroel
César Villarroel

“La publicación de los Pandora Papers que vinculaban al proyecto minero-portuario Dominga con el Presidente Piñera ha significado un trampolín para que la gente se interese en conocer el Archipiélago Humboldt”, dice el fotógrafo submarino. “Cuando hacemos las charlas de introducción de los cursos de buceo, le preguntamos a la gente por qué llegaron hasta acá y nos damos cuenta de que están muy informados sobre lo que está pasando con Dominga. Obviamente, nadie está a favor del proyecto, pero más allá de eso, muchos adultos traen a sus hijos e hijas porque tienen conciencia de que este lugar podría verse afectado para siempre”.

Y (casi) nadie quiere que eso pase. El Archipiélago Humboldt -ubicado al norte de La Serena, desde Caleta Hornos hasta Chañaral de Aceituno- abarca ocho islas y es uno de los ecosistemas más prolíficos del país. Para el mundo científico, se trata de un laboratorio natural donde es posible encontrar el 80% de la nidificación del pingüino de Humboldt, varias especies de aves marinas, colonias de lobos de mar, chungungos -especie en peligro de extinción-, delfines y es una zona de alimentación de ballenas como la azul, fin o jorobada debido al sistema de surgencia costera de la corriente de Humboldt. Es, también, un lugar prioritario para estudiar y proteger los mejores ejemplares del ecosistema de bosques submarinos del maritorio chileno.

Es por eso que un grupo de personas de la comunidad local y otros “encariñados” con el lugar están ideando el relato del Archipiélago Humboldt. “Estamos intentando crear el imaginario colectivo para que se vea como el sitio con mayor biodiversidad marina de Chile. Cuando los lugares alcanzan ese estatus, es decir, logran instalarse en el imaginario de una sociedad con sus cualidades, tienen mayores posibilidades de ser protegidos que aquellos que no son conocidos. Los sitios que no se conocen es más fácil venderlos barato, intervenirlos y afectarlos”, explica.

Ballena fin (Balaenoptera Physalus) en la Reserva Marina Isla Chañaral, Región de Atacama
Ballena fin (Balaenoptera Physalus) en la Reserva Marina Isla Chañaral, Región de Atacama. Foto: César Villaroel

-Es un desafío interesante.

-Y en el caso del mar es mucho más complejo, porque la gente no ve a simple vista lo que se debe proteger y, además, ya tenemos todo el borde costero intervenido. El poder volcar los ojos al mar y tratar de que un lugar como el Archipiélago Humboldt quede en el imaginario de las personas para que sea protegido es un trabajo constante donde se ha involucrado mucha gente. Porque sabemos que este lugar es único, irremplazable y es patrimonio no solo de los chilenos, sino del planeta.

-¿Como se instaló el concepto Archipiélago Humboldt para esta esta zona?

-Es una larga historia.

Villarroel recuerda que con motivo del 4º Congreso Internacional de Áreas Marinas Protegidas (IMPAC4), que se desarrolló en septiembre de 2017 en La Serena y Coquimbo, realizó una muestra fotográfica sobre la biodiversidad de la zona y no sabía qué nombre ponerle para integrar a todas las islas. “En esos años, la comunidad de la caleta Chañaral de Aceituno no quería participar en la campaña contra Dominga, porque el lema era ‘Salvemos Punta de Choros’ y la caleta incluso está en otra región. Algo parecido ocurría con la gente de Caleta Hornos o de Chungungo, porque sentían que todo el foco se iba a Punta de Choros y ellos eran los principales afectados. Pero la marca Punta de Choros estaba super instalada por la lucha contra las termoeléctricas. Entonces, recuerdo perfectamente que en ese momento pensamos en ponerle a la exposición Archipiélago de Humboldt… Es un nombre que estaba ahí, porque tenemos la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt. Y en poco tiempo la gente lo absorbió como propio”.

El paso siguiente que potenció ese registro ocurrió en abril de 2018, cuando la fundación internacional Mission Blue, iniciativa creada y dirigida por la destacada oceanógrafa Sylvia Earle, incluyó al Archipiélago Humboldt en la lista de los sitios marinos de mayor significancia biológica que brindan esperanza al mundo, denominados Hope Spots. Ese fue un paso adelante en la idea de crear una figura de protección en esta zona.

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Luego, el propio Villarroel puso lo suyo: lanzó el documental “Archipiélago Humboldt, paraíso en peligro”, que muestra las posibles consecuencias de Dominga en las comunidades y ecosistemas marinos de la zona, que fue premiado en el festival de cine de vida salvaje y medioambiente Santiago Wild, de Ladera Sur. Y más tarde publicó el libro “Archipiélago Humboldt, patrimonio cultural y natural del borde costero de la comuna de La Higuera”.

César Villarroel buceando
César Villarroel buceando

-Ahora que está instalado el concepto, ¿qué reflexión tienes?

-Lo que falta es que este nombre, que representa a muchas comunidades y que es birregional, logre consolidarse con los nuevos gobernadores elegidos democráticamente para que se cree una sola Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos, que permita a las comunidades seguir trabajando de manera artesanal y que promueva el turismo como se ha desarrollado hasta ahora, pero que no deje espacio a proyectos industriales de ningún tipo, ni mineros, ni portuarios, ni turísticos. Todo lo que se haga a gran escala en este territorio lo va a perjudicar.

-El gobierno anunció en diciembre la creación del Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos. ¿Qué te pareció esa propuesta?

-Pienso que es una respuesta a la publicación de los Pandora Papers que vinculan al Presidente y a su familia con los negocios alrededor de Dominga. Es una respuesta calculada, políticamente fácil y, para variar, mal hecha, lo que finalmente produce más desconfianza en la gente. Esa propuesta no incluye a la Región de Atacama, es decir, deja afuera a la Isla Chañaral, y no tiene consulta ciudadana en ningún territorio, algo fundamental para que funcione. No excluye proyectos industriales dentro del área o el paso de megaembarcaciones. Es como dejar un papel en blanco para que se puedan hacer Dominga o el puerto de Cruz Grande.

Agrega Villarroel: “Lo que hay que entender acá es la importancia del lugar. Todos los estudios científicos de los últimos 10 años que hablan del estado de la naturaleza convergen en algo importante: si los océanos no están sanos, no tenemos ninguna posibilidad de seguir habitando el planeta. Necesitamos empezar a restaurar los ecosistemas marinos, y para eso es urgente crear espacios protegidos, como los que tenemos en el Archipiélago Humboldt. Porque, tal como lo decretó Sylvia Earle, la oceanógrafa más importante del mundo, este es un sitio de esperanza para el planeta”.

César Villarroel buceando
César Villarroel buceando

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Cesar Villarroel es porteño. Creció en la tradicional población Márquez de Valparaíso, reconocida por sus condominios sociales de los años 40, ubicada cerca del puerto. Su abuelo marino prácticamente lo crio y su imaginario de niño está asociado al mar, al puerto y a las caletas pesqueras. “Vengo de una familia grande, donde los primos mayores debíamos aprender a pescar y a filetear pescado”, dice.

Aunque sus inquietudes académicas iban por el lado del cine y la filosofía, terminó matriculándose en Construcción Civil. Su padre tenía una empresa contratista y pensaba en César como su relevo. “No era lo mío, así que duré muy poco”, dice. Su mamá lo aleonó para que se rebelara y así estudiar cine, pero no se atrevió. “Veníamos de una época muy distinta a la actual, más tradicional. Hoy la gente tiene la oportunidad de desarrollarse si se dedica al arte, al medioambiente o al ecoturismo”.

Dice que saca fotos desde los 16 años. Con ese plan llegó a Punta de Choros y empezó a tomar fotos submarinas cuando todavía el sistema era análogo. “Te metías con la cámara y tenías 36 fotos. Tratabas de cuidar el rollo y no tomarlas todas el mismo día, y cuando lo mandabas a revelar se podían demorar como 10 días o más. Yo ahora me meto al agua y saco 300 fotos de una pasada, pero agradezco haber vivido esa mecánica antigua”.

-¿Qué es lo mejor de ser fotógrafo submarino?

-Poder llevarles a las personas lo que no pueden ver y tratar de sensibilizarlas.

-¿Quiénes son tus referentes en la fotografía submarina?

-Enric Sala (explorador de National Geographic) es muy bueno. También mi amigo Francis Pérez, con quien tengo la oportunidad de trabajar y de poder asombrarme por su sensibilidad. Paul Nicklen, que a todas luces es uno de los mejores fotógrafos submarinos del mundo y que tiene ese sentido de llevar lugares tan remotos como la Antártica al celular de todo el mundo. Y entre los chilenos, me gusta mucho Eduardo Sorensen. Tiene una humildad que no tiene el resto y nos vincula mucho el amor por la ciencia y las ganas de aportar en la sensibilización. Es un referente para mí.

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-¿Te sientes un divulgador científico con lo que haces?

-Todo el rato. Creo que todo lo hago pensando en eso. Cada cápsula de video que hago, aunque sea de 15 segundos, la pienso como un medio para hacer una transferencia de conocimiento a las personas sobre las distintas especies y su importancia.

-Después de casi 30 años en el mar, ¿cuál ha sido tu mejor momento tomando fotos?

-Fue en diciembre de 2019. Fuimos de paseo a la isla Chañaral con Francis Pérez, Susannah Buchan y una prima de ella que vino de visita. Era una cosa relajada para disfrutar al lado de la isla, mirar el atardecer, porque eran las vísperas de Navidad y había poco movimiento en la caleta. Queríamos tirarnos al agua con Francis a fotografiar chungungos, pero cuando llegamos a la isla había un grupo de ballenas fin que empezaron a acorralar el krill hacia la orilla de la isla, mientras otras, a muy pocos metros de profundidad, hacían lances laterales, abriendo toda la boca para alimentarse. Entonces, un grupo de ballenas estaba conteniendo el krill para que no se dispersara y otro grupo ingresaba a esta nube de krill para alimentarse. Cuando vimos esto, decidimos tirarnos al agua en apnea a grabarlas, pero debíamos tener cuidado de no meternos en la nube de krill, porque nos podían embestir. Eran como 16 ballenas comiendo y en un momento la nube de krill se corre y quedamos al interior de ella. Nos pusimos espalda con espalda para tratar de tomar fotos y cuidarnos al mismo tiempo. Por suerte no nos pasó nada, nos movimos con rapidez y tomamos unas fotos espectaculares. Eso es lejos lo más adrenalínico y espectacular que me ha pasado.

Luego agrega: “Pero si lo piensas, no solo se trata de lo que pudimos ver. Estamos hablando de una ballena en peligro de extinción alimentándose en uno de los lugares donde cada año se ven más ballenas de esta especie. En una potente señal de esperanza de que esta población de ballenas que se está recuperando”.

Cesar-Villarroel-Explorasub
César Villarroel @capitanexplorasub

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Luego de 10 años en Punta de Choros, Villarroel llegó en 2010 a radicarse a la caleta Chañaral de Aceituno.

“Dicen que Chañaral de Aceituno es mágico y natural, y de verdad que es así”, asegura. “Esta es una comunidad super viva, muy familiar, muy preocupada. Hay un ecosistema comunitario que toma decisiones en conjunto sobre su futuro. Hay mucha conciencia sobre la sustentabilidad, todo el rato se habla de cómo resolver el tema de la basura, del reciclaje o del agua. No veo que eso ocurra en muchas partes”, explica.

Si bien la caleta es un lugar remoto en el mapa, Villarroel siempre está ideando qué hacer para dar a conocer la importancia biológica y ecosistémica de este lugar. De hecho, tiene varios planes corriendo.

Junto a sus amigos Francis Pérez y Susannah Buchan están trabajando en un libro sobre los mamíferos marinos del Archipiélago Humboldt. No quiere nada de archivo; todo tiene que ser un registro inédito en el lugar. Para su suerte, va a incluir los cachalotes que se presentaron esta temporada y que pudo registrar mediante un dron. “¡Por primera vez en 30 años vi cachalotes en el Archipiélago Humboldt!”, sentencia.

Además de eso, Villarroel está en la tarea permanente de completar un catastro audiovisual de todo el lugar. Algo así como una línea de base. “Es super importante, como documentalista, registrar el momento actual de la reserva marina para poder tener una comparación en el futuro”, explica. “Hay zonas del país que se están viendo afectadas por la extracción, por el alza de las temperaturas y donde están desapareciendo los bosques de algas. Ahí te das cuenta de la importancia de documentar lo que tenemos. Después de todo, este es el lugar con más vida marina de Chile”.

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