Cinco años después de ingresar al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), el proyecto Interconexión Internacional de Interés Privado Los Cóndores (Chile) – Río Diamante (Argentina) se encuentra en una de sus etapas más decisivas. El pasado 27 de julio, el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) publicó el Informe Consolidado de Evaluación (ICE), documento técnico que servirá de base para que la Comisión de Evaluación Ambiental (COEVA) de la Región del Maule vote la aprobación o rechazo de la iniciativa. 

Sector de los Cóndores, ecosistema altoandino de la Región del Maule. ©Barbara Meneses - ONG Andes Sustentable
Sector de los Cóndores, ecosistema altoandino de la Región del Maule. ©Barbara Meneses – ONG Andes Sustentable

La publicación del ICE marca un punto de inflexión para un proyecto que desde 2021 ha generado una de las mayores controversias ambientales de la región. Durante su evaluación ha enfrentado tres procesos de aclaraciones y adendas, junto a miles de observaciones ciudadanas y cuestionamientos de servicios públicos, municipios, organizaciones ambientales y autoridades regionales por los potenciales impactos sobre el patrimonio natural, arqueológico y turístico del Alto Maule.

La iniciativa, impulsada por Enel Generación Chile, contempla la construcción de una línea de transmisión eléctrica de 500 kV que permitirá interconectar los sistemas eléctricos de Chile y Argentina mediante un trazado de aproximadamente 320 kilómetros entre el sector Los Cóndores, en la Región del Maule, y Río Diamante, en la provincia argentina de Mendoza. 

En territorio chileno, el proyecto considera decenas de torres de alta tensión, instalaciones de faena, caminos de acceso y helipuertos que intervendrían ecosistemas altoandinos de alta fragilidad, en una zona que durante los últimos años ha concentrado un creciente interés por su valor ecológico, científico y cultural.

La cascada invertida debe su nombre a un extraño fenómeno geográfico, el viento entra por el cajón en dirección poniente a oriente, suspendiendo el agua de la cascada, generando un extraño efecto en donde el agua en vez de bajar, sube y se dispersa por el aire. Cascada invertida, Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses
La cascada invertida debe su nombre a un extraño fenómeno geográfico, el viento entra por el cajón en dirección poniente a oriente, suspendiendo el agua de la cascada, generando un extraño efecto en donde el agua en vez de bajar, sube y se dispersa por el aire. Cascada invertida, Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses

En ese sentido, mientras el Alto Maule ha fortalecido su reconocimiento como un territorio de alto valor para la conservación, la investigación científica y el turismo de naturaleza, el proyecto ha continuado avanzando en su tramitación ambiental, abriendo un debate sobre cómo compatibilizar el desarrollo de nuevas infraestructuras energéticas con la protección de uno de los paisajes cordilleranos más relevantes de la zona central de Chile.

Un territorio de alto valor ecológico, geológico y cultural

Emplazado en la alta cordillera de la Región del Maule, el sector de Los Cóndores y la Laguna del Maule conforman uno de los paisajes altoandinos más singulares del centro-sur de Chile. Modelado por una intensa actividad volcánica y glaciar, el territorio se caracteriza por sus enormes plataformas de roca basáltica, cascadas, vegas, bofedales, lagunas de origen volcánico y extensas estepas de altura que albergan una extraordinaria diversidad biológica y geológica.

Es precisamente en este escenario donde se emplazaría la interconexión eléctrica Los Cóndores–Río Diamante que, en su tramo chileno, contempla la construcción de una línea de transmisión de alta tensión de 26,7 kilómetros, que intervendrían cerca de 236 hectáreas de ecosistemas altoandinos.

Desde hace décadas, este lugar ha concentrado el interés de investigadores, conservacionistas y comunidades locales por la riqueza de sus paisajes cordilleranos y la presencia de ecosistemas altoandinos de gran relevancia ecológica. Un reconocimiento que se ha traducido en distintas iniciativas orientadas a su protección y puesta en valor.

Según explica la botánica y especialista en flora andina Kora Menegoz, la Región del Maule alberga 493 especies de flora vascular endémicas de Chile, de las cuales al menos 15% son exclusivas del territorio regional. Además, concentra una zona de transición entre los ecosistemas mediterráneos y templados del país, condición que favorece altos niveles de diversidad y endemismo.

«Lo que hace singularmente valiosa a esta región, es que alberga la transición florística mediterránea-templada de Chile, donde convergen elementos de ecosistemas esclerófilos, bosques templados lluviosos, ecosistemas altoandinos y bosques costeros en una zona relativamente compacta. Esta diversidad fitogeográfica concentrada genera un laboratorio natural único, muy importante a los ojos de la comunidad científica de Chile. Actualmente, 97 plantas de la región están bajo alguna categoría de amenaza: 4 en peligro crítico y 30 en peligro de extinción. Este dato refleja tanto el valor como la vulnerabilidad del territorio», comenta la botánica.

Por un lado, se encuentra dentro del área de influencia del proyecto se encuentran dos inmuebles fiscales protegidos por el Ministerio de Bienes Nacionales: Laguna del Maule, declarada Área de Protección en 2006, y Potrero Lo Aguirre, protegido desde 2009. Ambos sectores están resguardados por su importancia para la conservación de ecosistemas altoandinos y especies nativas características de la cordillera maulina, como la bandurria (Theristicus melanosis), el matuasto del Maule (Phymaturus maulense) y sapito de cuatro ojos del sur (Pluerodema bufionina).

A ello se suma que gran parte del sector forma parte del sitio prioritario para la conservación de la biodiversidad «Cuenca Campanario–Laguna del Maule», identificado por la entonces Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) como una de las áreas de mayor valor ecológico de la región debido a la presencia de humedales altoandinos, aves migratorias y numerosas especies vegetales endémicas.

Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses
Matuasto del Maule (Phymaturus maulense). Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses

«El Maule es una zona de transición. Desde el punto de vista de la vegetación conviven bosques esclerófilos propios del clima mediterráneo con bosques templados del sur, y esa interacción genera una riqueza biológica muy particular. Lo mismo ocurre con la geología, porque estamos justo en la zona volcánica sur transicional de los Andes. Incluso desde el punto de vista cultural se observa esa transición, con grupos humanos que compartían elementos provenientes tanto del norte como del sur. Todo eso hace de la cordillera del Maule un lugar único», explica Rodrigo Pérez Garay, director científico del Geoparque Pillanmapu.

Por otra parte, el territorio forma parte del complejo volcánico Laguna del Maule, considerado uno de los sistemas volcánicos más estudiados del país debido a la singularidad de sus procesos geológicos, como la deformación del suelo. «El complejo volcánico Laguna del Maule está muy lejos de encontrarse dormido. Durante las últimas décadas el suelo se ha elevado entre 15 y 30 centímetros por año debido al ingreso de magma en profundidad. Eso lo convierte en uno de los lugares más importantes del mundo para estudiar volcanes explosivos riolíticos. Por lo que, comprender este sistema no solo permite conocer la historia geológica del Maule, sino también mejorar la preparación frente a futuras erupciones de este tipo», señala Pérez Garay.

A ello se suma un patrimonio arqueológico que continúa revelando nuevos hallazgos. El complejo volcánico Laguna del Maule fue una de las principales fuentes de obsidiana utilizadas por las poblaciones prehispánicas del centro-sur de Chile, y diversas investigaciones han identificado en el área de influencia del proyecto talleres líticos, canteras de obsidiana, aleros, sitios habitacionales, arte rupestre y otros vestigios que evidencian miles de años de ocupación humana.

Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses
Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses

Frente a esto, el proyecto considera una serie de medidas, entre ellas monitoreos permanentes durante las obras, delimitación de áreas sensibles y protocolos de rescate ante eventuales hallazgos. Sin embargo, quienes cuestionan la iniciativa sostienen que estas acciones permiten registrar los sitios arqueológicos, pero no evitar la transformación irreversible del contexto territorial donde se emplazan.

«El proyecto interviene más de 12 sitios arqueológicos a lo largo de estos 27 kilómetros de línea eléctrica. Lo más preocupante es que gran parte de esta cordillera todavía no ha sido estudiada. Cada vez que se realizan investigaciones aparecen nuevos hallazgos. Incluso este año se obtuvo un fondo para comenzar a estudiar pinturas rupestres que aún no han sido datadas. Si el territorio se interviene antes de conocerlo, esa información simplemente se pierde», comenta Bárbara Meneses.

Por su parte, el director científico del Geoparque Pillanmapu afirma: «Cuando se realizó la última campaña de investigación aparecieron sitios arqueológicos que ni siquiera estaban registrados. El problema es que todavía falta investigación para saber realmente el impacto real que puede haber sobre el patrimonio arqueológico. Mientras no exista un levantamiento sistemático, cualquier evaluación se basará en información incompleta. Pero, hasta el momento lo que se sabe es que efectivamente en esa zona hay múltiples sitios arqueológicos y sitios que eran tanto de pernoctación, como la cueva de las Marielas, por ejemplo, que la utilizaban para dormir mientras en el día iban a las canteras, que también son otro tipo de sitios arqueológicos, de donde extraían la obsidiana y la trabajaban para hacer herramientas».

Petroglifos dañados, Alto Maule. Créditos: © Barbara Meneses
Petroglifos dañados, Alto Maule. Créditos: © Barbara Meneses

A este valor geológico y arqueológico se suma una biodiversidad que continúa entregando nuevos hallazgos científicos. Según explica Kora Menegoz, las limitaciones de financiamiento para la investigación han restringido las campañas en la alta cordillera del Maule. Sin embargo, las expediciones realizadas por investigadores y guías locales han permitido descubrir nuevas poblaciones de especies amenazadas y ampliar significativamente el conocimiento sobre la flora altoandina de la zona.

«Barbara Meneses, guía de turismo de naturaleza, identificó una nueva población de Viola imbricata en las altas cumbres al oeste de la Laguna del Maule, ampliando su distribución conocida más allá de San Fabián y Longaví. También registró Olsynium bodenbenderi, especie En Peligro que hasta ahora solo se conocía en Argentina, y redescubrió Loasa humilis, una planta que no había vuelto a registrarse desde fines del siglo XIX. Todos estos hallazgos se encuentran actualmente en proceso de documentación y caracterización, y la nueva población de Viola imbricata será estudiada en detalle durante el próximo verano para avanzar en su clasificación de conservación», explica la botánica.

Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses
Viola imbricata. Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses

Entre estos descubrimientos se encuentra una nueva población de Viola imbricata, una especie microendémica descrita recientemente y propuesta para ser clasificada En Peligro Crítico. Pero uno de los hallazgos más llamativos corresponde a Loasa humilis, una planta descrita por Rodolfo Philippi en 1893 que no había vuelto a registrarse desde fines del siglo XIX. La especie fue redescubierta recientemente en la alta cordillera del Maule por Bárbara Meneses y la botánica Margarita Aldunate, y actualmente se encuentra en proceso de revisión científica.

Para Menegoz, este tipo de descubrimientos sugiere que los ecosistemas altoandinos de Chile central poseen una riqueza específica que apenas comenzamos a documentar: «La cordillera de los Andes representa un caso único de especialización biológica porque se encuentra en movimiento geológico permanente. El levantamiento tectónico continuo genera nuevos gradientes altitudinales, microhábitats y nichos ecológicos que permiten la aparición de nuevas especies adaptadas a condiciones extremas. Este proceso dinámico explica por qué territorios como el Alto Maule funcionan como «incubadoras vivientes» donde constantemente emergen especies no descritas anteriormente. Los redescubrimientos de especies como Loasa humilis —considerada extinta durante 130 años— y el hallazgo de Viola imbricata en una nueva localidad no son excepciones, sino síntomas de la vitalidad evolutiva de estos ecosistemas. La orogenia andina crea un laboratorio natural donde la especiación y la radiación adaptativa ocurren en tiempo ecológico. Destruir esta capacidad generativa mediante infraestructura lineal equivale a clausurar un centro de investigación geológica-biológica de valor irremplazable. Preservar estos territorios no es solo un imperativo ético o ambiental, sino una necesidad científica para conocer la biodiversidad del país antes de perderla», sostiene.

Olsynium bodenbenderi. Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses
Olsynium bodenbenderi. Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses

Un territorio que busca proyectarse desde la conservación y el turismo 

El creciente conocimiento científico sobre el Alto Maule ha impulsado una estrategia de desarrollo territorial basada en la conservación del patrimonio natural, geológico y arqueológico, la investigación y el turismo de naturaleza. Entre sus principales iniciativas se encuentra el Geoparque Pillanmapu, que busca obtener el reconocimiento como Geoparque Mundial de la UNESCO, así como el fortalecimiento del Corredor Pehuenche como ruta escénica y turística binacional promovido por el Gobierno Regional del Maule.

Como comenta Bárbara Meneses, directora de la ONG Andes Sustentable: “En Chile existen dos rutas reconocidas, una está en las Torres del Paine, la otra está en el parque de los glaciares en Patagonia esta sería la tercera ruta paisajística. Entonces, aquí no existe una oposición al desarrollo. Lo que ocurre es que la cuenca del Maule ya concentra una enorme cantidad de infraestructura energética y hoy las comunidades están impulsando un modelo distinto, basado en el turismo de naturaleza, el patrimonio y la conservación».

Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses
Sector de Los Cóndores, Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses

De esta forma, actualmente el territorio se ha consolidado como uno de los principales destinos de turismo de naturaleza de la región. El Valle de Los Cóndores destaca por su escalada deportiva, mientras que la Laguna del Maule atrae montañistas, senderistas, observadores de aves, ciclistas, pescadores recreativos y practicantes de esquí de travesía. A ello se suman las tradicionales veranadas y rutas de trashumancia de arrieros y crianceros, que forman parte del patrimonio cultural local.

Precisamente este desarrollo constituye uno de los principales puntos de conflicto del proyecto. El Estudio de Impacto Ambiental reconoce una alteración permanente del paisaje, proponiendo medidas como torres estilizadas, pinturas en tonos similares al entorno, revegetación, senderos, señalética e infraestructura para visitantes.

«Las medidas de mitigación propuestas son muy pobres. Pintar las torres de café o cercar temporalmente algunos sitios arqueológicos demuestra que nunca hubo un diagnóstico real de las necesidades del territorio», precisa la directora de la ONG Andes Sustentable.

Durante la evaluación ambiental, organismos públicos como SERNATUR cuestionaron la efectividad de estas medidas para hacerse cargo de un impacto permanente sobre uno de los principales atributos turísticos del Alto Maule: su paisaje. En la misma línea, autoridades regionales, organizaciones ciudadanas y los impulsores del Geoparque Pillanmapu han advertido que la infraestructura eléctrica podría afectar el posicionamiento del territorio como destino asociado a la conservación y al turismo de naturaleza.

«Durante años las comunidades han apostado por un desarrollo basado en el turismo sostenible. Hoy la gente viene a escalar, a recorrer la cordillera, a fotografiar la Cascada Invertida, el Valle de Los Cóndores o el volcán Campanario. Instalar una línea de transmisión en medio de ese paisaje cambia completamente la experiencia que hoy atrae a los visitantes», puntualiza Meneses.

Las preocupaciones también alcanzan a la biodiversidad. El trazado atraviesa bofedales, vegas y cursos de agua que albergan especies altamente especializadas y de distribución restringida. Entre ellas destaca el sapo de pecho espinoso (Alsodes pehuenche), catalogado En Peligro crítico de extinción, cuya distribución coincide con parte del área de influencia del proyecto.

bofedales de Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses
bofedales de Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses

«Los anfibios y reptiles tienen muy poca movilidad. Una de las medidas propuestas por la empresa es relocalizarlos, pero la evidencia muestra que esas estrategias suelen tener muy baja efectividad. El sapo de pecho espinoso no puede simplemente desplazarse hacia otro valle; depende de un hábitat muy específico. Se encuentra en bofedales, en estas vegas altoandinas que solamente se encuentran en la zona alrededor de la zona de la Laguna El Maule. Entonces, tiene un espacio muy acotado», explica Pérez Garay.

Durante la evaluación ambiental, el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) también reiteró la importancia de considerar la vulnerabilidad de esta especie y la fragilidad de sus hábitats.

Por su parte, la botánica Kora Menegoz sostiene que uno de los principales problemas radica en la información sobre la que se construyó la evaluación ambiental: «Las medidas propuestas son inefectivas porque se construyen sobre una línea base insuficiente. Si no tienes la información básica, ¿cómo puedes evaluar los impactos o diseñar medidas de mitigación o compensación? Es la base desde la cual se construyen las guías metodológicas para que los EIA tengan completitud y suficiencia de antecedentes para poder evaluar un proyecto. Eso acá no sucede y es especialmente crítico en presencia de especies de flora y fauna en peligro crítico de extinción. En síntesis, la evaluación de impacto es deficiente porque carece de la base de información necesaria. Sin conocer dónde se distribuyen las poblaciones, cuál es su tamaño, su estructura demográfica y sus requisitos ecológicos, cualquier medida propuesta será especulativa e inefectiva», sostiene.

En este contexto, investigadores y organizaciones sostienen que el principal impacto no radica únicamente en la intervención física del territorio, sino también en la pérdida de sus valores científicos, educativos, paisajísticos y culturales. Si bien el proyecto contempla monitoreos arqueológicos, delimitación de áreas sensibles y protocolos de rescate, sus detractores afirman que estas medidas permiten registrar el patrimonio, pero no evitar la transformación del territorio.

Movimiento NO + Torres en el Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses
Movimiento NO + Torres en el Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Salvemos Alto Maule @salvemos_alto_maule

«Aquí no se está discutiendo si Chile necesita avanzar hacia una transición energética; eso nadie lo pone en duda. La pregunta es si esa transición puede hacerse a costa del patrimonio natural y cultural. Hablar de sostenibilidad mientras se afecta un territorio de este valor simplemente no es sostenible», sostiene el geólogo. 

«La discusión sobre compensaciones parte de la base de que no existía otra alternativa, pero aquí sí la había. El proyecto pudo haberse planteado con otro trazado o mediante soterramiento. Las compensaciones son de corto plazo, mientras las torres permanecerán durante décadas. No solo afectan a las comunidades actuales, sino también a las futuras generaciones», agrega Pérez Garay.

Cinco años de evaluación y un proyecto que entra en su etapa decisiva

Tras casi cinco años de tramitación, el proyecto entró en la fase final de su evaluación ambiental. La publicación del Informe Consolidado de Evaluación (ICE) cerró el análisis técnico del expediente y dejó la decisión en manos de la Comisión de Evaluación Ambiental del Maule.

Desde su ingreso al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), la iniciativa ha atravesado uno de los procesos de evaluación más extensos que ha enfrentado un proyecto energético en la Región del Maule. Durante casi cinco años, el expediente ha acumulado tres Informes Consolidados de Solicitud de Aclaraciones, Rectificaciones y Ampliaciones (ICSARA), tres Adendas presentadas por el titular, dos procesos de Participación Ciudadana y miles de observaciones formuladas tanto por organismos públicos como por comunidades locales.

Consultados por Ladera Sur, desde Enel Generación Chile señalan que la interconexión internacional Los Cóndores–Río Diamante busca fortalecer la integración energética entre Chile y Argentina, aumentando la seguridad y resiliencia de ambos sistemas eléctricos, facilitando el apoyo mutuo ante contingencias y favoreciendo una mayor integración de energías renovables. 

Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses
Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses

La empresa agrega que, durante la evaluación ambiental, «todos los aspectos ambientales, patrimoniales y territoriales, incluidos aquellos relacionados con ecosistemas, patrimonio arqueológico y geológico, así como actividades económicas y recreativas, han sido analizados, complementados y abordados conforme a la normativa vigente y los requerimientos que las autoridades han solicitado en la evaluación, proceso en el que Enel continuará colaborando con todos los antecedentes técnicos y ambientales que sean solicitados”.

En este período, la discusión en torno al proyecto también ha evolucionado. Lo que comenzó como una controversia centrada en los impactos ambientales de la línea de transmisión fue incorporando nuevas dimensiones relacionadas con el patrimonio geológico y arqueológico, el desarrollo turístico de la cordillera maulina y la planificación territorial de largo plazo.

La movilización ciudadana también creció. Organizaciones agrupadas en el movimiento Salvemos Alto Maule, junto a emprendedores turísticos, deportistas, científicos y habitantes del territorio, sostienen que el proyecto compromete uno de los sectores con mayor potencial para el desarrollo sustentable de la región. Según la organización, durante el proceso de evaluación ambiental se presentaron cerca de 18 mil observaciones ciudadanas, una de las cifras más altas registradas en el SEIA.

Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses
Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses

En las semanas previas a la votación ambiental, el rechazo institucional también se intensificó. El Gobierno Regional del Maule, junto al municipio de San Clemente, reiteró públicamente su oposición a la iniciativa, argumentando que resulta incompatible con la estrategia territorial que busca consolidar al Alto Maule como un referente para la conservación, el patrimonio geológico y el turismo de intereses especiales.

«Queremos hacer un llamado a todas aquellas personas que tienen que votar este proyecto en los próximos días. Este trazado va en contra de lo que estamos haciendo como Gobierno Regional para declarar esa zona como Geoparque de la UNESCO, por lo tanto, no es compatible. No estamos en contra del progreso, pero tal como está planteado afecta seriamente ese territorio. Hacemos un llamado a la comisión evaluadora para que se manifieste en contra de este proyecto», señaló el gobernador regional del Maule, Pedro Pablo Álvarez-Salamanca.

En la misma instancia, el alcalde de San Clemente, Juan Rojas, sostuvo que «estamos unidos con el Gobierno Regional para decir no a las torres. El Consejo Regional, el Concejo Municipal y la gente del territorio han sido claros. Hoy la decisión está en manos de quienes integran la comisión evaluadora y esperamos que sean consecuentes con lo que este proyecto significa para el Alto Maule».

Sin embargo, pese a estas manifestaciones públicas de rechazo, la definición del proyecto quedó finalmente en manos de la Comisión de Evaluación Ambiental del Maule. 

Hoy, tras la publicación del Informe Consolidado de Evaluación (ICE), el proyecto quedó a la espera del pronunciamiento de la Comisión de Evaluación Ambiental (COEVA) de la Región del Maule, instancia que deberá decidir si la iniciativa obtiene o no su Resolución de Calificación Ambiental. En ese sentido, la decisión será adoptada en un escenario donde persisten diferencias entre la evaluación técnica realizada por el SEA y la visión de desarrollo territorial defendida por autoridades regionales, municipios, comunidades y organizaciones locales.

Sin embargo, vale mencionar que uno de los aspectos más llamativos del ICE no dice relación con nuevos impactos ambientales, sino con la forma en que el Servicio de Evaluación Ambiental interpreta las observaciones realizadas durante la tramitación.

A lo largo del documento, el SEA concluye que, en términos generales, el titular logró complementar la información requerida por los distintos organismos públicos y responder las observaciones formuladas durante la evaluación. Sin embargo, el informe también deja en evidencia una diferencia de criterios entre los servicios técnicos y diversos actores del territorio respecto de cuáles son los elementos que pueden justificar el rechazo de un proyecto dentro del marco legal del SEIA.

Gran parte de las observaciones presentadas por el Gobierno Regional del Maule, la Municipalidad de San Clemente, organizaciones ambientales y servicios públicos apuntan a que la línea de transmisión resulta incompatible con la estrategia de desarrollo que actualmente impulsa la zona, basada en el turismo de naturaleza, la conservación del patrimonio y la valorización de sus paisajes.

Movimiento NO + Torres en el Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Bárbara Meneses
Movimiento NO + Torres en el Alto Maule, Región del Maule. Créditos: ©Salvemos Alto Maule @salvemos_alto_maule

No obstante, el SEA sostiene que varias de estas materias —como la aspiración de convertir el territorio en un Geoparque Mundial UNESCO, la condición de Zona de Interés Turístico o las proyecciones de desarrollo comunal— no constituyen, por sí mismas, restricciones legales que impidan la aprobación ambiental de una iniciativa, siempre que los impactos hayan sido identificados y cuenten con medidas de mitigación, compensación o seguimiento.

Por otro lado, aunque la eventual declaración como Geoparque Mundial de la UNESCO no constituye una figura de protección legal dentro del ordenamiento jurídico chileno, sus impulsores sostienen que su relevancia radica en el modelo de gestión territorial que promueve, articulando a instituciones públicas, comunidades, academia y actores locales en torno a una visión común de desarrollo. «Un geoparque no es solo un reconocimiento internacional. Es un modelo de gobernanza donde participan comunidades, academia, municipios y el Gobierno Regional para decidir cómo quieren proyectar su territorio. Por eso distintas instituciones consideran que este proyecto resulta incompatible con esa visión de desarrollo», explica Pérez Garay. 

En definitiva, la decisión que adopte la Comisión de Evaluación Ambiental no solo definirá el futuro del proyecto Los Cóndores–Río Diamante. También pondrá a prueba cómo el Sistema de Evaluación Ambiental enfrenta iniciativas emplazadas en territorios cuyo valor científico, geológico, arqueológico y turístico continúa creciendo, mientras comunidades e instituciones buscan consolidar una visión de desarrollo que apuesta por el valor científico, patrimonial y paisajístico del Alto Maule como eje de su futuro.

Comenta esta nota
·
·
No te pierdas nada, síguenos en Instagram