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Los árboles podrían recordar el reciente sistema frontal: la ciencia los estudia para reconstruir la historia climática en Chile
El reciente temporal que azotó la zona centro sur de Chile, especialmente entre las regiones de Atacama y Coquimbo, podría quedar guardado en la memoria de los árboles. Según especialistas en dendrocronología, este tipo de eventos quedan inscritos en los anillos de crecimiento, que no registran un día puntual de lluvia, sino toda una temporada. ¿Por qué es importante registrarlos? Aquí te compartimos más detalles.
Los árboles y arbustos conservan la memoria natural del ambiente en el que viven. Cada temporada forman una nueva capa de madera que registra las condiciones climáticas experimentadas durante ese periodo. Gracias a esto, la dendrocronología, disciplina que estudia los anillos de crecimiento de los árboles, permite reconstruir la historia climática de un territorio determinado.


En este sentido, los árboles son verdaderos archivos climáticos que permiten registrar la variación de eventos climáticos extremos como sequías o inundaciones. Por ello, frente al temporal que azotó Chile recientemente, que afectó gravemente al norte de Chile —donde se decretó Estado de Catástrofe en Huasco y la Región de Coquimbo—, surge la duda: ¿quedará este evento registrado en la madera de los árboles?

Para investigadores y científicos, la respuesta es afirmativa, pero con un matiz importante: los árboles no registran un día específico de lluvia, sino el conjunto de condiciones ambientales que experimentan en un tiempo estimado, siendo aproximadamente un año.
El doctor Alejandro Venegas González, investigador especializado en dendrocronología y profesor asociado de la Universidad de O’Higgins, explica que la respuesta se encuentra al observar las características de los anillos de crecimiento de las especies:


“Ese mayor crecimiento suele traducirse en anillos más amplios. Además, también pueden observarse cambios en la anatomía de la madera, como vasos conductores de mayor tamaño, y variaciones en la composición isotópica relacionadas con procesos como la fotosíntesis y la respiración. En años favorables, los árboles producen más madera, más hojas y más raíces, en otras palabras, crecen más”.
Sin embargo, para confirmar estos efectos es necesario esperar a que finalice la temporada de crecimiento y analizar las muestras. “Nosotros esperamos que este evento extremo ocurrido en la zona central de Chile, especialmente en el centro-norte quede registrado en el anillo de crecimiento correspondiente a la temporada 2026-2027”, dice Venegas.

Duncan Christie, académico del Laboratorio de Dendrocronología y Cambio Global de la Universidad Austral de Chile, trabaja junto a colegas de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso en reconstrucciones climáticas interpretadas desde el estudio de los árboles. Dentro de ello, un foco es abarcar varios siglos para comprender cómo han evolucionado las lluvias intensas y los caudales extremos en la cuarta región de Coquimbo. Por ello, la información que pueda surgir de este evento es especialmente interesante.
Según explica, la zona ofrece condiciones únicas para este tipo de investigaciones, ya que gran parte de la precipitación anual se concentra en pocos días: “En el caso del Norte Chico, las especies que principalmente se han utilizado son el huañil (Proustia cuneifolia) y el frangel (kageneckia angustifolia). Estas dos especies son muy buenas para registrar este tipo de sucesos, como caudales máximos diarios o precipitaciones máximas diarias”.

Para analizar la huella que dejan estos eventos, los investigadores utilizan taladros con brocas huecas para extraer un testigo del árbol. También, si el tronco crece de forma retorcida o más excéntrica, se extrae un pequeño trozo de rama. De igual forma se utiliza madera muerta para los estudios, que también conservan información para reconstruir eventos climáticos pasados.
En este contexto, los especialistas explican que existen registros de entre 500 y 600 años que muestran que lluvias de esta magnitud ya habían ocurrido anteriormente en zonas como el Norte Chico.
Isadora Schneider, investigadora del Laboratorio de Dendrocronología y Estudios Ambientales del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, explica que las dos especies antes mencionadas han permitido reconstruir datos relacionados a las megasequías y precipitaciones extremas: “Ahora justamente estábamos trabajando en reconstruir las sequías y los eventos extremos de alta precipitación entre el Norte Chico y Chile Central, y sobre todo en los ríos de Aconcagua y Chuepa.
Los tres investigadores concuerdan que estos trabajos de investigación permitirán registrar información de la vegetación durante décadas, siglos o incluso más tiempo si la madera sigue siendo estudiada y logra conservarse.
«Probablemente nosotros recordemos esta tormenta algunos años y después se nos va a olvidar. En cambio, esta huella natural va a quedar registrada en los árboles durante mucho tiempo, incluso por siglos«, afirma Alejandro Venegas.
En el mismo contexto Duncan Christie explica: «Alguien de 50 años puede decir que nunca había visto algo así en la zona del Elqui. Pero justamente para eso sirven los anillos de los árboles: para entregar un contexto histórico más amplio«.

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