En el Parque Tepuhueico, cada fotografía de naturaleza cuenta una historia. Detrás de una buena imagen hay mucho más que una cámara: hay paciencia, horas de observación, conocimiento del comportamiento animal y, sobre todo, un profundo respeto por la vida silvestre.

Pocas personas representan mejor esa forma de entender la naturaleza que Martín Cárdenas, conocido por miles de personas como Chiloefauna. Durante más de una década ha recorrido la Patagonia y el Archipiélago de Chiloé buscando aquello que muy pocos alcanzan a ver. Sus registros han dado la vuelta al país, documentando desde especies emblemáticas hasta individuos únicos que han sorprendido incluso a la comunidad científica.

Sin embargo, detrás de esas imágenes no existe una fórmula secreta. Como él mismo suele decir, “todo es cuestión de suerte… y de buena vibra”. Una frase que resume una filosofía construida a partir de miles de horas en terreno, aprendiendo a leer el bosque, a comprender el comportamiento de los animales y a esperar el momento indicado.

Desde que llegó al Parque Tepuhueico encontró un lugar donde esa forma de observar la naturaleza podía desarrollarse plenamente. Hoy, además de colaborar como guía especializado en fotografía y observación de fauna, continúa descubriendo nuevas historias que demuestran la extraordinaria biodiversidad que albergan los bosques de Chiloé.

A continuación compartimos algunas de las fotografías más emblemáticas de Martín Cárdenas y la historia que hay detrás de cada una de ellas. Encuentros irrepetibles que marcaron su trayectoria como fotógrafo de naturaleza y que, además, han contribuido a dar a conocer, valorar y conservar la extraordinaria fauna nativa del Archipiélago de Chiloé.

Martín Cárdenas. Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).
Martín Cárdenas. Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).

Cuando un puma cambió el rumbo de una vida

Mucho antes de convertirse en uno de los fotógrafos de fauna más reconocidos de Chiloé, Martín Cárdenas llevaba una vida muy distinta. Sus padres, como tantas otras familias chilotas, emigraron a la Patagonia en busca de nuevas oportunidades. Allí, en Puerto Natales, nació Martín, creciendo bajo el estilo de vida gaucho, rodeado de estancias, caballos y naturaleza, una conexión que marcaría su vida para siempre.

Años más tarde, en 2016, mientras trabajaba como chofer de excursiones en un hotel de Torres del Paine, viviría el episodio que cambiaría para siempre el rumbo de su vida.

Mientras trasladaba a un grupo de pasajeros por un sector donde era muy poco probable encontrar grandes mamíferos, alguien divisó a lo lejos la silueta de un animal. En un comienzo todos pensaron que se trataba de un zorro. Sin embargo, a medida que el vehículo se acercaba, la figura comenzó a revelar otra historia.

Era un puma.

El felino cruzó el camino con absoluta calma, pasando a escasos metros del vehículo y prácticamente frente al asiento de Martín. El tiempo pareció detenerse. No pudo hablar. No pudo moverse. Solo observó cómo el mayor depredador terrestre de Chile desaparecía silenciosamente entre la vegetación.

“Sentí que me paralicé. Fue una mezcla de emoción, admiración y respeto. Las lágrimas comenzaron a correr solas”, recuerda.

Aquel encuentro duró apenas unos segundos, pero bastó para cambiar el resto de su vida. Desde ese día nació una inquietud que no volvería a abandonarlo. Compró su primera cámara fotográfica y comenzó a estudiar, observar y recorrer los paisajes del sur con un nuevo propósito: retratar la fauna silvestre y compartir la emoción que él sintió aquella primera vez frente a un animal completamente libre.

Sin saberlo, ese puma había dado origen a la historia de Chiloefauna.

El pudú que marcó el comienzo de Chiloefauna

Años después, la vida lo trajo de regreso a Chiloé. Volvió a trabajar en el turismo, esta vez en Tierra Chiloé, pero ya no era el mismo conductor que había conocido un puma por casualidad en la Patagonia. Ahora llevaba siempre una cámara consigo y dedicaba gran parte de su tiempo libre a recorrer distintos rincones de la isla en busca de fauna silvestre.

Fue entonces cuando nació Chiloefauna, el proyecto con el que comenzó a compartir sus registros y acercar la biodiversidad chilota a través de la fotografía. Sus primeros años estuvieron marcados por la fotografía de aves propias de las pampas de Chiloé. Entre ellas destaca el Nuco, una especie que logró retratar en repetidas ocasiones a pocos metros de su casa, en Rilán, demostrando que muchas veces los encuentros más extraordinarios ocurren mucho más cerca de lo que imaginamos.

Su primer gran protagonista como mamífero fue el pudú.

En un sector de Butalcura encontró un lugar donde era posible observar a distintos individuos. En una época en que fotografiar un pudú era un privilegio y muy pocas personas lograban hacerlo, sus imágenes comenzaron a difundirse rápidamente, atrayendo a cientos de seguidores interesados en conocer la fauna nativa de Chiloé.

Pero Martín fue un paso más allá. No solo fotografiaba pudúes, sino que aprendió a distinguir a cada individuo por pequeños detalles físicos y de comportamiento. Entre todos ellos había uno que destacaba por su edad y apariencia. Decidió bautizarlo como “el Pudú Abuelo”, iniciando una tradición que lo acompañaría hasta hoy: poner nombre a aquellos animales que logra conocer y seguir en el tiempo.

Porque detrás de cada fotografía hay mucho más que una especie. Hay un individuo único, con su propia historia, y esa forma de entender la naturaleza se convertiría, con los años, en el sello de Chiloefauna.

Concón de Chiloé (Strix rufipes sanborni). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).
Concón de Chiloé (Strix rufipes sanborni). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).

El Parque Tepuhueico y el encuentro que faltaba

Con el paso de los años, el Parque Tepuhueico comenzó a transformarse en una de las excursiones más solicitadas por los visitantes del Hotel Tierra Chiloé. Martín era quien realizaba muchos de esos traslados y, mientras los pasajeros recorrían los senderos, él aprovechaba cada minuto libre para explorar el parque con su cámara.

Bastó la primera visita para darse cuenta de que estaba frente a un lugar especial.

El parque aún daba sus primeros pasos, pero Martín quedó sorprendido por la abundancia de fauna y el excelente estado de conservación de sus bosques. Cada visita se transformaba en una nueva oportunidad para registrar especies que pocas veces se dejaban observar.

Para entonces ya contaba con un importante archivo fotográfico de pudúes y aves nativas. Incluso había conseguido uno de los registros más difíciles para cualquier fotógrafo de naturaleza: un concon activo a plena luz del día, un comportamiento muy poco habitual en esta especie de hábitos principalmente nocturnos.

Sin embargo, todavía había una fotografía que faltaba en su colección.

El zorro chilote o zorro de Darwin (Lycalopex fulvipes). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).
El zorro chilote o zorro de Darwin (Lycalopex fulvipes). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).

Durante mucho tiempo, el zorro chilote se convirtió en esa especie pendiente que todo fotógrafo de fauna tiene alguna vez. Una pequeña piedra en el zapato, un desafío que parecía escaparse una y otra vez y que hacía aún más especial la idea de algún día poder encontrarlo.

A pesar de los años recorriendo Chiloé, nunca había logrado observar al esquivo zorro chilote o de Darwin, uno de los mamíferos más amenazados del planeta y una especie emblemática de los bosques chilotes.

Decidido a cambiar esa historia, Martín se hospedó durante algunos días en el Lodge del Parque Tepuhueico, aumentando sus horas de observación y recorriendo distintos sectores del parque desde el amanecer hasta el anochecer.

En el Parque Tepuhueico creemos que cada fotografía de naturaleza cuenta una historia. Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).
Martín Cárdenas. Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).

La paciencia tuvo su recompensa.

Finalmente, frente a su cámara apareció un ejemplar de zorro de Darwin, regalándole uno de los encuentros más esperados de su carrera como fotógrafo de fauna silvestre.

Hoy Martín suele recordar ese momento con una reflexión que comparte con quienes participan en sus salidas fotográficas: “Muchos ven la fotografía y piensan que encontrar un zorro es fácil, pero detrás de esa imagen hay años recorriendo el bosque. Eso es lo bonito de la fotografía de naturaleza: uno nunca sabe cuándo llegará el encuentro.”

El zorro chilote o zorro de Darwin (Lycalopex fulvipes). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).
El zorro chilote o zorro de Darwin (Lycalopex fulvipes). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).

El encuentro que lo cambió todo

Fue durante una excursión a la Zona Costa del Parque Tepuhueico cuando ocurrió el encuentro que marcaría un antes y un después en la vida de Martín.

Mientras esperaba el regreso de los pasajeros, conversaba junto a otros conductores en el estacionamiento. De pronto, un movimiento entre la vegetación llamó su atención. Sin pensarlo dos veces tomó su cámara y comenzó a acercarse lentamente, terminando tendido boca abajo sobre el barro para conseguir un mejor ángulo.

Los demás choferes no entendían qué estaba ocurriendo. Desde donde estaban, solo alcanzaban a distinguir lo que parecía ser un gato doméstico. Algunos incluso se rieron al ver a Martín completamente embarrado intentando fotografiarlo.

Pero él sabía que no era un gato cualquiera.

Guiña melánica (Leopardus guigna). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).
Guiña melánica (Leopardus guigna). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).
Guiña (Leopardus guigna). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).
Guiña melánica (Leopardus guigna). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).

Frente a su lente estaba uno de los registros más extraordinarios que podían obtenerse en Chiloé: una guiña melánica, una rara variación de coloración completamente negra del felino más pequeño de América y uno de los mamíferos más difíciles de observar en libertad. Lo más sorprendente era que el animal parecía completamente ajeno a la presencia de las personas. Mientras varias personas observaban la escena, la guiña permanecía totalmente concentrada en la caza de una pequeña polilla, avanzando lentamente entre el pasto sin prestar atención a quienes la rodeaban. Esa obsesión por su presa le permitió a Martín acercarse lo suficiente para obtener las primeras imágenes de un encuentro que jamás olvidaría.

Aquel encuentro fue completamente inesperado, pero cambió para siempre el rumbo de su trabajo.

Desde ese día, la guiña se convirtió en su principal objeto de estudio y fotografía. Lo que comenzó con una imagen terminó transformándose en años de seguimiento, observación e identificación de individuos, logrando construir, probablemente, uno de los registros fotográficos más completos de esta especie en estado silvestre.

Con el tiempo, Martín se transformó en el fotógrafo que más ha documentado a la guiña en libertad en Chiloé, registrando individuos melánicos y moteados, comportamientos inéditos y escenas pocas veces observadas. Ese trabajo lo posicionó como un referente en la fotografía de fauna nativa y abrió el camino para especializarse como guía de observación de vida silvestre, compartiendo con visitantes de todo el mundo la emoción de descubrir al felino más esquivo de los bosques chilotes.

Guiña (Leopardus guigna). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).
Guiña (Leopardus guigna). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).
Guiña (Leopardus guigna). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).
Guiña (Leopardus guigna). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).

Cuando solo quedan los encuentros imposibles

Llega un momento en la vida de todo fotógrafo de naturaleza en que el desafío deja de ser encontrar una especie y pasa a ser encontrar aquello que casi nadie ha visto.

Después de años recorriendo Chiloé y de haber fotografiado prácticamente toda la fauna nativa del archipiélago, Martín comenzó a buscar esos individuos excepcionales: animales con características únicas, comportamientos inusuales o registros tan escasos que muchas veces parecían más un mito que una realidad.

Entre ellos había uno que destacaba por sobre todos.

Desde hacía años circulaba el relato de un supuesto pudú albino observado en Chiloé. Existía un antiguo registro, pero eran muchos quienes dudaban de su existencia. Para la mayoría, no era más que una historia.

Hasta septiembre de 2025.

Durante una excursión fotográfica en el Parque Tepuhueico, Martín logró registrar por primera vez a un pudú albino completamente libre en el bosque. El encuentro duró apenas unos instantes, pero bastó para obtener las imágenes que confirmarían uno de los registros más extraordinarios de la fauna chilena. La noticia recorrió rápidamente los medios nacionales, transformándose en uno de los avistamientos de fauna más importantes de los últimos años en Chiloé.

Pudu (Pudu puda). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).
Pudú (Pudu puda). Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).

Pero esa no ha sido la única rareza que ha pasado frente a su cámara. En distintas ocasiones también ha logrado registrar al conocido «pudú glotón«, un ejemplar que sorprendió por su inusual tamaño y estado físico, además de la primera foca leopardo registrada en las costas de Chiloé, un avistamiento completamente excepcional para el archipiélago.

Sin embargo, para Martín ninguno de estos registros representa un trofeo personal. Son la demostración de que aún existen rincones donde la naturaleza continúa sorprendiéndonos y de que, con paciencia, respeto y muchas horas en terreno, todavía es posible descubrir historias que parecen imposibles.

Hoy, gran parte de esa búsqueda continúa en el Parque Tepuhueico, un lugar que considera uno de los mejores refugios para la fauna silvestre de Chiloé y desde donde sigue compartiendo una misma invitación: detenerse, observar y maravillarse con la vida que habita el bosque.

Foca leopardo. Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).
Foca leopardo. Créditos (CC-BY): Martín Cárdenas (@chiloefauna).

*Las imágenes de este artículo cumplen con la licencia correspondiente para ser difundidas en este artículo atribuyendo sus créditos.

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