Inmersos en el paisaje altoandino, junto a las imponentes montañas de los Andes Centrales, y siempre asociados a un cuerpo de agua, nos encontramos con un tipo de ecosistema único que es esencial para la sostenibilidad de los ambientes de montaña: los bofedales.

Vista aérea de bofedal de Turuna. Comuna de Colchane, Región de Tarapacá. Créditos: ©Corporación Norte Grande
Vista aérea de bofedal de Turuna. Comuna de Colchane, Región de Tarapacá. Créditos: ©Corporación Norte Grande

Los bofedales son una clase de humedales altiplánicos que se sitúan en zonas específicas donde el drenaje es pobre y el suelo es mineralizado y arcilloso, lo que permite almacenar agua durante todo el año y generar un hábitat para especies vegetales características de la puna alta como la “Pak’o hembra” (Distichia muscoides) y la “Pak’o macho” (Oxychloe andina). Los podemos encontrar desde el sur de Perú y Bolivia hasta el norte de Chile y el noreste de Argentina, siempre por encima de los 3.800 metros de altura y asociados a diferentes cuerpos de agua, ya sea superficial – de vertientes, ríos, arroyos o lagunas- o agua subterránea de poca profundidad.

Estos humedales de alta montaña son de suma relevancia en las zonas altiplánicas ya que proporcionan diversos servicios ambientales que son fundamentales para los ecosistemas alto-andinos, como lo son la regulación del ciclo del agua, la protección de los suelos y el almacenamiento de carbono. Además, tienen una alta productividad, proveyendo de pastos frescos y de buena calidad a la fauna silvestre, y también, al ganado camélido. Vale decir que este tipo de ecosistemas sustentan a la mayor parte de los camélidos sudamericanos y además, constituyen una parte maravillosa de la belleza escénica del paisaje altiplánico.

Vista aérea de bofedal de Ancuyo. Comuna de Colchane, Región de Tarapacá. Créditos: ©Corporación Norte Grande
Vista aérea de bofedal de Ancuyo. Comuna de Colchane, Región de Tarapacá. Créditos: ©Corporación Norte Grande

“El altiplano por lo general es una estepa inhóspita donde crece muy poca vegetación, pero tenemos los bofedales, que son ecosistemas donde sí se puede encontrar una gran cantidad de biodiversidad porque son puntos de agua donde las especies pueden abastecerse de agua y alimento. Por eso los bofedales son los ecosistemas donde hay más riqueza o más diversidad biológica en el altiplano, tanto en flora como en fauna. Hay mucha interacción dentro de los humedales, y no solamente de los mamíferos grandes como  los camélidos (tanto los domésticos como los silvestres), sino también de un montón de otras especies que pueden habitar este territorio. De hecho, hace poco nosotros encontramos una especie que estaba en peligro de conservación dentro de unos bofedales y que no estaba descrita para la región, que es el sapito marmoleado andino (Telmatobius marmoratus).  Entonces puede decirse que los bofedales juegan un rol muy importante en los corredores biológicos que tenemos en el altiplano”, señala Gustavo Morales, jefe del Departamento de Bosques y Cambio Climático de Conaf Arica y Parinacota.

Cabe destacar, igualmente, que los bofedales cumplen un rol fundamental en la infiltración de agua de las napas subterráneas, siendo verdaderas esponjas que almacenan gran parte del recurso hídrico de las regiones más nortinas de nuestro país.

Vista aérea de bofedal de Turuna. Comuna de Colchane, Región de Tarapacá. Créditos: ©Corporación Norte Grande
Vista aérea de bofedal de Turuna. Comuna de Colchane, Región de Tarapacá. Créditos: ©Corporación Norte Grande

“Tienen un rol muy importante asociado al tema hidrológico ya que los bofedales son verdaderas esponjas que retienen las aguas lluvias y permiten mantener el recurso hídrico de la región durante todo el año. Lo típico del altiplano es que hayan épocas de muchas lluvias y épocas muy secas, y lo que hacen los humedales es permitir que el exceso o el superávit de agua que se presenta en la época de lluvia (que en nuestro caso es lluvia estival), se mantenga durante más tiempo en el ciclo y se conserve disponible en la cuenca hidrográfica para la época donde no tenemos lluvia, que sería el otoño e invierno”, agrega el encargado de Conaf.

Por su parte, Diego Aranibar Esteban, ingeniero civil ambiental y encargado de Pueblos Indígenas y Uso Sostenible de Recursos Naturales Alto Andinos de la ONG Corporación Norte Grande, destaca: “Hay que entender que estos ecosistemas alto andinos están ubicados en las cabeceras de cuenca, en la parte más elevada del territorio, que es principalmente donde se infiltra el agua de la región.  Entonces tienen un papel muy importante en la captación del agua que después desciende, por distribuciones principalmente subterráneas o superficiales como los ríos, a sectores como la depresión intermedia, y llega a las ciudades”.

Vista aérea de bofedal de Lupe. Comuna de Colchane, Región de Tarapacá. Créditos: ©Corporación Norte Grande
Vista aérea de bofedal de Lupe. Comuna de Colchane, Región de Tarapacá. Créditos: ©Corporación Norte Grande

Estos valiosísimos ecosistemas, además, pueden llegar a tener miles de años de edad, siendo un elemento fundamental para las distintas culturas que han habitado este territorio a lo largo de la historia. Existen estudios que demuestran que los bofedales podrían datar de la época posterior al último avance de glaciares (hace más de 10.000 años), lo que coincide con los hallazgos arqueológicos de los primeros cazadores-recolectores en las regiones altiplánicas, cuya presencia puede haber sido facilitada por la formación de estos humedales.

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La histórica relación mutualista entre los bofedales y las comunidades indígenas

Los sistemas de bofedales, al ser verdaderos oasis en medio de la árida estepa cordillerana, son hábitats muy favorables para el establecimiento y desarrollo de las culturas humanas. Es por ello que las poblaciones humanas que habitan este territorio, históricamente se han establecido alrededor de estos ecosistemas, convirtiéndolos en parte importante de su cultura y cosmovisión.

Habilitación de bocatoma en el bofedal de la estancia Surapalca II. Tacora, Comuna de General Lagos, Región de Arica y Parinacota. Créditos: ©Corporación Norte Grande
Habilitación de bocatoma en el bofedal de la estancia Surapalca II. Tacora, Comuna de General Lagos, Región de Arica y Parinacota. Créditos: ©Corporación Norte Grande

Las comunidades indígenas, conscientes de la importancia de los bofedales para los ecosistemas alto-andinos y para su propia subsistencia, han trabajado estos humedales desde tiempos prehistóricos, logrando optimizar el uso del agua y permitiendo que estos importantísimos ecosistemas sigan existiendo hasta el día de hoy.

A través de prácticas ancestrales como el champeo, la canalización de las aguas, la siembra y cosecha de agua, y la construcción de pequeños diques, las comunidades fueron generando complejos sistemas de administración de agua en las parcelas, permitiendo el mantenimiento de los bofedales, el incremento de su productividad y el aumento de la superficie de forrajeo.

Limpieza y perfilado de paredes en los canales de la estancia Surapalca II. Tacora, Comuna de General Lagos, Región de Arica y Parinacota. Créditos: ©Corporación Norte Grande
Limpieza y perfilado de paredes en los canales de la estancia Surapalca II. Tacora, Comuna de General Lagos, Región de Arica y Parinacota. Créditos: ©Corporación Norte Grande

 “Hoy en día los únicos que conservan los bofedales, los únicos que están trabajando el territorio porque les genera un beneficio primario y secundario, son los ganaderos, porque con ello pueden alimentar a su ganado y también autoabastecerse. Finalmente lo que hacen es manejar el bofedal para permitir que haya una correcta distribución o irrigación de agua en estos ecosistemas, y así, mantener la vegetación en buenas condiciones, evitando que se degrade. Hay que entender que si un bofedal se degrada, se consume el doble de agua que si uno lo mantiene en buenas condiciones, entonces se puede decir que los ganaderos están haciendo un aporte muy significativo a la optimización del recurso, entendiendo igual que los bofedales son las zonas de captación que entregan el agua para consumo humano del territorio, es un beneficio que nace en la cordillera y llega a toda la región, hasta la costa”, agrega Diego Aranibar.

Así, estos humedales se tornan en ecosistemas coproducidos a través de la interacción entre agentes humanos y no humanos, siendo un producto biocultural de gran relevancia para la vida en el altiplano, tanto para las comunidades como para las especies que habitan en él.

Construcción de canalización en ladera de cerro, con la finalidad de mantener elevado el nivel del agua para distribución del riego en el bofedal de la estancia Sajala. Putani, Comuna de General Lagos, Región de Arica y Parinacota. Créditos: ©Corporación Norte Grande
Construcción de canalización en ladera de cerro, con la finalidad de mantener elevado el nivel del agua para distribución del riego en el bofedal de la estancia Sajala. Putani, Comuna de General Lagos, Región de Arica y Parinacota. Créditos: ©Corporación Norte Grande

Cabe destacar que la relación existente entre los bofedales y las comunidades indígenas va más allá de la mutua dependencia y el uso de los recursos, sino que es una relación de respeto mutuo. Los bofedales son parte importante de la cosmovisión de las distintas culturas que habitan el territorio, siendo elementos vivos que evolucionan en conjunto con las poblaciones humanas. Por ello es que es existen distintas ceremonias ancestrales relacionadas con las aguas altiplánicas, como lo es la rogativa de la lluvia.

“Los bofedales tienen una relación directa con la rogativa de la lluvia, una ceremonia que se hace principalmente entre las dos primeras semanas de enero, en donde se pide el don de la lluvia para el año que viene. Para estas ceremonias, por lo general se convoca a otras comunidades que habitan en el altiplano y a comunidades de Bolivia, porque lo que se tiene que hacer, como un contexto general, es que se puedan reunir las nubes del océano pacifico con las nubes del océano atlántico, y para esto los hermanos de Bolivia traen agua del amazonas, de un sector definido, y los hermanos de Chile, tenemos que llevar agua de un sector de Iquique que se llama El Morro. Esta ceremonia es súper importante porque es ahí donde se va generando una identidad comunitaria, que más que una identidad comunitaria es una identidad en la cual la articulación entre comunidades es parte fundamental, porque no involucra a un solo territorio, sino que son varios territorios que tienen sus propias gobernanzas y que durante ese día, en ese punto de encuentro, todos van con un mismo objetivo, de ir con las mejores energías para que efectivamente el año sea bueno en precipitaciones”, indica el ingeniero civil ambiental.

Terminando canalización tradicional junto a las y los comuneros. Guallatire, Comuna de Putre, Región de Arica y Parinacota. Créditos: ©Corporación Norte Grande
Terminando canalización tradicional junto a las y los comuneros. Guallatire, Comuna de Putre, Región de Arica y Parinacota. Créditos: ©Corporación Norte Grande

Estas prácticas ancestrales, que tienen más de 5.500 años de historia, representan todo un legado de conocimiento y entendimiento sobre el territorio, siendo parte esencial del patrimonio cultural y natural de la zona norte de nuestro país.

Pese a la importancia de las comunidades indígenas en la condición de los bofedales, su conocimiento tradicional, percepciones y prácticas generalmente han sido ignorados e invisibilizados por parte de las políticas públicas. Razón por la cual este conocimiento cercano y práctico, que ofrece una perspectiva válida y necesaria para una comprensión integral y completa de estos ecosistemas, se está perdiendo a medida que pasa el tiempo.

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Los bofedales y la amenaza del paso del tiempo

Vista aérea de bofedal de Huasco Lipez. Laguna del Huasco, Comuna de Pica, Región de Tarapacá. Créditos: ©Corporación Norte Grande
Vista aérea de bofedal de Huasco Lipez. Laguna del Huasco, Comuna de Pica, Región de Tarapacá. Créditos: ©Corporación Norte Grande

Actualmente, la principal amenaza que enfrentan los bofedales es la pérdida de las prácticas ancestrales anteriormente mencionadas, producto del constante despoblamiento que han sufrido las comunidades altiplánicas en las últimas décadas. Esto debido principalmente a las condiciones socioeconómicas vigentes en el altiplano, que por su nivel de precariedad y abandono (falta de escuelas, servicios básicos y sustento económico), atraen a la población rural a los centros urbanos.

Esto ha producido que cada vez haya menos personas disponibles para llevar a cabo las distintas labores ancestrales que permiten la conservación de estos maravillosos humedales, así lo señala Gustavo Morales: “Los bofedales tienen un tamaño y una superficie que esta principalmente asociada a la intervención de las comunidades indígenas, una intervención que es histórica. Antiguamente se juntaban todas las comunidades y trabajaban los bofedales en post de un beneficio en común, porque entendían que los bofedales eran un punto de unión para todos los que habitaban el altiplano. Y eso se fue perdiendo con el tiempo porque lamentablemente se ha ido despoblando el altiplano. La gente ha ido bajando a las ciudades y la gente que va quedando arriba son personas de mayor edad que ya no pueden realizar estas labores, pensemos que son labores físicas que deben realizarse a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, y con condiciones climáticas extremas, entonces es complejo trabajar a este territorio”.

Vista del bofedal desde estancia Sajala. Putani, Comuna de General Lagos, Región de Arica y Parinacota. Créditos: ©Corporación Norte Grande
Vista del bofedal desde estancia Sajala. Putani, Comuna de General Lagos, Región de Arica y Parinacota. Créditos: ©Corporación Norte Grande

Los bofedales han sido utilizados, manejados y conservados desde tiempos inmemoriales. No obstante,  se están perdiendo víctimas del olvido y del paso del tiempo. Así mismo, existen otros factores importantes que amenazan la conservación de estos importantísimos humedales alto andinos.

Vale decir que los bofedales son entidades extremadamente frágiles por su dependencia del agua, así como son muy sensibles a los cambios climáticos y a la alteración humana, por lo que se han visto muy afectados por el cambio climático y por la actividad minera que se produce en gran medida en las regiones altiplánicas donde se encuentran estos ecosistemas.

Vista aérea de bofedal de Ancuyo. Comuna de Colchane, Región de Tarapacá. Créditos: ©Corporación Norte Grande
Vista aérea de bofedal de Ancuyo. Comuna de Colchane, Región de Tarapacá. Créditos: ©Corporación Norte Grande

Como indica Diego Aranibar: “Las principales riquezas del país están en los cerros, están en la parte andina, porque ahí es donde están los minerales que abastecen gran parte del PIB nacional. Entonces, en este territorio tenemos constantemente las presiones de las extracciones asociadas a la minería metálica y no metálica, que hacen uso del escaso recurso hídrico. Y eso es un tema critico sobretodo porque el agua se está acabando, se está llegando a las aguas fósiles, que son las más antiguas y las que más cuesta recargar. Esto trae otras consecuencias también. Por ejemplo, sucede muchas veces que estos proyectos intervienen los corredores biológicos o rutas naturales de los animales, por ende estos animales migran hacia otros sectores y finalmente lo que hacen es sobrecargar el ecosistema. Por eso mismo se está trasmitiendo enfermedades entre la fauna silvestre como la sarna, sobre todo a través de las vicuñas, y muchos animales están muriendo por eso”.

Las tendencias del clima, sumado a los cambios de las actividades humanas tendrían un efecto negativo a largo plazo sobre la conservación de estos humedales, sus procesos ecosistémicos y la diversidad de vida silvestre natural que albergan.

Identificación de vertiente en ladera de cerro del sector Temblor Tijrata. Cultane, Comuna de Huara, Región de Tarapacá. Créditos: ©Corporación Norte Grande
Identificación de vertiente en ladera de cerro del sector Temblor Tijrata. Cultane, Comuna de Huara, Región de Tarapacá. Créditos: ©Corporación Norte Grande

Es por ello que desde distintas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, como Conaf y la Corporación Norte Grande, en conjunto con las comunidades indígenas, han puesto en marcha diversos planes de manejo que buscan revivir las practicas ancestrales utilizadas por las comunidades hace milenios y con ello conservar estas reliquias naturales tan importantes para el territorio altiplánico.

“Los trabajos en el altiplano son súper importantes porque son los que mantienen el recurso hídrico de la cuenca. A veces cuesta hacer entender a la gente que vive en las zonas más bajas de la cuenca, que si no se cuidan los bofedales, entendiendo que estos son la cabecera de la cuenca, el agua que les va a llegar también va a ser menos. Por ejemplo, el valle de Azapa, que es el valle productivo más grande que tenemos en la Región de Arica y Parinacota, se alimenta de aguas que vienen de bofedales, de las zonas altas de la región. Entonces si no se protege la parte alta, los valles donde se encuentran las zonas urbanas no van a tener la misma cantidad de agua. Es por eso que la realización de estos trabajos es tan importante, porque todo lo que pasa arriba no solo repercute a la biodiversidad del altiplano, sino que también repercute en la parte baja de la cuenca”, finaliza Gustavo Morales.

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