A mediados del pasado 2025, el salvamento arqueológico realizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en la Terminal Multimodal de Progreso (ubicada en el estado de Yucatán) como parte del proyecto del Tren Maya de Carga, localizó, sobre la roca madre y alrededor de cuerpos de agua, un asentamiento de 21 estructuras. Lo llamaron K’oxol Ja’ II

Las investigaciones fueron coordinadas por la arqueóloga Susana Echeverría Castillo, con la participación de Abraham Alarcón Carmona, Carlos Avendaño Rincón, Darwin Velázquez González y otros 16 especialistas. Tras analizar su evidencia cerámica, el equipo del INAH indicó que el asentamiento estuvo ocupado alrededor del 400 a.C. y el 900 d.C., y su conservación in situ permitirá que futuras líneas de investigación continúen explorando quiénes lo habitaron y cómo vivían.

K’oxol significa mosco y ja’, agua: “agua de los mosquitos” o “agua donde brotan los mosquitos”, en referencia a los dípteros que abundan por ahí. La novedad arqueológica que trae K’oxol Ja’ II es que parece haber tenido, principalmente, una función habitacional pues sus restos corresponden sobre todo a cimientos y otros elementos arquitectónicos de antiguas viviendas. Esta evidencia si bien no posee el impacto visual de una pirámide, permite a la comunidad científica acercarse (con mayor precisión) a la vida doméstica de estas sociedades en el pasado.

De agua, roca y viviendas mayas

En K’oxol Ja’ II hay cuerpos de agua permanentes o estacionales y un cenote cuyo acceso conserva los restos de un brocal, es decir, una estructura que modificaba su entrada y que probablemente estuvo relacionada con la gestión del líquido para consumo. 

Para David Medina Arona, jefe de campo en la Terminal Multimodal de Progreso, dicha evidencia apunta a que sus habitantes tenían cierto manejo sobre los recursos hídricos en su cotidianidad.

Asimismo, tras examinar otras características del asentamiento, los investigadores del INAH plantean que K’oxol Ja’ II pudo haber sido una población de importancia intermedia, cuya entidad rectora estaría en “El Chiik”, otro asentamiento ubicado hacia el noroeste y también hallado durante el salvamento arqueológico del Tren Maya de Carga. 

Otra particularidad encontrada en K’oxol Ja’ II fue la ausencia de entierros humanos en distintas áreas. Esto puede explicarse, de acuerdo con Medina Arona, con las propias características que tiene Progreso ya que al estar cerca de la costa, es posible que las casas fueran construidas prácticamente sobre la roca madre y que los rellenos no alcanzaran gran profundidad. 

Bajo esas condiciones habría sido difícil colocar osamentas dentro de las viviendas y cubrirlas posteriormente con suficientes capas de tierra. La escasa presencia de cerámica, por otra parte, podría indicar que muchos de los objetos utilizados en las casas fueron fabricados con materiales perecederos.

El asentamiento K’oxol Ja’ II ocupa una superficie de 2,257 metros cuadrados y está integrado por 21 monumentos y estructuras. Créditos: INAH
El asentamiento K’oxol Ja’ II ocupa una superficie de 2,257 metros cuadrados y está integrado por 21 monumentos y estructuras. Créditos: INAH

La vida maya mucho más allá de las pirámides

Ahora bien, entender a la cultura maya más allá de sus pirámides y asentamientos populares da una versión más completa de cómo estaban compuestas estas sociedades pues no incluyen únicamente a quienes ocuparon los grandes centros políticos y ceremoniales. 

Por ejemplo, investigaciones realizadas en otros asentamientos mayas han mostrado que las diferencias de riqueza podían expresarse también en los espacios domésticos. En Uxbenká e Ix Kuku’il, en el sur de Belice, los investigadores Amy E. Thompson, Gary M. Feinman y Keith M. Prufer emplearon el tamaño de las unidades residenciales como indicador de inversión de trabajo y riqueza. Fue asÍ como encontraron desigualdad económica (incluso a escalas menores) como distritos y barrios.

En dicho estudio, el coeficiente de Gini (medida que va de 0, mayor igualdad, a 1, mayor desigualdad) alcanzó 0.54 en Uxbenká y 0.59 en Ix Kuku’il al analizar el volumen de sus unidades residenciales. Dichos resultados dan nociones para comprender por qué la arqueología doméstica puede ser de ayuda hacia un mayor entendimiento de las relaciones económicas y sociales de las poblaciones mayas. Aunque, cabe resaltar, no permiten determinar por sí mismos la posición social de quienes habitaron K’oxol Ja’ II.

Los investigadores no localizaron entierros humanos en las áreas exploradas, posiblemente debido a la poca profundidad de los depósitos sobre la roca madre. Créditos: INAH
Los investigadores no localizaron entierros humanos en las áreas exploradas, posiblemente debido a la poca profundidad de los depósitos sobre la roca madre. Créditos: INAH

Lo que sigue para K’oxol Ja’ II

La investigación de campo ya concluyó y, de acuerdo con el INAH, las dos únicas ofrendas recuperadas fueron resguardadas. Pero aún continúa el análisis de materiales líticos, cerámica y sedimentos. 

Por otra parte, los 21 monumentos fueron limpiados, sus muros restituidos y el conjunto fue cercado con una malla de protección. El INAH y la Secretaría de la Defensa Nacional, la cual funge como encargada de la construcción de la Terminal Multimodal de Progreso, acordaron, además, crear un polígono de protección para conservar K’oxol Ja’ II. 

El nombre K’oxol Ja’ proviene de las palabras mayas k’oxol, mosco, y ja’, agua: “agua de los moscos”. Créditos: INAH
El nombre K’oxol Ja’ proviene de las palabras mayas k’oxol, mosco, y ja’, agua: “agua de los moscos”. Créditos: INAH

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