Al salir a campo, mientras transitamos en medio de piedras calentadas por el sol, la hojarasca húmeda de un bosque de montaña o los matorrales que se extienden hasta perderse en el horizonte, puede que veamos (con esfuerzo y un ojo curioso) alguna serpiente. Pero no será sencillo pues, a menudo, el cuerpo de estos reptiles se confunde con el paisaje. Muchas de estas especies exhiben patrones grises que parecen roca, cafés que se mezclan con la tierra y verdes apagados.

Pero hay un género en especial, Crotalus, que además de lo visual también se vale del sonido por medio de una estructura conocida como “cascabel” (o crótalo, de ahí su nombre). Esta es, de hecho, una de las señales más reconocibles de este grupo en la herpetofauna mexicana. El cascabel está formado por segmentos de queratina que se van acumulando conforme la serpiente muda. Las crías nacen con una primera estructura, semejante a un pequeño botón, y cada muda puede añadir un nuevo segmento.

Además de representar una señal de advertencia, el cascabel es una estructura que les permite reconocerse a estas serpientes y que forma parte de una historia evolutiva muy propia del grupo.

Sin embargo, el cascabel no debería reducir a estos animales a la imagen de una serpiente peligrosa o agresiva. De hecho, resultan indispensables para un ambiente sano pues las cascabeles son depredadoras que participan en el funcionamiento de los ecosistemas en los que se deslizan. Consumen roedores, lagartijas, aves y otros animales y, al hacerlo, forman una parte activa de las redes alimentarias y, así, sostienen a las dinámicas naturales en la zona.

Crotalus aquilus. Créditos: Francisco Miguel Zepeda Mitchell
Crotalus aquilus. Créditos: Francisco Miguel Zepeda Mitchell

Cabe señalar que las serpientes del género Crotalus no forman un grupo uniforme, de hecho, algunas apenas superan el medio metro de longitud y viven restringidas a unas cuantas montañas; otras ocupan extensos territorios que atraviesan desiertos, bosques y pastizales.

Nuestro país es, precisamente, una de las demarcaciones imperdibles para entender a toda esa diversidad. México posee una gran cantidad de especies de cascabel como resultado de, entre otras cosas, la múltiple variedad de ambientes, relieves y microclimas que existen entre nuestras costas, sierras, altiplanos y desiertos.

En Ladera Sur México –con asesoría del fotógrafo y herpetólogo de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), Francisco Miguel Zepeda Mitchell– recabamos cascabeles que exhiben patrones llamativos, algunas de ellas son endémicas.

Una cascabel pequeña entre las montañas del centro

En las tierras altas del centro de México vive Crotalus aquilus, conocida como cascabel oscura de Querétaro o cascabel magueyera. Su territorio se extiende también por otros estados como Guanajuato, Hidalgo, Estado de México, Michoacán y San Luis Potosí. Es una de las especies pequeñas del género pues los adultos suelen medir alrededor de medio metro de longitud.

En lugar de los grandes paisajes abiertos asociados popularmente con las serpientes de cascabel, esta especie puede encontrarse entre bosques de pino-encino, matorrales, pastizales pedregosos y tierras altas. Las crías y juveniles se alimentan principalmente de lagartijas, mientras que los adultos incorporan, eventualmente, roedores a su dieta. De esta manera, incluso una serpiente de dimensiones reducidas participa en la regulación de poblaciones de pequeños vertebrados dentro de los ecosistemas donde vive.

Crotalus aquilus es endémica de México y está sujeta a protección especial bajo la legislación ambiental mexicana. Se trata de un ejemplo de cómo una especie puede estar estrechamente vinculada con los ambientes montañosos del país y, al mismo tiempo, enfrentar las transformaciones que ocurren en ellos.

Si nos trasladamos a las montañas áridas del norte de México, otra cascabel parece haber adoptado la estrategia de desaparecer a plena vista. Si seguimos bordeando los paisajes montañosos mexicanos, con suerte, podríamos toparnos con una Crotalus lepidus, conocida como cascabel gris o cascabel de las rocas.

Esta especie presenta tonalidades que pueden ir del gris al azulado o verdoso, acompañadas de bandas oscuras. Entre las rocas y las laderas montañosas, ese patrón puede hacer que el contorno de su cuerpo resulte difícil de distinguir.

Crotalus lepidus. Créditos: Francisco Miguel Zepeda Mitchell
Crotalus lepidus. Créditos: Francisco Miguel Zepeda Mitchell

Se trata de una especie pequeña, generalmente de entre 60 y 80 centímetros, que puede encontrarse tanto en zonas áridas y rocosas como bosques de pino-encino. Su distribución altitudinal también es amplia ya que existen registros desde unos cientos de metros sobre el nivel del mar hasta elevaciones cercanas a los 3 mil metros.

La vida de este reptil está ligada al relieve. Es principalmente nocturna y solitaria y puede permanecer inmóvil durante largos periodos, confiando en su camuflaje antes que en desplazarse grandes distancias.

Actualmente la especie está catalogada como de preocupación menor a escala global, pero en México se encuentra bajo protección especial. Entre las amenazas que enfrenta están la transformación y fragmentación del hábitat, los atropellamientos y la muerte directa causada por el temor o desconocimiento (fenómeno conocido como ofidiofobia) sobre las serpientes.

De las montañas al desierto peninsular

En Baja California, entre sus característicos desiertos, dunas, zonas rocosas, chaparrales y bosques también podemos encontrar a otra serpiente muy especial: Crotalus enyo, la cascabel de Baja California. Es una especie endémica del noroeste de México y se distribuye por la península, además de algunas islas cercanas tanto del Pacífico como del Golfo de California.

Crotalus enyo. Créditos: Blueag9
Crotalus enyo. Créditos: Blueag9

Su cuerpo puede alcanzar cerca de 90 centímetros, aunque se trata de una serpiente relativamente pequeña y difícil de detectar. Esa discreción es parte de su historia natural pues encontrarla en el paisaje no siempre es sencillo y existe todavía poca información cuantitativa sobre el tamaño de algunas de sus poblaciones.

No obstante, se sabe que dieta suele incluir roedores y lagartijas, y en determinadas regiones también ciempiés del género Scolopendra. En la Región del Cabo, por ejemplo, puede desempeñarse como depredadora de roedores.

Una cascabel que atraviesa buena parte del país

Contrario a las especies cosmopolitas –las cuales se encuentran presente en la mayor parte del mundo– hay otras cuya distribución puede representarse casi como un ínfimo punto sobre un mapa. Crotalus transversus, la cascabel de bandas cruzadas, es una de ellas (¡y es capitalina!).

Esta pequeña serpiente, que generalmente mide entre 45 y 60 centímetros, es microendémica de las montañas del centro de México. Su distribución está asociada con regiones de la Sierra de las Cruces, el Ajusco, el Eje Volcánico Transversal y zonas de la Ciudad de México, Estado de México y Morelos. Su mundo ocurre a gran altura, entre bosques de pino, encino y oyamel, así como pastizales alpinos que pueden superar los 3 mil metros sobre el nivel del mar.

Su cuerpo puede presentar tonalidades rojizas, anaranjadas, grises o negruzcas, atravesadas por bandas oscuras. 

Actualmente, Crotalus transversus está catalogada como en peligro de extinción bajo la normativa mexicana. Su distribución extremadamente reducida hace que la pérdida o fragmentación de su hábitat tenga consecuencias particularmente importantes. Factores como el crecimiento urbano, los incendios forestales, la transformación de los bosques y la muerte directa por ofidiofobia pueden reducir (todavía más) los remanentes donde aún sobrevive.

Y si Crotalus transversus representa uno de los extremos de la distribución restringida, Crotalus molossus se encuentra en el otro lado del espectro. En comparación con la cascabel de bandas cruzadas, nuestra cascabel de cola negra –la cual presumiblemente aparece en nuestra bandera nacional– ocupa un territorio mucho más amplio, desde el suroeste de Estados Unidos hasta distintas regiones del centro de México.

Su nombre común proviene de la cola oscura que precede al cascabel. El resto de su cuerpo puede presentar tonos verdes, amarillos, cafés o negros, dependiendo de la población y del ambiente. Además, es de foseta, es decir, que posee un pequeño orificio termosensible ubicado a cada lado de la cabeza, entre el ojo y la fosa nasal. Gracias a esta característica, es capaz de detectar diferencias de temperatura y localizar presas con mayor facilidad. 

Los ojos que no son ojos

Si nos interesa ver patrones increíbles en una cascabel toca hablar de Crotalus polystictus, conocida como cascabel ocelada. Esta serpiente recibe su nombre por las manchas oscuras que recorren su cuerpo. Sobre un fondo beige, gris o marrón claro, estos patrones forman una sucesión de figuras semejantes a ojos que pueden ayudarla a confundirse con el entorno.

Crotalus polystictus. Créditos: Tomawak
Crotalus polystictus. Créditos: Tomawak

También es una especie endémica de México y se encuentra principalmente en ambientes del centro del país, incluidos pastizales, matorrales, zonas húmedas con vegetación herbácea y bosques de pino-encino. Puede vivir entre aproximadamente 1,450 y 2,600 metros de altitud.

Pero estos paisajes (dominados por presiones como la agricultura, la ganadería y el crecimiento urbano) se han transformado en grandes extensiones y el espacio disponible para la fauna silvestre puede quedar dividido en fragmentos.

A escala local, esta fragmentación del hábitat puede representar un problema particularmente importante porque no basta con que una especie siga existiendo; también necesita que sus poblaciones puedan mantenerse conectadas con los ambientes que requieren para alimentarse, refugiarse y reproducirse. Por ello, al día de hoy la cascabel ocelada está sujeta a protección especial en México.

La pequeña cascabel del desierto sonorense

La cascabel tigre, Crotalus tigris, tiene un cuerpo pequeño, de alrededor de 60 a 80 centímetros, atravesado por bandas estrechas que recuerdan las rayas de un felino. Sus tonalidades pueden ir del café y crema al gris azulado o incluso a tonos anaranjados y rosados. En México, se encuentra principalmente en el estado de Sonora.

Crotalus tigris. Créditos: Francisco Miguel Zepeda Mitchell
Crotalus tigris. Créditos: Francisco Miguel Zepeda Mitchell

También es una especie de movimientos relativamente limitados. Durante sus periodos de mayor actividad puede desplazarse distancias cortas y alimentarse de presas pequeñas como lagartijas y roedores.

Además de sus llamativos patrones, su veneno ha llamado especialmente la atención de la investigación científica por su composición y por la elevada actividad de algunas de sus toxinas.

En México está sujeta a protección especial. Al igual que en las demás especies mencionadas, la transformación del hábitat y la eliminación directa por temor forman parte de las presiones que pueden afectar significativamente a sus poblaciones.

Una cascabel con una cresta en el hocico

En las montañas de la Sierra Madre Occidental se distribuye Crotalus willardi, conocida como cascabel de nariz crestada o bigotuda, tiene pequeñas escamas levantadas en la punta del hocico que forman una cresta característica.

Crotalus willardi. Créditos: Francisco Miguel Zepeda Mitchell
Crotalus willardi. Créditos: Francisco Miguel Zepeda Mitchell

Es una de las cascabeles más pequeñas ya que puede medir alrededor de 30 a 60 centímetros. Habita principalmente en laderas rocosas, cañones y bosques de montaña, en elevaciones que pueden superar los 2 mil metros. Su distribución está relacionada con las llamadas “islas del cielo”, o sea, montañas que se elevan sobre ambientes más secos y que funcionan como refugios para especies adaptadas a condiciones particulares.

Así como Crotalus aquilus, este reptil también presenta un cambio en la dieta a lo largo de su vida pues si bien las crías pueden alimentarse de pequeños reptiles y ciempiés, más adelante los adultos incorporan pequeños mamíferos y aves.

A lo largo de este artículo hemos tratado de mostrar un poco de la diversidad de cascabeles que alberga nuestro país. Pero este patrón también está respaldado. Sobre Crotalus y cómo se distribuye a lo largo de varios ecosistemas mexicanos, una investigación realizada por Martínez-Rodríguez y colaboradores en 2021 ayuda a visualizar esa heterogeneidad. Al comparar dos regiones mexicanas (la Reserva de la Biosfera de Mapimí, en el norte del país, y Vitejhé, en el estado de Hidalgo), los investigadores encontraron comunidades de cascabeles completamente distintas. En Mapimí registraron cuatro especies y en Vitejhé tres, pero ninguna especie fue compartida entre ambos sitios.

En Mapimí, un paisaje árido dominado por matorrales xerófilos, las especies registradas fueron C. atrox, C. lepidus, C. ornatus y C. scutulatus. En Vitejhé, entre matorrales, cultivos y bosques de montaña, registraron C. molossus, C. aquilus y C. triseriatus. Así, el resultado de ese estudio es tan sólo una pequeña muestra de cómo puede cambiar la comunidad de cascabeles de un sitio a otro.

Pero también, subrayan los autores, muestra por qué un mapa de distribución debe leerse con cautela. Es decir, el que una especie no haya sido observada durante un muestreo no significa que esté ausente en ese lugar. Factores como la temperatura, la época del año, el comportamiento de las serpientes, la accesibilidad del terreno y el esfuerzo de búsqueda pueden modificar de manera significativa lo que los investigadores puedan hallar.

Por ello, la conservación de estos enigmáticos y escamosos seres tampoco puede desligarse del paisaje. Una especie microendémica de montaña no enfrenta exactamente los mismos problemas que una cascabel de amplia distribución; una población aislada por carreteras y urbanización tampoco tiene las mismas posibilidades que otra dentro de un territorio continuo.

El que podamos observar la diversidad mexicana de Crotalus es, a su vez, atestiguar cuántos tipos de espacios naturales tiene nuestro país y los retos particulares que enfrenta cada uno. Pero el ligar ambas dimensiones será vital para preservar esta riqueza de ofidios que nos caracteriza tanto.

Crotalus molossus. Créditos: Francisco Miguel Zepeda Mitchell
Crotalus molossus. Créditos: Francisco Miguel Zepeda Mitchell
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