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A dos años del megaincendio de Valparaíso, fotógrafo retrata sus secuelas: “Después de que se quemó todo, la gente volvió a plantar flores para manejar su frustración”
A finales de 2025, el fotoperiodista alemán Stefan Nieland viajó a la Región de Valparaíso para cubrir una historia que para muchos quedó en el pasado: la de las secuelas del megaincendio de 2024. En su paso, retrató a quienes todavía sufren sus efectos y un paisaje que, al tiempo que entrega señales de esperanza, también las da en preocupación. El resultado es un ensayo fotográfico de 200 páginas, de las que hoy nos comparte un acercamiento.
El 2 de febrero de 2024, un incendio que empezó cerca de la ruta 68, en las inmediaciones del lago Peñuelas, se volvió incontrolable en la Región de Valparaíso. La aparición de múltiples focos que se expandieron a Viña del Mar, Quilpué, Villa Alemana y Limache, generó una catástrofe que se controló días después, dejando más de 130 fallecidos y alrededor de siete mil viviendas afectadas.

El fotoperiodista alemán Stefan Nieland, quien ya había presenciado el incendio de 2019 en una visita pasada a Chile, se enteró de la noticia a través de redes sociales y medios internacionales: “Me impresionó mucho la magnitud del evento. Con el tiempo, la cobertura disminuyó, pero yo veía en redes a mis amigos en Chile haciendo de todo, avanzando con reconstrucciones, sacando escombros. Eso me impactó mucho, ver lo de después de la catástrofe, cuando la noticia pierde el valor y los medios la dejan de lado”.
Las imágenes eran impactantes: Un incendio que se propagaba rápidamente gracias a las condiciones climáticas —como las altas temperaturas, baja humedad, efecto secante y permanente del viento, además de su dirección—hacia bosques leñosos y pastizales en dirección a los sectores poblados, además de servicios básicos colapsados y emergencias que debían ser atendidas. Cuando finalizó el evento, se dio paso a la reconstrucción de uno de los mayores desastres de la historia moderna de Chile.

Para Stefan, era un tema que necesitaba más cobertura. Por ello, al terminar su carrera de fotoperiodismo consiguió una beca para cubrir la historia e investigar sus secuelas. El resultado es un ensayo fotográfico que documenta la vida en los barrios afectados y los daños invisibles en los campamentos de la Región de Valparaíso a finales de 2025. El trabajo busca retratar la vida que sigue en reconstrucción y vuelta a la cotidianeidad, al tiempo que la sequía —agravada por el cambio climático—sigue amenazando a la región con el peligro de incendios.

¿Cuáles son las consecuencias psicológicas en las personas afectadas? ¿Cómo avanza la reconstrucción? ¿Cómo vive la gente que ha reconstruido sus hogares sabiendo que cada año, durante la temporada de verano, los incendios regresan a la región? ¿Cuáles eran las causas y cuáles son los problemas estructurales detrás de esta situación?, son algunas de las preguntas que intentó contestar.
“Me di cuenta de que, aún dos años después, todavía había tantas cosas que contar: problemas de reconstrucción y gente sin ser escuchada. Eso me motivó a hacer un trabajo con más profundidad sobre el tema con muchas perspectivas en un libro. La fotografía era algo muy importante, pero también realicé entrevistas con distintos actores, como personas afectadas, geógrafos, instituciones, bomberos y políticos, además de dibujos y notas de una sesión de terapia con personas afectadas. Es un tema complejo, con muchos puntos de vista. Yo me propuse mostrar que no era una situación fácil de explicar, con múltiples aristas”, explica.


—En Chile el 99% de los incendios son causados por el humano. Además, este tipo de eventos como los megaincendios, se relacionan directamente con el cambio climático ¿Cómo viste esto en terreno, a dos años de la catástrofe? ¿Cómo buscaste retratarlo?
—Cuando empecé el proyecto realicé una lista con los aspectos que quería abarcar. Trabajé con el mapa del registro oficial del incendio, que marca toda la zona quemada. En un principio, tenía una lista básica de temas que incluía el impacto de plantas introducidas como el eucalipto. Yo sabía que esa especie era un problema porque se quema muy rápidamente. En esa búsqueda, encontré uno que estaba en la luz y parecía un cuchillo, como algo peligroso. Después estaba la sequía. ¿Qué causa la sequía? El material combustible que se quema rápido. Quería tener, por un lado, imágenes de lo seco del piso como el campamento Monte Sinaí, donde tampoco había infraestructura crítica como para que los bomberos pudieran trabajar ahí.

Para mí también era importante tener algún idioma visual que mostrara bien los enfoques que quería. Entonces, por ejemplo, para mostrar la sequía, yo busqué una zona de Quilpué, donde también se quemó parte del barrio y había un montón de pasto seco. El problema es que si a eso lo alcanza como una chispa de algo, se puede quemar todo de nuevo. Daba la sensación de que después del incendio, existía el peligro de que volviera a suceder.


También hay una imagen de una antena, con algún tipo de conexión eléctrica a la que le salían chispas. Entonces, para mí el libro muestra secuencias de imágenes que tratan de contar un poco abstractamente esas posibilidades de que se genere un incendio nuevamente.
Otra cosa muy importante para mí era más allá de las secuelas del incendio en el paisaje, sino las consecuencias en la mente de las personas. La municipalidad entregó sesiones psicológicas de terapia y fui a una de esas sesiones. Ahí hacían escribir una palabra que venga a la mente al pensar en el incendio. La idea de esos papelitos era hacer una instalación de arte en el centro de salud de Viña del Mar. Esos papelitos los incluí porque les dieron un significado a las imágenes.


También busqué fotografías que hablaran del cambio climático, porque obviamente es un tema en los incendios. Y me topé con las fábricas. Eso también se ve en el libro.

—Por lo que cuentas, queda la sensación de que pasó la tragedia hace dos años, pero que todavía queda mucho por hacer para que no vuelva a ocurrir…
—Claro, es un círculo que vuelve. Me enfoqué mucho en trabajar en los campamentos porque entiendo la frustración de la gente. Hay lugares más bajos donde llegaron casas, pero más arriba fue ayuda humanitaria. También hay reconstrucciones en zonas de alto riesgo, donde si vuelve a ocurrir un incendio se va a volver a quemar, porque no hay plata para construir casas más resistentes. En los campamentos es muy difícil porque no hay recursos.


—¿Cuál es tu diagnóstico a dos años de la catástrofe?
—Por un lado, hay mucha gente que quiere olvidar y, por otro, gente que necesita compartir su experiencia. Llegué presentándome como un periodista de Alemania que estaba haciendo un proyecto sobre el incendio y no me dejaban de hablar, me invitaron a sus casas y me agradecían porque los medios locales ya no le prestan atención al tema. Eso les generó frustración y muchos todavía luchan, el tema está muy presente todavía.

Ellos comentan que la reconstrucción va a durar cinco años más, que no tiene recursos para seguir, que perdieron todo. Eso para mí es inimaginable. Por eso, cuando yo estaba en esa sesión psicológica, al final me pidieron que yo también anote una palabra. Por eso al fin del libro, puse un último papel, el mío, que dice: inimaginable.
—En las fotografías es posible apreciar, por un lado, la espera y la incertidumbre y, por otro, la esperanza. ¿Cómo viste tú este paralelo en el terreno?

—Es muy lindo el rol de las flores. Después de que se quemó todo, mucha gente volvió a plantar. Por ejemplo, en el campamento Monte Sinaí, las personas me contaron que hacerlo era una forma de manejar la frustración. Una señora me dijo que iba a terapia, pero ¿en qué le iba a ayudar si en todos lados en donde vivía las cosas le recordaban al incendio? Donde iban veían árboles quemados, en todos lados estaba presente la tragedia. Entonces, lo que mucha gente hacía era plantar todo en su patio y salieron muchas flores, se ve mucho más verde. Les ayuda, psicológicamente, ver la naturaleza que vuelve porque antes estaba todo gris.
Veronica Droppelmann A.