Ladera Sur La araucaria solitaria del Parque Nacional Laguna del Laja
La araucaria solitaria del Parque Nacional Laguna del Laja

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La araucaria solitaria del Parque Nacional Laguna del Laja

Una araucaria solitaria capturó la atención de nuestro colaborador Manuel Fuentes. ¿Quieres saber a dónde la encontrarla? ¡Entérate aquí!

El Parque Nacional Laguna del Laja, en la región del Biobío, es un lugar que alberga muchas sorpresas y que permite recorrer trayectos que mezclan la belleza del paisaje, el clima cambiante y la emotividad de haber sido testigo de una lamentable tragedia. Estos factores lo transforman en un paraje que contiene de por sí una carga sentimental: la soledad, la majestuosidad del entorno y la tensa calma de los vaivenes ambientales se apoderan de quien lo recorre, a la vez de ayudar a ir contando una historia, de ir exponiendo y ocultando las vistas, de ir escondiendo meticulosamente y al mismo tiempo sorprendiendo.

En la cara sur oriente del volcán Antuco y cercano al paso internacional Pichachén se encuentra el sector llamado “Los Barros”, un valle que separa al macizo del estratovolcán de Sierra Velluda y que sin duda vale la pena conocer, ya que con sus dos torres y el glaciar que cuelga entre ellos se compone un perfecto escenario de fondo para un entorno que se caracteriza por la vegetación baja y que desafía la percepción de distancia.

Es en este valle que uno de los secretos del parque se descubre tan quieto y calmo como el mismo trayecto que debe recorrerse para descubrirlo. A solo 1 km aproximadamente desde la vía vehicular que conecta con el paso internacional se encuentra la que se ha denominado como “La Araucaria Solitaria” o “Primera Araucaria”, y que puede ser el vestigio del inicio vertiginoso de la distribución que tendrá este magnífico árbol posteriormente en la región de La Araucanía, en donde dominará a placer el paisaje nevado y volcánico.

La araucaria solitaria. ©Manuel Fuentes
La araucaria solitaria. ©Manuel Fuentes

Pequeña y sin aspavientos se yergue en un acto desafiante, rodeada del Antuco y Sierra Velluda que pareciese que la protegieran como a una princesa en crecimiento milenario, que sabe de su importancia y se muestra segura y dominante.

Para llegar a ella simplemente hay que desviarse de la ruta vehicular y caminar a través de este valle inmenso, el que a medida que uno avanza pareciese que aleja a esta solitaria conífera. Una vez ahí, uno puede descansar bajo su tenue pero cálida sombra, al borde del estero que la acompaña.

©Manuel Fuentes
©Manuel Fuentes

Es un lugar de impactante belleza, en donde el esplendor de la naturaleza se hace presente. Presenciar esta pequeña pero altiva araucaria en medio de un paraje que la muestra solitaria produce un efecto de grandiosidad y de pequeñez al mismo tiempo. Y si a lo anterior le sumamos toda la carga emocional que provoca el recorrido al pasar por planicies llenas de lava solidificada, la vista a la Laguna del Laja y sus diferentes colores; las paredes de roca que pareciesen estar a punto de desprenderse; la figura imponente del volcán Antuco y sobretodo el memorial de los jóvenes que fallecieron trágicamente en esos días de mayo de 2005, desafiando el viento blanco y las temperaturas bajo los -35°; y el recorrido a modo de vía cruces, en donde se pueden ver los lugares en donde fueron encontrados los cuerpos de cada uno de ellos, puede hacernos enfrentar una suerte de catarsis emocional.

Surgen reflexiones en torno a la vida que se abre paso en medio de inclemencias naturales de todo tipo, en donde quizás la tierra en un homenaje de un solo gesto nos muestra a aquellos que tempranamente partieron, en una pequeña pero grácil araucaria, que sabemos vivirá por generaciones recordando y rememorando, en este pequeño paraíso que es el Parque Nacional Laguna del Laja, imponente, solitario, cambiante y majestuoso.

©Manuel Fuentes
©Manuel Fuentes

Un dato extra: para los amantes del geocaching (la actividad de esconder y encontrar “tesoros” con la ayuda de un GPS) es bueno destacar que en la cercanía de esta araucaria solitaria -y no sin dar algunos rodeos- es posible encontrar un caché (tesoro) que data desde hace varios años y que es sobre todo una entretenida y no tan compleja actividad para los niños y quienes son asiduos a la exploración. Vale recordar que en este punto la señal para móviles es nula pero aún así el GPS puede ayudar a encontrarlo (pueden ver esto en la aplicación oficial de geocaching y buscarlo por “Antuco” en donde saldrán los cachés (tesoros) escondidos en este sector).

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