Ladera Sur Conociendo el Parque Pumalín en motorhome
Conociendo el Parque Pumalín en motorhome

Naturaleza

Conociendo el Parque Pumalín en motorhome

Nuestro colaborador invitado es Marcelo Salazar quien hace un tiempo decidió recorrer parte de la Región de Los Lagos y en especial el Parque Pumalín, en motorhome junto a su familia. Aquí nos detalla su viaje y por qué para él esta modalidad de viaje es una excelente opción para los amantes de la naturaleza que quieran disfrutarla con mayor comodidad. 

En Chile cada vez se ven más alternativas al camping tradicional. En la carretera, los carros de camping, carpas en el techo, casas rodantes de arrastre y las cómodas motorhome están ganando terreno. Pero muchas veces hay quienes descartan estas opciones sólo porque piensan que puede ser todo un desafío y ante las dudas de ¿será fácil manejarla? ¿qué licencia debo tener? o ¿dónde estaciono? ¿qué autonomía tiene? y una duda no menor… ¿qué hacer con las aguas grises y negras del baño?, rápidamente la idea se esfuma.

©Marcelo Salazar
©Marcelo Salazar

Les relataré algunos detalles de mi viaje por la Región de Los Lagos en motorhome contando algunos detalles del vehículo pero más que nada centrándome en el concepto de cómo ver la naturaleza desde esta perspectiva en uno de los parques más bellos de la región y con una persona de sólo 2 años que iba junto a nosotros, Maximiliano nuestro hijo, para que puedan hacerse una idea.

Un día de febrero, tras haber reservado un cupo en la barcaza que hace el cruce desde río Negro en Hornopirén hasta Leptepu, en Caleta Gonzalo, salimos desde Puerto Varas rumbo a Parque Pumalín. Nuestro día 1 de las vacaciones fue un viernes.

©Marcelo Salazar
©Marcelo Salazar

(Día 1) A las 17 horas salimos rumbo a Hornopirén, con un día despejado y  cercano al atardecer. Nos instalamos cerca del mar en la costanera de Hornopirén a cenar, ver el atardecer y planificar nuestro segundo día partiendo por la proeza de ingresar los 8 metros del móvil por la rampa y, para hacerlo difícil, en retroceso.

Íbamos en un modelo de origen  americano, con buena capacidad para 5 o 6 personas, buena autonomía de batería para la luz y calefacción, gas para el refrigerador y cocina. En energía tenía autonomía para unos 2 a 3 días estacionado, agua para un día y aguas negras para unos 3 o 4 días en que había que desaguar en algún baño de camping con una manguera.

Dormimos bien, nos levantamos, duchamos, cargamos agua en el retén de carbineros y al puerto.

(Día 2) A las 9 salía nuestra barcaza, que por su diseño sólo era posible entrar retrocediendo en una difícil maniobra que terminó con éxito gracias al excelente chofer contratado –que era  yo–.  Adentro nos esperaban cerca de 4 horas de viaje. Maximiliano entre juegos, cuentos y siesta, llegó muy bien a Leptepu para continuar el empalme con la segunda barcaza de tramo corto hasta Gonzalo. Ahí compramos unas provisiones, sacamos unos arándanos del camping de la caleta y nos fuimos a buscar el mejor aparcamiento para nuestro Bus-Casa como lo denomina hasta hoy mi hijo. En el camping Cascadas Escondidas había un portal que no permitía el ingreso de vehículos altos, pero en el tercer lugar –lago Blanco– nos estacionamos perfecto. Se trataba de un maravilloso lugar junto al lago con pequeños quinchos. Ahí capeamos la llovizna que acompañó ese primer día en el parque.

©Marcelo Salazar
©Marcelo Salazar

Visitamos el Sendero de Los Alerces en un recorrido de una hora ida y vuelta preguntándonos: ¡¿Cómo sobrevivieron estos alerces tan cerca de la ruta y del mar?!, se ve fácil su explotación. Para la suerte de los visitantes, este lugar posee un bosque con un número importante de ejemplares de más de 2.000 años y grandes diámetros,  acompañados además de mañíos también muy grandes.

(Día 3) Visitamos el Sendero de las Cascadas Escondidas. Desayunamos y nos acercamos al sendero que, si bien tarda de 2 a 3 horas de ida y vuelta, con mi hijo de 13 kilos en su mochila de trekking se hizo más largo. Llegamos hasta el final  y visitamos las 3 cascadas en un bello sendero junto al río y subiendo las duras escaleras que aún recuerdan mis cuádriceps.

©Marcelo Salazar
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Este mismo día nos aventuramos a hacer la ruta en motorhome hasta Chaitén, comprando víveres y reponiendo el agua y combustible. Caminamos por el pueblo y luego nos fuimos a lago Yelcho a estacionar y comer para luego seguir a Futaleufú al día siguiente. Al regreso pasaríamos de nuevo por Pumalín para caminar otro poco.

Arribamos a Yelcho al sector del camping de Yelcho Patagonia, quienes hospitalariamente nos asignaron una ubicación privilegiada frente al lago para estacionarnos. Ahí descansamos, tomamos un café y decidimos cenar en el lodge una exquisita cena.

(Día 4) Despertamos rodeado de vacas y terneros, con vista al lago, desayunamos y ordenamos para seguir el viaje más al sur rumbo a villa Santa Lucía y luego Futaleufú. No nos imaginamos lo que pasaría meses después en la villa, algo muy lamentable. Dimos una vuelta al pueblo y seguimos el viaje a Futaleufú. Entre hoyos y calamina se soltó el microondas del motorhome y tuvimos que parar a repararlo, por suerte con éxito.

©Marcelo Salazar
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(Día 5 y 6) Despertamos y nos fuimos a visitar el lago Espolón y río Espolón para tomar las algunas  fotos. Además de pasar un día tranquilo en el pueblo degustando las pizzas ricas de Fabio.

(Día 7 y 8) ¡De regreso a Pumalín! Regresamos al sector del volcán para estacionarnos y recorrer los senderos más pequeños que nos permitieran llevar a maxi sobre los hombros. Muy cómodo camping con vista al volcán humeante del  Chaitén. Llegamos tarde con algo de lluvia suave, cocinamos y cenamos los 3 juntos. Al día siguiente a las 11.30 horas ya estábamos en la rampa subiendo la motorhome y emprendiendo el retorno.

©Marcelo Salazar
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Así terminaba una grata experiencia en motorhome, donde puedes estar en contacto con la naturaleza cómodamente con un niño pequeño. Si lo comparamos a un camping en carpa es mucho, pero mucho cómodo. Pero si lo comparamos a una casa o cabaña, ya no lo es tanto. Las perspectivas son relativas: pudimos cocinar, bañarnos con agua caliente y poner calefacción en la noche. Una experiencia que pronto repetimos para ir a Llanada Grande, esa la contaré en otro momento.

Maxi nunca olvidó la experiencia y hasta el día de hoy  –a dos años del viaje– si ve un motorhome en la ruta o en algún lado, nos avisa diciendo: “un bus casa papá”.