Chile tiene más de 300 fuentes termales registradas a lo largo de su territorio. Desde el desierto de Atacama hasta la Patagonia, el agua caliente brota de la tierra como consecuencia de uno de los arcos volcánicos más activos del planeta. Y sin embargo, hasta diciembre de 2025, ningún complejo wellness termal del país contaba con una resolución sanitaria formal que certificara sus piscinas bajo la normativa vigente del Ministerio de Salud.

El primero en obtenerla fue Parque Termal Botánico (PTB), ubicado en el kilómetro 12 del camino a Liucura, en Pucón, Región de la Araucanía. El documento —emitido por la autoridad sanitaria regional— certifica que las piscinas termales del parque cumplen con todas las exigencias técnicas, operacionales y de seguridad que la normativa exige: monitoreo continuo de la calidad del agua, protocolos de uso y mantención, mecanismos de trazabilidad, definición de aforos máximos, y medidas específicas de seguridad para los usuarios.

Lo que parece obvio y no lo es

Para quien visita unas termas, asumir que el agua está controlada sanitariamente parece lo mínimo. Pero la realidad de la industria termal chilena es distinta. Históricamente, las termas han operado en una zona gris regulatoria: el agua termal, por provenir de fuentes naturales, no estaba sujeta a los mismos estándares que una piscina convencional. Eso significaba que la mayoría de los centros termales del país —incluyendo algunos de los más conocidos— operaban sin una resolución sanitaria formal para sus piscinas.

PTB decidió cambiar eso. Y lo hizo voluntariamente.

El equipo detrás del logro

El proceso fue liderado por el equipo de BioAntu, encabezado por Francisco Torres, en conjunto con la dirección de Parque Termal Botánico. Implicó meses de trabajo técnico: análisis de agua, adecuación de protocolos, implementación de sistemas de monitoreo continuo, definición de capacidades máximas por piscina, y la construcción de un sistema de trazabilidad que permite saber, en todo momento, las condiciones exactas del agua que toca al visitante.

«No lo hicimos porque nos obligaran. Lo hicimos porque creemos que ese debería ser el estándar mínimo de cualquier lugar donde la gente mete su cuerpo en el agua«, explica Federico Martínez, CEO de Parque Termal Botánico.

Un parque que no es solo termas

PTB opera desde 2024 como lo que ellos definen como «el primer parque termal botánico del mundo»: un espacio que integra aguas termales con un jardín botánico en proceso de acreditación internacional ante BGCI (Botanic Gardens Conservation International), senderos en bosque nativo valdiviano, y un programa de actividades diarias de bienestar —sonoterapia, yoga, watsu, pilates— incluidas en el precio de la entrada.

El parque controla su aforo por bloques horarios para evitar la masificación, opera con un protocolo de atención documentado, y en 2026 inaugura un WELLNESS SPA con kinesiólogo, nutricionista y quiropráctico al servicio tanto de deportistas de élite como del público general.

Un precedente para toda la industria

La resolución sanitaria obtenida por PTB no es solo un logro institucional. Es un precedente para la industria wellness y termal de Chile. Demuestra que es posible operar un centro termal bajo estándares sanitarios formales, y que hacerlo no solo es una responsabilidad con el visitante, sino también un compromiso con la profesionalización de un rubro que lo necesitaba.

En un país donde el turismo de bienestar crece sostenidamente y donde los visitantes son cada vez más conscientes de las condiciones de lo que consumen, contar con la certificación sanitaria de las piscinas deja de ser un diferenciador y se convierte en lo mínimo esperable.

*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.

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