Nació en México en 1980. Con estudios de filosofía y licenciada en Arquitectura en la Universidad de Cambridge, Otilia Portillo Padua comenzó su carrera como cineasta poco después de titularse. Directora, guionista y productora, dirigió “Llegando al cielo todo se refleja”, su primer documental, en 2006. Luego vendría el turno del premiado “Diarios a tres voces”, que la llevó a instalarse como un nombre destacado en la industria. Regresó luego con “Pajareros”, bajo la producción ejecutiva de Gael García Bernal, pieza disponible en Netflix, y que retrata a los observadores de aves en la frontera de México y Estados Unidos. 

Otilia Portillo.
Otilia Portillo.

Su primer amor en el cine fue el de género, siempre le gustó el lenguaje cinematográfico, y también el literario. La ciencia ficción y el terror, fueron algunos de sus intereses en cuanto a géneros. Luego migró a otras vertientes. Asegura que en su trabajo como realizadora no hay algo tan intencional, aunque siempre “permea en mí lo personal y lo político. Porque a pesar de lo que la gente diga, siempre estos puntos permean en tu trabajo. Lo personal también puede tener algo político, ¿no? Bueno, es un tema tan grande ese de si debemos ser políticas o no las personas que creamos contenido”, dice. 

A partir de “Pajareros” empezó a interesarse en la relación de las personas con los ecosistemas, con los animales. “La relación con otro puede ser mil cosas a la vez. En mi último documental son los hongos, los bosques, pero también es el otro. Cómo nos relacionamos con algo que no conocemos y que a lo mejor nunca vamos a conocer al 100%. Esa vocación de misterio era algo que queríamos que permeara en la película”. 

Habla de “Hijas del bosque”, su sensible último trabajo, donde nos sumerge en el fascinante mundo de los hongos, mostrando la conexión entre las mujeres recolectoras y su sabiduría ancestral con el micelio y la protección de los ecosistemas. Con una primera función agotada en pocos días en el marco del Festival Santiago Wild, que ya confirmó una segunda proyección para el 13 de mayo en Sala K, la directora nos invita aquí a un viaje frente al cual ningún espectador quedará indiferente. A través de un sinnúmero de poderosas imágenes, aquí seguimos las vivencias de dos micólogas de los bosques centrales de México, aprendemos sobre micelio y los hongos en general, pero, sobre todo, de espiritualidad, ciencia y legado indígena. 

Otilia Portillo Padua
Otilia Portillo Padua

Recolecciones de sabiduría ancestral

Durante cuatros años, todas las temporadas de hongos desde 2021 a 2024, Otilia y su equipo estuvieron grabando en los bosques centrales de México. Las postales que quedaron de esas grabaciones son un tesoro, tanto por los paisajes, como por las tomas de ese micro mundo colorido de los hongos, sus redes subterráneas, y las personas que los colectan y protegen.

Aquí convergen dos temas centrales: las historias humanas de vida y los hongos como facilitadores espirituales y sustento. Pero hay mucho más; también está la relación entre las tradiciones y la ciencia dura. En 94 minutos de duración, la obra pasa por la conservación y tala de bosques, la enseñanza y el traspaso de conocimientos a los niños, el lenguaje Tlahuica que se va perdiendo, la pérdida de nuestros seres queridos, los homenajes. Y resulta difícil resumirlo en tales tópicos, porque son éstos y muchos más.

Still película "Hijas del bosque"
Still película «Hijas del bosque»

Sobre cómo comienza y se desarrolla este viaje; y cómo adentrarse en los hongos puede cambiarnos la vida, Otilia Portillo tiene mucho que decir. 

El documental nace por una escritora de ciencia ficción, ni siquiera por los hongos. Parte por la escritora Ursula K. Le Guin, que escribió un ensayo que me impactó mucho, lo menciona también Donna Haraway en su libro “Stay With The Trouble”. Básicamente, allí ella plantea las historias como contenedores. Primero habla de Elizabeth Fisher, una antropóloga que plantea que la primera herramienta humana no fue una espada o un cuchillo de obsidiana; sino que fue un receptáculo para captar agua o recolectar. Un canasto, prácticamente. Y luego se hablaba de las historias de héroes. Pensé el canasto como complemento de la narrativa del viaje del héroe, que es alguien que quiere algo, lo obtiene y hay una resolución. El canasto, pues, vendría a ser una especie de contenedor de esas cosas que pasan un poco como la vida…yo quería hacer una historia que fuera un contenedor. Y luego Paula (Arroio, su productora) mencionó a las recolectoras. Como quería acercarme al canasto, dije ´¡Ah! Recolectoras de hongos´. Luego, qué hay detrás del canasto, qué hay dentro del canasto. Mamá mía, y el hongo era una red que está ahí, y que no vemos”, relata.

—¿Por qué decidiste que las protagonistas fueran mujeres? 

—Bueno, en México en realidad la mayoría de las personas que recolectan en las partes centrales, no en la selva, sino en el bosque de pino, son mujeres. Hay una cultura de recolección femenina…yo quería hacer una historia sobre mujeres en general. Ahora, los hombres también hacen recolección, pero en sectores más alejados, más empinados y escarchados, que requieren trayectos más largos y en zonas de montaña más profundas. Pero son las mujeres quienes la practican muchísimo más. Y luego, además aparecen estas chicas fantásticas (dos protagonistas) que acabamos conociendo a través de un colegio de postgraduados en Texcoco, como una escuela técnica donde estudian materias como uso de suelo, micología, botánica, que luego tendrán funcionalidad científica que pueden aplicar en sus comunidades. 

Still película "Hijas del bosque"
Still película «Hijas del bosque»

—¿Cómo es la experiencia de filmar en el bosque?

—La verdad es que es bien difícil, porque aquí en México también tenemos mucha luz cenital en los bosques, esa luz de arriba. En cambio, por ejemplo, cuando ves una película finlandesa o nórdica de bosque tienen esa luz preciosa que llega de lado, esa luz como de hora mágica. Entonces para nosotros fue difícil a nivel técnico, la luz es muy dura. Además, está la época de lluvias. No es todo el día, pero llueve mucho, sobre todo en las tardes, entonces teníamos que grabar solo en las mañanas. 

—En un par de ocasiones, haces hincapié en el tema de la tala ilegal de los bosques, ¿cuál es tu evaluación sobre el estado de protección de los bosques en México y por qué decidiste integrar el tema en el documental?

—Lo cierto es que no había manera de no ponerlo. La situación en muchos lugares de México es crítica, sumamente crítica. Y no es nueva, incluso en la zona en que grabamos, que es protegida, aledaña a un parque nacional. Está muy fuerte la situación, en México hay muchas fuerzas que confluyen en este tipo de deforestación, no son tres leñadores, digamos. Hay una demanda gigante por la tabla en Ciudad de México. Como lo ves en esas escenas, la Guardia Nacional está ahí, pero la zona se ve cada vez peor. Hay unas zonas donde grabamos que ya no están, o a las cuales ya ni se puede acceder porque además hay colusión con el crimen organizado. Hay muchos intereses superiores y dinero de por medio. 

—¿Qué aprendiste de los hongos haciendo este documental?

—Realmente aprendí mucho. Yo no sabía nada de los hongos. No sabía que existía el micelio, no sabía nada sobre el sistema de reproducción de los hongos, ni que eran el organismo más grande. Nunca hubiese dimensionado que los Tlahuica consumen casi doscientos tipos de hongos, el sentido del hongo santo, la referencia a que el hongo habla…todavía es algo que no entiendo muy bien, pero lo dejo en el misterio como algo que a lo mejor nunca voy a entender.

Otilia Portillo Padua
Otilia Portillo Padua


 

—Y si hablamos en términos espirituales, por decirlo, de transformación: ¿qué lecciones te dejaron estas historias con los hongos? 

—Hay una conclusión bien obvia, y es que el hongo habla de la colectividad, que no puedes hacer todas las cosas solo, que hay veces en que hay que pedir ayuda, y que las cosas se hacen en grupo. Creo que eso aplica a todo, ¿no? También, cómo vamos a imaginar el futuro, y cómo vamos a trabajarlo, a navegar y a acompañarnos en este mundo que ahorita es particularmente difícil, yo creo que cruel para las circunstancias que sean. Hay gente trabajando por el otro, y como que eso luego se olvida, porque a veces nos sentimos tan inútiles e impotentes. Mi gran enseñanza con los hongos es que no necesariamente todos sean una familia feliz y que se lleven y se amen, pero sí esta idea de lo colectivo, no del individuo. Somos una colectividad; desde nuestras bacterias…holobiontes.

—En la película, vas mostrando por un lado lo científico, y por otro lo tradicional: ¿cómo dirías que conversan ambos saberes en el mundo de hoy, y cuál fue tu evaluación de esta interacción en las comunidades?

—En el caso de Julieta y Lis, y algunos estudiantes, era muy interesante, porque ellos justo viven en un momento en que están teniendo cierta formación científica de laboratorio y de escuela, pero también traen el conocimiento ancestral de sus comunidades. Eso se encuentra particularmente en esta generación de chicas que tenían ambos universos, y para ellas son complementarios y no están en conflicto uno y el otro. Está esa escena que es increíble, donde Juli habla de una deidad, al mismo tiempo que lo estamos viendo en el microscopio. Más allá de eso, podríamos decir que la información científica viene a complementar y corroborar ciertas intuiciones que ya tenían en su comunidad. 

Still película "Hijas del bosque"
Still película «Hijas del bosque»

—A medida que avanza, se va presentando una nostalgia por el pasado, por lo ya perdido y por lo que se va a perder. ¿Qué mensaje dejarías en relación a eso en este trabajo?

Diría que la pérdida es parte de la vida. Ya sea la pérdida de la gente que quieres, como la de las ideas de lo que crees que va a ser tu vida y no pasa, por ejemplo. Como que yo quisiera, y siento que los hongos nos abren a esa posibilidad, que entendamos que hay muchas posibilidades de reinterpretarnos y construirnos, o reconstruirnos a partir de esas pérdidas y no dejar que nos definan por completo. Quiero pensar que tenemos cierta resiliencia y capacidad de adaptarnos y acompañarnos, de hacer lo mejor que podamos con los unos y los otros, con el ambiente, con los humanos pero también con los animales, las plantas…cómo nos relacionamos con nuestro entorno todos los días. Como los hongos, entonces, tenemos que aprender a reconstruirnos y volver a la colectividad.

“Hijas del bosque” se presentará en una segunda función presencial el miércoles 13 de mayo, a las 20:00 horas en Sala K, de la Universidad Mayor, ubicada en calle Marín 321, Santiago. Entradas disponibles en ticketmaster.cl

Afiche Otilia 2
Afiche Otilia 2
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