En mayo, el Papa León XIV publicó Magnifica Humanitas, una encíclica sobre la inteligencia artificial y la custodia de la persona humana. En ella advirtió que, entre los bienes que deben estar destinados a toda la humanidad, hay que incluir hoy los algoritmos, las plataformas digitales y las infraestructuras tecnológicas, porque cuando estos quedan concentrados en pocas manos «se crea un nuevo desequilibrio». 

Santiago de Chile desde zona norte, Quilicura. Créditos: Fotógrafo Luis Bustamante
Santiago de Chile desde zona norte, Quilicura. Créditos: Fotógrafo Luis Bustamante

Ese mismo mes, la ministra de Ciencia de Chile, Ximena Lincolao, sostenía reuniones con representantes de Meta, Amazon, Apple, Oracle, IBM y Samsung para definir los marcos regulatorios de la inteligencia artificial en Chile. Dos de esos encuentros, con Google y Meta, no quedaron inicialmente registrados en el sistema de la Ley de Lobby desatando una polémica. El episodio reveló que mientras el mundo discute los avances de la IA, las empresas que quieren instalarla en Chile ya están avanzando. Detrás hay un recurso que pocos parecen hablar en la conversación: el agua.

Humedal Quilicura, Santiago de Chile. Créditos: Fotógrafo Luis Bustamante
Humedal Quilicura, Santiago de Chile. Créditos: Fotógrafo Luis Bustamante

Según un estudio de la Universidad de California, cada respuesta de 100 palabras generada por ChatGPT consume alrededor de 500 ml de agua cuando se contabiliza toda la cadena hídrica, incluyendo el agua utilizada para generar la electricidad que alimenta los servidores. Esto es diez veces más electricidad que una búsqueda normal en Google.

Todo lo que la inteligencia artificial hace, ya sea responder una pregunta, generar una imagen, traducir un texto, ocurre físicamente en un data center: edificios llenos de miles de servidores que procesan y almacenan datos las 24 horas del día. Este año, por primera vez, la capacidad global de estos almacenes dedicada a IA superará a la destinada a cualquier otro uso. Para que esos servidores no colapsen por el calor que generan, hay que refrigerarlos. Lo más barato es hacerlo con agua.

Las cifras globales son preocupantes. Según la Agencia Internacional de Energía el año pasado los data centers consumieron 485 TWh de electricidad, alrededor del 1,5% del consumo eléctrico mundial, y se proyecta que esa cifra se duplique a 950 TWh en el 2030, impulsada por la inteligencia artificial. La realidad es que solo un tercio de los centros de datos a nivel mundial monitorea sus emisiones de carbono o consumo hídrico.

Chile: un polo estratégico para la IA global

Chile ya ocupa un lugar en este nuevo mapa tecnológico. En Punta Arenas, el proyecto Patagon Valley, un parque tecnológico y energético de 180 hectáreas ubicado a las afueras de la ciudad, alberga desde 2022 las antenas satelitales de Amazon y SpaceX. Jeff Bezos y Elon Musk escogieron ese rincón austral por su cercanía con los satélites en órbita polar y por las temperaturas promedio de 6°C, que reducen los costos de refrigeración de los servidores. El proyecto, liderado por el empresario chileno Juan Luis Contreras, aspira a convertirse en el epicentro de las comunicaciones satelitales del hemisferio sur.

Google Data Center, Quilicura, Santiago Chile. Créditos: Fotógrafo Luis Bustamante
Google Data Center, Quilicura, Santiago Chile. Créditos: Fotógrafo Luis Bustamante

Pero el grueso de la infraestructura aún se concentra en Santiago, donde a fines de 2025 operaban 37 centros con una capacidad de 279 MW, consolidando al país como el segundo mayor polo de infraestructura digital de América Latina, detrás de Brasil. Para este año se proyecta que ingresen cuatro nuevos centros más. Amazon anunció una inversión de más de 4.000 millones de dólares en Chile en 15 años para su nueva nube en Sudamérica, mientras Microsoft puso en marcha tres nuevos data centers con una inversión de 500 millones de dólares. 

A estos se suma Grenergy, empresa española de energías renovables, que anunció tres campus de data centers en Chile: Polpaico Campus Norte, Alto Jahuel Campus Sur y Atacama Data, proyecto en el desierto orientado al entrenamiento de modelos de IA con potencial de llegar a 1 gigavatio. La paradoja es evidente: Polpaico enfrenta una de sus peores sequías históricas, al punto que Codelco debió implementar un sistema de recarga artificial de su acuífero mediante osmosis inversa. La apuesta de posicionar a Chile como el principal centro de procesamiento de datos de América Latina se apoya en su energía renovable, conectividad submarina y estabilidad institucional, pero el agua es el factor que nadie ha resuelto aún.

Humedal Quilicura, Santiago de Chile. Créditos: Fotógrafo Luis Bustamante
Humedal Quilicura, Santiago de Chile. Créditos: Fotógrafo Luis Bustamante

No todos los proyectos han prosperado. En 2020, vecinos y la municipalidad de Cerrillos se organizaron para oponerse a un data center de Google de 200 millones de dólares que planeaba extraer agua del Acuífero Santiago Central a 169 litros por segundo para enfriar sus servidores. Aunque Google intentó salvar el proyecto cambiando el sistema de refrigeración, el Segundo Tribunal Ambiental acogió el reclamo de una vecina que persistió hasta el final, y Google renunció al permiso ambiental anunciando que rediseñaría el proyecto desde cero. El caso marcó un precedente en la evaluación ambiental de proyectos hídricos vinculados a infraestructura digital en Chile.

Desde 2024, el gobierno impulsa el Plan Nacional de Data Centers, que busca convertir a Chile en referente regional de infraestructura digital. La promesa es crecer con estándares de sostenibilidad y equidad territorial, en un sector que enfrenta cuestionamientos globales crecientes por su impacto ambiental.

Créditos: Fotógrafo Luis Bustamante
Créditos: Fotógrafo Luis Bustamante

¿Por qué la normativa es importante? Porque un data center de gran escala con sistemas de enfriamiento evaporativo puede consumir entre 1 y 3 millones de litros de agua al día y esa agua es generalmente subterránea. Hay centros en Chile y el mundo que operan con apenas 0,2 litros por kilovatio-hora consumido, una cifra nueve veces menor que el promedio mundial de 1,8 litros. El data center DeepGreen, en Suiza, toma agua fría del lago Walensee a 60 metros de profundidad para absorber el calor de los servidores y la devuelve al lago a mayor temperatura. Al hacerlo en un lago profundo y frío, el impacto térmico es mínimo y no requiere consumir agua adicional. Microsoft, por su parte, comenzó a implementar en 2024 un sistema de circuito cerrado que elimina prácticamente el uso de agua evaporada, ahorrando más de 125 millones de litros por instalación al año. La tecnología para hacerlo mejor existe: es más cara de instalar, pero más eficiente y barata de operar a largo plazo. La pregunta es si vamos a exigirla.

La zona donde se proyecta instalar la mayor parte de esta infraestructura, Quilicura, Lampa, Colina, el eje norte de la Región Metropolitana, ha perdido más del 95% de sus humedales palustres. Lo advierte Ignacio Rodríguez, Director ejecutivo del Centro de Humedales Río Cruces: El sector Quilicura-Lampa-Colina pasó de 14.000 a 600 hectáreas de humedales, esos ecosistemas son los que recargan los acuíferos de los que beberán los data centers. Sin ellos, nadie sabe con precisión cuánta capacidad de infiltración se ha perdido, pero la pérdida es evidente. «Si no los medimos, malamente vamos a poder definirlos», advierte Rodríguez sobre el consumo hídrico de la industria.

Para reducir ese impacto, el plan de gobierno propone Acuerdos de Producción Limpia entre el Estado y la industria. El problema, como el mismo documento reconoce, es que estos acuerdos son voluntarios: depende de que las empresas decidan adherirse. La Asociación Chilena de Data Centers fue contactada para este reportaje, pero prefirió no participar.

Google Data Center, Quilicura, Santiago de Chile. Créditos: Fotógrafo Luis Bustamante
Google Data Center, Quilicura, Santiago de Chile. Créditos: Fotógrafo Luis Bustamante

Rodríguez propone cuatro indicadores que deberían ser obligatorios para cualquier data center que opere en Chile.

  1. Los litros de agua consumidos por gigabyte almacenado, un dato que según él puede variar entre 1 y 200 litros dependiendo de la tecnología.
  2. Qué planes existen para reducir esa huella.
  3. Cuál es el impacto sobre los ecosistemas cercanos, especialmente humedales.
  4. Cómo se maneja la temperatura del agua que sale del sistema antes de reintegrarse al entorno natural. «El agua caliente que se devuelve a un ecosistema puede cambiar por completo qué especies pueden sobrevivir ahí», explica.

Hay también un riesgo menos visible. Si las tuberías de PVC u otros plásticos transportan agua a altas temperaturas, el calor puede liberar aditivos y compuestos químicos hacia esa misma agua. «El agua caliente y el plástico son malas compañías», dice Rodríguez.

Su propuesta de fondo no es solo defensiva, ve en los data centers una oportunidad que ninguna otra industria tiene: «Las industrias digitales tienen la capacidad de estandarizar, digitalizar y hacer de acceso abierto los datos sobre el uso del agua como ninguna otra, tienen esa capacidad y deberían usarla”.

Hoy el agua subterránea del valle central no figura en ningún balance contable de ninguna empresa tecnológica. «Imagino una industria donde usamos estos motores de inteligencia artificial sin cargo de conciencia», dice Rodríguez. Por ahora, ese cargo existe y lo paga el agua.

Google Data Center, Quilicura, Santiago de Chile. Créditos: Fotógrafo Luis Bustamante
Google Data Center, Quilicura, Santiago de Chile. Créditos: Fotógrafo Luis Bustamante

Perfil fotógrafo Luis Bustamante

Luis Bustamante es un fotógrafo y realizador audiovisual independiente radicado en Helsinki, Finlandia. Su trabajo documental se ha centrado en los derechos humanos, las demandas sociales y cultura.

Su obra ha sido publicada en diversos medios de comunicación, entre ellos Helsingin Sanomat —el periódico más grande de Finlandia—, The Guardian, la revista finlandesa Maailman Kuvalehti, Kansan Uutiset y su más reciente proyecto en Cuba para Pulitzer Center, entre otros.

*Las imágenes de este artículo cumplen con la licencia correspondiente para ser difundidas en este artículo atribuyendo sus créditos.

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