Hay algo profundamente humano en una abuela que cuenta una historia que escuchó de su propia madre, recuerda dónde encontrar algo que ya nadie más sabe buscar o reconoce, antes que todos, cuándo es mejor esperar y cuándo avanzar. Su experiencia puede parecer algo cotidiano, pero detrás de ella existe una capacidad extraordinaria: acumular conocimiento durante décadas y ponerlo al servicio de quienes vienen después. Y, curiosamente, esa idea también puede encontrarse en algunos de los animales más alejados de nosotros, los humanos.

Porque vivir muchos años después de haber dejado de reproducirse no es algo común en la naturaleza. Para la mayoría de los mamíferos, la vida fértil ocupa prácticamente todo el tiempo disponible: crecer, reproducirse, criar y continuar reproduciéndose hasta que el organismo envejece y muere. La menopausia rompe ese patrón.

En los humanos, ese proceso forma parte de una experiencia ampliamente conocida. Pero cuando los científicos comenzaron a observar con mayor atención a otros mamíferos, descubrieron algo inesperado: algunas hembras también atraviesan una etapa en la que ya no pueden reproducirse y, aun así, continúan viviendo durante años o incluso décadas.

«El tema de la menopausia en fauna silvestre, o en animales no humanos, es un tema bastante particular que todavía falta mucho estudio. No hay una causa todavía específica o investigada que nos explique esto de la menopausia. Se da prácticamente en unas pocas especies», explica Esteban Idalsoaga, jefe de Bienestar Animal del Bioparque Buinzoo.

¿Qué es la menopausia y en qué animales se presenta?

Desde el punto de vista biológico, la menopausia corresponde al cese de la función ovárica y, con ello, del período fértil. Sin embargo, hablar simplemente de «dejar de reproducirse» puede resultar insuficiente. En los humanos, la menopausia forma parte de un proceso más amplio que comienza con la perimenopausia, durante la cual se producen cambios progresivos en los niveles hormonales, y continúa con la postmenopausia.

La menopausia propiamente tal corresponde al momento en que han transcurrido 12 meses desde la última menstruación. Lo que resulta particularmente llamativo desde una perspectiva evolutiva no es solo ese cese de la fertilidad, sino lo que ocurre después: una larga etapa de vida en la que la capacidad reproductiva ya terminó, pero el organismo continúa funcionando durante muchos años.

Ese patrón es extraordinariamente poco frecuente entre los mamíferos. La evolución tiende a favorecer características que permiten que los individuos sobrevivan y dejen descendencia. Por eso, en principio, parecería razonable esperar que las hembras conservaran su capacidad reproductiva durante toda su vida. En la mayoría de las especies ocurre precisamente eso.

Mujer adulta mayor. Créditos: Anna Shvets, vía Pexels.
Mujer adulta mayor. Créditos: Anna Shvets, vía Pexels.

«Es muy poco común que una hembra deje de reproducirse y, aun así, siga viviendo muchos años. En la mayoría de los animales, la capacidad reproductiva disminuye junto con el envejecimiento. Lo distinto de la menopausia es justamente ese desacople: la reproducción termina, pero la vida continúa por bastante tiempo. Esto es muy raro en la evolución, porque automáticamente surge la pregunta de qué beneficio puede tener seguir viviendo si ya no se producen nuevas crías», comenta Frederick Toro, médico veterinario, doctor del programa de Medicina de la Conservación, Magíster en Salud de los Ecosistemas y diplomado en medicina de fauna exótica.

«Pero hay que ver eso con detalle: que una hembra vieja deje de reproducirse no significa automáticamente que exista menopausia. Lo importante es demostrar que existe una etapa postreproductiva prolongada y que no se trata simplemente del envejecimiento normal. Dado que la capacidad reproductiva sí baja con la edad, por eso tener ojo con entender si es menopausia o simplemente senescencia reproductiva», añade.

La existencia de una etapa postreproductiva extensa plantea, entonces, una paradoja evolutiva. Por lo mismo, durante mucho tiempo se pensó que los seres humanos eran una excepción entre los mamíferos. Sin embargo, las investigaciones sobre algunos cetáceos modificaron esa idea. 

Orcas. Créditos (CC-BY): Wirestock, vía Canva.com.
Orcas. Créditos (CC-BY): Wirestock, vía Canva.com.

«Hay un autor que realizó un trabajo clave para estudiar esto, para interpretar o darle una explicación a la importancia que tienen la menopausia en las orcas. A nivel de población, se ha descrito también que los calderones tropicales, la especie Globicephala macrorhynchus, también tiene menopausia. Tiene la especie un período postreproductivo comparable al de las orcas. Entonces, comparten esta estrategia evolutiva», comenta Camila Calderón Quirgas, médico veterinaria e integrante del Centro de Estudios de Mastozoología Marina.

«También hay un estudio que habla de la menopausia, donde se analizó la actividad ovárica. Este habla de que también hay hembras en edad postreproductiva en narvales, en belugas, y en falsas orcas. Entonces, son cinco animales en total, pero solamente en las orcas se ha estudiado la evidencia de los beneficios que tiene la menopausia, en las otras solamente se ha estudiado la evidencia de la actividad ovárica», comenta agrega.

La aparición de este fenómeno en especies evolutivamente muy distantes entre sí resulta especialmente interesante. Humanos y cetáceos dentados no heredaron la menopausia de un ancestro reciente que ya la presentara. Por el contrario, la evidencia apunta a que este rasgo habría surgido de manera independiente en distintos linajes, un proceso conocido como evolución convergente. En otras palabras, diferentes animales habrían llegado a una solución biológica parecida frente a determinadas condiciones de vida.

Globicephala macrorhynchus. Créditos: Emmerson, vía iNaturalist.
Globicephala macrorhynchus. Créditos: A. Emmerson, vía iNaturalist.
Globicephala macrorhynchus. Créditos: Joachim S. Müller, vía iNaturalist.
Globicephala macrorhynchus. Créditos: Joachim S. Müller, vía iNaturalist.

«Dentro de las investigaciones se ha llegado a ciertas conclusiones que podrían decirnos qué requerimientos tienen estas especies en común, para que se produzca la menopausia, y una de estas es que son animales bastante longevos. Se produce en animales que sobrepasan la expectativa de vida promedio de las especies, lo cual llevaría a un desgaste físico, digamos, o incluso podríamos hablar un desgaste emocional, en los humanos por ejemplo, de querer cortar la reproducción», señala Idalsoaga.

«Son animales que son sociables. Esto también se va a relacionar mucho con el fin que pueden tener postmenopausia estos individuos. También son especies donde se sobrepasa en un 30% la longevidad entre hembras y machos», añade.

En esta línea, los chimpancés agregaron una pieza todavía más reciente a este rompecabezas. En 2023, un estudio publicado en Science analizó una población silvestre de chimpancés de la comunidad de Ngogo, en el Parque Nacional de Kibale, Uganda. Durante 21 años, los investigadores recopilaron información demográfica y reproductiva de 185 hembras y analizaron, además, 560 muestras de orina de 66 hembras, para observar cambios hormonales asociados con el envejecimiento reproductivo.

Chimpancé. Créditos (CC-BY): JanineLo1986, vía Canva.com.
Chimpancé. Créditos (CC-BY): JanineLo1986, vía Canva.com.

Los resultados mostraron que la fertilidad de las hembras comenzaba a disminuir después de los 30 años y que no se registraban nacimientos después de los 50. Los análisis hormonales también revelaron un patrón compatible con una transición menopáusica: disminución de hormonas esteroideas (estrógenos y progestinas) producidas por los ovarios y aumento de las hormonas foliculoestimulante (FSH) y luteinizante (LH), resultante del agotamiento de los folículos ováricos.

El dato más llamativo fue la proporción de vida que estas chimpancés pasaban después de su etapa reproductiva. Los investigadores estimaron una representación posreproductiva de aproximadamente 0,2; es decir, las hembras de Ngogo podían pasar cerca de una quinta parte de sus años adultos en esta condición.

El hallazgo fue importante porque otras poblaciones de chimpancés no muestran necesariamente el mismo patrón. Esto abre nuevas preguntas: ¿qué características particulares de Ngogo permiten que sus hembras sobrevivan durante tanto tiempo después de dejar de reproducirse? ¿Se trata de una condición que también está presente, aunque no haya sido detectada, en otras poblaciones? ¿O existen factores ecológicos y sociales específicos que explican esta diferencia?

«También falta entender mejor si lo observado recientemente en chimpancés ocurre en otras poblaciones o si es algo particular de ciertas condiciones ecológicas. Y, desde la conservación, hay una pregunta que me parece muy interesante: ¿qué pasa cuando una población pierde a sus hembras más viejas?», plantea Toro.

De todas maneras, su situación no es idéntica a la humana. Las hembras de Ngogo pasan una proporción mucho menor de su vida en esta etapa que las mujeres humanas. Así, la menopausia no debe entenderse como un fenómeno idéntico en todas las especies.

También es importante no confundir menopausia con menstruación. La menstruación ocurre en un conjunto reducido de mamíferos, entre ellos los humanos, algunos primates, determinados murciélagos, la musaraña elefante y el ratón espinoso egipcio. En estas especies, el endometrio se prepara para una eventual implantación del embrión y, cuando no ocurre un embarazo, ese tejido se desprende.

Chimpancé. Créditos (CC-BY): imv, vía Canva.com.
Chimpancé. Créditos (CC-BY): imv, vía Canva.com.

La menopausia, en cambio, se refiere al término de la capacidad reproductiva y a la existencia de una etapa posterior prolongada. Son fenómenos diferentes, aunque ambos forman parte de la particular biología reproductiva de ciertas especies.

Otra característica que ha llamado la atención de los investigadores es que, entre los cetáceos dentados, las especies que presentan menopausia pueden tener períodos reproductivos de duración relativamente similar a los de especies que no la presentan. La diferencia aparece después: las especies menopáusicas viven considerablemente más tiempo.

Esto sugiere que el fenómeno no necesariamente consiste en «reproducirse menos porque se vive menos», sino en una estrategia en la que la vida se prolonga sin extender en la misma proporción la vida reproductiva. Pero, ¿qué ventaja podría tener para una hembra seguir viviendo si ya no puede tener nuevas crías? Para responderlo, los científicos han comenzado a mirar no solamente los cuerpos de estos animales, sino también sus sociedades.

Abuelas, matriarcas y guardianas del conocimiento

Desde la perspectiva de la evolución, la menopausia resulta difícil de explicar. Si la reproducción permite transmitir los genes a la siguiente generación, una hembra que deja de reproducirse antes del final de su vida aparentemente pierde una oportunidad de contribuir directamente a la siguiente generación.

Una de las principales explicaciones propuestas para resolver esta paradoja es la hipótesis de la abuela, planteada originalmente para comprender la longevidad humana. Su idea central es sencilla: aunque una hembra mayor ya no pueda tener nuevas crías, todavía puede aumentar indirectamente la supervivencia de sus genes ayudando a que sus hijos y nietos sobrevivan.

El cuidado puede adoptar muchas formas. Puede significar proteger a una cría, ayudar a conseguir alimento o permanecer cerca de ella, pero también transmitir información. Y esta última posibilidad resulta particularmente interesante en animales que viven durante décadas y forman grupos sociales estables.

Chimpancé. Créditos (CC-BY): Kim_white, vía Canva.com.
Chimpancé. Créditos (CC-BY): Kim_white, vía Canva.com.

Las orcas son uno de los ejemplos mejor estudiados. En las poblaciones de orcas residentes del Pacífico noroccidental, machos y hembras permanecen estrechamente vinculados a sus grupos familiares. Las crías pueden permanecer junto a sus madres durante toda la vida y los grupos están estructurados alrededor de relaciones familiares, formando unidades matrilineales.

«Las orcas tienen alta cohesión social. De hecho, son sociedades en que esta abuela, esta hembra que está en edad postreproductiva, que tuvo la menopausia, es la que dirige. Son sociedades matrilineales y matriarcales. En las orcas residentes del norte, por ejemplo, está descrito que tanto hijas como hijos permanecen con su mamá toda la vida. Entonces, eso ya es una muestra de que el vínculo es muy grande. Obviamente, ese vínculo no es desde un punto de vista de romanticismo, sino que tiene que ver con que ese vínculo genera una ayuda a la supervivencia de la especie», ahonda Calderón.

«Hay algunos estudios que dicen que los machos siguen mucho más a su mamá que las hembras. Y se ha descrito también que, tras la muerte de la madre, el riesgo de mortalidad aumenta en orcas macho, en los hijos. Entonces, tiene sentido el hecho de que los machos sigan más a su madre, por eso hay un vínculo mayor», agrega.

Orcas. Créditos (CC-BY): Valerii Stoika, vía Canva.com.
Orcas. Créditos (CC-BY): Valerii Stoika, vía Canva.com.

Esto genera una situación poco habitual. Además de los cuidados básicos que puedan entregar estas abuelas, una hembra que ha vivido durante varias décadas acumula a su vez una enorme cantidad de información sobre su territorio, la que pueden transmitir a individuos más jóvenes que todavía no tienen esa experiencia, aumentando así sus probabilidades de sobrevivencia. 

«Se ha estudiado en el Pacífico norte oriental, en las poblaciones de orca, que las hembras que tienen menopausia, en que su edad postreproductiva es de 35 o más años, cumplen con un rol de líder del movimiento de la familia. Se plantea que las orcas, a medida que envejecen, van adquiriendo conocimiento, como los humanos, sabiduría. Entonces, de alguna forma, ese conocimiento lo van entregando de generación en generación. Ese conocimiento les permite hacer una ayuda al grupo, un aporte a su sobrevivencia», explica Calderón.

«Por ejemplo, en el Pacífico norte, los estudios que hay, demuestran que las orcas de edad postreproductiva tienen mucho conocimiento sobre la ubicación y el momento en que las presas están disponibles para comer. Entonces, en las épocas donde hay escasez de alimento, las orcas adquieren aún mayor relevancia, porque ellas van a guiar al grupo a lugares donde hay mayor disponibilidad de alimento, asegurando a su familia, para que se puedan alimentar», añade.

Orcas. Créditos (CC-BY): Valerii Stoika, vía Canva.com.
Orcas. Créditos (CC-BY): Valerii Stoika, vía Canva.com.

Para estudiar esta posibilidad, investigadores de las universidades de Exeter, York y del Centro de Investigación de Ballenas analizaron durante años el comportamiento de estas poblaciones. Uno de los estudios se concentró particularmente en los períodos de migración del salmón Chinook, una presa fundamental para las orcas residentes de esa región.

Entre 2001 y 2009, los investigadores reunieron cientos de horas de observaciones y registros de grupos de orcas durante nueve temporadas. Querían comprobar si las hembras posreproductivas tenían un papel especial en los desplazamientos del grupo, particularmente cuando el alimento era escaso.

Los resultados mostraron que las hembras tenían un papel importante en el liderazgo de los grupos y que este liderazgo de las hembras posreproductivas se hacía especialmente evidente durante los períodos de escasez de salmones. Además, los individuos tendían a seguir a las hembras mayores, lo que sugiere que la experiencia acumulada podía tener un valor particularmente alto cuando las condiciones ambientales se volvían difíciles.

Orcas. Créditos (CC-BY): Michael Zeigler, vía Canva.com.
Orcas. Créditos (CC-BY): Michael Zeigler, vía Canva.com.

«Eso es clave, porque de alguna manera en esos años las orcas tienen más posibilidades de morir, por ejemplo, y menos de reproducirse por escasez de alimento. Por lo mismo, todas las familias prefieren seguir a estas hembras para poder asegurar que se van a poder alimentar y que van a estar en menor riesgo», señala Calderón.

Por ello, los investigadores han planteado que las hembras posreproductivas pueden funcionar como verdaderos reservorios de conocimiento ecológico. Existe, sin embargo, otra explicación que complementa esta idea: la hipótesis del conflicto reproductivo. Esta plantea que una hembra mayor podría tener menos beneficios al continuar reproduciéndose si sus nuevas crías deben competir por recursos con las crías de sus propias hijas.

En una sociedad donde varias generaciones permanecen juntas, madres e hijas pueden compartir alimento, espacio y otros recursos. Si ambas tienen crías simultáneamente, los descendientes de una pueden competir con los de la otra. Desde esta perspectiva, dejar de reproducirse podría reducir esa competencia y permitir que una hembra mayor concentre sus esfuerzos en descendientes que ya existen.

Orcas. Créditos (CC-BY): GiancarloThomae, vía Canva.com.
Orcas. Créditos (CC-BY): GiancarloThomae, vía Canva.com.

En estudios sobre orcas se ha observado que las crías de hembras mayores presentan menores probabilidades de supervivencia cuando sus períodos reproductivos se superponen con los de hembras más jóvenes. Estos antecedentes son compatibles con la idea de que existe un costo asociado a la reproducción tardía.

Las dos hipótesis, sin embargo, no necesariamente compiten entre sí. De acuerdo con Toro, «estas dos hipótesis pueden actuar al mismo tiempo, no son excluyentes. Dejar de reproducirse reduce los costos de competir con las generaciones jóvenes, mientras seguir viviendo permite ayudar a hijos y nietos».

Esta dimensión intergeneracional también aparece en las sociedades humanas. Durante buena parte de nuestra historia evolutiva, la información no estaba almacenada en libros, bases de datos o dispositivos digitales. Gran parte de lo que un grupo sabía sobre el territorio, los alimentos, los peligros y las estrategias para sobrevivir debía permanecer en la memoria de sus integrantes.

En ese contexto, los individuos de mayor edad podían convertirse en depositarios de conocimientos acumulados durante décadas. La hipótesis de la abuela plantea que las mujeres posreproductivas pudieron contribuir a la supervivencia de sus descendientes precisamente de esa manera.

Chimpancé. Créditos (CC-BY): Andyworks, vía Canva.com.
Chimpancé. Créditos (CC-BY): Andyworks, vía Canva.com.

Pese a lo anterior, trasladar este modelo requiere cautela. Las sociedades humanas tienen una complejidad cultural que no puede explicarse únicamente mediante la biología evolutiva. Además, las experiencias de la vejez son diferentes según las condiciones históricas, sociales, económicas y culturales.

No todas las personas mayores tienen hijos o nietos. Tampoco todas cumplen funciones de cuidado familiar. Las personas mayores pueden participar en redes comunitarias, trabajar, enseñar, transmitir conocimientos o desempeñar innumerables funciones que no dependen del parentesco. Por eso, la hipótesis de la abuela puede ayudar a formular preguntas sobre nuestra evolución, pero no debería convertirse en una explicación única de lo que significa envejecer.

«Hay muchas hipótesis y ni una ha llegado todavía a consensuar, digamos, el fin específico de la menopausia. Sí sabemos qué rol cumplen las ejemplares con menopausia, que es este de abuela, este rol de acompañamiento, de experiencia, digamos, para el grupo», indica Idalsoaga.

Chimpancé. Créditos (CC-BY): Carla_Manneh, vía Canva.com.
Chimpancé. Créditos (CC-BY): Carla_Manneh, vía Canva.com.

En definitiva, la menopausia continúa siendo una rareza evolutiva. Aunque en las poblaciones estudiadas se ha observado cómo las hembras postreproductivas contribuyen a las generaciones futuras, todavía quedan muchas preguntas sobre el origen de este fenómeno. ¿Qué condiciones hicieron posible que surgiera en especies tan distintas? ¿Podría estar presente en otros animales que aún no han sido estudiados lo suficiente? Y, sobre todo, ¿cuánto falta por descubrir sobre una etapa de la vida cuyo papel en la naturaleza apenas comenzamos a comprender?

Quizás, a medida que avancemos en estas investigaciones, también cambie nuestra forma de entender el lugar que ocupan los individuos más longevos en la historia evolutiva de sus especies.

Chimpancé. Créditos (CC-BY): Yamtono_Sardi, vía Canva.com.
Chimpancé. Créditos (CC-BY): Yamtono_Sardi, vía Canva.com.
Chimpancé. Créditos (CC-BY): DenBoma, vía Canva.com.
Chimpancé. Créditos (CC-BY): DenBoma, vía Canva.com.

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