Emplazada en plena costa del desierto de Atacama, entre kilómetros de dunas y paisajes áridos, la Región de Antofagasta ha sido históricamente asociada a la minería, los paisajes extremos y un territorio donde el desierto parece marcar el ritmo de la vida. Sin embargo, bajo la superficie del mar ocurre algo completamente distinto: un ecosistema extraordinariamente abundante, donde conviven cetáceos, tiburones, aves marinas, bosques de algas, invertebrados y especies de aguas profundas que convierten a esta zona en uno de los puntos más biodiversos y productivos del Pacífico Sur.

Ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) saltando frente a la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic
Ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) saltando frente a la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic

Esta costa, conocida popularmente como la “Perla del Norte”, funciona como una verdadera fábrica natural de vida marina. Y aunque durante décadas gran parte de esta riqueza permaneció relativamente invisibilizada, hoy distintas investigaciones científicas están revelando la enorme complejidad biológica que existe frente a sus costas.

La combinación entre surgencias marinas, aguas profundas muy cercanas al borde costero y las particulares condiciones del sistema de la Corriente de Humboldt generan aquí un escenario excepcional para la vida. Un océano dinámico y fértil, donde nutrientes provenientes de las profundidades alimentan una cadena ecológica que sostiene desde diminutos organismos hasta algunos de los animales más grandes del planeta.

Pero esta productividad no solo depende de las corrientes marinas. Según explica el oceanógrafo Enzo Acuña, la propia geografía submarina de Antofagasta también juega un rol fundamental. La región presenta plataformas continentales estrechas, taludes abruptos y una cercanía excepcional entre la costa y la Fosa de Atacama, una de las zonas más profundas del planeta.

Raya de espina (Mobula mobular) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic
Raya de espina (Mobula mobular) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic

“Estas características geológicas determinan una gran diversidad de ambientes potenciales para una gran diversidad de especies marinas, en términos de distancia a la costa, profundidades, tipos de hábitats, tipos de sedimentos y composición de especies”, explica.

A través de esta galería, exploramos por qué Antofagasta es considerada un verdadero tesoro de biodiversidad marina y conocemos algunas de las especies y paisajes que dan vida a este extraordinario ecosistema del norte de Chile.

Un océano fertilizado desde las profundidades

Recientemente, un estudio impulsado por la SEREMI del Medio Ambiente, financiado por el Gobierno Regional y desarrollado por investigadores de la Universidad Católica del Norte y la Universidad de Antofagasta, comenzó a revelar con mayor claridad la enorme riqueza biológica que habita frente a las costas de la región. La investigación, desarrollada entre 2022 y 2025, busca construir la primera línea base regional de biodiversidad marina del país. 

Delfines nariz de bitella (Tursiops truncatus) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic
Delfines nariz de bitella (Tursiops truncatus) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic

Para ello, los científicos estudiaron 20 sectores costeros distribuidos entre la desembocadura del río Loa y Punta Ballena, levantando más de 7.000 registros biológicos y documentando más de 1.200 especies marinas, entre aves, mamíferos marinos, tiburones, rayas, peces óseos, moluscos e invertebrados bentónicos. El trabajo permitió dimensionar la enorme cantidad de vida que sostiene este ecosistema marino del norte de Chile.

Los animales marinos habitan con nosotros ancestralmente. Los changos en el norte tenían vínculos con ellos hace cientos de años y lo demostraron en cada petroglifo que pintaron. Antofagasta es una zona muy privilegiada, la mezcla del desierto y la conformación de sus playas y costas nos dejan a la vista lugares que sin duda son de postales mundiales, y tenemos zonas muy indómitas donde abunda la vida”, comenta el fotógrafo y divulgador Yerko Yutronic.

Su vínculo con el océano comenzó desde pequeño, recorriendo el intermareal y observando la vida que aparecía entre las rocas y las mareas del norte de Chile. Con el tiempo, esa fascinación se transformó en una necesidad de documentar y retratar la biodiversidad marina de la región. Hoy, a través de sus fotografías, busca mostrar una realidad muchas veces invisibilizada bajo la imagen minera y desértica de Antofagasta.

Esta es una de las zonas mineras más importantes en el mundo y el foco evidentemente está ahí. El desconocimiento y varios factores más alejan a la población de la realidad que existe a nivel de biodiversidad, pero sin duda todo lo que hacemos para mostrar cómo la vida se expresa aquí”, explica.

Tortuga verde (Chelonia mydas) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic
Tortuga verde (Chelonia mydas) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic

Dentro de la zona, la bahía de San Jorge se ha convertido en uno de los puntos más importantes del norte de Chile para el avistamiento de fauna marina. Durante distintas épocas del año es posible observar delfines, lobos marinos y grandes cetáceos, incluyendo algunas de las especies más amenazadas del planeta.

Cada vez somos una zona de mayor turismo y una de las ciudades donde más abunda la fauna marina. En meses como octubre nuestra bahía se llena de soplos que todos podemos avistar desde nuestros hogares”, agrega Yerko.

De hecho, una de las imágenes más significativas para él retrata justamente a una ballena franca austral junto a su cría cerca de los acantilados de Antofagasta.

Ballena franca austral y su cría en península de Mejillones. Créditos: ©Yerko Yutronic
Ballena franca austral (Eubalaena australis) y su cría en península de Mejillones. Créditos: ©Yerko Yutronic

“Esa madre tuve la oportunidad de fotografiarla tres años antes en el mismo lugar con otra cría, y esa fotografía fue la primera que logré de una ballena. Me llena de emoción recordarla porque, a pesar de que la ballena franca austral en Chile está en peligro crítico de extinción, este tipo de encuentros te demuestra la fuerza que tiene la naturaleza para permanecer y sobrevivir”, cuenta.

Pero ¿por qué existe tanta biodiversidad en Antofagasta? La doctora María Teresa González, académica e investigadora de la Universidad de Antofagasta y una de las lideresas del estudio sobre biodiversidad marina de la región, explica que gran parte de esta riqueza se debe a la influencia de la Corriente de Humboldt, un sistema de aguas frías que recorre el litoral chileno desde el sur hacia el norte:

“Esta corriente transporta aguas ricas en nutrientes y, combinada con los vientos predominantes del sur, favorece intensos y continuos procesos de afloramiento costero conocido como surgencia, mediante los cuales nutrientes provenientes de capas profundas ascienden a la superficie”.

En este contexto, frente a la Península de Mejillones y Punta Angamos ocurre uno de los focos de surgencia más intensos y persistentes de todo el sistema de la Corriente de Humboldt.

Ballena fin (Balaenoptera physalus) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic
Ballena fin (Balaenoptera physalus) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic

“La surgencia de Punta Angamos y la Península de Mejillones cumplen un rol fundamental en la altaproductividad biológica del norte de Chile, especialmente en la Región de Antofagasta. En el caso de Punta Angamos, el proceso de surgencia es uno de los más intensos y persistentes del Sistema de la Corriente de Humboldt”, explica la Dra. González.

Por su parte, el ecólogo marino Christian Guerra Castro, operador turístico de Ocean Adventure, explica que este fenómeno permite que asciendan a la superficie aguas frías y ricas en nutrientes, favoreciendo el crecimiento del fitoplancton y sosteniendo así toda la cadena trófica marina.

“Gracias a estas condiciones, en sus aguas habitan numerosas especies de invertebrados, peces, aves y mamíferos marinos, muchas de ellas de gran valor ecológico y también económico. Además, esta zona cumple un papel clave como área de alimentación, tránsito y reproducción para distintas especies, incluidos cetáceos y aves marinas migratorias”, agrega.

A ello se suma otro factor clave: La forma de la bahía y de la península. Como explica la académica de la Universidad de Antofagasta: “La Región de Antofagasta cuenta con dos bahías importantes: La Bahía Antofagasta y la Bahía de Mejillones, que es considerada una trampa de nutrientes porque la surgencia de Punta Angamos aporta aguas profundas ricas en nutrientes, y la configuración de la península favorece la retención de esas aguas cerca de la costa. Como resultado de este proceso aumenta el fitoplancton, el zooplancton, los peces pelágicos como la anchoveta y se sostiene una gran abundancia de aves y mamíferos marinos”.

Orca en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic
Orca (Orcinus orca) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic

En ese sentido, la académica explica que la retención constante de nutrientes permite que la surgencia frente a Antofagasta se mantenga activa gran parte del año, generando condiciones especialmente favorables para numerosas especies marinas. Esto no solo sostiene grandes concentraciones de fauna, sino también distintos procesos ecológicos y reproductivos a lo largo de las estaciones.

“Por ejemplo, en nuestra costa algunas especies de peces presentan peak reproductivos en meses de otoño, registrándose una mayor abundancia de larvas de peces que en otras regiones”, agrega la Dra. González.

Ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic
Ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic

En ese sentido, para el ecólogo y operador turístico proteger este ecosistema resulta fundamental no solo por su biodiversidad, sino también por el rol ecológico y social que cumple en el norte de Chile.

Se trata de una de las zonas oceánicas más productivas del país, que sostiene recursos pesqueros importantes, ayuda a mantener el equilibrio ecológico del norte de Chile y aporta beneficios directos a las comunidades costeras, como la pesca artesanal y el turismo de naturaleza”, afirma.

Vida extrema bajo la oscuridad

Pez luna (Mola mola) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic
Pez luna (Mola mola) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic

Sin embargo, algunos de los hallazgos más sorprendentes no ocurren cerca de la superficie. Parte importante del estudio desarrollado por las universidades regionales se enfocó también en el mar profundo, uno de los ambientes más desconocidos y menos explorados del país.

Uno de los elementos que vuelve única a esta región es la cercanía de la Fosa de Atacama con el borde costero. A diferencia de otras zonas de Chile, aquí las grandes profundidades oceánicas se encuentran relativamente próximas a la costa, generando gradientes térmicos y biológicos muy particulares que permiten la presencia de especies oceánicas cerca del litoral.

Como explica Enzo Acuña, estas características geológicas generan una enorme diversidad de ambientes marinos frente al norte de Chile. “Estas características geológicas determinan una gran diversidad de ambientes potenciales para una gran diversidad de especies marinas, en términos de distancia a la costa, profundidades, tipos de hábitats, tipos de sedimentos y composición de especies”, señala.

Gracias a estas condiciones, cetáceos, tiburones y diversas especies de aguas profundas pueden acercarse notablemente a la costa, transformando a Antofagasta en un lugar excepcional para la observación y estudio de fauna marina.

En este contexto, uno de los aspectos más relevantes de la investigación fue el trabajo realizado en ambientes profundos mediante el uso de un robot submarino (ROV), capaz de descender hasta mil metros de profundidad para registrar organismos y ecosistemas prácticamente desconocidos para la ciencia chilena.

Ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic
Ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic

Los resultados también evidenciaron cuánto falta aún por descubrir del océano profundo en el norte del país. Mientras gran parte de los registros históricos de biodiversidad marina se concentran en ambientes intermareales y superficiales, las profundidades continúan siendo uno de los territorios menos explorados del mar chileno.

“En términos de biodiversidad, el proyecto logró detectar un 31% especies que no habían sido registradas previamente en aguas de la región, esto es al menos 196 potenciales especies. Además, de diversas especies que podrían ser nuevas para la ciencia. En el océano profundo gracias a la expedición “Falcon too” se logró registrar especies con características únicas adaptadas a un ambiente”, comenta la Dra. González.

Asimismo, uno de los hallazgos más sorprendentes ocurrió a bordo del buque científico Falkor (too), a cerca de 4.500 metros de profundidad, donde los investigadores detectaron emanaciones frías o cold seeps frente a las costas de Antofagasta.

Chungungo (lontra felina) en las costas de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic
Chungungo (lontra felina) en las costas de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic

Estos ambientes se forman cuando metano y otros hidrocarburos emergen desde el subsuelo marino hacia el fondo oceánico. Acuña explica que un “cold seep” o “manantial frío” corresponde a “una zona del fondo oceánico en la que se filtran fluidos ricos en sulfuro de hidrógeno, metano y otros hidrocarburos, lo que sustenta comunidades quimiosintéticas únicas”.

En ese sentido, añade que “se trata entonces de emanaciones de elementos químicos que se transforman en la energía química que alimenta esos ecosistemas profundos, como un símil de la luz solar en las capas superficiales marinas”.

En otras palabras, bacterias especializadas utilizan compuestos químicos para generar energía, sosteniendo complejas comunidades biológicas en medio de la oscuridad absoluta. Verdaderos oasis de vida extrema en las profundidades del océano.

El hallazgo de estos ecosistemas frente a las costas de Antofagasta no solo evidencia la enorme complejidad biológica del norte de Chile, sino también cuánto queda aún por conocer sobre las profundidades marinas del país.

Por su parte, la Dra. González concluye: “Si bien la alta productividad biológica de Antofagasta tiene varios miles de años, el reconocimiento oceanográfico formal comenzó entre las décadas de 1950 y 1970, cuando investigaciones en el Sistema de Humboldt identificaron que Punta Angamos era un centro importante de surgencia, las aguas presentaban altas concentraciones de nutrientes, y la productividad primaria era excepcionalmente elevada. Desde entonces, numerosos estudios han descrito la zona de Mejillones como uno de los principales hotspots biológicos del Pacífico suroriental”.

Tortuga laúd (Dermochelys coriacea) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic
Tortuga laúd (Dermochelys coriacea) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic

Un territorio clave para la conservación

Además de documentar la enorme biodiversidad presente en la región, el estudio también permitió identificar sitios prioritarios para continuar monitoreando biodiversidad y avanzar potencialmente en nuevas estrategias de conservación marina, lo que cobra especial relevancia en una región donde la protección de ecosistemas marinos todavía es limitada, pese a la enorme riqueza biológica que alberga.

“Entre las principales amenazas destacan la sobrepesca, la contaminación costera, la pérdida de hábitat y los efectos del cambio climático, que modifica la intensidad y frecuencia de los afloramientos. Estos factores pueden alterar la estructura de las comunidades marinas, reducir la abundancia de especies clave y afectar la resiliencia del ecosistema. Dado lo anterior, es necesario desarrollar iniciativas de conservación que apunten a la creación de áreas marinas protegidas, restauración de hábitats costeros, y una gestión pesquera con conocimiento robusto del estado de explotación de especies recursos”, puntualiza la académica e investigadora de la Universidad de Antofagasta.

Por su parte, para Yutronic, fotógrafo de naturaleza, documentar esta biodiversidad también ha significado mostrar una cara poco conocida del norte de Chile.

Ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic
Ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) en la costa de Antofagasta. Créditos: ©Yerko Yutronic

“Muchas veces la gente piensa en Antofagasta y solo imagina desierto o minería, pero bajo el agua existe un mundo increíblemente vivo. Hay encuentros con ballenas, lobos marinos, aves y paisajes submarinos que son realmente impresionantes”, comenta.

Y es que, en medio del desierto más árido del planeta, el océano frente a Antofagasta funciona como un verdadero oasis azul: un territorio donde las corrientes, las profundidades y la geografía costera se combinan para sostener una de las mayores concentraciones de vida marina del Pacífico Sur.

Por lo mismo, investigadores, científicos y divulgadores coinciden en que generar conocimiento científico y acercar esta biodiversidad a las personas resulta fundamental para impulsar futuras medidas de protección y conservación marina.

En esa línea, Acuña advierte que estos ecosistemas profundos son especialmente sensibles a la intervención humana debido a las particulares adaptaciones de las especies que los habitan. “Desde el punto de vista de la conservación, estos ambientes y comunidades caen en la categoría de hábitats a proteger dadas las especiales características y frágiles relaciones ecológicas de sus componentes”, concluye.

Como finaliza el ecólogo marino: “Cuidar este patrimonio natural es esencial para asegurar la continuidad de sus especies y la salud de sus ecosistemas”.

*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.

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