Recientemente, Javier Trivelli, cofundador de la Fundación Lontra y el primer centro de rehabilitación de chungungos en Chile, recibió un llamado. En él, le comentaron sobre una chungunga que estaba en un edificio en Viña del Mar. Como gracia, le describieron que se mordía la cola. Para Javier, esa fue una señal esperanzadora, siendo una característica propia de chungungos que alguna vez estuvieron en cautiverio. En su cabeza, esa nutria podía ser Changuita, la pequeña que marcó el legado de su trabajo con la especie. Él no la veía desde hace siete años y, de hecho, pensaba que había fallecido. 

Cuando llegó al lugar, vestido con un traje de protección por la gripe aviar, le acercó su muñeca. La chungunga la olió durante un rato. “Con su confianza conmigo, supe que era ella. Otros se acercaron y fue muy brava con ellos, como una nutria silvestre”, asegura Javier, quien además dice que él solo la ha visto a ella y a Kalfu, que ahora está en el centro de rehabilitación, lamerse la cola.

“Imagínate la alegría. Después de siete años sin verla, ahí estaba la Changuita. Ahora debemos indagar, porque dicen que en este edificio de Viña ha llegado, aparentemente, la misma chungunga en 2024 y 2025 con sus crías. Tenemos que confirmar eso, porque si es así, nos confirma una rehabilitación y reinserción muy exitosa, y nos da paso para seguir investigando en el lugar”, dice Javier. 

La historia de Changuita

En 2017, Javier se hizo cargo de una pequeña cría de chungungo que había sido rescatada en la Región de Atacama. Llegó a él muy debilitada, al borde de la muerte, con hipotermia, neumonía, ectoparásitos, estómago inflamado, diarrea y deshidratación. La bautizó como Changuita.

“Fueron días de cuidado intensivo, dando papa cada 15 minutos. Fue tremendo y con muchos aprendizajes. La Changuita fue mi primera chungunga como cuidador principal, yo ya había participado en rehabilitación de la especie, pero más bien en infraestructura y asesoría. La bajé al agua a los tres meses, aprendí con ella, estuvimos un año y medio en rehabilitación antes del primer intento de reinserción. Eso lo intentamos en 2017, y para eso le hicimos madriguera con cámara en vivo y estuvo súper bien. Luego llegó otro chungungo y ella nunca más volvió a su madriguera”, cuenta Javier. 

Changuita. Créditos: Javier Trivelli.
Changuita. Créditos: Javier Trivelli.

El 27 de diciembre, Changuita decidió emanciparse. Y así, ad portas de año nuevo, Javier tenía un chungungo perdido. La buscó por todas partes, hablando con cada persona que vio en playas de la zona. Entonces, recibió la llamada durante la primera semana de enero: una chungunga peleadora era la pista de que Changuita ya estaba devuelta en Maitencillo. La monitorearon y, lamentablemente, siguió buscando espacios cercanos al humano. 

“Cuando la vimos débil, la rescatamos. Se acercó a mí y la vi muy deshidratada. Con ella descubrimos que los chungungos necesitan agua dulce para sobrevivir, eso no estaba registrado. Volvimos con ella a la jaula en semicautiverio. Mientras, en Quirilluca construimos una madriguera con túneles. Pero, un día antes de llevarla allá, la Changuita desapareció. No me moví de la roca por 10 días esperándola. La vieron en un centro de buceo. Ya habían pasado cuatro meses, pero cuando llegué se volvió a ir”, recuerda Javier. 

Un tiempo después, llegó Kalfu a la vida de Javier. Era otra chungunga en rehabilitación, que siguió con la modalidad del semicautiverio. Un día, cuando la llevó a las rocas, otro movimiento le llamó la atención: era la Changuita, quien se acercó, subió por sus piernas e hizo un recorrido por su chaqueta. Sin embargo, a ocho meses de haberla visto por última vez, tan rápido como se vieron, desapareció. 

Más adelante, un capítulo se cerró para Javier. Luego de haber visto fotos de perros atacando un chungungo, acudió al lugar. Vio una chungunga, difícil de reconocer, muerta. La enterró y, asumiendo que podía ser Changuita, la despidió. Para ellos, al menos, había sido un caso exitoso de reinserción que duró meses sola en libertad. 

Un legado que perdura

Changuita fue el caso que demostró y entregó conocimientos para empezar en la rehabilitación de chungungos. Kalfu, quien vino después, entregó la metodología y avances. Con Truman, rescatado de un acantilado, ya se construyó el primer centro de rehabilitación de chungungos en Chile. 

“Todo el trabajo del centro, todo es el legado de Changuita. Involucró muchas renuncias en mi vida tener un chungungo en cautiverio dos años. Si bien la inspiración del centro fue Truman, con la Changuita aprendí el 99% de las cosas que sé de chungungos”, explica Javier. 

Esta especie habita a lo largo de toda la costa de Chile. Está catalogada en En Peligro y, entre sus amenazas, está la pérdida de hábitat para sus madrigueras y la presencia de perros domésticos. Con esta nueva aparición, Changuita entrega, nuevamente, pistas de la especie. 

Changuita. Créditos: Javier Trivelli.
Changuita. Créditos: Javier Trivelli.

“Changuita había sido un caso exitoso en libertad ocho meses. Kalfu duró dos años y medio, pero fue a buscar madriguera a un hotel, donde murieron sus crías y la gente le dio comida, por lo que volvió conmigo. Ambas tuvieron metodologías de semicautiverio y semi improntados, entonces ahora buscamos lugares sin humanos ni perros para que puedan ser reinsertados en rehabilitación exsitu, pero esto nos cambia todo”, dice. 

Por otro lado, queda descubrir si la chungunga de Viña del Mar que tuvo sus crías en 2014 y 2025 es, efectivamente, Changuita. Sería, en ese caso, una chungunga rehabilitada que desde hace 7 años —suelen vivir 12 años— se ha podido reproducir, al menos, dos veces con éxito. “La idea sería contribuir y mejorar el edificio, por donde accede, para hacerle una súper madriguera con cámaras en vivo, con la idea de que no vaya a lugares públicos del edificio. Si se reproduce y filmamos esos, sería un logro: los primeros tres meses de los chungungos siguen siendo una caja negra para nosotros”, concluye Javier. 

Comenta esta nota
·
·
No te pierdas nada, síguenos en Instagram