Sencillamente mágico, así se podría describir en pocas palabras Longwood Gardens, uno de los jardines botánicos más importantes de Estados Unidos y uno de los lugares  más impresionantes a nivel de paisajismo en el mundo entero.

©Francisca Jorquera
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Situado a pocos kilómetros de la ciudad de Philadelphia, este parque que cuenta con más de mil hectáreas de jardines y bosques, está inmerso en un entorno que encanta y es protagonista de una larga historia. Las tradiciones y la elegancia de sus jardines han ido evolucionando durante décadas, hasta transformarse en lo que es hoy: un paraíso imperdible para los amantes de la naturaleza.

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Ubicado exactamente en Brandywine Valley en el estado de Pensilvania, Longwood Gardens ofrece en la actualidad veinte jardines al exterior y veinte al interior, con cuatro hectáreas de invernadero a temperatura controlada, que permite el nacimiento de especies oriundas de diferentes países del mundo. Allí podemos encontrar nada más y nada menos que once mil tipos de plantas agrupadas y con puntos de información explicativos, donde destacan las familias de Bromeliaceae, Cactaceae, Crassulaceae y Cycadaceae.

La evolución del territorio

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El parque botánico fue creado en el año 1906 por el empresario estadounidense Pierre S. du Pont, sin embargo la historia es larga. Han habido muchos administradores de la tierra donde se emplaza este enorme jardín. Durante miles de años, fue la tribu nativa Lennu Lenape que habitó allí, pescando en los arroyos, cazando en los bosques y plantando los campos. Evidencia de ello, han sido puntas de lanza de cuarzo que se han encontrado en la propiedad.

Pero el curso de la historia cambió cuando el granjero George Peirce, compró 402 hectáreas y junto a sus descendientes cultivaron la tierra. Años más tarde el hijo de George, Joshua, construyó la casa de campo que hasta el día de hoy se encuentra emplazada en el lugar y en 1798, los bisnietos de George, interesados por la historia natural, comenzaron a plantar un arboreto que cubrió 15 hectáreas, la que incluía especies del extranjero. Fueron años en los que el parque, denominado Peirce Park, contó con una de las mejores colecciones de árboles, transformándose en el lugar perfecto de encuentro al aire libre para los lugareños. Un nuevo concepto que rompía con los esquemas en América.

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Sin embargo a finales del siglo XIX, los herederos de la tierra fueron perdiendo el interés en el parque y éste se fue deteriorando a tal punto que un hombre, operador de molino de madera, fue contratado para eliminar cientos de estas especies. Ante esta terrible amenaza, en 1906 el empresario Pierre du Pont de entonces 36 años de edad tomó cartas en el asunto. Compró la granja para preservar los árboles y  no contento con esto, comenzó a desarrollar el majestuoso proyecto llamado Longwood Gardens, convirtiéndose en un “héroe” para Estados Unidos.

El gran proyecto de restauración

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Du Pont comenzó a darle vida a estos terrenos con un inmenso jardín de flores que se utilizaba como paseo. La idea fue tan acertada y era tanta la gente que llegaba hasta el lugar, que dos años más tarde se comenzaron a hacer fiestas de primavera, que se convirtieron en todo un éxito. Fue así como nació la idea de “buscar maneras” para satisfacer a los invitados en las distintas épocas del año.

Continuó entonces con “teatro al aire libre” durante las estaciones más cálidas y con un jardín de invierno para combatir el aburrimiento de esta época más fría. Así nació el primer invernadero de Longwood Gardens, que contaba con follaje exótico adornado con una pequeña fuente de mármol.

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Pero el amor de du Pont por el paisaje y la naturaleza, lo llevó a seguir ideando nuevos rincones. En 1916 siguió construyendo jardines interiores «diseñados para explotar los sentimientos y las ideas asociadas con las plantas y las flores de una manera amplia”. El resultado fue el impresionante Conservatorio, un eterno Edén plantas que se inauguró en 1921.

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Fue utilizada la última tecnología para calentar, regar y alimentar el complejo, pero los sistemas estaban escondidos en túneles para no quitarle importancia al espacio. Du Pont llenó el lugar de follaje tropical exótico pero también de  frutas y flores utilizadas de forma decorativa. La gente llegaba en masa y du Pont cumplía su sueño de niño, hacer un invernadero abierto al público.

Durante los siguientes años, el empresario siguió construyendo diversos espacios para el nacimiento de nuevas especies. Volvió a poner sus cartas en los jardines al aire libre y esta vez comenzó a crear jardines hidráulicos. La ubicación era un sitio pantanoso del terreno inspirado en la Villa Gamberaia cerca de Florencia, Italia. Construyó también más fuentes con innumerables chorros iluminados que generaban increíbles sensaciones. Pero la obra maestra hidráulica de du Pont fue el “Jardín de la Fuente Principal”, frente al Conservatorio e iluminada en todos los colores posibles.

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Después de la muerte de su mujer, Du Pont comenzó a hacerse cargo de temas familiares y decidió poner el jardín en manos de sus sobrinos (empresarios experimentados), quienes se pusieron rápidamente en búsqueda de un director. Ese director fue Rusell Seibert, un horticultor y administrador de jardines públicos. Su trabajo fue «transformar una finca privada en una exhibición hortícola reconocida internacionalmente”, meta que logró en poco tiempo y que continúa hasta hoy.

El presente y el futuro de Longwood

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Los jardines de Longwood de hoy no se parecen en nada a lo que fue la granja que  Pierre du Pont compró en 1906. Con un presupuesto anual de casi $50 millones de dólares, y un personal de más de mil empleados, estudiantes y voluntarios, Longwood está evolucionando constantemente para satisfacer las demandas y gustos de las nuevas generaciones. Para lograr esto, el parque se ha embarcado en un plan maestro visionario para convertirse en uno de los jardines más grandes del mundo.

Actualmente el proyecto cuenta con el gran invernadero, jardines hidráulicos, extensos jardines al aire libre llenos de flores, árboles de todo el mundo, plantas de todo tipo, una gran laguna rodeada de reposeras, senderos de madera entre bosques nativos  e incluso una pradera de varias hectáreas donde se encuentra una casa típica de Brandywine Valley. Ésta última utiliza los principios del diseño del paisaje ecológico y las prácticas locales sostenibles.

Mucho más que un jardín botánico

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Longwood desarrolla un extenso programa educativo, en el que se incluyen estudios de Horticultura, seminarios e intercambios educativos. Aquí podemos ver durante el año cerca de 800 actividades y exposiciones artísticas, relacionadas con el mundo de las plantas, desde muestras y cursos, a programas especiales para niños, conciertos, recitales de órgano, teatro musical y castillos de fuegos artificiales.

El lugar cuenta también con un exquisito restorán que abrió sus puertas en 1983 y sigue funcionando. Todo esto con vistas a increíbles jardines.

Pero nada se compara con la exhibición de Navidad de Longwood. Iniciativa que surgió en los años 60, pero que hoy cuenta con 300.000 invitados que disfrutan de un impresionante panorama de 400.000 luces, 200 conciertos, bailes en vivo y espectaculares exhibiciones florales iluminadas.

¿Cómo llegar?

Si estás en Estados Unidos o viajas pronto a Pensilvania, y eres amante de la naturaleza, no puedes dejar de conocer este lugar. Desde la Interestatal 95 debes tomar la “Route 322” hacia el oeste (exit 3A) a « Route 1 » dirección sur. Longwood Gardens se encuentra en la « Route 1 », a unas 3 millas al noreste de Kennett Square.

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