Las lluvias de las últimas semanas han favorecido la proliferación de cicuta en distintos sectores de la Región Metropolitana, una planta que puede representar un riesgo para la salud debido a su alta toxicidad. Su presencia es común en campos, caminos y terrenos húmedos de distintas zonas del país.

La cicuta (Conium maculatum) es una especie originaria de Europa y el norte de África, que llegó a Chile de manera accidental. Puede alcanzar gran tamaño y se caracteriza por sus flores blancas agrupadas, hojas divididas y un tallo delgado. Crece principalmente en orillas de caminos, zanjas y terrenos baldíos.

Cicuta (Conium maculatum) - © eukaryoteman en iNaturalist
Cicuta (Conium maculatum) – © eukaryoteman en iNaturalist

Toda la planta es tóxica, incluidas sus hojas, flores, semillas y raíces. «Pertenece a la familia Apiaceae, misma donde se encuentran varios representantes ampliamente cultivados en el mundo, ya sea por usos alimenticios y/o medicinales, entre ellas, la zanahoria (Daucus carota), el apio (Apium graveolens), el perejil (Petroselinum crispum), cilantro (Coriandrum sativum), el hinojo (Foeniculum vulgare) o anís (Pimpinella anisum)», explica Juan Pablo Vicencio Segura, ingeniero en Conservación de Recursos Naturales, investigador de Chilebosque y de la Sociedad de Botánica de Chile.

«Entre las características que comparten se encuentra la disposición de las inflorescencias, que en la familia viene siendo muy característica la umbela, donde las flores nacen de un mismo punto y quedan a una misma altura, con pedicelos de igual longitud entre ellas. Muchas veces incluso se pueden encontrar umbelas compuestas, o umbelas de umbelas, dependiendo de la ramificación de las inflorescencias», continúa. Por ello, para diferenciarla, hay que fijarse en los caracteres del tallo: los de la cicuta son glabros (sin pelos), al igual que sus hojas; lisos y con manchas púrpuras irregulares.

Cicuta (Conium maculatum) - © eukaryoteman en iNaturalist
Cicuta (Conium maculatum) – © eukaryoteman en iNaturalist

El experto señala que “Desde la antigüedad la cicuta ha sido conocida y utilizada por sus mortales efectos. Si bien el tacto no es su principal vía de acción, existen casos de intoxicación por contacto con mucosas (ojos, nariz) o por entrada al torrente sanguíneo en un corte o herida expuesta. La principal vía de intoxicación es por ingesta de cualquier parte de la planta, ya que todos sus órganos y estructuras presentan alcaloides altamente tóxicos, pero se encuentran en mayor concentración en flores y semillas”.

Su ingesta puede provocar síntomas como salivación excesiva, temblores, debilidad, taquicardia y pérdida de coordinación. En casos graves, la intoxicación puede avanzar hacia una parálisis muscular progresiva, insuficiencia respiratoria e incluso causar la muerte.

¿Qué hacer si sospechas de contacto o ingesta? Evita manipular la planta y, si se produjo una ingestión, no provoques el vómito ni esperes a que aparezcan síntomas: acude de inmediato a un servicio de urgencia. Si hubo contacto con la piel, lava la zona con abundante agua y jabón. De ser posible, lleva contigo una muestra de lo ingerido para confirmar un diagnóstico.

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