«Yo soy resistente y fuerte como el ciruelillo, a la edad que tengo hago todas mis cosas en el campo», dice Julia Vargas Sandoval con su voz firme. Es tejedora y campesina de Cisne Medio, al norte de la región de Aysén, y vive junto a su mamá, hilandera de más de noventa años, en el camino entre Villa Amengual y La Tapera. Para llegar al pueblo, tiene que caminar un kilómetro por el campo, cruzar el río Cisnes tirando un carrito colgante y seguir viajando en un bus para poder reunirse con sus compañeras artesanas. Y así, llegar a esos esperados encuentros mensuales donde se comparten mates y tintes, y se tejen vínculos.

Exhibición del proceso creativo de Botánica Textil. Créditos: Juan Pablo Varela
Exhibición del proceso creativo de Botánica Textil. Créditos: Juan Pablo Varela

Junto a su casa se eleva “un árbol grandote de ciruelillo. Ha estado allí desde que llegué a vivir al sector en los años 80”. Este árbol, que colorea las primaveras ayseninas con sus flores rojo escarlata, es conocido por ser una especie resiliente. Crece en laderas escarpadas, aparece naturalmente después de incendios forestales, derrumbes o erupciones volcánicas. Resiste la vida en Patagonia, como Julia. Pero además de sentirse reflejada en él, el ciruelillo (Embothrium coccineum) es una fuente de colores para las tintoreras: su corteza, sus hojas y su flor sirven para teñir diversas fibras como la lana natural de oveja. Según la parte de la planta, la estación del año y el mordiente utilizado, los tonos de los tintes van del rosado pálido al café intenso.

Equipo Proyecto Botánica Textil. Créditos: Francisco Vera
Equipo Proyecto Botánica Textil. Créditos: Francisco Vera

 Fue en el ciruelillo, también llamado notro, que se inspiró esta artesana para crear uno de los ocho choapinos que integran la colección Botánica Textil. El choapino es una de las piezas textiles tradicionales de la Patagonia, utilizada como bajada de cama o para “acolchar” una banca de madera. Para las tejedoras de Villa Amengual y Cisne Medio es parte de su tradición artesanal y de su identidad cultural. Algunas de sus madres, abuelas y tías los tejían nudo a nudo, con hilos de chombas que se desarmaban y sacos de víveres traídos de Argentina en largos viajes con caballos y pilcheros, hace solo algunas décadas atrás. Las antiguas tejedoras reciclaban para anudar y crear: una forma de ingenio que esta colección textil honra y lleva a otro lugar. 

Muestrario de tintes con los que se tiñieron los choapinos de la colección. Créditos: Juan Pablo Varela
Muestrario de tintes con los que se tiñieron los choapinos de la colección. Créditos: Juan Pablo Varela


El saber que se conserva en las casas camperas

Julia Vargas es una de las integrantes de la Agrupación de Artesanas Flores del Chilco. Ellas conocen este bosque como se conoce lo que se habita toda la vida: caminándolo en cada estación, recolectando cuidadosamente sus plantas, registrando en la memoria lo que va cambiando con los años y lo que permanece. Saben cuándo la savia del árbol está completamente abajo, en las raíces, porque eso definirá la intensidad del color que tendrá la lana. Saben dónde recolectar y qué parte de la planta sirve para cada cosa. Saben qué mordiente usar para que el tinte se impregne. 

Charla "las plantas cuentas historias de Josefina Hepp en la inauguración de Botánica Textil. Créditos: Francisco Vera
Charla «las plantas cuentas historias de Josefina Hepp en la inauguración de Botánica Textil. Créditos: Francisco Vera

Este verano, la Organización Pulso Austral, junto a la Fundación Chilco y el Museo Regional de Aysén, llegó hasta ellas con una nueva propuesta. El año pasado habían viajado juntas hasta el Festival Ladera Sur, en Santiago, para un conversatorio sobre el rol de las mujeres rurales en la conservación de la Patagonia. Esta vez la invitación era a vivir un proceso de experimentación y creación colectiva, donde el conocimiento del bosque se volvería materia. Así, durante unos días de residencia de arte textil y ecología, las artesanas se regalaron tiempo para hacer algo que pocas veces pueden: detenerse. Dejar de cortar leña, huertear, cuidar ovejas, hilar y cocinar.

Exposición Botánica Textil. Créditos: Francisco Vera
Exposición Botánica Textil. Créditos: Francisco Vera

Junto a la agrónoma y escritora Josefina Hepp, salieron al bosque templado con lupa en mano. Observaron detenidamente las flores, sus sépalos, pétalos, pistilos y estambres. Aprendieron cómo las semillas esperan el momento perfecto para germinar. Descubrieron por qué los nombres científicos importan: porque cada uno guarda parte de la historia de la planta. Y caminaron, recolectaron e intercambiaron conocimientos científicos y rurales sobre el universo de las plantas que ya habitaban, pero que ahora miraban con otros ojos.

Pigmento, medicina y alimento

Antes de que llegaran las anilinas sintéticas a la Patagonia, las tejedoras solo tenían plantas. Y con ellas bastaba. La raíz del michay (Berberis darwinii) puede teñir de amarillo intenso. La flor del chilco (Fuchsia magellanica) da tonos entre el rosa, el verde y el café. La corteza de la palmilla (Lomatia ferruginea) entrega desde el amarillo al café oscuro. 

El proceso creativo de plasmar la flor en futuros diseños de los choapinos. Créditos: James Alfaro
El proceso creativo de plasmar la flor en futuros diseños de los choapinos. Créditos: James Alfaro

Pero el bosque no es solo pigmento. La nalca (Gunnera tinctoria) se come como ensalada fresca, se hace chicha y mermelada con ella, y su raíz se usa para afecciones del pulmón y los riñones. «Yo me acuerdo que mi mamá hacía mermelada con la nalca y quedaba como miel», recuerda Ermelinda Lagos. Mientras que el chilco baja la fiebre y tiene propiedades antiinflamatorias. Una farmacia y una paleta de colores al mismo tiempo.

Dos formas de conocer el mismo bosque

Parte del proceso creativo incluyó una visita al nuevo herbario del Museo Regional de Aysén, en Coyhaique, que conserva más de 2.700 especies de plantas de la región. Para muchas artesanas, fue la primera vez que veían «su» planta en ese formato: preservada, identificada con su nombre científico y como parte de un archivo institucional. “Hay algo poderoso en ese momento», comenta la psicóloga comunitaria Cecilia Moura, quien co-dirige el programa Laboratorios Creativos de Oficios Textiles de Pulso Austral. «Cuando una artesana mira un ejemplar del herbario y dice ‘ah, esta es la que yo uso para teñir’, está validando un conocimiento que lleva generaciones preservándose en la Patagonia sin necesidad de ser certificado por ninguna institución. El herbario les devuelve a esta comunidad de mujeres rurales su propio saber, pero en otro lenguaje”.

Lo que hace singular a esta colección textil no es solo el resultado estético, sino la relación que cada artesana construyó con la especie que eligió para tejer. En varios casos, la planta terminó siendo un retrato. Tamara Aravena eligió el espino negro o arrayán macho (Rhaphithamnus spinosus), que crece firme y alto junto a su gallinero y protege a sus aves de los depredadores. «El arrayán macho tiene espinas y se protege. En eso se parece a mí», dice Tamara. Mientras que la tejedora Verónica Ainol eligió la hierba del lagarto o calahuala (Synammia feuillei), un helecho que crece sobre troncos en zonas húmedas. «Así me siento yo: importante para mi comunidad y mi hogar, como este helecho lo es para el bosque». Su hermana, Gladys Ainol, tejió un choapino con la flor de la palmilla o huinque (Lomatia ferruginea). “La palmilla tiene tantos usos, sirve para todo y yo también tengo muchos talentos, hilo, tiño, tejo, costuro, dibujo, siembro, cocino y hago ponchos”, comenta orgullosa. 

Explorando la flora entre bocetos bordados y libros naturalistas. Créditos: James Alfaro
Explorando la flora entre bocetos bordados y libros naturalistas. Créditos: James Alfaro

Botánica Textil es la materialización de este proceso: ocho choapinos tejidos nudo a nudo sobre arpillera, teñidos con plantas del propio territorio y cuyos diseños contemporáneos -inspirados en flores, helechos y árboles del bosque templado-  fueron guiados por la diseñadora Alejandra Chaparro. Más que una colección textil: es un testimonio de que el bosque no es solo paisaje, es también pigmento, creatividad y memoria. La exposición, inaugurada esta semana en el Museo Regional de Aysén en Coyhaique, puede visitarse hasta el 30 de julio de 2026.

Botánica Textil es una exposición desarrollada por Pulso Austral, la Agrupación de Artesanas Flores del Chilco, el Museo Regional de Aysén y la Fundación Chilco, financiada por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y de las Artes, Convocatoria 2024.


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