-
COP17 de Biodiversidad llega a su fin: cae el financiamiento para áreas protegidas y crece la presión por cumplir las metas
30 de octubre, 2026 -
Comunidades de la Higuera entregan carta al presidente de Chile para mantener el rechazo al proyecto Dominga
29 de octubre, 2026 -
Cenotes: una red de vida amenazada por la contaminación de las megagranjas en Yucatán
28 de octubre, 2026
Del copal al tejocote: la naturaleza detrás de los elementos del altar de Día de Muertos
Más allá del cempasúchil, las ofrendas de Día de Muertos esconden significados en sus flores, semillas, frutos, hierbas y otros elementos de la naturaleza. En Ladera Sur México nos dimos a la tarea de investigarlos.
Cada elemento de una ofrenda de Día de Muertos tiene una razón de estar ahí.
Debido a sus raíces prehispánicas, muchos de estos altares están relacionados con la naturaleza. Por ejemplo, agua para calmar la sed de quienes regresan, sal para representar la purificación, resinas aromáticas para limpiar el espacio y frutos de temporada que recuerdan la generosidad de la tierra. En Ladera Sur México investigamos un poco sobre estos componentes y sus sincretismos.

El agua es uno de los componentes más reconocibles. Colocada en vasos o recipientes, representa la fuente de la vida y ofrece descanso a las ánimas después de su recorrido desde el inframundo. En algunas interpretaciones de la cosmovisión mexica, este viaje atraviesa los nueve niveles del Mictlán, por lo que el agua adquiere el significado de un alivio para el espíritu que vuelve a visitar a sus seres queridos.

La sal, por su parte, es un elemento mineral asociado con la purificación y la protección. Tradicionalmente se coloca en pequeños platos o montículos y simboliza la conservación del cuerpo y el espíritu durante el tránsito de las ánimas.
A su lado suele encontrarse el copal, una resina aromática de origen prehispánico que, al quemarse, desprende un humo utilizado para limpiar el espacio y facilitar simbólicamente el camino de los visitantes.

Copal, las hierbas y las flores: aromas que acompañan el regreso
Los aromas también tienen un papel importante en la composición de las ofrendas. Además del copal, hierbas como el romero, el laurel, el tomillo y la manzanilla se utilizan para perfumar el ambiente y representar las bondades de la tierra. Su presencia conecta el espacio doméstico con las plantas que forman parte de la vida cotidiana y de distintas prácticas tradicionales.
Entre las flores, el emblemático cempasúchil (Tagetes erecta) destaca por su vibrante color amarillo y anaranjado y su aroma intenso. Sus pétalos suelen distribuirse en caminos que conducen simbólicamente a las ánimas hasta el altar.

Pero no es la única flor presente. La cresta de gallo aporta tonos rojizos y púrpuras, mientras que la siempreviva, capaz de conservar su color después de ser cortada, representa la permanencia del recuerdo. En este post mencionamos otras especies.
Cabe señalar que la vegetación de las ofrendas también puede incluir otros elementos que cambian según las tradiciones y los recursos de cada comunidad.

Frutos, semillas y animales: la naturaleza como enraizamiento de la vida
Las frutas de temporada -como tejocotes, guayabas, naranjas, mandarinas y jícamas- junto con semillas de maíz y amaranto, representan, en el altar, la abundancia de la tierra y los ciclos agrícolas. Su presencia también remite a las cosechas y a las celebraciones vinculadas con el calendario agrícola mesoamericano.
Todos estos alimentos forman parte del banquete que se ofrece a quienes regresan (y que muchas veces tambien va acompañado de los que fueron sus platos favoritos).


Otros elementos naturales aparecen a través de figuras animales. Uno de los más representativos es el xoloitzcuintle, perro originario de México que, de acuerdo con la mitología mexica, acompaña a las almas durante su tránsito por el inframundo. Se cuenta que ayuda a cruzar el río Apanohuaya, uno de los primeros obstáculos del recorrido hacia el Mictlán. Por eso, su figura puede incorporarse a las ofrendas como símbolo de compañía y guía espiritual.

Aunque los elementos y sus significados pueden variar entre comunidades y tradiciones, su presencia permite reconocer una relación profunda -mucho más allá de lo meramente ornamental- entre los rituales funerarios y los ciclos de la naturaleza, pues aquello que nace de la tierra también acompaña la memoria de quienes ya no están.

Mariana Mastache