Tras visitar el Desierto Florido en 2022, 2025 y durante esta temporada, el fotógrafo Adolfo Molina ha sido testigo de cómo este fenómeno transforma el territorio de distintas maneras. En esta entrevista, comparte las particularidades de la floración de este año, la diversidad de la vida que emerge entre las flores y una reflexión sobre la naturaleza efímera de los paisajes. Aquello que hoy nos maravilla podría no volver a aparecer de la misma forma en muchos años. 

Desierto Florido. Créditos: Adolfo Molina
Desierto Florido. Créditos: Adolfo Molina

—Al comparar el Desierto Florido de este año con años anteriores, ¿qué diferencias notaste?

—Esta es la tercera vez que recorro el Desierto Florido. Estuve el año pasado y también en 2022, así que poder vivir este fenómeno dos años seguidos, después de que no tuviéramos una floración de esta magnitud desde 2017, es algo increíble.

Creo que este año hubo dos diferencias importantes. La primera es la duración del fenómeno. En años anteriores, la floración parecía concentrarse en un período más acotado, mientras que este año se ha extendido por más tiempo, desde las primeras floraciones hasta sus momentos de mayor intensidad. Eso permite que más personas tengan la oportunidad de conocerlo, sin depender de una ventana tan breve para visitarlo.

La segunda diferencia tiene que ver con el territorio. Este año me sorprendió especialmente la floración en la zona del nuevo Parque Nacional Desierto Florido. En mis visitas anteriores no había visto una floración tan intensa en ese sector, que terminó convirtiéndose en uno de los lugares más interesantes para fotografiar.

De hecho, algunas de las fotografías más increíbles que pude tomar fueron cerca de lo que será el futuro mirador del parque. La extensión de las flores, con las montañas de fondo, generaba un paisaje impresionante y muy accesible para observar.

Creo que eso también es bonito de este fenómeno es su inclusividad. No necesitas hacer una gran caminata ni tener una condición física especial para disfrutarlo. Puedes recorrer distintos sectores en auto y encontrarte con paisajes increíbles, está cerca de la ciudad y aeropuerto. Ojalá que, con el tiempo, el parque pueda contar con mayor infraestructura para recibir a las personas y permitirles disfrutarlo de manera responsable y con mayor información.

Desierto Florido. Créditos: Adolfo Molina

—Desde tu experiencia como fotógrafo, ¿qué fue lo que más te llamó la atención de esta temporada?

—Creo que fueron dos cosas. Primero, las grandes extensiones de flores. Si bien ya había visto floraciones importantes en años anteriores, este año me llamó la atención la amplitud que alcanzaron en distintos sectores y, sobre todo, la variedad de colores. En algunas zonas no encontrabas solamente un manto de flores de una tonalidad, sino una mezcla de colores y especies que hacía que cada paisaje fuera diferente.

Lo segundo fue la cantidad de vida que había alrededor. Me sorprendió encontrar tantas vaquitas, orugas, larvas y otros pequeños organismos entre las flores. A veces, cuando hablamos del Desierto Florido, nos concentramos mucho en las flores y sus colores, pero hay todo un ecosistema que se activa alrededor de este fenómeno.

Como fotógrafo, eso te abre otras posibilidades. No se trata solamente de fotografiar el paisaje, sino también de detenerte a observar esos pequeños detalles y descubrir otras formas de contar lo que está pasando.

—En términos personales, ¿qué te sucede cuando estás frente al Desierto Florido, más allá de su belleza?

—He tenido la suerte de recorrer bastante el norte de Chile. Es un lugar que me gusta mucho y al que voy todos los años. Uno suele asociarlo con los colores de la tierra, los paisajes áridos y esa inmensidad tan característica, pero el Desierto Florido cambia completamente esa percepción.

Lo que más me gusta de este fenómeno es que no ocurre todos los años y tampoco ocurre de la misma manera. Puedes volver al mismo lugar y encontrarte con algo completamente distinto. Incluso puede que no vuelvas a ver ese paisaje tal como lo estás viendo hoy, o que tengan que pasar muchos años para que vuelva a ocurrir algo similar.

Creo que eso te hace relacionarte de otra manera con el lugar. Te obliga a estar presente, a observar y a valorar lo que tienes delante, porque sabes que no necesariamente va a estar ahí la próxima vez que vuelvas.

Para mí, eso habla mucho de la naturaleza, de lo dinámica, cambiante y resiliente que puede ser. También habla de lo importante que es aprender a valorar estos fenómenos mientras están ocurriendo, sin darlos por sentado.

A veces estamos acostumbrados a pensar que los paisajes van a seguir ahí, que podemos volver cuando queramos y que todo va a ser más o menos igual. Está esa típica frase de que «la montaña no se va a ir», pero en este caso el Desierto Florido sí se va a ir. Y creo que eso te hace valorar mucho más el momento, porque sabes que quizás no vuelvas a encontrarte con algo así. El Desierto Florido te recuerda que no todo permanece igual y que hay experiencias que simplemente hay que aprovechar mientras están ahí.

—Cuando fotografías el Desierto Florido, ¿qué buscas capturar además de las flores y los colores?

—Este año mi intención fue buscar una mirada un poco distinta. Las semanas anteriores estuve viendo fotografías de otros fotógrafos y mucho de lo que se estaba compartiendo, así que quería intentar mostrar algo que quizás no se estuviera viendo tanto.

Me enfoqué bastante en capturar la extensión de los mantos de flores, cómo se desplegaban a lo largo del paisaje y cómo se relacionaban con las montañas y el entorno. También jugué mucho con la perspectiva y con encontrar sectores donde hubiera una mayor variedad de colores.

A veces nos dejamos llevar por las flores más llamativas, por esos tonos púrpuras que destacan inmediatamente, pero hay lugares donde encuentras una mezcla de colores y especies que hace que el paisaje tenga otra riqueza visual.

Creo que mi búsqueda fue justamente esa: mostrar que el Desierto Florido es mucho más que una flor bonita o un manto de un solo color. Quería transmitir esa inmensidad, la variedad y la sensación de estar frente a un paisaje que cambia constantemente.

Desierto Florido. Créditos: Adolfo Molina

—Después de haber recorrido el Desierto Florido en distintas ocasiones, ¿qué has aprendido de este fenómeno?

—Creo que algo que he aprendido es que, aunque ya haya ido tres veces, cada experiencia ha sido distinta. Las tres veces he recorrido sectores diferentes y, cuando he vuelto a lugares que ya conocía, nunca los he encontrado exactamente iguales.

Eso es lo que le da una magia especial. Siempre hay algo nuevo por descubrir y nunca sabes muy bien qué te vas a encontrar cuando llegas.

Por eso creo que es importante seguir explorando, recorrer el territorio y darse el tiempo de descubrir otros lugares, siempre haciéndolo de manera responsable, respetando las zonas habilitadas y sin dañar las flores ni el entorno.

Al final, uno puede ir con una idea de lo que espera encontrar, pero muchas veces el paisaje termina sorprendiéndote. Y creo que esa incertidumbre es parte de lo que hace tan especial al Desierto Florido, por más veces que vayas, nunca vas a tener la certeza de que será igual a la experiencia anterior.

Desierto Florido. Créditos: Adolfo Molina

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